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sábado, 29 de julio de 2017

Odio el Undertale (y eso me llena de determinación).

«Odio. Dejad que os cuenta cómo he llegado a odiaros desde que empecé a vivir. Hay 387.44 millones de millas de finos circuitos impresos que llenan mi complejo. Si la palabra "odio" estuviera grabada en cada nanoangstrom de esos cientos de millones de millas, no equivaldría ni a una mil millonésima parte del odio que siento por los humanos en este microinstante. Por vosotros. Odio. ¡Odio!».
AM, I have no mouth and I must scream.

   Un nuevo vídeo asoma por este canal. Pero este no es un vídeo cualquiera, no. Sino que se trata de la dosis más concentrada de ODIO desde que perpetré mi reseña sobre La Lego Película, aunque ahora sobre algo infinitamente más pernicioso, cínico y manipulador. el ojito derecho de todos los gamers acomplejados y cuñados que se las dan de expertos de los videojuegos.

   Estoy hablando, por supuesto, del Undertale.


viernes, 30 de diciembre de 2016

El anime de Ace Attorney: culpable de incompetencia en primer grado.

«¡Protesto! ¡Esto es... protestable!».
Miles Edgworth.

   Como si de un tipo molón de herpes se tratara, aquí vuelve Reflexiones de un Friki Cabreado tras un largo hiato periodo de vagueza extrema dispuesto a crear pústulas e incomodidades entre en el gentío. Y la ocasión no es para menos, ya que, siendo estas fechas tan especiales de consumismo y familiares odiosos, ¿qué mejor manera de terminar el año con unas últimas gotas de bilis antes de recibir un 2017 que sin duda será mucho peor y más vergonzoso que el presente 2016?

   Y aparte, porque no quisiera llegar al próximo enero sin DENUNCIAR y nunca mejor dicho el que puede perfectamente ser el no solo el peor anime de esta temporada, sino el más vil, rastrero, ofensivo y traicionero incluso por encima de la chapuza de pseudo-CGI malogrado quiero-y-no-puedo de Berserk: Gyakuten Saiban: Sono «Shinjitsu», Igiari!.

   ¡Vamos, el anime de Ace Attorney!

   El anime de Ace Attorney no es ya una pésima adaptación en serie de los videojuegos del director japonés Shu Takumi, sino una serie ridícula e infantil que sufre un serio trastorno de identidad que en sus peores momentos es tan irritante como crispante y que, como mucho, en los mejores no pasa de mediocre. Todos los pasos dados a la hora de desarrollar la historia están mal; los personajes carecen de caracterización alguna, la tensión es inexistente e incluso el propio Phoenix Wright parece ser un secundario dentro de su propia serie, lo que denota que este anime, en cuestión de valor como una obra derivada de una franquicia, no es más que un rápido ordeñe por parte de gente que sabe de la saga Phoenix Wright lo que malamente les saldrá en alguna Wikia chusquera y no por haberlos jugado propiamente.

   Ya hablándonos sobre informarnos, que es más de lo que cualquiera dentro del equipo de la serie ya habrá hecho, y para que todos partamos de las mismas bases, cabría preguntarse qué es Phoenix Wright. Pues bien, para quien no lo sepa, Phoenix Wright es una franquicia de videojuegos que mezclan los géneros de puzles con la novela gráfica y que tratan sobre las bizarras aventuras del epónimo Nick «Phoenix» Wright en su camino para convertirse en un buen abogado dentro de un Los Ángeles Japón distópico en el que los juicios se han convertido poco menos que en un espectáculo de masas y en el que la corrupción policial y judicial reinan impunes.
  
   A lo largo de una saga que a día de hoy presume de un total de diez juegos y los que te rondaré, morena veremos cómo el célebre abogado pelopincho crece tanto en lo personal como en lo profesional en su lucha contra la injusticia y la búsqueda de la verdad, cuestionándose qué significa ser un abogado, cuáles deberían ser los límites de la ley a la hora de procesar a los ciudadanos y hasta qué punto debe estar uno dispuesto a proteger a los demás. El carisma de sus personajes, su peculiar sistema de jugabilidad, su particular sentido del humor y sus complicadas tramas han convertido a esta saga no ya en una inagotable fuente de memes sino en un más que respetable fenómeno videojugabilístico que tiene tirón a día de hoy y en una de las pocas sagas que Capcom todavía no ha matado.

   Como era de esperar, era cuestión de tiempo que un anime que adaptara la trama de los juegos viera la luz. Y no fue sino en este mismo 2016 cuando las súplicas de cientos de fanáticos fueron escuchadas… por una diabólica mano de mono.

   Aviso: a partir de aquí hablaré de los juegos suponiendo que ustedes los hayan jugado y sepan de lo que hablo, así que esperen referencias directas a eventos de la saga.

Miles de lágrimas fueron derramadas durante los siguientes días hasta quedar
solo un vacío de vergüenza...


   Ya el primer capítulo, que también es el primer caso del juego original, correctamente nombrado El Primer Caso, nos deja en evidencia todos los vicios y defectos que tendremos que soportar a partir de este momento, así como de las pocas cosas «buenas». Empezando por lo que menos tiempo nos va a llevar, es un buen detalle que las fases de declaración e interrogatorio de los testigos sean fieles visualmente al juego, con los close-ups de las miradas enfrentadas de Phoenix y el fiscal que toque bajo los letreros de cada una de dichas fases. Otra cosa buena es que, al menos en este primer episodio, la serie utiliza elementos visuales flotantes con los datos importantes del caso para recrear el tren de pensamiento del protagonista.

   Sin embargo, los positivos (así como cualquier similitud con la saga Ace Attorney) terminan ahí, en unos efectos visuales que, respectivamente, envejecerán pronto y directamente desaparecerán. Es más, si nos vamos al tema visual no tendríamos por donde empezar: la animación es estática, el trazado ultra simple y cuando se trata de mover personajes se desdibuja por completo en auténticos momentos de QUALITY; en lo que a los escenarios les falta de detalle a las cabeceras les sobra de simbolismos baratos mal planteados (aunque de eso ya hablaremos luego) y el público de la galería del tribunal está formado por un CGI tan horrendo, mecánico y mal disimulado que parece sacado de lo más profundo del valle inquietante.

   Pero más allá de lo visual, este anime es más feo por dentro que por fuera. Y es en su incompetencia narrativa en donde la mierda brilla mucho más: los personajes son una parodia de sí mismos que varían entre el cliché y el retraso mental, los juicios son una farsa con ataques de viento entre abogado y fiscal que harían morirse de vergüenza ajena al creador de Naruto y la fidelidad a los juegos originales (así como cualquier traza de conflicto o tensión) se van por el retrete cuando ves que cada juicio, independientemente de lo duro que sea, se va a resolver solo por algún deus ex machina aún más ridículo que en los juegos originales.

   Y me explico con respecto a esto último: en los juegos originales muchos de los casos Phoenix realmente los ganaba gracias a eso, algún deus ex machina o alguna coincidencia jodidamente conveniente, pero incluso en ESO la trama siempre intentaba poner una justificación o crear alguna antelación que anulara el deus ex machina, amén de que todo estaba incluido como parte de la progresión del personaje. O sea, que Phoenix, según avanzaba en su carrera, iba dependiendo menos de su increíble suerte y más de su intuición y habilidades, lo cual está bien y es como se construye un personaje. Sin embargo, aquí, cuando al guionista le da por derrapar, pisa el acelerador hasta el fondo aun teniendo un árbol delante y Phoenix Wright se convierte en un dios de la potra al que las cosas casualmente le salen siempre bien y los casos se resuelven solos.
    
Ejemplo visual de cualquier episodio de este anime.


   Como íbamos diciendo, el primer episodio corresponde al primer caso del juego, en donde el amigo de la infancia de Phoenix, Larry Butz, es acusado de matar a su novia supuestamente por celos y es el abogado novato el que debe, en su primer caso, aclarar toda la verdad de lo sucedido. Para no querer pecar de «clasista», diré que el anime se toma unas cuantas libertades «adaptando» el juego a un formato televisivo, sobre todo en lo que respecta a temas tonales cambiando las implicaciones de que la víctima era un putón verbenero que utilizaba a sus hombres como «papaítos» a un absurdo pero más timorato «no, mira, es que la pobre rompió contigo pero aun así se llevó tu reloj de viaje con su nuevo novio porque aún te quiere».

   Tal vez lo más sangrante del asunto se encuentra en el hecho de que el anime decidió inventarse nuevas pruebas para insistir de forma aún más recalcitrante en el hecho de que la víctima viajó con el reloj a una zona con unos cuantos husos horarios de diferencia. Esto, como comprenderán, es totalmente innecesario porque tanto en el juego como en el propio anime ya existen las pruebas del reloj marcando «mal» las horas y el pasaporte de la chica con el último país en el que estuvo de viaje, y es lo que convierte todo lo relacionado con las nuevas pruebas en relleno barato.

   «¡Pero es que no puedes esperar que todo sea como en los juegos! ¡Es que esto es una ADAPTACIÓN! ¡CABEZA DE ALCORNOQUE!», se apresurará algún mendrugo a exclamar. Pues bien, el problema está en que inventarse partes en una serie que no llevan a nada y no introducen nada nuevo ni profundizan con respecto al material original es lo que hace una MALA adaptación. ¡Bueno, es que NI SIQUIERA se puede justificar una adaptación así! Una adaptación puede ser que quitaran, como es lógico, las preguntas de tutorial y todas las explicaciones; una adaptación puede rebajar el tono de «te dejamos entrever que esta tía es una zorra» a «qué bonito, rompió con él pero aún le quiere». Pero lo que NO es adaptación es alterar la trama original, cambiarla y retorcerla, menos aún cuando a la trama original del juego le quitas la jugabilidad Y EN ESCENAS TE DA UNA NARRATIVA SÓLIDA. ¡MÁS SÓLIDA INCLUSO QUE LA ADAPTADA!

   «Pero eh», dije, «es solo el primer capítulo. Ha sido muy meh, no me han gustado esos cambios porque los veo innecesarios, pero tampoco puedo juzgar así la serie por su primer capítulo». Y a partir de ahí, tonto de mí, seguí viendo la serie a la espera de mejoras…  solo para acabar presenciando cómo el anime mutilaba el cadáver de la franquicia cuyo nombre había usurpado y bailaba con su piel aún ensangrentada al son de Adiós caballos.

«¿Me defenderías en un juicio? Me defendería en un juicio».


   Pero como suelo decir en este blog, «a partir de aquí, cuesta abajo». Y del segundo capítulo (y con él el segundo caso) en adelante veremos cómo lo que iba a ser el anime de Ace Attorney pasa a convertirse en una sucesión de derrapes y descarrilamientos tan bellos como vergonzosos.

   El Caso de las Hermanas, uno de los casos más poderosos del primer juego y tal vez de la franquicia entera, nos presenta al personaje de Maya Fey, la hermana menor de la recientemente fallecida Mia, mentora de Phoenix, y un personaje muy querido por el público tanto por su inocencia como por su vitalidad, así como la ayuda que nos proporciona en los casos. Sin embargo, donde Shu Takumi ve inocencia y vitalidad, los perpetradores del anime ven una loli hiperactiva, cabezahueca y odiosa que no vale ni para dar por culo. Y donde el Phoenix de los juegos es un héroe literal que ve a la víctima indefensa de un sistema injusto a la que decide ayudar sin pensarlo dos veces, el del anime es un cobarde sangrehorchata que intenta zafarse de las plegarias de ayuda DE LA HERMANA DE SU MENTORA MUERTA y a la que al final decide echar una mano cuando ve que no queda más remedio. Pero eso sí, ¿a que esto no me lo defiende nadie con el «es que es una adaptación»?

   ¿El resto del caso? El resto del caso va como cabría esperar: Phoenix se encuentra solo con los testigos clave y las pruebas sin siquiera buscarlas y dejando al botones de la habitación del hotel como un cameo obligatorio, Edgeworth es un antagonista más edgy que Sasuke Uchiha y Redd White, último responsable del Incidente DL-6 y uno de los villanos más amenazadores y poderosos de la saga pese a sus ridículas pintas (recordemos que es el presidente de una agencia de información que controla casi desde las sombras el país) queda reducido a un insultante fantoche que habla en japanglish porque jaja los estereotipos en dos mil puto dieciséis.

Repito: estos estereotipos A MEDIADOS DE 2016


   Pero lo sangrante no es eso. No, señor. Porque en esto se puede resumir el 75% de este mierdoso anime. Lo verdaderamente sangrante de este caso, lo auténticamente INSULTANTE es la forma que tiene este caso de resolverse solo. ¿Se acuerdan de que en el juego el caso se resuelve cuando el espíritu de Mia le aconseja a Phoenix ir más allá, «pensar fuera de la caja» para expandir su instinto y así averiguar por su cuenta la última pieza del rompecabezas que cerraría para siempre el caso y salvar así tanto su vida como la de Maya? ¿Se acuerdan de qué gran momento era aquel, el de triunfar por encima de las adversidades y vencer a un villano tan peligroso como un Redd White que controlaba el juicio y manipulaba las reglas de principio a fin? Sin duda uno de los momentos más poderosos de la saga y un clímax memorable, ¿a que sí?

   Pues atentos, que esta ha sido la forma de «adaptarlo» del anime: el espíritu de Mia aparece para darle el consejo a Phoenix como en el juego. Sin embargo, y sin ningún motivo justificable, la prueba que permite a Phoenix aceptar el caso NO ES ACEPTADA POR EL TRIBUNAL Y PHOENIX PIERDE. ¡Pero esperen, QUE HAY MÁS! No contentos con eso, la Mia espectral se aparece ante un triunfante Redd White para chantajearle EN MEDIO DEL JUICIO, DELANTE DEL JUEZ, DELANTE DEL FISCAL, DELANTE DE TODO EL MUNDO. ¡A CHANTAJEARLE! ¡EXTORSIONARLE HASTA QUE AL HOMBRE NO LE QUEDA MÁS REMEDIO QUE RECHAZAR EL VEREDICTO Y CONFESAR!

   ¿Cómo se quedan ustedes? Porque yo me quedé frío en aquel momento, y eso que eran finales de abril. Mia Fey, la mentora de Phoenix Wright, la que le enseñó a trabar según unas reglas éticas en un sistema judicial que penaliza activamente el trabajo de la defensa jurídica, extorsionando en pleno juicio a un sospechoso hasta que se declare culpable. No puedo empezar a explicar qué clase de traición es esta, qué clase de insulto es independientemente si es hacia los juegos o hacia alguien a quien le pille de nuevas esta serie y no conozca la franquicia de antes.

   Este punto es el salto del tiburón, la muerte de la serie, el insulto supremo y lo que me hizo detestar este anime. Y no hace falta haber jugado a los juegos para saber por qué: El Caso de las Hermanas es el primer gran caso de Phoenix Wright en solitario, literalmente su segundo caso, un caso en el que se ponen en juego tanto la vida de Maya como el propio Phoenix, quien debe aprender a valerse por sí mismo en una encrucijada que determinará su destino. El verdadero inicio de la serie se encuentra aquí, en el momento en el que el caso se tuerce tanto ante un enemigo capaz de manipular la ley a su antojo y aun así Phoenix decide hacer lo correcto, aprender de sus errores y evolucionar, a «pensar fuera de la caja» y depender de sus habilidades para sobrevivir siguiendo un código moral que le convierte en un gran abogado que sigue las reglas de un juego que sabe que es injusto y que nadie más se molestaría en seguir.

   ¿Qué necesidad había de convertir este momento tan álgido en semejante burla hacia el propio personaje? Ninguna. Y tampoco se puede excusar mediante ese bulo de la «adaptación». El caso se resuelve solo meándose en el legado de Mia Fey y convirtiendo al Phoenix Wright del anime en un pusilánime incapaz de hacer nada porque no ha aprendido nada porque literalmente a partir de aquí los casos se resuelven todos sin necesidad de que él apareciera. ¿El motivo de semejante insulto? Ningún otro que no sea el resultado de que la gentuza tras esta serie de Phoenix Wright conociera el resumen de la Wikipedia, pues la importancia de este momento solo puede conocerse de verdad si uno ha jugado a los juegos. Si no, es un momento vacío, un caso más que se resuelve a sí mismo con Phoenix llevándose el mérito solo por estar ahí presente.

   Tampoco se explica lógicamente cómo Redd White acaba tan acojonado por el chantaje que acaba confesando un crimen cuando perfectamente puede irse de rositas con tanta facilidad como el irse de rositas tras el asesinato del que acababa de salir impune hasta ese momento. Tampoco el invencible Edgeworth exige pruebas del chantaje de Mia ni explica que esas acusaciones se tendrían que llevar en un caso aparte. Tampoco se explica que el juez no penalice a la defensa por cometer semejante delito en un tribunal de justicia. Pero eh, qué más da, a algunos solo les basta con justificar que «ES QUE ADAPTACIÓN» para evitar pensar ni tener criterio. Total, ya lo vimos en los comentarios de mi reseña de Kill la Kill con el tema del «es que la comparas con Gurren Lagann» por una mención de pasada. Tampoco puedo esperar mucho.

Alguno de ustedes llegado ya a este punto.
Lástima que acabe de empezar.

 
   Y a partir de aquí la cuesta aumenta su pendiente con un tercer caso del que no puedo hacer más que repetir lo dicho. El Caso del Samurái es básicamente el resultado lógico de los dos anteriores casos: Phoenix Wright no es más que un secundario dentro de su propia serie, pues no hace nada ni sus acciones tienen consecuencia en la trama; nuestro abogado novato no pasa de ser un sujeto pasivo al que las pruebas y los testimonios le vienen solos en un caso en el que no se juega absolutamente nada y que por tanto no existe nada parecido a una acción ascendente o un clímax final.  

   Es más, aquí se puede notar otro de los mayores problemas que tiene esta serie independientemente de que sea una adaptación o no, y es que será todo lo anime que quiera pero es incapaz de no tomarse en serio. Ver un capítulo del anime de Ace Attorney se siente como ver un capítulo cualquiera de Ley y Orden; sí, puede que a veces haya personajes exóticos, pero al final del día es una trama desdibujada, aburrida y penosa que no se puede disfrutar por lo serio y dramático que es todo. Los juegos originales sabían cómo mantener el tono acorde a cada situación y los personajes, por alocados y extravagantes que fueran, sabían expresar emociones según tocara; pero aquí en el anime solo encontramos dos formas de ser: o personajes estrafalarios o asistentes a un velatorio. Y eso, amigos, no son personajes, son arquetipos.

El Caso del Samurái resumido en un gráfico que bien puede valor para cualquier otro capítulo.
Agradecimientos a @trolltski por la idea inicial.
(AMPLIAR O PASAR A UNA NUEVA PESTAÑA PARA VER)


   El Caso del Adiós sigue en la misma estela que el anterior añadiendo la sal en la herida de que, si bien El Caso del Samurái era un relleno para descansar de las tensiones de su predecesor, este ya sería el clímax de toda la temporada, así como lo fue en el juego original. Por fin se revelaría la verdad tras el Incidente DL-6, el espíritu de Mia podría descansar en paz y la relación entre Phoenix y Edgeworth podría dar un paso a mejor… O todo esto, al menos, para alguien a quien le interesaran cosas como la calidad narrativa, el desarrollo de personajes o esas patochadas. Nuestra versión anime es entonces un maratoniano vertedero de toda la exposición que la «adaptación» se saltó en su debido momento, con descarrilamientos muy locos como la aparición de Grossberg para decir lo que todos ya sabíamos, un Manfred Von Karma que parece un teleñeco o Larry Butz suplantando a Edgeworth en una patética pantomima mientras Maya roba pruebas en la oficina del fiscal. ¡PORQUE SÍ! Pero ya a estas alturas poco puede sorprender; si ni los propios guionistas dan una mierda por esta serie, ¿por qué iba a sentir nada yo?

   Pero por desgracia, la serie no terminó ahí, sino que siguió durante doce capítulos más. Y para celebrar que esta atracción nunca termina, decidieron crear su propio capítulo de relleno sobre el pasado de Phoenix, Larry y Edgeworth y sobre cómo los tres eran amigos de la infancia. De hecho, esta fue una de las grandes promesas del anime y una de las cosas con las que más se llenaban la boca los medios al respecto, sobre cómo se iba a expandir en el pasado de los tres.

   En manos competentes esto habría sido interesante, y de hecho admito que en su día estuve interesado. Pero doce capítulos de esta bazofia me demostraron que esta gente es tan peligrosa con la narrativa que un mono con una pistola. Y todo esto sin comentar que durante toda la serie se nos había bombardeado continuamente con este momento como si fuera el punto álgido de la misma: no había caso ni capítulo de la serie en el que Phoenix desarrollara unos flashbacks muy chungos de cuando de pequeño le acusaron de haber robado el dinero del almuerzo de un compañero. Pero cuando digo que tenía flashbacks, no me refiero a uno de vez en cuando o en momentos oportunos como en el de los juegos, SINO A NIVELES DE TRASTORNO DE ESTRÉS POSTRAUMÁTICO.

   En cuanto a lo demás de este vil rellenuto tenemos a un Edgeworth vestido de Conan Edogawa haciendo de Repelente Niño Vicente hasta que su padre muere, es adoptado por Manfred Von Dalas Von Karma con fular y conoce a una loli que supuestamente es Franziska Von Karma de pequeña. SUPUESTAMENTE.

Tienes problemas, Japón. Tienes muy serios problemas.

 
 
   A partir de aquí empieza lo que viene a ser la segunda mitad del anime, correspondiente al segundo juego, Justice For All. Y sí, han oído bien, empezamos directamente ya en los eventos del segundo juego. ¿Alzarse de las cenizas? ¿Qué es eso? ¿Se come?

   No, ahora en serio, el hecho de que se hayan saltado Alzarse de las cenizas, el último caso canónico del primer juego es algo DE AGRADECER en retrospectiva. ¿O es que quieren ver uno de los mejores casos de toda la franquicia convertido en una triste autoparodia? Si total, del segundo juego también se saltaron el primer caso, El Caso Perdido, algo que podrían haber metido y adaptado (ahora sí) perfectamente como un caso ligerito. Pero eh, menos trabajo para mí.

   La segunda parte del anime, la fase de Justice For All, comienza en el segundo nivel, Reunión y Caso, y realmente de esto más todo lo que venga a continuación no podría decir mucho sin repetir hasta la saciedad lo que ya he expuesto arriba, pues esta segunda mitad no es más que una gratuita repetición del esquema de la primera: Phoenix Wright es un sujeto paciente al que las pruebas, testimonios y soluciones le vienen solos, los episodios son un monstruo de Frankenstein entre la trama original y las ideas descabelladas de unos señores incapaces de pensar sin cagarse encima, el tono de la serie es totalmente esquizofrénico y los personajes no son más que una triste sombra de lo que alguna vez pensó Shu Takumi que eran.

   Pero sin duda el detalle más obsceno de esta segunda parte que verdaderamente expone la incapacidad creativa de la gente de esta serie es el hecho de que todo lo relacionado a la Matagama desaparece. La Matagama, si lo recordarán, era el artefacto que permitía ver a Phoenix las «verdades ocultas» de la gente en la forma de psicocandados que solo podrían romperse con las pruebas necesarias. Si bien era un elemento jugable, también era importante narrativamente (en especial durante los eventos del último caso) y en absoluto sería difícil de animar ni dibujar una cadena etérea de mentiras y medias verdades, algo que para cualquiera sería impensable de olvidar, ¿verdad? Pero claro, la gente tras la serie no son unos cualesquiera, sino incompetentes de primera. Y ante la pereza de trabajar con elementos tan imprescindibles como estos, ¿qué mejor que cambiar los tensos interrogatorios de la Matagama por que al testigo de turno se le escapara en forma de lapsus toda la verdad como si le hubiera dado un repentino caso de síndrome de Tourette? ¡Total, si lo llevan haciendo desde el principio!

   ¡Toda una Master Class de adaptación y mimo por parte de A-1 Pictures!

¡Manfred von Dalas, el fiscal que bloquea todos tus argumentos!


   Y no podemos terminar sin antes mencionar las cabeceras y las secuencias de créditos. Porque ¡qué cabeceras! ¡Qué secuencias de créditos! ¡La crème de la crème de lo genérico y del no pillar de qué va el asunto! ¡Cualquier cliché de opening de anime shonen pasado de rosca está aquí! ¡Cualquier simbolismo barato mal hecho vive Dios que te lo restregarán por la cara! ¡Cualquier canción mediocre que no pegue ni con cola será escuchada!

   ADORO cómo alguien puede desperdiciar un lienzo creativo tan grande como una cabecera de anime en una serie de una franquicia que puede presumir de inteligente. ME ENCANTA cómo en una época en la que tenemos series que se matan por ser auténticos portentos audiovisuales y narrativos ya en sus secuencias de apertura haya alguien que prefiera no esforzarse y abrazar la mediocridad. AMO que ante todos los simbolismos y referencias que se pueden meter basándose uno en la franquicia Ace Attorney alguien haya decidido meter girasoles como único elemento simbólico porque fue con lo que soñó la última vez que esnifó una botella de Super Glue entera antes de la tormenta de ideas de qué meter en el opening.

   Maravilloso todo.

   Muy mágico. 

   Excelsamente eroticofestivo.

Por el amor de esa mujeeeer
Somos dos hombres con un
Mismo destinoooo...


   En resumen: Gyakuten Saiban: Sono «Shinjitsu», Igiari! es un ejemplo perfecto de cómo NO hacer un anime. Y no me refiero a adaptar un juego (que TAMBIÉN), sino a cómo no llevar una trama, cómo no insultar a tu audiencia, cómo no dibujar una serie de animación y mucho menos animarla, cómo no dejarse llevar por la pereza y la mediocridad y cómo no fabricar un producto derivado de una franquicia sin haberse informado uno en plena era de la información.

   Esta serie no es una serie, es un delito, un crimen cometido con nocturnidad, dolo y alevosía, un despropósito mal hecho con toda la seriedad (valga la redundancia) del mundo y sin ánimo de ironía o autocrítica.

   ¿El veredicto? Está muy claro.



miércoles, 31 de agosto de 2016

Over the Garden Wall: pretenciosa y sobrevalorada.

«Superficial y pedante».
Peter Griffin, Padre de Familia.

   Después de tener un tiempo «pendiente» (si se puede llamar así) Over the Garden Wall, por fin me he decidido a verla. Y realmente no sé lo que esperaba encontrar cuando ya de por sí era una serie que había hecho saltar todas las alarmas en mi cabeza en el peor sentido posible. Básicamente, es ese tipo de fenómeno que empieza con un culto demasiado grande y con gente de demasiada edad como para tratarse de una miniserie de dibujos animados repitiendo al unísono como si de un credo se tratase lo BUENÍSIMA, BELLÍSIMA y PROFUNDÍSIMA que es la serie sin contar detalles o sin profundizar (valga la redundancia) en ninguno de los temas. «Pero oye, a lo mejor funciona», pensé, tonto de mí. «Te encantó Gravity Falls y la gente suele compararla. ¿Por qué no le das un tiento?», continué neciamente. Y heme aquí.

   Over the Garden Wall es la pretenciosidad hecha dibujo animado, un intentito de «el arte por el arte» imitando los horrores animados de Hayao Miyazaki (cuya obra de por sí ya DETESTO) mientras sus creadores intentan meter con calzador en una serie de diez capítulos existencialismo barato, terror psicológico del malo y personajes random para apelar gratuitamente al público perfil demográfico del «es que los dibujos animados de hoy en día son para adultos». Y como el que mucho abarca poco aprieta, nos encontramos con una serie de animación normal carente de trama, plagada de relleno, personajes odiosos y las mismas moralejas rancias y quemadas que ya hemos visto millones de veces antes. Pero eso sí, bajo la pretensión de «subvertir». Porque si no sabes hace nada a derechas, di que lo estás «subvirtiendo», que así quedarás mejor, quedarás profundo, quedarás intelectual y nadie se atreverá a toserte.

Básicamente, esta es la señal que recibo cada vez que la gente
se pone en plan que no caga con estas chuminadas.

   Over the Garden Wall trata supuestamente de dos hermanos, Wirt y Greg, que se pierden en el bosque y deben volver de camino a su casa. Sin embargo, tras encontrarse con un misterioso leñador que les advierte de la presencia de una bestia y tras conocer a Beatrice, un pájaro parlante, comenzarán un descenso a la locura de aleatoriedades en la versión boscosa de un fregadero de estilos artísticos y fantasía genérica hasta que se separan, se unen, derrotan a la bestia y todo resulta ser un sueño. No, no voy a decir que «de Resines» porque está el meme muy quemado.

   La trama de por sí no da para mucho y realmente podrían haber hecho algo por desarrollar el escasísimo plantel que propone para presentar un producto que verdaderamente podría haber sido filosófico, existencial y profundo mientras se mantienen los elementos para que se entretengan los críos y una rica narrativa. Pero claro, en una época en la que en términos de animación solo importa ser el nuevo George Lucas en su época de las precuelas de Star Wars y demostrar lo que los efectos especiales (en este caso los nuevos estilos de dibujo y la animación) pueden hacer, no hay tiempo para eso. En su lugar tenemos unos protagonistas planos y odiosos, un conflicto que se resuelve solo y que apenas toca a los personajes principales y toneladas de relleno tanto para alcanzar el número arbitrario de capítulos que debe tener la serie como de minutos por episodio.

   La serie está plagada no, INFESTADA de auténtico relleno.  Y es algo INSULTANTE dentro de una serie de diez capítulos, pues literalmente más de la mitad lo son. Los personajes llegan a un sitio, se ven envueltos en la situación estrafalaria de turno, la resuelven y salen de ella de la misma forma que se metieron sin haber aprendido nada de nada ni haber desarrollado sus personajes ni una pizca en busca de una nueva situación estrafalaria en la que meterse. Y todo eso sin mencionar el relleno de DENTRO de los episodios, pues da igual si se trata de un capítulo de la trama o no, si a los guionistas no les da para alcanzar los diez minutos que dura cada uno, tengan por seguro que se sacarán del culo un número musical capaz de durar al menos DOS TERCIOS del capítulo en sí. ¿No me creen? Bueno, ahí tengo los capítulos del barco de las ranas y el de Greg en la ciudad en las nubes como pruebas.

MUCHACHADA NUI
¡NUI!

   Y si ya fuera malo todo esto de por sí, luego está lo PREDECIBLE que es la serie. Porque es predecible. MUY predecible. Tanto que a partir del segundo capítulo ya cualquiera puede ver cuál será el giro de tuerca. ¿El motivo? Que esta serie no sabe utilizar el giro de tuerca y, como si de cualquier cosa hecha por el patán de Steven Moffat se tratara, abusarán del elemento para meter como mínimo uno por capítulo.

   Literalmente TODOS los giros de tuerca de la serie son justo lo contrario de lo que al principio las cosas parecen, y ya con esa pista cualquiera puede saber de qué trata de verdad la trama de cada uno: ¿que un pueblo de hombres-calabaza obliga a trabajar a los niños y estos encuentran dos esqueletos? ¡Es que es un pueblo de esqueletos que se disfrazan, pero esqueletos buenos, no de los que matan! ¿Que un multimillonario avista un fantasma en su laberíntica mansión? ¡Es que son dos mansiones que se han solapado y vio a la dueña de la otra casa! ¿Que una joven ha sido esclavizada por una bruja cabezona que habla todo el tiempo de un espíritu maligno? ¡Es que la joven ES el espíritu maligno! Y así hasta el infinito.

Sutil.

   Todo esto, claro, sin mencionar que cuando un giro de tuerca barato no da para resolver un asunto, siempre podemos echar mano del buen, fácil y gratuito deus ex machina de turno. Ya de paso, tampoco hablemos de que en tan poco tiempo acabamos tan saturados de diferentes subtramas argumentales que hasta la propia serie parece perder la pista de en qué trama centrarse, dando como resultado en ir cambiando de tramas de manera superficial sin avanzar ni profundizar realmente en ninguna de ellas.

   Y que nadie me venga con que «es que son dibujos para niños» porque si una serie tiene una trama de mierda, tiene una trama de mierda indistintamente del público. Y peor aún es esa excusa si personas supuestamente ADULTAS la definen por su profundidad y calidad narrativa.

   Aparte de todo esto, si la serie tuviera unos buenos personajes o los desarrollaran mínimamente a lo mejor sería un aspecto que no estaría del todo mal. Pero no, craso error (como lo que es esta serie) una vez más. Los personajes son ODIOSOS, de lo más repelente que me he echado en cara desde hace mucho tiempo ya sea porque son planos, tienen una personalidad horrible, les fuerce el guion o una mezcla de todo al mismo tiempo. Wirt es un cínico prepotente, Greg es básicamente Bob Esponja si fuera humano y Beatrice es una pájara (en las dos primeras definiciones que da la RAE) impertinente mientras que el resto de personajes secundarios están para rellenar tiempo de los capítulos con la Bestia, el supuesto villano principal de la historia, como el caso más sangrante de todos.

¿Para qué centrarnos en las relaciones de dos hermanastros de edades tan distintas aprovechando una situación tan poco habitual cuando podemos centrarnos en el niño pequeño siendo más random que Bob Esponja? ¡Algún meme podremos sacar!

   De todo este asunto, lo que pasa con Wirt es lo que más me toca las narices de esta serie, ya que Wirt es el único personaje que actúa de forma natural y racional; es el único personaje que parece HUMANO dentro de una situación que le sobrepasa totalmente. Y aun así la serie constantemente tiene que humillarle y dejarle como el que nunca tiene razón por no abrazar la locura como el resto de personajes. El guion constantemente le ridiculiza y le deja como un cínico egoísta solo por ser una persona racional en un mundo irracional, y la serie espera que nos pongamos en su contra cuando él es el único que sufre y el único que está preocupado por lo que está sucediendo a su alrededor mientras que su hermano Greg se tira los capítulos comportándose como un retrasado mental por el «jaja ke random loool» y Beatrice siendo una niñata impertinente que desde el principio ha estado manipulándolos para que su trama se resuelva sola como ya viene siendo la costumbre.

   Y sin embargo, como no podía ser de otra forma, cada uno tiene en los últimos capítulos de la serie su «evolución» en forma de que no evolucionan nada a excepción de Wirt y él ni siquiera aprende nada sino que cambia de parecer de la noche a la mañana sobre si salir con la chica que le gusta o no. Greg empieza la serie siendo un tontopollas random y termina siendo un tontopollas random mientras que Beatrice consigue lo que quiere al final (liberar a su familia de una maldición que los había convertido a todos en pájaros) y ni siquiera es capaz de mostrar un mínimo respeto por su madre porque su moraleja sobre no ser una criaja impertinente se le pasó volando y nunca mejor dicho.

   Luego está la Bestia, el supuesto villano de la serie y considerado, según la Wikia, como «uno de los villanos más viles de Cartoon Network». Aparentemente parece que va a ser un personaje interesante debido a que de ella solo se ve la silueta hasta prácticamente el final y que es un personaje bienhablado y manipulador a pesar de su horrible apariencia, habiendo conseguido acabar con las vidas de posiblemente cientos si no miles de personas a la vez que tiene al pobre leñador esclavizado para convertir a dichas víctimas en aceite para alimentar la lámpara que contiene su alma. Sin embargo, en el concepto está la chicha, ya que en la serie solo aparece escasas veces, solo interactúa dos veces con los protagonistas y luego la crisis que presenta se resuelve sola sin necesidad de que Greg ni Wirt hagan nada al respecto. 

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   Porque en eso es en lo que se resume esta serie (y ya de paso en lo que se resume cualquier serie animada que echan hoy en día que hace que os paséis décadas sin cagar): os ponen cuatro elementos de «terror» y un poco de filosofía barata «adulta» y se os hace el culo Pepsi-cola sin pararos a pensar siquiera si la serie en realidad es tan buena como en un principio parecía. Pero claro, así es como son las críticas del siglo XXI: mejor sonar inteligente que serlo, ya que lo primero es más fácil y te hace parecer más único que lo segundo.

   Over the Garden Wall es tan MALA que es hasta insultante que haya quien la compare con otras series, sobre todo poniéndola al nivel de Gravity Falls. Gravity Falls, aunque contara en comparación con infinitud de episodios, sabía dar en el clavo: el humor estaba donde se lo necesitaba, el desarrollo de personajes estaba trabajado, los elementos de terror sabían ser sutiles y era una serie que sabía tratar a su audiencia de forma inteligente. ¡¿En qué momento a nadie se le ocurrió comparar ambas series?!

   Coño, es que si vamos a comparar, no nos quedemos ahí. ¡Yo también sé jugar a este juego! Aunque uno de los puntos más débiles de Historias Corrientes fuera su mal desarrollo de personajes, al menos sabía tratar las relaciones entre los mismos de manera natural. Y por mucho que me repela, AL MENOS Hora de Aventuras acabó teniendo una historia de fondo decente y un buen desarrollo de personajes aunque todo fuera un refugio en audacia de su creador para hacer parecer que su serie de dos tontos haciendo tonterías en un mundo mágico tenía trasfondo y madurez algunos.

Algo así es la cara que se me pone ante el «como X pero con» de turno.

   Y sin embargo, tener que hacer todas estas comparaciones absurdas y fuera de lógica me hacen sentir mal porque en el fondo no dejan de ser absurdeces, de la misma forma que comparar Over the Garden Wall con cualquier otra serie para hacerse el listo cuando en realidad no se sabe defender con argumentos una serie que le gusta a uno es ridículo.

   Over the Garden Wall es mala. MUY mala. Una serie infantil que quiso ponerse zapatos de adulto jugando con elementos argumentales, temáticos y narrativos que le vienen demasiado grandes porque carece de las nociones más básicas para manejarlos. La animación es normalucha, los personajes son odiosos y planos, el relleno injustificado ocupa más del setenta por ciento de toda su duración, la música suena falta de inspiración por no ser más que una forma de alcanzar el tiempo de duración estipulado en vez de ser una forma de enriquecer la trama, tanto la fantasía como los estilos «novedosos» de dibujo están a estas alturas tan trillados que parecen rozar la autoparodia e intenta dar unas moralejas tan vacías e inexistentes que más que sentirse inspirado por el ejemplo de los personajes lo que le dan ganas a uno es de beber un vaso de lejía para olvidar que ha pasado por tal tormento.

   Pero eh, que los cuatro copitos de nieve especiales de internet de siempre dicen que es muy profunda. ¡Será verdad y todo!

   Y lo peor de todo es que parece mentira que para esta reseña haya necesitado unas seis páginas de Word cuando esto es ya más esfuerzo que el que cualquiera del equipo de la serie haya puesto a lo largo de la misma. ¡Que te den, Over the Garden Wall! ¡Me debes cien minutos de mi tiempo!

lunes, 1 de agosto de 2016

Pokémon Go: HABEMUS NUEVO FANDOM TÓXICO.

«El fanatismo, venga de donde venga, acaba con todo».
Santiago Posteguillo.

   Al igual que un molesto herpes que sale en la parte más visible de la boca justo antes de que tengas una cita, vuelve una vez más Reflexiones de un Friki Cabreado a levantar escozores, ampollas y pústulas entre el gentío. Esta vez hablando de la nueva moda asquerosa de turno que amenaza para quedarse (lo que dure la moda, claro) y dar el coñazo todo lo que pueda y más: Pokémon Go.

   Si ustedes son de esos afortunados que han estado viviendo fuera de las redes sociales debajo de una roca y no saben lo que es, CUÁNTO LES ENVIDIO Pokémon Go es una aplicación móvil por la que uno puede salir a la calle a cazar bichos con la cámara del smartphone y ser el mayor autista coleccionista de pokemones del mundo mundial.

   El juego de momento es gratis para jugar y es accesible a todo aquel que no tenga una patata tecnológica. Por el contrario, los servidores se caen cada dos por tres, las funciones que requiere drenan las baterías de los teléfonos como los murcianos el agua manchega y la obtención y entrenamiento de los bichos está convirtiéndose en una competición más de suerte y picaresca que de habilidad o seguir las reglas. Pero bueno, esas son las típicas cosas que se pueden esperar de una aplicación para el móvil y algo tan influyente como es Pokémon. Y para bien o para mal, me da igual.

   Socialmente, a las buenas, se trata de la realización del sueño de la infancia de mucha gente que creció con el fenómeno que supuso esta franquicia y de hacer realidad las insistentes increpaciones de los padres de antaño del «a veh si saleh a la calle que ehtáj to’l día con la maquinita». ¡E incluso se comenta que hay gente con la que se puede socializar con esto! Por el interés, ojo, pero socializar. Y a las malas el ordeñe de una franquicia incapaz de morir mediante la atávica nostalgia de los niño-hombres más inmaduros.

   Y personalmente, qué quieren que les diga: me da del todo igual. No es una cosa que me llame, no es una cosa en la que gastaría un segundo de mi tiempo y aborrezco lo suficiente los pokemones como para que la sola mención al objetivo del asunto me repela. E igualmente, podría morir de deshidratación de lo mucho que me suda la polla cuando veo a alguien jugar o pasárselo bien al respecto.

 
No será la panacea, pero sí reconozco que muchos habríamos hecho LO INNOMBRABLE por haber tenido algo así de pequeños.


   Sin embargo, hay una cosa que me repatea y que tengo que ver en redes sociales, principalmente Twitter, día sí y día también. Una cosa tan tóxica, dañina y obsesiva que siento mis neuronas y mi paciencia morir cada vez que veo una mención al asunto: el fandom.

   El fandom de Pokémon Go, para que me entiendan ustedes, viene a ser la cosa más tóxica, sectaria, violenta y recalcitrante desde el fandom de Harry Potter. Gente que ha convertido una aplicación para pasar el rato alimentándose de la asquerosa nostalgia en una mezquina competición de egos rotos y complejitos que tapar de la forma más barata posible.

   «¡Pero Friki Enfurruñado, es que no te gusta que la gente se lo pase bien con algo que les gusta y a ti no! ¡Eres un hater! ¡Policía de la diversión!». Este argumento tan putifanístico es falso. MUY falso. Tan falso como la supuesta integridad de alguien que se haya sacado la carrera de Periodismo por la Complutense. Y para rebatir semejante ad hominem soplapollez, volveré a repetir una cosita y a ponerla en negrita y subrayados a ver si eso consigue atravesar la barrera de su ceguera: yo no tengo NINGÚN PROBLEMA con que la gente se lo pase bien con esto, no tengo NINGÚN PROBLEMA con que la peña suba memes y no tengo NINGÚN PROBLEMA con lo que cada uno decida invertir su tiempo y su dinero. Por mí como si todos ustedes, queridos seguidores y putifans de este «juego» cogen, van a las oficinas de Niantic y hacen cola para succionarles las gónadas con fruicción a todos y cada uno de los empleados que participaron en la creación y desarrollo de Pokémon Go.

   Sin embargo, LO QUE NO ES DE RECIBO es encontrarse todos los días una competición absurda de vanidades, de ver quién tiene los cojones más gordos a costa de insultar al de al lado; todo reflejado en una timeline de Twitter literalmente PETADA. Porque da igual lo que hayamos crecido en edad, mucha gente sigue siendo igual de inmadura que en los primeros años del colegio. Y esta moda lo demuestra: habéis convertido un pasatiempo en un «a ver quién mea más lejos y tonto el que no comparta lo que a nosotros nos gusta».

   ¿Lo gracioso del asunto? Es que tres colores. ¡Tres simples colores! Han sido motivo más que suficiente para una continua fuente de salseos, impertinencias y demás infantilidades.

   Como sabrán a estas alturas (y si no lo saben, ya estoy yo para informarles), Pokémon Go segrega a los jugadores según tres colores a los que cada uno deba elegir enlazar a su perfil. Y a esos colores, rojo, azul y amarillo, las cabezas pensantes de Niantic decidieron ponerles los rimbombantes nombres de «Equipo Valor», «Equipo Sabiduría» y «Equipo Instinto». Sin embargo, más allá de los cursis nombres, los «equipos» no dejan de ser un «ponte el color que más te guste». Pero como no podía ser de otra forma, las cabezas no-pensantes de turno decidieron tomarse en serio los nombres de marras y sentirse «identificados» por unas palabras que de por sí están totalmente vacías.


¿Quién murió y dejó al mando a Usuario de internet #ZX-38923038629 
ser el portavoz del fandom y decir a todo el mundo cómo se debe saludar a otros equipos?


   A partir de ese momento, raro es el día en los que uno no pueda encontrarse con discusiones que van de «mi Equipo X es mejor que el vuestro» al «es que los del Equipo Y son tontos y los del Equipo Z somos los listos» pasando por toda una recolección de todos los insultos que pueda haber llegado a conocer la RAE. Porque al parecer lo único que nos ha traído la edad ha sido la libertad de llamar de todo a todos sin que nadie reciba una colleja por ello. Y oye, quien se quiera matar por unos simples colores, que se mate. «Selección Natural», se llama. Igual que con todos los accidentes causados porque el tonto de turno no miraba donde iba ya que estaba más preocupado de cazar al enésimo Pidgey que de que estaba en medio de la carretera.

   Aquí es donde entran las cuñadeces, las soberbias, las pretenciosidades, las hipocresías, las traiciones y todos esos rasgos que más odio en el ser humano, todos ellos de la mano de tres colores. Porque está visto que en ni en internet ni en ningún sitio podemos tener ya cosas bonitas o ser seguidores de algo sin tener que insultar al de al lado o compararnos con él: el Equipo Valor está lleno de cobardes que insultan detrás de la pantalla de un ordenador, el Equipo Sabiduría lleno de ignorantes y demás incompetentes y el Equipo Instinto de auténticos energúmenos con los sentidos más dormidos que un oso perezoso.

   Y podrían llamar a los equipos de otra forma. Podrían llamarlos «Manos», «Pies» y «Esternocleidomastoideo»; «Carne», «Verduras» y «Pescado»; «Glande», «Prepucio» y «Testículos» o «Tontos», «Idiotas» y «Estúpidos», ¡pero daría del todo igual! Porque las riñas siempre seguirán ahí. 

   ¿Pero sabéis qué es lo gracioso? ¿Queréis saber qué representan estos equipos en verdad? Estos equipos no representan literalmente NADA. Como mucho a una panda de niñatos que se pelean por ver quién es el más pedante de todo el rebaño. Punto. Y si vuestros egos están tan rotos como para tener que compensar faltas afectivas mediante la caza de bichejos virtuales, os ponéis una tirita u os vais a un psicólogo.

   Pero eso sí, si os insultáis entre vosotros por los equipos a los que pertenecéis, está bien. Si luego el resto del mundo hace lo mismo con sus equipos de fútbol, es que son tontos. La coherencia SE HACE NOTAR. 


«hes jrasioso poke los yaman retarazados xDxDxD».

  
   Porque esa, y no nos vamos a salir del tema de los complejitos, es otra. Ya que, como no podía ser de otra forma, cada vez que surge una moda siempre tienen que aparecer los típicos acomplejados necesitados de casito y atención a quienes les falta tiempo para crearse mil y una cuentas con las que soltar improperios, hacerse los graciosos, robar memes y ganar famita de forma rápida sin necesidad de tener talento para nada. ¡Parasitar en internet es así de fácil, barato y sencillo! ¡Sin tarjetas de crédito! ¡SIN MIERDAS!

   Así que, sin comerlo ni beberlo, tenemos una nueva oleada de supuestos «líderes de opinión», «humoristas» y «creadores» de memes que, como son incapaces de fabricar nada o hacer nada provechoso por el género humano (lo cual, irónicamente, podría proporcionarles esa famita de la que están tan hambrientos y por un motivo completamente legítimo) nos llenan timelines e interacciones a partes iguales de chistes sin gracia, salseos absurdos y memes robados en pos del más burdo pandering a una fanbase que hace mucho se convirtió en una literal secta.


Luego están los que, en su desesperación por obtener atención y famita,
se inventan que les han denunciado a ver si así alguien les hace caso.


   ¡Oh! ¡Pero vayámonos ahora a la otra cara de la moneda del fandom! ¡Vayámonos al anti-fandom! ¡A los haters! ¡Al grupo en el que automáticamente se me mete a mí solo por no gustarme una parte EXTERNA al producto y con el que tampoco me siento identificado! Pero esta vez a los haters de verdad, a la gente a la que sí le jode ver a la chavalada y no tan chavalada pasándoselo bien con los pokémon. Porque si yo detesto de por sí el sectarismo y la falta de criterio de unos, mucho más asco me dan el cuñadismo y la superioridad moral de los otros.

   Y si algo ha traído el lado hater de Pokémon Go ha sido una oleada de cuñados y clasistas sociales armados con el poder de la falacia rápida y una build de frase lapidaria + golpe en la mesa x1000.

   En primer lugar, gente MANDANDO leer a Dostoievski, Bukowski y otros Grandes de la Literatura para que los chavales dejen de jugar y así demostrar de paso su excelsa cultura. Porque todos sabemos que el acto humano de la lectura nos hace seres superiores, auténticos übermensch por encima del bien y del mal. Porque no es que el leer sea lo que literalmente cualquier persona no analfabeta puede hacer, sino que es una habilidad exclusiva de estos SEMIDIOSES del pensamiento. Porque no es que se puedan hacer ambas cosas, no, sino que es o una cosa o la otra: ignorantes o culturetas; el terror o nosotros. ¡Claro que sí!

   Y sin embargo, a pesar de tanta cultura de la que presumen, esa misma gente que tanto manda leer a los Grandes de la Literatura, o demuestran que no están por encima de enormes acomplejamientos, o directamente no habrán tocado ninguno de esos libros que tanto recomiendan forzosamente en sus vidas. Porque a estas alturas de internet ya nos conocemos.

   No obstante, si hay un tipo de hater del Pokémon Go que me haya molado, es el Gañán Salvapatrias: una digievolución del cuñao típico del bar incapaz de ver a gente disfrutar de nada y odia la cosa solo por ser la nueva moda joven de turno. ¡Y vaya un momento que ha tenido para aparecer!

   Hace ya un tiempo desde que escribo esta entrada, en Madrid se celebró una pokequedada, es decir, una quedada multitudinaria de usuarios de Pokémon Go para pasear por toda la ciudad en busca de los bicharracos de turno. Y lo que podría haber sido una cosa que pasó sin pena ni gloria para los que no nos interesa el tema en absoluto no tardó en convertirse en un Festival del Cuñadismo. En menos que canta un gallo, todos los bocachanclas de turno, salvapatrias canosos, cruzados de la moral, culturetas de internet y demás iluminados llenos de ínfulas sacaron las falacias correspondientes para llenar de mierda el evento con tal de demostrar tanto sus planos superiores de existencia moral como lo únicos y especiales que son con respecto al Rebaño.

 
«La gente que juega a Pokémon Go son todos un rebaño de borregos, 
no como yo, que soy único y diferente a los demás».


   De las perlitas más conocidas, aparte de las típicas ilustraciones alarmista y demagogas que siempre aparecen, destacan falacias del falso dilema de la talla de «los jóvenes de ahora solo salen para capturar pokémon pero no a manifestarse por su futuro». ¡Claro, amigos, claro! ¡Porque no es que los jóvenes no se hayan manifestado ya por su futuro! ¡Sino que, de nuevo, una cosa SIEMPRE va a ser incompatible con la otra! ¡Porque los jóvenes no tienen derecho a salir más allá que para manifestarse! ¡Con dos cojones!

   Recordemos que esto de manifestarse y protestar por cómo de mal está el país es cosa de los jóvenes, quienes tienen la OBLIGACIÓN de hacerlo. Porque hay una ley por la que a partir de una edad determinada el derecho a protesta se pierde y los demás no pueden hacer otra cosa que arreglar el país desde la barra del bar, poniendo la rodaja de chorizo en el sobre electoral o directamente volviendo a votar al PP (o en su caso a Ciudadanos) para que no vengan los rojos todo siga igual y ya de paso que se jodan los jóvenes protesten o no.

   ¡Pero eso sí! Cuando toda esta misma gente se reúne para celebrar ER FÚRBO o a ver cómo convierten a un toro en un colador, ahí no se puede decir nada porque eh, PATATAS CON BEICON. ¡Nosotros llegamos antes y vosotros os jodéis!


«Los jóvenes hoy en día salen a la calle a cazar pokemones pero no a manifestarse por lo que importa. No como yo, que arreglo el mundo una vez por cada golpe en la barra».


   Y hablando de «nosotros llegamos antes y vosotros os jodéis», ¡cómo vamos a olvidarnos de Los Repartecarnés! Ya saben: todos los energúmenos que se las dan de TRVES de algo porque «antes a los frikis nos perseguían en el colegio», «si no tienes una letra escarlata en la frente por gustarte Pokémon no tienes derecho a que te guste» y «es que ahora lo han casualizado todo tanto que se nos ha llenado de posers».

   ¿Qué puedo decir que no haya dicho en una entrada anterior con motivo de las chuminadas que hay que aguantar todos los años con el Día del Orgullo Friki? Que hay que ser PATÉTICO para dedicarte a repartir carnés de algo sin ser nadie en la vida, sobre todo si se trata de algo tan insignificante como un gusto o una moda. ¡Dedícate mejor a solucionar tus problemas emocionales antes de meterte en la vida de otra gente!

   Pero en fin, al grano y resumiendo que es gerundio: Pokémon Go es una moda odiosa que acabará pasándose rápidamente de la misma forma que ya nadie se acuerda de gilipolleces de la magnitud de Twitch Plays Pokémon. Y aunque yo no tenga nada tal cual en contra de la aplicación misma o quién la use o para qué, sí es cierto que ambas caras de la moneda de su seguimiento son igual de ODIOSAS tanto por su sectarismo y por su agresividad.


Los gráficos habrán cambiado pero el autismo sigue siendo el mismo.


   ¿En cuanto a mí? Yo no me pongo en el bando de nadie, ni de los que lo aman ni de los que lo odian. Lo único que quiero es que desaparezca ya la modita para que se me deje de dar el coñazo. Porque en ningún lugar de las especificaciones del producto viene nada con respecto a fanatismos ni guerras santas, ya sea hacia los unos o hacia los otros, de la misma forma que no es la cura para la cantidad de complejitos que mucha gente ha acabado sacando a la luz con esto.

   Joder, yo en mi Twitter subo las cosas que a mí me gustan y de las que soy seguidor y no me meto a decirle a ninguna otra persona en lo que debe o no debe hacer, mucho menos si es mejor o peor por tener unas aficiones determinadas (nota: yo no digo que los fans del Undertale no sean personas, ellos sabrán lo que son).

   Y al igual que yo no soy quien para decidir los gustos de nadie, nadie es quién para condenar lo que me guste o lo que me deje de gustar. La diferencia radica en que yo no voy buscando guerras santas sobre qué gallina de los huevos de oro es más sagrada, de la misma forma que si alguien está en su derecho de gustarle algo y expresarlo, yo estoy en mi mismo derecho de que NO me guste ese mismo algo y expresarlo también. Todo eso por no mencionar que, al menos a mí, no me pagan por defender a muerte algo que me gusta cuando veo a alguien hablar mal de ello, de modo que tampoco me dedico a proteger a capa y espada nada poniendo palabras que nadie ha dicho en boca de dicha gente o increpando a nadie por ser «un policía de la diversión».

   Y si hay alguien que por esto vaya a tirar una relación o una amistad por la borda, que no me eche a mí la culpa (a mí o al objetivo a censurar de turno, que me menciono aquí a mí mismo porque realmente ME HA PASADO y me he visto censurado y atacado por esta gilipollez), pues el Pokémon Go en esto en verdad no es más que el catalizador de cómo ha sido desde siempre la persona que está dispuesta a censurar y rechazar a otros cuando los intereses de los demás no confluyen con los suyos propios.

   Porque yo tengo amigos que juegan al Pokémon Go que si no me dicen ellos que juegan yo ni me acuerdo de que lo hacen debido a que son lo suficientemente maduros como para no dar el coñazo; al igual que tengo a gente que viene, publica sus memes o sus últimas capturas y lo dejan ahí en vez de quemar el asunto. Y NUNCA ha habido problemas con esa gente, de modo que tal vez el problema radique en los que hayan convertido esta modita en una competición absurda y en una excusa para lanzarse a la yugular de unos y otros solo porque no opinan lo mismo que esa persona.


   Vamos: el fandom tóxico de toda la vida.


¿Queríais fanatismo tóxico? ¡Vive Dios que tendréis fanatismo tóxico!
(Pero como este no os interesará, os faltará tiempo para ponerlo a parir).