¡Una vez más vuelve su youtuber fracasado favorito para sentar cátedra sobre un tema nuevo! Esta vez hablo sobre la evolución que han ido teniendo los dibujitos las series de animación durante estos últimos veinte años. ¿Ha habido de verdad un cambio de paradigma en la hora de narrar sus historias o apenas ha habido un cambio? La respuesta aquí abajo.
¿Saben ya qué día es hoy? ¡Exacto, el Día de la Bilis! ¡El maravilloso
evento bianual en el que vomito mis negras entrañas sobre la cínica máquina
sacacuartos que es Digimon Tri! Y es
que la prostitución de lo que una vez fuera Digimon
Adventure mediante este fanfic tan glorificado como descarado me tiene
loquísimo. ¡Me fascina cómo una serie puede ser tan de relleno e innecesaria y
al mismo tiempo acertar tantas veces en unas cosas y errar tan penosamente en
otras!
Y es que, si les soy sincero… esta cuarta OVA… ¿no ha estado mal…? ¡QUE
OJO, DÉJENME EXPLICARLES! Digo que no ha estado mal, pero los peros se los
sigue llevando. Sinceramente, llevaba tiempo esperando descargar mi ira de dios
griego sobre lo que iba a ser (noten esas furibundas negritas) el
final de la serie esperando el mayor de los desastres, pero realmente esta
parte no ha estado mal. SIN EMBARGO, como han podido leer, he hecho referencia
a «lo que iba a ser» sobre el final de la serie porque Digimon Tri no termina aquí… y eso se traduce en una nueva serie de
críticas negativas. ¡Vamos, que lo que Tri
me quita de bilis por una parte, me la da por otra! Así que sí: la reseña viene
CARGADITA.
En una breve recapitulación de las trespartesanteriores,
los Niños Elegidos ahora son adolescentes que llevan unas vidas insustanciales
hasta que reaparecen sus compañeros digimon acompañados de una serie de
monstruos salvajes que provocan el caos por la ciudad. Los antiguos héroes del mundo digital hacen frente a las bestias y poco a poco (MUY poco a poco)
se desvela que los digimon están infectados por una especie de virus que los
vuelve locos.
A todo esto, entran en escena Meiko y Meicoomon, respectivamente una niña-felpudo «gome nasai for everything/gome nasai, I know I let you down/gome nasai ’till
the end» y un furry a lo Gatomon venido a menos sin personalidad alguna que
se hacen amigas de los Niños Elegidos en una serie de capítulos horrendos que se
sienten más como autoinsertos en un fanfic que algo escrito por guionistas pagados. A su vez, también aparecen Nilosé y Nimeimporta, un par de
agentes del gobierno con nombres 0% memorables y personalidades 100%
intercambiables que no dejan de seguir a los chavales por todas partes.
Y bueno, tras UN MONTÓN de capítulos de vil rellenuto llegamos a descubrir
que Meicoomon es el vector de la infección, que Digimon Emperador (el primer
gran villano de 02) sigue vivo y que
el mundo digital ha sido reseteado, tragándose a los compañeros de digimon de
los protagonistas. Los Niños Elegidos viajan al otro mundo a ver qué ha pasado
y se encuentran con que sus antiguos compañeros ahora son un grupo de digimon
bebés que no se acuerdan de nada.
¡AH, y también un montón de tensión sexual entre estos dos!
El primer capítulo de la OVA empieza de una forma que realmente me pilló
con la guardia baja y que positivamente me sorprendió. En esta secuencia
inicial a modo de una película muda se nos confirma algo que todos ya
sospechábamos que Nilosé y Nimeimporta fueron realmente los Niños Elegidos
originales, antes incluso que los protagonistas de Adventure. En ella vemos a los compañeros digimon de los dos
chavales haciendo un enorme sacrificio para evolucionar hasta convertirse en
las Bestias Sagradas a cambio de la vida del compañero digimon de Nimeimporta
con el fin de sellar a los Amos Oscuros.
Y… ¿qué quieren que les diga? Esta parte es muy poderosa, pues nos
explica el agridulce final que tuvo la primera generación de Niños Elegidos,
nos permite conocer sus identidades y resuelve de un plumazo los interrogantes
que se formaron al final de la primera temporada sobre unos personajes de los
que solo sabíamos cosas mencionadas de pasada. Pero la cosa no termina ahí, ya
que la escena está tan bien llevada que realmente parece el final de una
temporada de la propia Digimon.
Los seis minutos que dura me hicieron querer saber más sobre estos dos niños
(que ojo, no sus versiones adultas), sobre sus digimon y sobre las cosas por
las que habrán pasado. Es más, esta escena me hizo preguntarme por qué no
estamos viendo una serie sobre la generación original de Niños Elegidos en vez
de volver por enésima vez a los conflictos y traumitas de los creciditos y
desaboridos protagonistas de Adventure,
cuyas historias ahora mismo solo tratan de aprender OTRA VEZ las lecciones que
aprendieron en un pasado de hace seis años que para nosotros se nos traduce en
dieciséis del mundo real.
¿El resto del capítulo? El resto del capítulo es una larga, larga,
laaaaaarga transición entre los eventos del final del último episodio de la OVA
anterior y el resto de los de la presente. Aquí, los compañeros digimon de los
protagonistas de Adventure no
recuerdan a sus humanos y se muestran bastante reticentes a acercarse a ellos
pese a los intentos de estos de que les recuerden. Sin embargo, como es de
esperar en cualquier cosa venida del país del sol naciente, una rápida merienda
con el típico food porn que cualquier estudiante lleva en una tartera se gana
la voluntad de los asilvestrados bichos.
¿De todos? ¡No! Yokomon (la prevolución de Biyomon) decide que no quiere
tocar a Sora ni con un palo de diez metros. Y claro, eso es una fuente de dramas
tan grande que ni El Diario de Patricia
podría hacer nada para remediarlo, de modo que gran parte de este episodio, del
siguiente, del siguiente Y DEL SIGUIENTE tratan precisamente de esto. A Sora le
tiran los genes de personaje femenino de shonen y se vuelve tan irritantemente
depresiva que ríase usted de los del «haber si me muero» de Twitter, así que para rellenar unos cuantos minutos del
reloj vemos a la chavala intentando acercarse a Yokomon y Yokomon mandándola a
la mierda por pesada.
Porque claro, es que ustedes no saben el horror, el trauma, LA TRAGEDIA
HUMANA que supone que un ser que es poco menos que una mascota que habla no te
recuerde en una serie de circunstancias que (en contexto) son del todo
explicables. Vamos, que ahora mismo se pueden morir todos los familiares de uno
y no sería capaz de padecer tanto dolor y sufrimiento como la pobre Sora en
estos terribles momentos.
Así que tendremos capítulo y medio yendo sobre esta desgarradora tragicomedia
historia de interés humano hasta que haga su aparición…
¡¡¡METAL GEEEEAAAAAAR...!!!
¡SÍ, COMO LO VEN! ¡El terriblástico Machinedramon resucita de entre los
muertos para que las cosas dejen de ser tan coñazo tras episodio y medio de
melodrama y cargarse a los protagonistas de un plumazo! Los Niños Elegidos
intentan hacer que sus compañeros evolucionen, pero es inútil y todos son salvados
por un deus ex machina que los deja en distintas partes de la isla tragados
por el ataque de la bestia.
Al mismo tiempo, en este segundo capítulo las cosas avanzarán a
violentos trompicones para que podamos volver a la trama de la serie en una
rápida sucesión de eventos paralelos que se resumen en que Meicoomon busca
desesperadamente a su amiga por todas partes del mundo en un barato intento de
dar pena a la audiencia, Meiko apareciendo de la nada en el Mundo Digimon junto
a Sora y Biyomon, y Nilosé descubriendo que su amiga Nimeimporta ha hecho una
especie de pacto con una entidad oscura para que le devuelvan el compañero
digimon que tuvo de pequeña, aquel que fue sacrificado para que ellos se
salvasen.
Si esta escena no acaba a puños en un laboratorio mientras un otaku se mea encima escondido en un armario, me sentiré muy decepcionado.
De esta forma, el tercer capítulo comienza realmente con un digimon apareciendo
ante Nilosé para soltar un montón de exposición críptica en forma de nombres
sin contexto en un intento de reenganchar a la audiencia a la trama en uno de
los vertederos de información más desastrosos que he visto en mucho tiempo: en
cuatro minutos se menciona de forma seguida la Homeostasis como una especie de
dios benigno del mundo digital, la corrupción de Gennai, la traición de una
Nimeimporta fanatizada, que Meicoomon es «el Libra» y repeticiones constantes a
un tal Yggdrasil que está detrás de todo este asunto.
Nunca, en ningún momento, se explica ni el contexto, ni la razón, ni la
consecuencia de nada de esto; solo nombres, nombres, nombres y más nombres en
una especie de disparo de la escopeta narrativa a ver si algún perdigón logra impactar en el interés de unos espectadores que si no fuera por la aparición de
Machinedramon ya habrían abandonado la serie (yo el primero). Porque claro, ¿qué
costaba explicar un poco más cada cosa? ¡O mejor! ¡¿Qué costaba ENSEÑAR Y NO
CONTAR?! ¿Tan grande habría sido el sacrificio de capítulos de rellenuto y
fanservice descarado como el de los baños termales para mostrar lo que
verdaderamente está pasando en el mundo?
¡Y es que esto me cabrea! ¡Estamos en el decimoquinto capítulo de una serie
que actualmente tiene dieciséis y aún no sabemos de qué va la trama! Sí, hemos
visto cosas de la infección y la relativa importancia de Meiko y Meicoomon,
pero entre unas cosas y otras lo anterior al reseteo del Mundo Digimon es pura
paja, y lo realmente importante, la conspiración tras el reseteo para liberar
todos los males del mundo una vez más son tratados como simples menciones de
pasada o apariciones estelares de antiguos villanos como una especie de cameos
glorificados.
Pero eh, que ya se nos ha mencionado que Yggdrasil es el malo maloso de
todo el embrollo (aunque sea absurdo porque Yggdrasil fue el villano de Savers, una serie en una continuidad
DISTINTA A ADVENTURE), así que, para
no ponernos gordos de interés, volvemos a la protagonista de la tragedia humana
más grande de todos los tiempos: Sora.
Sora sigue depresiva y Yokomon sigue hostil hacia ella. Y aquí podemos
ver que los guionistas se pillaron los dedos en esto muy fuertemente, puesto
que llevamos tres capítulos de lo mismo y sin ningún tipo de avance. Es más, la
situación es tan penosa y patética que es Meiko, ¡Meiko!, la que le dice cuatro
verdades bien dichas a Sora, la que fuera el personaje femenino más fuerte de
la Adventure original, para que deje
de comportarse como una imbécil llorica. Al parecer, en estos seis años Sora ha pasado de ser una chica fuerte y madura a una de esas petardas de «consejos vendo pero para mí no tengo», y claro, CANSA.
Sabes que estás siendo muy tontita si hasta la niña polla gome nasai se te pone farruca.
En esos momentos aparece Digimon Emperador y ataca a las chicas para
quedarse con Meicoomon antes de revelar su identidad como Gennai en una de las
escenas más extrañas e incómodas que he visto en bastante tiempo.
Gennai como villano es disfrutable. MUY disfrutable. No entiende de
espacios personales ni tabúes a la hora de tocar a nadie sea del sexo que sea o
independientemente de su edad, él simplemente actúa sabiendo que lo que hace
está mal. Su comportamiento no dista del de un animal desbocado y por ello es
altamente disfrutable: es retorcido y es sádico… y le ENCANTA. Su personalidad
corrompida es enormemente opuesta a la de antiguos villanos con grandes
planes o cuyas personalidades intenten ser sutiles; su plan se lo guarda para
él (esto es, cuando se le ocurra al guionista) y mientras tanto goza de su
maldad, algo que urgentemente estábamos necesitando en una serie en la que los
únicos sentimientos que nos ha despertado hasta ahora son los de apatía y
hastío.
A partir de aquí la serie pegará un subidón adrenalínico con un Gennai
enloquecido cabalgando a Machinedramon mientras persigue a los Niños Elegidos
por toda la isla después de que estos pudieran reunirse por la gracia de otro deus ex machina que anula la subtrama del grupo separado durante un capítulo entero solo para
forzar a Sora, a Yokomon y a Meiko a que tuvieran un momento a solas las tres. Y
SIN EMBARGO, el grupo volverá a separarse una vez más con la mitad del grupo en
un barco siendo atacados por Metalseadramon y la otra mitad por Machinedramon.
«This is the taste of a puta llorona, Sora Takenouchi».
Ya por último, el cuarto capítulo consiste en una larga y molona batalla
entre los dos grupos de Niños Elegidos y los dos Amos Oscuros. Tai y Matt
consiguen hacer que sus digimon megaevolucionen para derrotar a Metalseadramon
y los esfuerzos de todos contra Machinedramon permiten que el resto de digimons
consigan también evolucionar, especialmente Biyomon, a quien solo le ha bastado
que Sora se ponga en la línea de fuego para dejar de comportarse como una cría
malcriada y dejar esa enemistad tan forzada. ¡Porque de eso va el poder del
amor!
Oh, y también Patamon alcanza el nivel Híper Campeón. Como la historia
lacrimógena de mierda ya la tuvimos en la OVA anterior, el desarrollo de
personaje se nos convalida esta vez pese a que técnicamente este Patamon tendría que haber pasado por otro arco de desarrollo de personaje. Pero total, ¡¿qué más da?! ¡¿Qué importa la consistencia en una serie que lleva desde el principio dando palos de ciego?!
No obstante, los combates no dejan de ser una distracción y Gennai ataca
a Meiko para obligar a Meicoomon a liberar su ira contra el mundo evolucionando
una vez más, momento en el que termina esta OVA de cara a otros meses más de
espera.
Aunque estos no son los únicos huevos que acabarán tocados como la cosa siga su curso...
La cínica estrategia de Toei ya ha salido a la luz y ahora, ya sea
porque esto lo tuvieran planeado desde un primer momento o porque se pillaron
los dedos al meter tanta paja y tan poca chicha, la serie no tendrá dieciséis
episodios como una vez dijeron, sino veinticuatro. Esta gente ha visto que, hagan lo que hagan, la peña va a seguir yendo en masa a verla, pagando incluso
por ir al cine a ver la serie, y han decidido extenderla. ¡De ahí que gran
parte de los capítulos sean un constante desfile de clichés, dramas a la
japonesa, fanservice y relleno barato! ¡Porque hagan lo que hagan realmente da
igual!
¿Que meten tanto relleno que se pillan los dedos con la propia duración
de la serie? ¡Lo van a comprar igual! ¿Que la serie lleva doce capítulos
seguidos sin trama y que lo poco que hay es básicamente reciclar las lecciones
de la Adventure original? ¡Lo van a
comprar igual! ¿Que ahora que hemos alargado la serie porque nos pillamos los
dedos metemos más rellenuto con un drama que no lleva a ninguna parte? ¡LO VAN
A COMPRAR IGUAL!
Y es que esta es mi mayor crítica hacia esta OVA, que llevamos dieciséis
capítulos y es AHORA cuando empezamos a conocer la trama. Y no la conocemos
porque la hayamos descubierto de manera natural, ¡ni siquiera eso!, la conocemos porque un
personaje cuya función es soltar exposición nos ha mencionado elementos casi
aleatorios de la misma de pasada.
En los dieciséis primeros capítulos de la Adventure original los Niños Elegidos ya habían conocido a sus
compañeros digimon, los habían evolucionado, habían terminado la trama Devimon y las
Ruedas Negras y Etemon se acababa de revelar como el villano del segundo arco
argumental. En los dieciséis primeros capítulos de Digimon 02 ya se nos había presentado a Digimon Emperador y los
protagonistas acababan de obtener todos su primera digievolución y estaban
descubriendo las segundas. En Tamers
los chavales necesitaron dieciséis capítulos para evolucionar a sus compañeros
digimon justo a tiempo para la amenaza de los Deva. Y dieciséis capítulos fue
lo que Frontier nos dio para que los
protagonistas tuvieran sus primeras evoluciones, descubrieran las segundas y se
nos presentaran a los villanos de la serie. Y así sucesivamente.
¿Pero qué es lo que ha ocurrido en Tri
estos dieciséis episodios? Una niña sin peso en la historia se hace amiga de
los protagonistas y luchan contra un virus para nada porque el mundo acaba reseteándose y obligando los Niños Elegidos tengan que conocer de cero OTRA VEZ a sus
compañeros. ¡Y esto en una serie de (de momento, porque visto lo visto…)
veinticuatro capítulos! ¡Y encima teniendo en cuenta que la media de episodios de
cada temporada de Digimon ronda los
cincuenta! ¿Cómo puede ser que series el doble de largas no pierdan el tiempo
en mostrarnos acción y trama a un ritmo trabajado y esta serie, este supuesto
homenaje a los fans de la vieja escuela, lleve doce capítulos mirándose el
ombligo?
[Inserte aquí referencia obligatoria al Fur-Fun]
Que ojo, que esta tanda de episodios me ha gustado. ¡Lo digo en serio!
La acción es muy buena e intensa, la historia de la primera generación de Niños
Elegidos a modo de precuela es interesante y Gennai como villano me gusta
aunque sea solo porque es el único personaje que parece disfrutar de algo en
una serie en la que todo Cristo se pasa los días debatiendo el sexo de los ángeles
o llorando en un rincón.
Y es que es eso, Digimon Adventure
Tri demuestra cada vez más que el equipo de Toei sigue teniendo ese toque
que hizo a Digimon Adventure tan
única. El gran problema es que Tri no
es más que un sacacuartos glorificado y así va, lo cual es triste porque
incluso yo admito que preferiría estar viendo una serie sobre la generación
original de Niños Elegidos que ver a los protas de Adventure en plan pocho.
¿O es que ese era tu plan desde el principio, Toei, hacer que esta serie
no sea más que un globo sonda para ver si a alguien le interesa más una serie
precuela y engancharnos a ella como un cebo mal plantado? Yo lo único que sé es que estoy condenado a seguir reseñando esta maldad de serie hasta 2018. Que Dios se apiade de mi alma...
BoJack Horseman es uno de los mejores descubrimientos que he podido
hacer en lo que a series de animación se refiere. Y lo digo así. Tal cual. Desde la primera línea. Y es que series como esta, como Historias Corrientes, como Archer o como Rick & Morty me hacen ver que vivimos en una época dorada de
las series de animación, ya sean para niños o para adultos.
Si bien es cierto que llevaba
largo tiempo ignorando cualquier cosa que tuviera que ver con la serie por el
efecto rechazo que me generaba el que la gente no parara de darme por culo
el coñazo con el temita de «tío, tienes que ver esta serie», «tío, es que es muy buena esta serie», «tío,
es que es muy profunda esta serie» y «tío, a ver si te mata un asesino en
serie» y que acabé chupándomela justo a finales de este enero porque
esencialmente no tenía otra cosa que hacer, sí es verdad que al final acabé
descubriendo, como ya he dicho, una de las mejores series que he visto en mucho
tiempo. Tres días me duró la serie entera. TRES DÍAS. Uno por temporada. Y no
me arrepiento de esta decisión porque han sido tres días muy bien invertidos,
como ahora verán a continuación.
Y como siempre hago
con una serie que me gusta y recomiendo, aviso
de spoilers bastante tochos porque hay gente a la que al parecer le crece
un ano en la frente si se les revela algo de la trama de un producto de
entretenimiento.
Spoiler de esta reseña: la serie MAGUSTAO
La serie trata sobre
la decadente vida de un caballo que en un tiempo fue el protagonista de serie
familiar ñoña de los años noventa tipo Cosas
de Casa, Padres Forzosos o La hora de Bill Cosby, y que desde
entonces no levanta cabeza. Llevando una vida completamente autodestructiva, se
pasa los días emborrachándose, drogándose o simplemente autocompadeciendose
mientras vive de las rentas que le proporciona su fama acompañado por Todd, un
nini veinteañero que vive acoplado en su casa, y Princess Carolyn, su agente,
con la que mantiene una de las relaciones más tóxicas y destructivas jamás
vistas en televisión.
Sin embargo, las
cosas cambian cuando, tras meterse en un berenjenal por prometer a una
editorial que escribiría una autobiografía pero al final no cumplirlo, le
encasquetan a Diane Nguren Apellidoimpronunciable, una negra literaria
que se convierte en su biógrafa y de la que se enamora, algo que ni siquiera
funciona porque ella está casada con el señor Peanutbutter, un labrador
retriever actor y protagonista de su propia sitcom familiar que es un claro
plagio de la serie de BoJack. A través de los capítulos de la primera
temporada, en donde sucede la trama de la autobiografía, conoceremos mucho
mejor al televisivo equino, sus circunstancias y todo lo que le sucedió para acabar
convirtiéndose en el borracho depresivo que es hoy en día.
Finalmente, ya en la
segunda temporada, el libro consigue publicarse y BoJack pega el pelotazo,
siendo contratado para protagonizar la película Secretariat, basada en su héroe de la infancia y uno de los motivos
por los que él de pequeño siempre quiso ser una estrella. Sin embargo, pronto
descubrirá que el mundo de la gran pantalla no es tan glamuroso como se las
prometía y que hay sueños que es mejor que no se cumplan, lo que
le lleva a una nueva espiral de infelicidad.
Y con esto, la
tercera temporada será la gota que colme el vaso de BoJack: la película logra
terminarse independientemente de su participación y el caballo acaba convirtiéndose
de nuevo en una superestrella. Pero cuanto más asciende en la fama, más vacío
se siente, llegando a plantearse incluso si esto era lo que él quería desde un
principio. Todo el mundo se aprovecha de él, y los pocos amigos que aún le
quedan han ido creciendo tanto, tanto en lo personal como en lo profesional, mientras él se
seguía hundiendo en su propia miseria que él mismo los rechaza. Al final,
BoJack desaparece, rehuyendo de la fama en casi un intento de suicidio que deja
las cosas abiertas para el inicio de una cuarta temporada.
Y esta viene a ser la moraleja final de esta serie.
La clave para
entender el drama de BoJack Horseman,
como han podido comprobar, es que BoJack es un peón. Un simple y vulgar peón en
los juegos de terceros. El personaje ha llevado toda su vida siendo avasallado
o manipulado por los demás, haciendo las cosas que otros querían mientras le
engañaban (y se autoengañaba) haciéndole creer que esto es lo que de verdad
quiere hacer. Y él se lo creyó del todo hasta encontrarse a años luz del punto
de no retorno.
La vida opulenta que
muestra BoJack externamente es un contraste con lo vacío que realmente se
siente, y cuanto más avanza en su carrera como actor, más empeora como persona,
sobre todo cuando es capaz de ver los tejemanejes y las corruptelas que se
llevan a cabo tras las bambalinas, algo particularmente notable en la segunda y
tercera temporadas: la película sobre el legendario caballo de carreras
Secretariat es una auténtica mierda que se salta o manipula convenientemente
escándalos de la vida del personaje para satisfacer a grupos demográficos, el
metraje se termina con un clon en CGI del propio BoJack tras haberse largado
mientras él se lleva el mérito de un trabajo que no ha hecho, los galardones
que obtiene por Secretariat son
mayormente comprados o resultado de una concienzuda campaña publicitaria y toda
la gente que llega a su vida tras convertirse en un famoso actor cinematográfico
se acercan a él por la fama.
BoJack no hace nada
ni tiene derecho ni a decidir ni a opinar. Él está ahí para poner la cara y a
celebrar méritos completamente vacíos en un intento de autoengañarse. Pero
incluso él mismo sabe que todo esto es efímero y que acabará chocándose tarde o temprano contra
el muro de ladrillos que es la realidad, momentos de lucidez
que le llevan a replantearse su vida y escapar de vez en cuando para perseguir
oportunidades ya pasadas, como antiguos amores que le permitan empezar de cero
o hacer las paces con un amigo al que traicionó. Y sin embargo, ni con esas
tiene derecho a ser feliz: esas puertas hace mucho que se cerraron, le guste o
no, y cada dosis de realidad es un clavo más en su ataúd al verse cada vez más
atrapado por su falsaria vida de farandulero.
Y es que, al final, todos los deseos de BoJack se hacen realidad. TO-DOS
El hundimiento vital
de BoJack entra en un contraste con las vidas de aquellos que le rodean, gente
que ha ido encontrando mejores oportunidades laborales y mejoras personales que
les permiten evolucionar como personajes: Diane se convierte en una escritora
de éxito, Todd tiene varias aventuras empresariales que le permiten valerse por
sí mismo, Princess Carolyn funda su propia empresa de talentos y el señor
Peanutbutter acaba convertido primero en presentador televisivo y después en
candidato a Gobernador de California. Todo esto ellos lo han conseguido gracias
a sus esfuerzos, sacrificios y duro trabajo en contraposición a un BoJack que
se limita a vivir de las rentas.
Las tóxicas
relaciones que mantiene BoJack con los poquísimos amigos que posee le dan un
toque extra al personaje. Una de sus principales características es que, a raíz
de los abusos que recibía de sus amargados padres, es una persona enormemente
dependiente con un miedo al rechazo y un miedo al fracaso acojonantes:
BoJack acogió a Todd
simplemente para tener a alguien que dependa de él, y cada oportunidad que el
chaval tenía de mejorar su vida, él la saboteó para preservar el statu
quo. Princess Carolyn trata a BoJack como un peón y como una muleta emocional
en una peligrosísima relación de codependencia. Su relación con Diane se basa
en que ella es quien más le comprende y es alguien de confianza para él, pero
al mismo tiempo por eso mismo se permite el lujo de abusar de ella
creyendo que estará «siempre» por y para él. Y así sucesivamente.
El miedo a fracaso
de nuestro protagonista le obliga a no tener pasión por nada, como mucho a
tener una chispa de ella que rápidamente se apaga a la primera decepción,
motivo por el cual deja de esforzarse, ya que cuanto menos se esfuerce, menos
posibilidades habrá de sentir el fracaso. Sin embargo, esto mismo se convierte
en una profecía autocumplida que le lleva a enterrarse cada vez más profundo en
su propia mierda.
Cuanto más alto llegues, más grande (y solitaria) será la caída.
Pero si hay algo por
lo que BoJack Horseman destaca es,
sobre todo, por ser un fiel reflejo de la industria de Hollywood en
general. La vida de la farándula es una espiral sin fin de hipocresía, falsedad
y superficialidad, y así lo hace constatar esta serie.
A lo largo de ella veremos numerosos ejemplos de escándalos absurdos, corrupción y
manipulación que nos demuestran cómo de laxa es la moral hollywoodiense en
todos los aspectos. Pero si bien el principal ejemplo de esto es el propio
BoJack, no podemos olvidarnos del personaje de Sarah Lynn, una parodia de todo
en lo que se convierte una niña actriz al cabo de los años dentro de un mundo
cuya industria se traga a jóvenes promesas para escupirlas años más tarde como
auténticos despojos humanos que serán sustituidos por la nueva estrella
infantil/juvenil del momento. Sarah Lynn, si bien no es alguien entrañable o
que sea fácil de coger cariño, es un personaje trágico, una niña actriz
convertida en el sueño pajillero de los adolescentes que crecieron con ella y
al final una drogadicta que tira su vida por la borda mientras le come la fama
la siguiente adolescente molona de turno. Un auténtico juguete roto.
Durante el
transcurso de sus tres temporadas y contando, BoJack Horseman nos hablará de cómo cualquier matao es capaz de
luchar con aletas uñas y dientes por conseguir sus quince minutos de
fama por medio de un escándalo alimentado por la rastrera prensa amarilla, de
cómo el dinero es capaz de comprar el silencio y la impunidad de gente horrible,
de cómo hay individuos capaces de capitalizar tragedias humanitarias en pos de
reconocimiento (¿les suena de algo?), de cómo el sueño americano y el ideal liberal de
triunfo («trabaja duro y conseguirás todo lo que te propongas») es una patraña,
o de cómo realmente todos aquellos por debajo de directores y productores son
peones prescindibles en el eterno juego de ganar pasta gansa.
El ahogamiento es un
elemento recurrente que veremos de una forma cada vez más constante, un símbolo
de la situación en la que tanto BoJack como otros se encuentran. Los
personajes de esta serie están ahogados, asfixiados, hundiéndose en sus
propias miserias sin poder salir a flote ni tener a nadie que les eche una
mano; son gente que saben que sus vidas están mal y tienen intención de
cambiar, pero sus vicios e inseguridades son más fuertes que ellos y siempre
acaban saboteando sus esfuerzos para volver al mismo punto de partida del que
tanto querían escapar.
Y estos tres son solo los ejemplos iniciales.
Aparte, en lo que
respecta al departamento de humor, BoJack
Horseman, a pesar de ser un drama de los que hacen época, contiene una
serie de chistes que, aunque no den para auténticas carcajadas, sí son
necesarios de señalar. Al tratarse de un mundo en el que humanos y animales
antropomorfos conviven como iguales, la serie contiene un montón de referencias
y parodias a cada cual más inteligente, a menudo con juegos de palabras o
pullas visuales. Aunque parezca mentira mencionarlo, realmente es curioso ver
el ingenio con el que los guionistas de la serie han pensado en cada detalle y
cómo se devanan los sesos para pensar en pullas cada vez más ingeniosas.
Y es que esa es una
palabra con la que se puede describir BoJack
Horseman: «ingeniosa».
Al igual que ocurrió con Historias
Corrientes, de la que hice ya una entrada, el hecho de que sea animada no la
hace infantil ni mucho menos, y una vez que pasas por alto el hecho de que la
mitad de los personajes sean animales antropomorfos, te encuentras con una
serie muy reflexiva y existencial sobre personajes muy humanos cayendo en picado en un mundo
dominado por la doble moral, la hipocresía, el egoísmo y el interés.
Que ojo, la serie no
está falta de carencias. Un defecto bastante notable bien puede ser el hecho de
que haya capítulos de auténtico relleno en los que no se avance la trama ni el
desarrollo de nada con tal de tener el número de episodios estipulados contractualmente
por temporada, y sobre todo que haya capítulos en los que las miserias del
propio BoJack parece que nos las estén restregando por la cara en pos de la
pena fácil. Sin embargo, no son más que pequeñas quejas para una serie que
tiene mucho que ofrecer y que he devorado en tres días de lo que me ha gustado. En conclusión: MAGUSTAO y encarecidamente la recomiendo si quieren disfrutar de un buen drama adulto y existencial.
¡Y cuidado con las pullas visuales, que si parpadean se las pierden!
«Técnico: ¿A quién le gustaría que Rasca y
Pica se enfrentaran a problemas de la vida real como los que tenéis a diario?
Niños: ¡A mí! ¡A mí! ¡A mí!
Técnico: ¿Y a cuántos os gustaría lo
contrario, que vivieran situaciones imaginarias con robots y poderes mágicos?
Niños: ¡A mí! ¡A mí! ¡A mí!
Técnico: O sea… que queréis una serie
realista y normal… que esté plagada de poderes… y mágicas fantasías».
Los Simpson, El Show de Pica, Rasca y
Poochie.
Empezamos 2017 en este
blog de una forma que nunca pensé que sería posible. Y no, no me refiero a
empezar una entrada en el mismo enero pocas semanas después de haber escrito otra y sin cuatro meses de pereza extrema entre medias, sino con una
carta de despedida a una serie que poco a poco se ha ido ganando un hueco muy
grande en mi memoria como una de las mejores series de televisión que he visto y
veré nunca: Historias Corrientes.
Esta entrada no es una
reseña al uso, aquí no hablaré de la escasa trama de la serie ni escribo
esto para comentar su humor ni maravillarme con su capacidad para trabajar con
referencias pop. Para eso está el ver la serie, la cual recomiendo
encarecidamente. En su lugar, esta entrada es más una carta abierta de
despedida, los pensamientos y conclusiones a los que he llegado nada más
terminar de ver esta serie, las cosas que me ha enseñado y, sobre todo, qué he sentido viéndola.
Eso sí, tratándose de
este tipo de cosas, esta entrada
contiene numerosísimos spoilers, así que si no han visto esta serie nunca…
¿A QUÉ ESTÁN ESPERANDO?
Y es que no es para
menos, pues la obra maestra de J. G. Quintel sobre un pájaro azul llamado
Mordecai y un mapache llamado Rigby a los que les pasan todo tipo de
fantasiosas aventuras es toda una lección sobre la madurez, ese momento en que
dejamos de ser adolescentes y nos convertimos en adultos hechos y derechos con
nuestras preocupaciones, responsabilidades y obligaciones. Parece mentira que
una serie que es conocida sobre todo por su grotesca imaginación, su nostalgia
ochentera y noventera y su sentido del humor absurdo pueda convertirse en una
de las series más profundas que podamos haber visto. Y sin embargo, es así.
Lo cual hace de esta
serie algo maravilloso.
¿Un pato Megazord con pantalones rotos, zapatillas altas, una gorra de camionero noventera, un Power Glove y que surfea en una guitarra eléctrica en el espacio? ¡¡¡COMPRO!!!
Bajo ese aspecto
infantil, aleatorio y disparatado en el que cualquier tontería se puede convertir en un asunto del que literalmente dependa el destino del universo, Historias Corrientes es una fantasía
bien basada en una dura realidad: NUESTRA realidad. A lo largo de la serie
hemos visto cómo esa fachada de divertidísimas absurdeces mágicas con robots,
monstruos y artefactos mágicos de todo tipo ha ido desmoronándose sutil y
paulatinamente para dar paso a una historia sobre qué significa madurar, ser un
adulto, tener responsabilidades y lo que nos aguarda el futuro a través de los
ojos de sus personajes… y los nuestros.
Una de los mayores puntos
fuertes que tiene esta serie con respecto a cualquier otra es precisamente que
la línea que separa lo real de lo fantasioso está tan difuminada que ambos
mundos se mezclan en el imaginativo caos que envuelve cada uno de sus
capítulos. En este aspecto me recuerda a Earthbound,
el videojuego en el que unos niños deben salvar el mundo de una amenaza
extraterrestre y en donde todos sus eventos perfectamente pueden ser
confundidos como un juego de niños y viceversa, con los niños convirtiendo en
equivalencias entendibles para sus infantiles mentes situaciones adultas de la
vida real demasiado crudas o extrañas para ellos. Siendo así, no es extraño ver
todo el potencial del que Historias
Corrientes dispone, pues es capaz de aunar realidad y ficción para ofrecer
a cada miembro del público lo que quiere ver: coloridas fantasías para los niños
y sentimientos basados en la realidad para los adultos.
¿Una serie sobre dos amigos que viven mágicas aventuras? La tenemos. ¿Una serie cuyos temas sean la madurez, el fin de las amistades, las rupturas de pareja y un cuadro clínico de depresión entre otros muchos palos? TAMBIÉN
Sin embargo, toda esta
fantasía no oculta que en su esencia mantiene los pies en la tierra y su
objetivo es precisamente narrar una historia adulta y real. Por cada dios
arcano que despierta de su letargo para devorar el mundo, por cada tontería
diaria convertida en una amenaza capaz de distorsionar el espacio-tiempo, por
cada abominación primigenia invocada, por cada supervillano contra el cual los
trabajadores del parque son los elegidos destinados a derrotarlo existe una
lección sobre la vida real que aprender.
Pero al contrario que en
cualquier otra serie que ofrezca moralejas a su audiencia, principalmente en la
forma de ñoñadas tipo «la amistad lo puede
todo» o «el amor es para siempre»,Historias Corrientes
ofrece lecciones muy duras sobre la vida real que todos acabaremos aprendiendo
tarde o temprano: no sois más que el resultado de un sistema educativo que os
mastica de pequeños y os escupe como adultos enseñados a servir como mano de
obra, da igual las notas que sacarais en el colegio porque nada os va a salvar
de un trabajo desagradecido, mal pagado y que probablemente no tenga que ver ni
con lo que habéis estudiado; las amistades son efímeras y cuanto mejor sea tu
amigo más desgastada acabará vuestra relación, el amor de vuestra vida un día
desaparecerá y aun así será mejor que seguir con esta persona mediante el
temido «amor
compañero»,
los días de inocente felicidad que tuvisteis de pequeños nunca volverán…
En definitiva: da igual
lo que hagáis en la vida porque sois unas motas de polvo insignificantes en
este mundo, pero eso no quita que debáis seguir intentando ser las mejores
personas posibles.
En este sentido la
madurez que alcanza la serie incluso afecta a las amenazas a las que se
enfrentan nuestros protagonistas día sí y día también. Conforme vamos
alcanzando nuevas capas de realidad, los monstruos, los magos, los robots y las
aberraciones van dando paso a villanos más anclados en nuestra vida diaria como
dependientes groseros, funcionarios incompetentes o ese profesor que te tiene
manía sin motivo aparente. Las exageraciones siguen estando presentes en la
serie, e incluso de vez en cuando veremos alguna situación extraordinaria
(sobre todo en la forma de algún Final Boss de temporada o eventos que den paso
a la gimmick de la temporada siguiente), pero serán más las excepciones en pos
de un clímax antes del final para seguir hablándonos de aquellas cosas que más
conocemos y comprendemos, dándole un significado cada vez más literal a la
parte de «Corrientes» a la que las historias del título hacen
referencia.
Un profesor capullo al final puede ser una mayor amenaza y a un título mucho más personal que un mago malvado.
Es por este motivo por lo
que vemos el verdadero corazón de Historias
Corrientes y su punto más fuerte: su enorme empatía. Quintel nos ha
demostrado que es un autor que sabe captar no ya la atención de un público,
sino que es capaz de hablarle, de hacerle sentir, de dirigirse de tú a tú a sus
espectadores y de permitir que estos se sientan enormemente identificados con
las situaciones que sus personajes viven.
Al contrario que
productos como un Undertale diseñado
cínicamente para apelar a las emociones e inseguridades de un público mediante mecanismos
de proyección de dichas inseguridades en personajes planos y estereotipados o
unos artículos de Buzzfeed basados en
apelar gratuitamente a la nostalgia para una audiencia sin criterio, Historias Corrientes es una obra creada
a partir de la más pura de las empatías.
Pese a su carisma, nadie
en su sano juicio querría ser alguien como Mordecai o como Rigby, pues no dejan
de ser un par de veinteañeros que han fracasado en todo lo que han emprendido y
han acabado barriendo hojas en un parque. No son más que unos mataos
obsesionados con una cultura pop que les ha servido para llenar sus vacíos
existenciales fruto de ser los marginados del colegio, por no hablar de que son
unos malos compañeros de trabajo y, dependiendo del guionista que toque en ese
momento, hasta malos amigos o psicópatas en potencia. Sin embargo, sus
vivencias son lo que más nos interesan e inspiran: Mordecai lucha por conseguir
su lugar en el mundo encontrando a su media naranja pese a que sus relaciones
sentimentales suelen acabar más mal que bien, y Rigby consigue volver al instituto
para terminar de graduarse con el fin de ganar un respeto que cree deberle
a su novia y tal vez abrir así un nuevo futuro que sea más digno para él.
Las vivencias realistas
de sus personajes son contadas de la forma que solo puede hacer alguien que las
haya experimentado; cosas como ser el pringado del colegio, ser un becario y
que todo el mundo te putee por ser el último mono, las tensiones de tener
pareja, la dura compaginación del trabajo por tu gusto por los videojuegos, el cine o cualquier otra forma de entretenimiento… En definitiva, ¡cómo crecer en un mundo que te llena de obligaciones
y luchar para seguir siendo tú mismo! ¡El tipo de cosas que uno debe vivir si quiere
hablar bien y con propiedad de ellas!
Historias Corrientes es la única serie que nos ha demostrado que cosas como conseguir terminar los estudios pueden ser mayores aventuras que detener a la enésima abominación de turno.
El sentimiento de
identificación con sus situaciones puede llegar a ser enorme, y ahí es donde
entra la difuminación entre la realidad y la fantasía. Mordecai y Rigby son dos
post-adolescentes que viven atrapados en un mundo sin alicientes y trabajando de
barrenderos en un parque, por lo que llega un momento en que incluso podamos
llegar a pensar que todas las aventuras que viven tienen una parte más
fantasiosa que real. Y cómo culparlos…
Todos nosotros nos hemos
encontrado en situaciones así, en jornadas aburridas e interminables de tareas
o trabajos en las que uno acaba abstrayéndose a un mundo de fantasía para
evitar perder el juicio. Y lo mismo pasa con cualquier otra de las situaciones
que nos propone: el creciente temor a perder amigos con el tiempo, el deseo de
querer aprovechar el todo el tiempo que podamos con un ser querido que vemos
que se escapa de nuestras vidas, la frustración ante una vida que no da
segundas oportunidades ante un futuro cada vez más incierto… ¡hasta el miedo
que teníamos de pequeños a meter la mano en el reproductor de vídeo y que se
nos quedara la mano atascada se encuentra aquí! Todo ello contado con
situaciones, frases y hasta pensamientos que todos sin excepción habremos
tenido o dicho alguna vez en nuestras vidas, algo reconocido hasta por Quintel mismo.
Only 90's kids will remember!
Si bien la serie tampoco
es perfecta y sufre de muchos altibajos,
Historias Corrientes es también una historia de transición sobre el propio
Quintel, algo que podemos ver temporada tras temporada (amén de que a estas
alturas es un secreto a voces que el personaje de Mordecai lo hizo directamente
basándose en sí mismo, lo cual ayuda a entender ciertas cosas).
Tras tres MEMORABLÍSIMAS
temporadas cargadas de sentidísimos homenajes y celebraciones a la cultura pop alcanzamos
una sosísima cuarta temporada en la que nos introducen al personaje de Thomas,
un becario sin peso alguno en la serie y cuya función es «estar ahí»,
seguida de una deprimente quinta temporada centrada en la tristísima vida
amorosa de Mordecai y sus inseguridades más una sexta temporada que es un meh
absoluto y que termina en la desaparición de un más que olvidable Thomas ahora
convertido en un superespía ruso. Pero después de una RECOMENDADÍSIMA película
y numerosos rumores de cancelación, la serie vuelve a la estabilidad con una
séptima temporada más variada en sus temáticas, ya más ancladas en la realidad,
hasta alcanzar un clímax final en el espacioporque ya total pa’qué y
su EPIQUÍSIMA resolución en la octava temporada.
A lo largo de las ocho
temporadas de la serie vemos un proceso de creatividad absoluta seguida por una
de estancamiento, otra de práctica desesperación y otras de puro desarrollo de
personajes en las que los trabajadores del parque y el propio mundo de Historias Corrientes se van transformando
y maduran conforme lo hacen la propia serie como el programa de televisión que
es, Quintel como artista y hasta la misma audiencia. Como ya dije anteriormente
hasta la saciedad, la fantasía desbocada da paso al más sincero de los
realismos (lo que no quita valor ni a sus partes más entretenidas ni a su
sentido del humor) y a partir de ahí a un crecimiento tanto interno como
externo de los personajes y lo que les rodea.
Y este es el punto al que
quería llegar, pues si bien es cierto que me pesa el ver acabada una serie con
la que tan identificado me he sentido y con la que tanto he disfrutado, no
puedo tampoco dejar de sentirme aliviado por el mismo hecho de que termine:
Quintel ya ha contado todo lo que quería contar y siempre será mejor que la
serie acabe por sí misma a que sea inceremoniosamente cancelada.
Por ese motivo no puedo
dejar de recomendar Historias Corrientes,
pues es la serie que mejor representa a una generación, a mi generación, nuestra generación, y en definitiva, la generación de su autor, un joven que ha
conseguido narrar el sentir de muchos de nosotros a través de una serie de animación
cuya premisa original no era más que la de «cosas raras
pasando porque sí». La
estasis ochentera-noventera del mundo de esta serie es una divertida evocación
a un pasado que no volverá que a la vez sirve de plataforma de lanzamiento para
enseñarnos, tanto a nosotros como a los que están por llegar, unas valiosas lecciones sobre el futuro.
Y es que, a pesar de su tan aplastante y sincero realismo, Historias
Corrientes termina en una nota positiva con un último mensaje final: puede
que muchos de nosotros nunca podamos alcanzar nuestros sueños y ambiciones de
pequeños, pero eso nunca nos impedirá vivir una buena vida ni disfrutarla con
nuestros amigos.
Ya sea como una comedia
con elementos de fantasía (o mejor dicho, de realismo mágico),
una fuente de gifs y memes, un viaje nostálgico para aquellos que nacimos en
los ochenta y los noventa o una sincerísima representación de la vida de toda
una generación, Historias Corrientes es
una serie que me ha encantado, que me ha marcado, que me ha hecho reír y hasta me
ha hecho llorar. La cautivadora obra de J. G. Quintel sin duda me ha llegado al
corazón y se ha ganado un buen espacio en él.
Como si de un tipo molón
de herpes se tratara, aquí vuelve Reflexiones
de un Friki Cabreado tras un largo hiato periodo de vagueza extrema
dispuesto a crear pústulas e incomodidades entre en el gentío. Y la ocasión no
es para menos, ya que, siendo estas fechas tan especiales de consumismo y
familiares odiosos, ¿qué mejor manera de terminar el año con unas últimas gotas
de bilis antes de recibir un 2017 que sin duda será mucho peor y más vergonzoso
que el presente 2016?
Y aparte, porque no
quisiera llegar al próximo enero sin DENUNCIAR y nunca mejor dicho el
que puede perfectamente ser el no solo el peor anime de esta temporada, sino el
más vil, rastrero, ofensivo y traicionero incluso por encima de la chapuza de
pseudo-CGI malogrado quiero-y-no-puedo de Berserk:
Gyakuten Saiban: Sono «Shinjitsu»,
Igiari!.
¡Vamos, el anime de Ace Attorney!
El anime de Ace Attorney no es ya una pésima
adaptación en serie de los videojuegos del director japonés Shu Takumi, sino
una serie ridícula e infantil que sufre un serio trastorno de identidad que en
sus peores momentos es tan irritante como crispante y que, como mucho, en los
mejores no pasa de mediocre. Todos los pasos dados a la hora de desarrollar la
historia están mal; los personajes carecen de caracterización alguna, la
tensión es inexistente e incluso el propio Phoenix Wright parece ser un
secundario dentro de su propia serie, lo que denota que este anime, en cuestión
de valor como una obra derivada de una franquicia, no es más que un rápido
ordeñe por parte de gente que sabe de la saga Phoenix Wright lo que malamente les saldrá en alguna Wikia
chusquera y no por haberlos jugado propiamente.
Ya hablándonos sobre
informarnos, que es más de lo que cualquiera dentro del equipo de la serie
ya habrá hecho, y para que todos partamos de las mismas bases, cabría
preguntarse qué es Phoenix Wright.
Pues bien, para quien no lo sepa, Phoenix
Wright es una franquicia de videojuegos que mezclan los géneros de puzles
con la novela gráfica y que tratan sobre las bizarras aventuras del epónimo
Nick «Phoenix» Wright en su camino para convertirse en un buen abogado dentro
de un Los Ángeles Japón distópico en el que los juicios se han
convertido poco menos que en un espectáculo de masas y en el que la corrupción policial y judicial reinan impunes.
A lo largo de una saga
que a día de hoy presume de un total de diez juegos y los que te rondaré,
morena veremos cómo el célebre abogado pelopincho crece tanto en lo
personal como en lo profesional en su lucha contra la injusticia y la búsqueda
de la verdad, cuestionándose qué significa ser un abogado, cuáles deberían ser
los límites de la ley a la hora de procesar a los ciudadanos y hasta qué punto
debe estar uno dispuesto a proteger a los demás.El carisma de sus personajes, su peculiar sistema de jugabilidad,
su particular sentido del humor y sus complicadas tramas han convertido a esta
saga no ya en una inagotable fuente de memes sino en un más que respetable
fenómeno videojugabilístico que tiene tirón a día de hoy y en una de las
pocas sagas que Capcom todavía no ha matado.
Como era de esperar, era
cuestión de tiempo que un anime que adaptara la trama de los juegos viera la
luz. Y no fue sino en este mismo 2016 cuando las súplicas de cientos de
fanáticos fueron escuchadas… por una diabólica mano de mono.
Aviso: a partir de aquí
hablaré de los juegos suponiendo que ustedes los hayan jugado y sepan de lo que
hablo, así que esperen referencias directas a eventos de la saga.
Miles de lágrimas fueron derramadas durante los siguientes días hasta quedar solo un vacío de vergüenza...
Ya el primer capítulo,
que también es el primer caso del juego original, correctamente nombrado El Primer Caso, nos deja en
evidencia todos los vicios y defectos que tendremos que soportar a partir de este momento,
así como de las pocas cosas «buenas». Empezando por lo que
menos tiempo nos va a llevar, es un buen detalle que las fases de declaración e
interrogatorio de los testigos sean fieles visualmente al juego, con los
close-ups de las miradas enfrentadas de Phoenix y el fiscal que toque bajo los
letreros de cada una de dichas fases. Otra cosa buena es que, al menos en este primer episodio, la serie utiliza elementos visuales flotantes con los datos importantes
del caso para recrear el tren de pensamiento del protagonista.
Sin embargo, los positivos (así como
cualquier similitud con la saga Ace
Attorney) terminan ahí, en unos efectos visuales que, respectivamente, envejecerán pronto y directamente desaparecerán. Es más, si nos vamos al tema visual no tendríamos
por donde empezar: la animación es estática, el trazado ultra simple y cuando
se trata de mover personajes se desdibuja por completo en auténticos momentos
de QUALITY; en lo que a los
escenarios les falta de detalle a las cabeceras les sobra de simbolismos
baratos mal planteados (aunque de eso ya hablaremos luego) y el público de la
galería del tribunal está formado por un CGI tan horrendo, mecánico y mal
disimulado que parece sacado de lo más profundo del valle inquietante.
Pero más allá de lo visual, este anime es
más feo por dentro que por fuera. Y es en su incompetencia narrativa en donde
la mierda brilla mucho más: los personajes son una parodia de sí mismos que
varían entre el cliché y el retraso mental, los juicios son una farsa con ataques
de viento entre abogado y fiscal que harían morirse de vergüenza ajena al
creador de Naruto y la fidelidad a
los juegos originales (así como cualquier traza de conflicto o tensión) se van
por el retrete cuando ves que cada juicio, independientemente de lo duro que
sea, se va a resolver solo por algún deus ex machina aún más ridículo que en
los juegos originales.
Y me explico con respecto a esto último: en
los juegos originales muchos de los casos Phoenix realmente los ganaba gracias
a eso, algún deus ex machina o alguna coincidencia jodidamente conveniente,
pero incluso en ESO la trama siempre intentaba poner una justificación o crear
alguna antelación que anulara el deus ex machina, amén de que todo estaba
incluido como parte de la progresión del personaje. O sea, que Phoenix, según
avanzaba en su carrera, iba dependiendo menos de su increíble suerte y más de
su intuición y habilidades, lo cual está bien y es como se construye un
personaje. Sin embargo, aquí, cuando al guionista le da por derrapar, pisa el
acelerador hasta el fondo aun teniendo un árbol delante y Phoenix Wright se convierte
en un dios de la potra al que las cosas casualmente le salen siempre bien y los
casos se resuelven solos.
Ejemplo visual de cualquier episodio de este anime.
Como íbamos diciendo, el
primer episodio corresponde al primer caso del juego, en donde el amigo de la
infancia de Phoenix, Larry Butz, es acusado de matar a su novia supuestamente
por celos y es el abogado novato el que debe, en su primer caso, aclarar toda
la verdad de lo sucedido. Para no querer pecar de «clasista», diré que el anime
se toma unas cuantas libertades «adaptando» el juego a un formato televisivo,
sobre todo en lo que respecta a temas tonales cambiando las implicaciones de
que la víctima era un putón verbenero que utilizaba a sus hombres como «papaítos»
a un absurdo pero más timorato «no, mira, es que la pobre rompió contigo pero
aun así se llevó tu reloj de viaje con su nuevo novio porque aún te quiere».
Tal vez lo más sangrante
del asunto se encuentra en el hecho de que el anime decidió inventarse nuevas
pruebas para insistir de forma aún más recalcitrante en el hecho de que la
víctima viajó con el reloj a una zona con unos cuantos husos horarios de
diferencia. Esto, como comprenderán, es totalmente innecesario porque tanto en
el juego como en el propio anime ya existen las pruebas del reloj marcando «mal»
las horas y el pasaporte de la chica con el último país en el que estuvo de viaje,
y es lo que convierte todo lo relacionado con las nuevas pruebas en relleno
barato.
«¡Pero es que no puedes
esperar que todo sea como en los juegos! ¡Es que esto es una ADAPTACIÓN! ¡CABEZA
DE ALCORNOQUE!», se apresurará algún mendrugo a exclamar. Pues bien, el problema
está en que inventarse partes en una serie que no llevan a nada y no introducen
nada nuevo ni profundizan con respecto al material original es lo que hace una
MALA adaptación. ¡Bueno, es que NI SIQUIERA se puede justificar una adaptación
así! Una adaptación puede ser que quitaran, como es lógico, las preguntas de
tutorial y todas las explicaciones; una adaptación puede rebajar el tono de «te
dejamos entrever que esta tía es una zorra» a «qué bonito, rompió con él pero
aún le quiere». Pero lo que NO es adaptación es alterar la trama original,
cambiarla y retorcerla, menos aún cuando a la trama original del juego le
quitas la jugabilidad Y EN ESCENAS TE DA UNA NARRATIVA SÓLIDA. ¡MÁS SÓLIDA
INCLUSO QUE LA ADAPTADA!
«Pero eh», dije, «es solo
el primer capítulo. Ha sido muy meh, no me han gustado esos cambios porque los
veo innecesarios, pero tampoco puedo juzgar así la serie por su primer capítulo».
Y a partir de ahí, tonto de mí, seguí viendo la serie a la espera de mejoras… solo para acabar presenciando cómo el anime
mutilaba el cadáver de la franquicia cuyo nombre había usurpado y bailaba con
su piel aún ensangrentada al son de Adiós caballos.
«¿Me defenderías en un juicio? Me defendería en un juicio».
Pero como suelo decir en
este blog, «a partir de aquí, cuesta abajo». Y del segundo capítulo (y con él
el segundo caso) en adelante veremos cómo lo que iba a ser el anime de Ace Attorney pasa a convertirse en una
sucesión de derrapes y descarrilamientos tan bellos como vergonzosos.
El Caso de las Hermanas, uno de los casos más poderosos del primer
juego y tal vez de la franquicia entera, nos presenta al personaje de Maya Fey,
la hermana menor de la recientemente fallecida Mia, mentora de Phoenix, y un
personaje muy querido por el público tanto por su inocencia como por su
vitalidad, así como la ayuda que nos proporciona en los casos. Sin embargo,
donde Shu Takumi ve inocencia y vitalidad, los perpetradores del anime ven una
loli hiperactiva, cabezahueca y odiosa que no vale ni para dar por culo. Y
donde el Phoenix de los juegos es un héroe literal que ve a la víctima
indefensa de un sistema injusto a la que decide ayudar sin pensarlo dos veces,
el del anime es un cobarde sangrehorchata que intenta zafarse de las plegarias
de ayuda DE LA HERMANA DE SU MENTORA MUERTA y a la que al final decide echar
una mano cuando ve que no queda más remedio. Pero eso sí, ¿a que esto no me lo
defiende nadie con el «es que es una adaptación»?
¿El resto del caso? El
resto del caso va como cabría esperar: Phoenix se encuentra solo con los
testigos clave y las pruebas sin siquiera buscarlas y dejando al botones de la
habitación del hotel como un cameo obligatorio, Edgeworth es un antagonista más
edgy que Sasuke Uchiha y Redd White, último responsable del Incidente DL-6 y
uno de los villanos más amenazadores y poderosos de la saga pese a sus
ridículas pintas (recordemos que es el presidente de una agencia de información
que controla casi desde las sombras el país) queda reducido a un insultante
fantoche que habla en japanglish porque jaja los estereotipos en dos mil puto
dieciséis.
Repito: estos estereotipos A MEDIADOS DE 2016
Pero lo sangrante no es
eso. No, señor. Porque en esto se puede resumir el 75% de este mierdoso anime.
Lo verdaderamente sangrante de este caso, lo auténticamente INSULTANTE es la
forma que tiene este caso de resolverse solo. ¿Se acuerdan de que en el juego
el caso se resuelve cuando el espíritu de Mia le aconseja a Phoenix ir más
allá, «pensar fuera de la caja» para expandir su instinto y así averiguar por
su cuenta la última pieza del rompecabezas que cerraría para siempre el caso y
salvar así tanto su vida como la de Maya? ¿Se acuerdan de qué gran momento era
aquel, el de triunfar por encima de las adversidades y vencer a un villano tan
peligroso como un Redd White que controlaba el juicio y manipulaba las reglas
de principio a fin? Sin duda uno de los momentos más poderosos de la saga y un
clímax memorable, ¿a que sí?
Pues atentos, que esta ha sido la forma de «adaptarlo»
del anime: el espíritu de Mia aparece para darle el consejo a Phoenix como en
el juego. Sin embargo, y sin ningún motivo justificable, la prueba que permite
a Phoenix aceptar el caso NO ES ACEPTADA POR EL TRIBUNAL Y PHOENIX PIERDE.
¡Pero esperen, QUE HAY MÁS! No contentos con eso, la Mia espectral se aparece
ante un triunfante Redd White para chantajearle EN MEDIO DEL JUICIO, DELANTE
DEL JUEZ, DELANTE DEL FISCAL, DELANTE DE TODO EL MUNDO. ¡A CHANTAJEARLE!
¡EXTORSIONARLE HASTA QUE AL HOMBRE NO LE QUEDA MÁS REMEDIO QUE RECHAZAR EL
VEREDICTO Y CONFESAR!
¿Cómo se quedan ustedes?
Porque yo me quedé frío en aquel momento, y eso que eran finales de abril. Mia
Fey, la mentora de Phoenix Wright, la que le enseñó a trabar según unas reglas
éticas en un sistema judicial que penaliza activamente el trabajo de la defensa
jurídica, extorsionando en pleno juicio a un sospechoso hasta que se declare
culpable. No puedo empezar a explicar qué clase de traición es esta, qué clase
de insulto es independientemente si es hacia los juegos o hacia alguien a quien
le pille de nuevas esta serie y no conozca la franquicia de antes.
Este punto es el salto
del tiburón, la muerte de la serie, el insulto supremo y lo que me hizo
detestar este anime. Y no hace falta haber jugado a los juegos para saber por
qué: El Caso de las Hermanas es el
primer gran caso de Phoenix Wright en solitario, literalmente su segundo caso,
un caso en el que se ponen en juego tanto la vida de Maya como el propio
Phoenix, quien debe aprender a valerse por sí mismo en una encrucijada que
determinará su destino. El verdadero inicio de la serie se encuentra aquí, en
el momento en el que el caso se tuerce tanto ante un enemigo capaz de manipular
la ley a su antojo y aun así Phoenix decide hacer lo correcto, aprender de sus
errores y evolucionar, a «pensar fuera de la caja» y depender de sus
habilidades para sobrevivir siguiendo un código moral que le convierte en un
gran abogado que sigue las reglas de un juego que sabe que es injusto y que nadie más se molestaría en seguir.
¿Qué necesidad había de
convertir este momento tan álgido en semejante burla hacia el propio personaje?
Ninguna. Y tampoco se puede excusar mediante ese bulo de la «adaptación». El
caso se resuelve solo meándose en el legado de Mia Fey y convirtiendo al
Phoenix Wright del anime en un pusilánime incapaz de hacer nada porque no ha
aprendido nada porque literalmente a partir de aquí los casos se resuelven
todos sin necesidad de que él apareciera. ¿El motivo de semejante insulto?
Ningún otro que no sea el resultado de que la gentuza tras esta serie de
Phoenix Wright conociera el resumen de la Wikipedia, pues la importancia de
este momento solo puede conocerse de verdad si uno ha jugado a los juegos. Si
no, es un momento vacío, un caso más que se resuelve a sí mismo con Phoenix
llevándose el mérito solo por estar ahí presente.
Tampoco se explica
lógicamente cómo Redd White acaba tan acojonado por el chantaje que acaba
confesando un crimen cuando perfectamente puede irse de rositas con tanta facilidad como el irse de rositas tras el asesinato del que acababa de salir impune hasta ese momento. Tampoco el
invencible Edgeworth exige pruebas del chantaje de Mia ni explica que esas
acusaciones se tendrían que llevar en un caso aparte. Tampoco se explica que el
juez no penalice a la defensa por cometer semejante delito en un tribunal de
justicia. Pero eh, qué más da, a algunos solo les basta con justificar que «ES
QUE ADAPTACIÓN» para evitar pensar ni tener criterio. Total, ya lo vimos en los
comentarios de mi reseña de Kill la Kill con el
tema del «es que la comparas con Gurren
Lagann» por una mención de pasada. Tampoco puedo esperar mucho.
Alguno de ustedes llegado ya a este punto. Lástima que acabe de empezar.
Y a partir de aquí la
cuesta aumenta su pendiente con un tercer caso del que no puedo hacer más que
repetir lo dicho. El Caso del Samurái
es básicamente el resultado lógico de los dos anteriores casos: Phoenix Wright
no es más que un secundario dentro de su propia serie, pues no hace nada ni sus
acciones tienen consecuencia en la trama; nuestro abogado novato no pasa de ser
un sujeto pasivo al que las pruebas y los testimonios le vienen solos en un
caso en el que no se juega absolutamente nada y que por tanto no existe nada
parecido a una acción ascendente o un clímax final.
Es más, aquí se puede
notar otro de los mayores problemas que tiene esta serie independientemente de
que sea una adaptación o no, y es que será todo lo anime que quiera pero es
incapaz de no tomarse en serio. Ver un capítulo del anime de Ace Attorney se siente como ver un
capítulo cualquiera de Ley y Orden;
sí, puede que a veces haya personajes exóticos, pero al final del día es una
trama desdibujada, aburrida y penosa que no se puede disfrutar por lo serio y
dramático que es todo. Los juegos originales sabían cómo mantener el tono
acorde a cada situación y los personajes, por alocados y extravagantes que
fueran, sabían expresar emociones según tocara; pero aquí en el anime solo
encontramos dos formas de ser: o personajes estrafalarios o asistentes a un
velatorio. Y eso, amigos, no son personajes, son arquetipos.
El Caso del Samurái resumido en un gráfico que bien puede valor para cualquier otro capítulo. Agradecimientos a @trolltski por la idea inicial. (AMPLIAR O PASAR A UNA NUEVA PESTAÑA PARA VER)
El Caso del Adiós sigue en la misma estela que el anterior
añadiendo la sal en la herida de que, si bien El Caso del Samurái era un relleno para descansar de las tensiones
de su predecesor, este ya sería el clímax de toda la temporada, así como lo fue
en el juego original. Por fin se revelaría la verdad tras el Incidente DL-6, el
espíritu de Mia podría descansar en paz y la relación entre Phoenix y Edgeworth
podría dar un paso a mejor… O todo esto, al menos, para alguien a quien le
interesaran cosas como la calidad narrativa, el desarrollo de personajes o esas
patochadas. Nuestra versión anime es entonces un maratoniano vertedero de toda
la exposición que la «adaptación» se saltó en su debido momento, con
descarrilamientos muy locos como la aparición de Grossberg para decir lo que
todos ya sabíamos, un Manfred Von Karma que parece un teleñeco o Larry Butz
suplantando a Edgeworth en una patética pantomima mientras Maya roba pruebas en
la oficina del fiscal. ¡PORQUE SÍ! Pero ya a estas alturas poco puede
sorprender; si ni los propios guionistas dan una mierda por esta serie, ¿por
qué iba a sentir nada yo?
Pero por desgracia, la
serie no terminó ahí, sino que siguió durante doce capítulos más. Y para
celebrar que esta atracción nunca termina, decidieron crear su propio capítulo
de relleno sobre el pasado de Phoenix, Larry y Edgeworth y sobre cómo los tres
eran amigos de la infancia. De hecho, esta fue una de las grandes promesas del
anime y una de las cosas con las que más se llenaban la boca los medios al
respecto, sobre cómo se iba a expandir en el pasado de los tres.
En manos competentes esto
habría sido interesante, y de hecho admito que en su día estuve interesado.
Pero doce capítulos de esta bazofia me demostraron que esta gente es tan
peligrosa con la narrativa que un mono con una pistola. Y todo esto sin comentar
que durante toda la serie se nos había bombardeado continuamente con este
momento como si fuera el punto álgido de la misma: no había caso ni capítulo de
la serie en el que Phoenix desarrollara unos flashbacks muy chungos de cuando
de pequeño le acusaron de haber robado el dinero del almuerzo de un compañero.
Pero cuando digo que tenía flashbacks, no me refiero a uno de vez en cuando o
en momentos oportunos como en el de los juegos, SINO A NIVELES DE TRASTORNO DE
ESTRÉS POSTRAUMÁTICO.
En cuanto a lo demás de
este vil rellenuto tenemos a un Edgeworth vestido de Conan Edogawa haciendo de Repelente Niño Vicente hasta que su padre muere, es
adoptado por Manfred Von Dalas Von Karma con fular y conoce a una loli
que supuestamente es Franziska Von Karma de pequeña. SUPUESTAMENTE.
Tienes problemas, Japón. Tienes muy serios problemas.
A partir de aquí empieza
lo que viene a ser la segunda mitad del anime, correspondiente al segundo
juego, Justice For All. Y sí, han
oído bien, empezamos directamente ya en los eventos del segundo juego. ¿Alzarse de las cenizas? ¿Qué es eso? ¿Se
come?
No, ahora en serio, el
hecho de que se hayan saltado Alzarse de
las cenizas, el último caso canónico del primer juego es algo DE AGRADECER
en retrospectiva. ¿O es que quieren ver uno de los mejores casos de toda la
franquicia convertido en una triste autoparodia? Si total, del segundo juego
también se saltaron el primer caso, El
Caso Perdido, algo que podrían haber metido y adaptado (ahora sí)
perfectamente como un caso ligerito. Pero eh, menos trabajo para mí.
La segunda parte del
anime, la fase de Justice For All,
comienza en el segundo nivel, Reunión y
Caso, y realmente de esto más todo lo que venga a continuación no podría decir mucho sin
repetir hasta la saciedad lo que ya he expuesto arriba, pues esta segunda mitad
no es más que una gratuita repetición del esquema de la primera: Phoenix Wright
es un sujeto paciente al que las pruebas, testimonios y soluciones le vienen
solos, los episodios son un monstruo de Frankenstein entre la trama original y
las ideas descabelladas de unos señores incapaces de pensar sin cagarse encima,
el tono de la serie es totalmente esquizofrénico y los personajes no son más
que una triste sombra de lo que alguna vez pensó Shu Takumi que eran.
Pero sin duda el detalle
más obsceno de esta segunda parte que verdaderamente expone la incapacidad
creativa de la gente de esta serie es el hecho de que todo lo relacionado a la
Matagama desaparece. La Matagama, si lo recordarán, era el artefacto que
permitía ver a Phoenix las «verdades ocultas» de la gente en la forma de
psicocandados que solo podrían romperse con las pruebas necesarias. Si bien era
un elemento jugable, también era importante narrativamente (en especial durante
los eventos del último caso) y en absoluto sería difícil de animar ni dibujar
una cadena etérea de mentiras y medias verdades, algo que para cualquiera sería
impensable de olvidar, ¿verdad? Pero claro, la gente tras la serie no son unos
cualesquiera, sino incompetentes de primera. Y ante la pereza de trabajar con
elementos tan imprescindibles como estos, ¿qué mejor que cambiar los tensos interrogatorios
de la Matagama por que al testigo de turno se le escapara en forma de lapsus
toda la verdad como si le hubiera dado un repentino caso de síndrome de
Tourette? ¡Total, si lo llevan haciendo desde el principio!
¡Toda una Master Class de
adaptación y mimo por parte de A-1 Pictures!
¡Manfred von Dalas, el fiscal que bloquea todos tus argumentos!
Y no podemos terminar sin
antes mencionar las cabeceras y las secuencias de créditos. Porque ¡qué
cabeceras! ¡Qué secuencias de créditos! ¡La crème de la crème de lo genérico y
del no pillar de qué va el asunto! ¡Cualquier cliché de opening de anime shonen
pasado de rosca está aquí! ¡Cualquier simbolismo barato mal hecho vive Dios que
te lo restregarán por la cara! ¡Cualquier canción mediocre que no pegue ni con
cola será escuchada!
ADORO cómo alguien puede
desperdiciar un lienzo creativo tan grande como una cabecera de anime en una
serie de una franquicia que puede presumir de inteligente. ME ENCANTA cómo en
una época en la que tenemos series que se matan por ser auténticos portentos audiovisuales y narrativos ya en sus secuencias de apertura haya alguien que prefiera no
esforzarse y abrazar la mediocridad. AMO que ante todos los simbolismos y
referencias que se pueden meter basándose uno en la franquicia Ace Attorney alguien haya decidido meter
girasoles como único elemento simbólico porque fue con lo que soñó la última
vez que esnifó una botella de Super Glue entera antes de la tormenta de ideas
de qué meter en el opening.
Maravilloso todo.
Muy
mágico.
Excelsamente eroticofestivo.
Por el amor de esa mujeeeer Somos dos hombres con un Mismo destinoooo...
En resumen: Gyakuten Saiban: Sono «Shinjitsu», Igiari!
es un ejemplo perfecto de cómo NO hacer un anime. Y no me refiero a adaptar un
juego (que TAMBIÉN), sino a cómo no llevar una trama, cómo no insultar a tu
audiencia, cómo no dibujar una serie de animación y mucho menos animarla, cómo
no dejarse llevar por la pereza y la mediocridad y cómo no fabricar un producto
derivado de una franquicia sin haberse informado uno en plena era de la
información.
Esta serie no es una
serie, es un delito, un crimen cometido con nocturnidad, dolo y alevosía, un
despropósito mal hecho con toda la seriedad (valga la redundancia) del mundo y
sin ánimo de ironía o autocrítica.