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miércoles, 17 de mayo de 2017

¿Ha habido un cambio de paradigma en las series de animación?

«¡Eso es todo, amigos!».
Porky, Looney Tunes.

   ¡Una vez más vuelve su youtuber fracasado favorito para sentar cátedra sobre un tema nuevo! Esta vez hablo sobre la evolución que han ido teniendo los dibujitos las series de animación durante estos últimos veinte años. ¿Ha habido de verdad un cambio de paradigma en la hora de narrar sus historias o apenas ha habido un cambio?

   La respuesta aquí abajo.



domingo, 5 de febrero de 2017

BoJack Horseman: retrato de un juguete roto.

«Back in the 90's 
I was in a very famous TV show
I'm BoJack the Horse!
BoJack the Horse!
Don't act as you don't know».
Canción de créditos de la serie.

   BoJack Horseman es uno de los mejores descubrimientos que he podido hacer en lo que a series de animación se refiere. Y lo digo así. Tal cual. Desde la primera línea. Y es que series como esta, como Historias Corrientes, como Archer o como Rick & Morty me hacen ver que vivimos en una época dorada de las series de animación, ya sean para niños o para adultos.

   Si bien es cierto que llevaba largo tiempo ignorando cualquier cosa que tuviera que ver con la serie por el efecto rechazo que me generaba el que la gente no parara de darme por culo el coñazo con el temita de «tío, tienes que ver esta serie», «tío, es que es muy buena esta serie», «tío, es que es muy profunda esta serie» y «tío, a ver si te mata un asesino en serie» y que acabé chupándomela justo a finales de este enero porque esencialmente no tenía otra cosa que hacer, sí es verdad que al final acabé descubriendo, como ya he dicho, una de las mejores series que he visto en mucho tiempo. Tres días me duró la serie entera. TRES DÍAS. Uno por temporada. Y no me arrepiento de esta decisión porque han sido tres días muy bien invertidos, como ahora verán a continuación.

   Y como siempre hago con una serie que me gusta y recomiendo, aviso de spoilers bastante tochos porque hay gente a la que al parecer le crece un ano en la frente si se les revela algo de la trama de un producto de entretenimiento.

Spoiler de esta reseña: la serie MAGUSTAO


   La serie trata sobre la decadente vida de un caballo que en un tiempo fue el protagonista de serie familiar ñoña de los años noventa tipo Cosas de Casa, Padres Forzosos o La hora de Bill Cosby, y que desde entonces no levanta cabeza. Llevando una vida completamente autodestructiva, se pasa los días emborrachándose, drogándose o simplemente autocompadeciendose mientras vive de las rentas que le proporciona su fama acompañado por Todd, un nini veinteañero que vive acoplado en su casa, y Princess Carolyn, su agente, con la que mantiene una de las relaciones más tóxicas y destructivas jamás vistas en televisión.

   Sin embargo, las cosas cambian cuando, tras meterse en un berenjenal por prometer a una editorial que escribiría una autobiografía pero al final no cumplirlo, le encasquetan a Diane Nguren Apellidoimpronunciable, una negra literaria que se convierte en su biógrafa y de la que se enamora, algo que ni siquiera funciona porque ella está casada con el señor Peanutbutter, un labrador retriever actor y protagonista de su propia sitcom familiar que es un claro plagio de la serie de BoJack. A través de los capítulos de la primera temporada, en donde sucede la trama de la autobiografía, conoceremos mucho mejor al televisivo equino, sus circunstancias y todo lo que le sucedió para acabar convirtiéndose en el borracho depresivo que es hoy en día.

   Finalmente, ya en la segunda temporada, el libro consigue publicarse y BoJack pega el pelotazo, siendo contratado para protagonizar la película Secretariat, basada en su héroe de la infancia y uno de los motivos por los que él de pequeño siempre quiso ser una estrella. Sin embargo, pronto descubrirá que el mundo de la gran pantalla no es tan glamuroso como se las prometía y que hay sueños que es mejor que no se cumplan, lo que le lleva a una nueva espiral de infelicidad.

   Y con esto, la tercera temporada será la gota que colme el vaso de BoJack: la película logra terminarse independientemente de su participación y el caballo acaba convirtiéndose de nuevo en una superestrella. Pero cuanto más asciende en la fama, más vacío se siente, llegando a plantearse incluso si esto era lo que él quería desde un principio. Todo el mundo se aprovecha de él, y los pocos amigos que aún le quedan han ido creciendo tanto, tanto en lo personal como en lo profesional, mientras él se seguía hundiendo en su propia miseria que él mismo los rechaza. Al final, BoJack desaparece, rehuyendo de la fama en casi un intento de suicidio que deja las cosas abiertas para el inicio de una cuarta temporada.

Y esta viene a ser la moraleja final de esta serie.


   La clave para entender el drama de BoJack Horseman, como han podido comprobar, es que BoJack es un peón. Un simple y vulgar peón en los juegos de terceros. El personaje ha llevado toda su vida siendo avasallado o manipulado por los demás, haciendo las cosas que otros querían mientras le engañaban (y se autoengañaba) haciéndole creer que esto es lo que de verdad quiere hacer. Y él se lo creyó del todo hasta encontrarse a años luz del punto de no retorno.

   La vida opulenta que muestra BoJack externamente es un contraste con lo vacío que realmente se siente, y cuanto más avanza en su carrera como actor, más empeora como persona, sobre todo cuando es capaz de ver los tejemanejes y las corruptelas que se llevan a cabo tras las bambalinas, algo particularmente notable en la segunda y tercera temporadas: la película sobre el legendario caballo de carreras Secretariat es una auténtica mierda que se salta o manipula convenientemente escándalos de la vida del personaje para satisfacer a grupos demográficos, el metraje se termina con un clon en CGI del propio BoJack tras haberse largado mientras él se lleva el mérito de un trabajo que no ha hecho, los galardones que obtiene por Secretariat son mayormente comprados o resultado de una concienzuda campaña publicitaria y toda la gente que llega a su vida tras convertirse en un famoso actor cinematográfico se acercan a él por la fama.

   BoJack no hace nada ni tiene derecho ni a decidir ni a opinar. Él está ahí para poner la cara y a celebrar méritos completamente vacíos en un intento de autoengañarse. Pero incluso él mismo sabe que todo esto es efímero y que acabará chocándose tarde o temprano contra el muro de ladrillos que es la realidad, momentos de lucidez que le llevan a replantearse su vida y escapar de vez en cuando para perseguir oportunidades ya pasadas, como antiguos amores que le permitan empezar de cero o hacer las paces con un amigo al que traicionó. Y sin embargo, ni con esas tiene derecho a ser feliz: esas puertas hace mucho que se cerraron, le guste o no, y cada dosis de realidad es un clavo más en su ataúd al verse cada vez más atrapado por su falsaria vida de farandulero.

Y es que, al final, todos los deseos de BoJack se hacen realidad.
TO-DOS


   El hundimiento vital de BoJack entra en un contraste con las vidas de aquellos que le rodean, gente que ha ido encontrando mejores oportunidades laborales y mejoras personales que les permiten evolucionar como personajes: Diane se convierte en una escritora de éxito, Todd tiene varias aventuras empresariales que le permiten valerse por sí mismo, Princess Carolyn funda su propia empresa de talentos y el señor Peanutbutter acaba convertido primero en presentador televisivo y después en candidato a Gobernador de California. Todo esto ellos lo han conseguido gracias a sus esfuerzos, sacrificios y duro trabajo en contraposición a un BoJack que se limita a vivir de las rentas.

   Las tóxicas relaciones que mantiene BoJack con los poquísimos amigos que posee le dan un toque extra al personaje. Una de sus principales características es que, a raíz de los abusos que recibía de sus amargados padres, es una persona enormemente dependiente con un miedo al rechazo y un miedo al fracaso acojonantes:
  
   BoJack acogió a Todd simplemente para tener a alguien que dependa de él, y cada oportunidad que el chaval tenía de mejorar su vida, él la saboteó para preservar el statu quo. Princess Carolyn trata a BoJack como un peón y como una muleta emocional en una peligrosísima relación de codependencia. Su relación con Diane se basa en que ella es quien más le comprende y es alguien de confianza para él, pero al mismo tiempo por eso mismo se permite el lujo de abusar de ella creyendo que estará «siempre» por y para él. Y así sucesivamente.

   El miedo a fracaso de nuestro protagonista le obliga a no tener pasión por nada, como mucho a tener una chispa de ella que rápidamente se apaga a la primera decepción, motivo por el cual deja de esforzarse, ya que cuanto menos se esfuerce, menos posibilidades habrá de sentir el fracaso. Sin embargo, esto mismo se convierte en una profecía autocumplida que le lleva a enterrarse cada vez más profundo en su propia mierda.

Cuanto más alto llegues, más grande (y solitaria) será la caída.


   Pero si hay algo por lo que BoJack Horseman destaca es, sobre todo, por ser un fiel reflejo de la industria de Hollywood en general. La vida de la farándula es una espiral sin fin de hipocresía, falsedad y superficialidad, y así lo hace constatar esta serie.

   A lo largo de ella veremos numerosos ejemplos de escándalos absurdos, corrupción y manipulación que nos demuestran cómo de laxa es la moral hollywoodiense en todos los aspectos. Pero si bien el principal ejemplo de esto es el propio BoJack, no podemos olvidarnos del personaje de Sarah Lynn, una parodia de todo en lo que se convierte una niña actriz al cabo de los años dentro de un mundo cuya industria se traga a jóvenes promesas para escupirlas años más tarde como auténticos despojos humanos que serán sustituidos por la nueva estrella infantil/juvenil del momento. Sarah Lynn, si bien no es alguien entrañable o que sea fácil de coger cariño, es un personaje trágico, una niña actriz convertida en el sueño pajillero de los adolescentes que crecieron con ella y al final una drogadicta que tira su vida por la borda mientras le come la fama la siguiente adolescente molona de turno. Un auténtico juguete roto.

   Durante el transcurso de sus tres temporadas y contando, BoJack Horseman nos hablará de cómo cualquier matao es capaz de luchar con aletas uñas y dientes por conseguir sus quince minutos de fama por medio de un escándalo alimentado por la rastrera prensa amarilla, de cómo el dinero es capaz de comprar el silencio y la impunidad de gente horrible, de cómo hay individuos capaces de capitalizar tragedias humanitarias en pos de reconocimiento (¿les suena de algo?), de cómo el sueño americano y el ideal liberal de triunfo («trabaja duro y conseguirás todo lo que te propongas») es una patraña, o de cómo realmente todos aquellos por debajo de directores y productores son peones prescindibles en el eterno juego de ganar pasta gansa.

   El ahogamiento es un elemento recurrente que veremos de una forma cada vez más constante, un símbolo de la situación en la que tanto BoJack como otros se encuentran. Los personajes de esta serie están ahogados, asfixiados, hundiéndose en sus propias miserias sin poder salir a flote ni tener a nadie que les eche una mano; son gente que saben que sus vidas están mal y tienen intención de cambiar, pero sus vicios e inseguridades son más fuertes que ellos y siempre acaban saboteando sus esfuerzos para volver al mismo punto de partida del que tanto querían escapar.

Y estos tres son solo los ejemplos iniciales.

  
   Aparte, en lo que respecta al departamento de humor, BoJack Horseman, a pesar de ser un drama de los que hacen época, contiene una serie de chistes que, aunque no den para auténticas carcajadas, sí son necesarios de señalar. Al tratarse de un mundo en el que humanos y animales antropomorfos conviven como iguales, la serie contiene un montón de referencias y parodias a cada cual más inteligente, a menudo con juegos de palabras o pullas visuales. Aunque parezca mentira mencionarlo, realmente es curioso ver el ingenio con el que los guionistas de la serie han pensado en cada detalle y cómo se devanan los sesos para pensar en pullas cada vez más ingeniosas.

   Y es que esa es una palabra con la que se puede describir BoJack Horseman: «ingeniosa». Al igual que ocurrió con Historias Corrientes, de la que hice ya una entrada, el hecho de que sea animada no la hace infantil ni mucho menos, y una vez que pasas por alto el hecho de que la mitad de los personajes sean animales antropomorfos, te encuentras con una serie muy reflexiva y existencial sobre personajes muy humanos cayendo en picado en un mundo dominado por la doble moral, la hipocresía, el egoísmo y el interés.

   Que ojo, la serie no está falta de carencias. Un defecto bastante notable bien puede ser el hecho de que haya capítulos de auténtico relleno en los que no se avance la trama ni el desarrollo de nada con tal de tener el número de episodios estipulados contractualmente por temporada, y sobre todo que haya capítulos en los que las miserias del propio BoJack parece que nos las estén restregando por la cara en pos de la pena fácil. Sin embargo, no son más que pequeñas quejas para una serie que tiene mucho que ofrecer y que he devorado en tres días de lo que me ha gustado.

   En conclusión: MAGUSTAO y encarecidamente la recomiendo si quieren disfrutar de un buen drama adulto y existencial.

¡Y cuidado con las pullas visuales, que si parpadean se las pierden!

lunes, 23 de enero de 2017

Un sincero adiós a Historias Corrientes.


«Técnico: ¿A quién le gustaría que Rasca y Pica se enfrentaran a problemas de la vida real como los que tenéis a diario?
Niños: ¡A mí! ¡A mí! ¡A mí!
Técnico: ¿Y a cuántos os gustaría lo contrario, que vivieran situaciones imaginarias con robots y poderes mágicos?
Niños: ¡A mí! ¡A mí! ¡A mí!
Técnico: O sea… que queréis una serie realista y normal… que esté plagada de poderes… y mágicas fantasías».
Los Simpson, El Show de Pica, Rasca y Poochie.

   Empezamos 2017 en este blog de una forma que nunca pensé que sería posible. Y no, no me refiero a empezar una entrada en el mismo enero pocas semanas después de haber escrito otra y sin cuatro meses de pereza extrema entre medias, sino con una carta de despedida a una serie que poco a poco se ha ido ganando un hueco muy grande en mi memoria como una de las mejores series de televisión que he visto y veré nunca: Historias Corrientes.

   Esta entrada no es una reseña al uso, aquí no hablaré de la escasa trama de la serie ni escribo esto para comentar su humor ni maravillarme con su capacidad para trabajar con referencias pop. Para eso está el ver la serie, la cual recomiendo encarecidamente. En su lugar, esta entrada es más una carta abierta de despedida, los pensamientos y conclusiones a los que he llegado nada más terminar de ver esta serie, las cosas que me ha enseñado y, sobre todo, qué he sentido viéndola.

   Eso sí, tratándose de este tipo de cosas, esta entrada contiene numerosísimos spoilers, así que si no han visto esta serie nunca… ¿A QUÉ ESTÁN ESPERANDO?

   Y es que no es para menos, pues la obra maestra de J. G. Quintel sobre un pájaro azul llamado Mordecai y un mapache llamado Rigby a los que les pasan todo tipo de fantasiosas aventuras es toda una lección sobre la madurez, ese momento en que dejamos de ser adolescentes y nos convertimos en adultos hechos y derechos con nuestras preocupaciones, responsabilidades y obligaciones. Parece mentira que una serie que es conocida sobre todo por su grotesca imaginación, su nostalgia ochentera y noventera y su sentido del humor absurdo pueda convertirse en una de las series más profundas que podamos haber visto. Y sin embargo, es así.

   Lo cual hace de esta serie algo maravilloso.

¿Un pato Megazord con pantalones rotos, zapatillas altas, una gorra de camionero noventera,
un Power Glove y que surfea en una guitarra eléctrica en el espacio? ¡¡¡COMPRO!!!


   Bajo ese aspecto infantil, aleatorio y disparatado en el que cualquier tontería se puede convertir en un asunto del que literalmente dependa el destino del universo, Historias Corrientes es una fantasía bien basada en una dura realidad: NUESTRA realidad. A lo largo de la serie hemos visto cómo esa fachada de divertidísimas absurdeces mágicas con robots, monstruos y artefactos mágicos de todo tipo ha ido desmoronándose sutil y paulatinamente para dar paso a una historia sobre qué significa madurar, ser un adulto, tener responsabilidades y lo que nos aguarda el futuro a través de los ojos de sus personajes… y los nuestros.

   Una de los mayores puntos fuertes que tiene esta serie con respecto a cualquier otra es precisamente que la línea que separa lo real de lo fantasioso está tan difuminada que ambos mundos se mezclan en el imaginativo caos que envuelve cada uno de sus capítulos. En este aspecto me recuerda a Earthbound, el videojuego en el que unos niños deben salvar el mundo de una amenaza extraterrestre y en donde todos sus eventos perfectamente pueden ser confundidos como un juego de niños y viceversa, con los niños convirtiendo en equivalencias entendibles para sus infantiles mentes situaciones adultas de la vida real demasiado crudas o extrañas para ellos. Siendo así, no es extraño ver todo el potencial del que Historias Corrientes dispone, pues es capaz de aunar realidad y ficción para ofrecer a cada miembro del público lo que quiere ver: coloridas fantasías para los niños y sentimientos basados en la realidad para los adultos.

¿Una serie sobre dos amigos que viven mágicas aventuras? La tenemos.
¿Una serie cuyos temas sean la madurez, el fin de las amistades, las rupturas de pareja
y un cuadro clínico de depresión entre otros muchos palos? TAMBIÉN


   Sin embargo, toda esta fantasía no oculta que en su esencia mantiene los pies en la tierra y su objetivo es precisamente narrar una historia adulta y real. Por cada dios arcano que despierta de su letargo para devorar el mundo, por cada tontería diaria convertida en una amenaza capaz de distorsionar el espacio-tiempo, por cada abominación primigenia invocada, por cada supervillano contra el cual los trabajadores del parque son los elegidos destinados a derrotarlo existe una lección sobre la vida real que aprender.

   Pero al contrario que en cualquier otra serie que ofrezca moralejas a su audiencia, principalmente en la forma de ñoñadas tipo «la amistad lo puede todo» o «el amor es para siempre», Historias Corrientes ofrece lecciones muy duras sobre la vida real que todos acabaremos aprendiendo tarde o temprano: no sois más que el resultado de un sistema educativo que os mastica de pequeños y os escupe como adultos enseñados a servir como mano de obra, da igual las notas que sacarais en el colegio porque nada os va a salvar de un trabajo desagradecido, mal pagado y que probablemente no tenga que ver ni con lo que habéis estudiado; las amistades son efímeras y cuanto mejor sea tu amigo más desgastada acabará vuestra relación, el amor de vuestra vida un día desaparecerá y aun así será mejor que seguir con esta persona mediante el temido «amor compañero», los días de inocente felicidad que tuvisteis de pequeños nunca volverán…

   En definitiva: da igual lo que hagáis en la vida porque sois unas motas de polvo insignificantes en este mundo, pero eso no quita que debáis seguir intentando ser las mejores personas posibles.

   En este sentido la madurez que alcanza la serie incluso afecta a las amenazas a las que se enfrentan nuestros protagonistas día sí y día también. Conforme vamos alcanzando nuevas capas de realidad, los monstruos, los magos, los robots y las aberraciones van dando paso a villanos más anclados en nuestra vida diaria como dependientes groseros, funcionarios incompetentes o ese profesor que te tiene manía sin motivo aparente. Las exageraciones siguen estando presentes en la serie, e incluso de vez en cuando veremos alguna situación extraordinaria (sobre todo en la forma de algún Final Boss de temporada o eventos que den paso a la gimmick de la temporada siguiente), pero serán más las excepciones en pos de un clímax antes del final para seguir hablándonos de aquellas cosas que más conocemos y comprendemos, dándole un significado cada vez más literal a la parte de «Corrientes» a la que las historias del título hacen referencia.

Un profesor capullo al final puede ser una mayor amenaza y a un título mucho más personal
que un mago malvado.


   Es por este motivo por lo que vemos el verdadero corazón de Historias Corrientes y su punto más fuerte: su enorme empatía. Quintel nos ha demostrado que es un autor que sabe captar no ya la atención de un público, sino que es capaz de hablarle, de hacerle sentir, de dirigirse de tú a tú a sus espectadores y de permitir que estos se sientan enormemente identificados con las situaciones que sus personajes viven.

   Al contrario que productos como un Undertale diseñado cínicamente para apelar a las emociones e inseguridades de un público mediante mecanismos de proyección de dichas inseguridades en personajes planos y estereotipados o unos artículos de Buzzfeed basados en apelar gratuitamente a la nostalgia para una audiencia sin criterio, Historias Corrientes es una obra creada a partir de la más pura de las empatías.

   Pese a su carisma, nadie en su sano juicio querría ser alguien como Mordecai o como Rigby, pues no dejan de ser un par de veinteañeros que han fracasado en todo lo que han emprendido y han acabado barriendo hojas en un parque. No son más que unos mataos obsesionados con una cultura pop que les ha servido para llenar sus vacíos existenciales fruto de ser los marginados del colegio, por no hablar de que son unos malos compañeros de trabajo y, dependiendo del guionista que toque en ese momento, hasta malos amigos o psicópatas en potencia. Sin embargo, sus vivencias son lo que más nos interesan e inspiran: Mordecai lucha por conseguir su lugar en el mundo encontrando a su media naranja pese a que sus relaciones sentimentales suelen acabar más mal que bien, y Rigby consigue volver al instituto para terminar de graduarse con el fin de ganar un respeto que cree deberle a su novia y tal vez abrir así un nuevo futuro que sea más digno para él.

   Las vivencias realistas de sus personajes son contadas de la forma que solo puede hacer alguien que las haya experimentado; cosas como ser el pringado del colegio, ser un becario y que todo el mundo te putee por ser el último mono, las tensiones de tener pareja, la dura compaginación del trabajo por tu gusto por los videojuegos, el cine o cualquier otra forma de entretenimiento… En definitiva, ¡cómo crecer en un mundo que te llena de obligaciones y luchar para seguir siendo tú mismo! ¡El tipo de cosas que uno debe vivir si quiere hablar bien y con propiedad de ellas!

Historias Corrientes es la única serie que nos ha demostrado que
cosas como conseguir terminar los estudios pueden ser mayores aventuras
que detener a la enésima abominación de turno.

   El sentimiento de identificación con sus situaciones puede llegar a ser enorme, y ahí es donde entra la difuminación entre la realidad y la fantasía. Mordecai y Rigby son dos post-adolescentes que viven atrapados en un mundo sin alicientes y trabajando de barrenderos en un parque, por lo que llega un momento en que incluso podamos llegar a pensar que todas las aventuras que viven tienen una parte más fantasiosa que real. Y cómo culparlos…

   Todos nosotros nos hemos encontrado en situaciones así, en jornadas aburridas e interminables de tareas o trabajos en las que uno acaba abstrayéndose a un mundo de fantasía para evitar perder el juicio. Y lo mismo pasa con cualquier otra de las situaciones que nos propone: el creciente temor a perder amigos con el tiempo, el deseo de querer aprovechar el todo el tiempo que podamos con un ser querido que vemos que se escapa de nuestras vidas, la frustración ante una vida que no da segundas oportunidades ante un futuro cada vez más incierto… ¡hasta el miedo que teníamos de pequeños a meter la mano en el reproductor de vídeo y que se nos quedara la mano atascada se encuentra aquí! Todo ello contado con situaciones, frases y hasta pensamientos que todos sin excepción habremos tenido o dicho alguna vez en nuestras vidas, algo reconocido hasta por Quintel mismo.

Only 90's kids will remember!


   Si bien la serie tampoco es perfecta y sufre de muchos altibajos, Historias Corrientes es también una historia de transición sobre el propio Quintel, algo que podemos ver temporada tras temporada (amén de que a estas alturas es un secreto a voces que el personaje de Mordecai lo hizo directamente basándose en sí mismo, lo cual ayuda a entender ciertas cosas).

   Tras tres MEMORABLÍSIMAS temporadas cargadas de sentidísimos homenajes y celebraciones a la cultura pop alcanzamos una sosísima cuarta temporada en la que nos introducen al personaje de Thomas, un becario sin peso alguno en la serie y cuya función es «estar ahí», seguida de una deprimente quinta temporada centrada en la tristísima vida amorosa de Mordecai y sus inseguridades más una sexta temporada que es un meh absoluto y que termina en la desaparición de un más que olvidable Thomas ahora convertido en un superespía ruso. Pero después de una RECOMENDADÍSIMA película y numerosos rumores de cancelación, la serie vuelve a la estabilidad con una séptima temporada más variada en sus temáticas, ya más ancladas en la realidad, hasta alcanzar un clímax final en el espacio porque ya total pa’qué y su EPIQUÍSIMA resolución en la octava temporada.

   A lo largo de las ocho temporadas de la serie vemos un proceso de creatividad absoluta seguida por una de estancamiento, otra de práctica desesperación y otras de puro desarrollo de personajes en las que los trabajadores del parque y el propio mundo de Historias Corrientes se van transformando y maduran conforme lo hacen la propia serie como el programa de televisión que es, Quintel como artista y hasta la misma audiencia. Como ya dije anteriormente hasta la saciedad, la fantasía desbocada da paso al más sincero de los realismos (lo que no quita valor ni a sus partes más entretenidas ni a su sentido del humor) y a partir de ahí a un crecimiento tanto interno como externo de los personajes y lo que les rodea.

Y la música... ¡QUÉ MÚSICA!

   Y este es el punto al que quería llegar, pues si bien es cierto que me pesa el ver acabada una serie con la que tan identificado me he sentido y con la que tanto he disfrutado, no puedo tampoco dejar de sentirme aliviado por el mismo hecho de que termine: Quintel ya ha contado todo lo que quería contar y siempre será mejor que la serie acabe por sí misma a que sea inceremoniosamente cancelada.

   Por ese motivo no puedo dejar de recomendar Historias Corrientes, pues es la serie que mejor representa a una generación, a mi generación, nuestra generación, y en definitiva, la generación de su autor, un joven que ha conseguido narrar el sentir de muchos de nosotros a través de una serie de animación cuya premisa original no era más que la de «cosas raras pasando porque sí». La estasis ochentera-noventera del mundo de esta serie es una divertida evocación a un pasado que no volverá que a la vez sirve de plataforma de lanzamiento para enseñarnos, tanto a nosotros como a los que están por llegar, unas valiosas lecciones sobre el futuro.

   Y es que, a pesar de su tan aplastante y sincero realismo, Historias Corrientes termina en una nota positiva con un último mensaje final: puede que muchos de nosotros nunca podamos alcanzar nuestros sueños y ambiciones de pequeños, pero eso nunca nos impedirá vivir una buena vida ni disfrutarla con nuestros amigos.

   Ya sea como una comedia con elementos de fantasía (o mejor dicho, de realismo mágico), una fuente de gifs y memes, un viaje nostálgico para aquellos que nacimos en los ochenta y los noventa o una sincerísima representación de la vida de toda una generación, Historias Corrientes es una serie que me ha encantado, que me ha marcado, que me ha hecho reír y hasta me ha hecho llorar. La cautivadora obra de J. G. Quintel sin duda me ha llegado al corazón y se ha ganado un buen espacio en él.

Jolly good show...

miércoles, 31 de agosto de 2016

Over the Garden Wall: pretenciosa y sobrevalorada.

«Superficial y pedante».
Peter Griffin, Padre de Familia.

   Después de tener un tiempo «pendiente» (si se puede llamar así) Over the Garden Wall, por fin me he decidido a verla. Y realmente no sé lo que esperaba encontrar cuando ya de por sí era una serie que había hecho saltar todas las alarmas en mi cabeza en el peor sentido posible. Básicamente, es ese tipo de fenómeno que empieza con un culto demasiado grande y con gente de demasiada edad como para tratarse de una miniserie de dibujos animados repitiendo al unísono como si de un credo se tratase lo BUENÍSIMA, BELLÍSIMA y PROFUNDÍSIMA que es la serie sin contar detalles o sin profundizar (valga la redundancia) en ninguno de los temas. «Pero oye, a lo mejor funciona», pensé, tonto de mí. «Te encantó Gravity Falls y la gente suele compararla. ¿Por qué no le das un tiento?», continué neciamente. Y heme aquí.

   Over the Garden Wall es la pretenciosidad hecha dibujo animado, un intentito de «el arte por el arte» imitando los horrores animados de Hayao Miyazaki (cuya obra de por sí ya DETESTO) mientras sus creadores intentan meter con calzador en una serie de diez capítulos existencialismo barato, terror psicológico del malo y personajes random para apelar gratuitamente al público perfil demográfico del «es que los dibujos animados de hoy en día son para adultos». Y como el que mucho abarca poco aprieta, nos encontramos con una serie de animación normal carente de trama, plagada de relleno, personajes odiosos y las mismas moralejas rancias y quemadas que ya hemos visto millones de veces antes. Pero eso sí, bajo la pretensión de «subvertir». Porque si no sabes hace nada a derechas, di que lo estás «subvirtiendo», que así quedarás mejor, quedarás profundo, quedarás intelectual y nadie se atreverá a toserte.

Básicamente, esta es la señal que recibo cada vez que la gente
se pone en plan que no caga con estas chuminadas.

   Over the Garden Wall trata supuestamente de dos hermanos, Wirt y Greg, que se pierden en el bosque y deben volver de camino a su casa. Sin embargo, tras encontrarse con un misterioso leñador que les advierte de la presencia de una bestia y tras conocer a Beatrice, un pájaro parlante, comenzarán un descenso a la locura de aleatoriedades en la versión boscosa de un fregadero de estilos artísticos y fantasía genérica hasta que se separan, se unen, derrotan a la bestia y todo resulta ser un sueño. No, no voy a decir que «de Resines» porque está el meme muy quemado.

   La trama de por sí no da para mucho y realmente podrían haber hecho algo por desarrollar el escasísimo plantel que propone para presentar un producto que verdaderamente podría haber sido filosófico, existencial y profundo mientras se mantienen los elementos para que se entretengan los críos y una rica narrativa. Pero claro, en una época en la que en términos de animación solo importa ser el nuevo George Lucas en su época de las precuelas de Star Wars y demostrar lo que los efectos especiales (en este caso los nuevos estilos de dibujo y la animación) pueden hacer, no hay tiempo para eso. En su lugar tenemos unos protagonistas planos y odiosos, un conflicto que se resuelve solo y que apenas toca a los personajes principales y toneladas de relleno tanto para alcanzar el número arbitrario de capítulos que debe tener la serie como de minutos por episodio.

   La serie está plagada no, INFESTADA de auténtico relleno.  Y es algo INSULTANTE dentro de una serie de diez capítulos, pues literalmente más de la mitad lo son. Los personajes llegan a un sitio, se ven envueltos en la situación estrafalaria de turno, la resuelven y salen de ella de la misma forma que se metieron sin haber aprendido nada de nada ni haber desarrollado sus personajes ni una pizca en busca de una nueva situación estrafalaria en la que meterse. Y todo eso sin mencionar el relleno de DENTRO de los episodios, pues da igual si se trata de un capítulo de la trama o no, si a los guionistas no les da para alcanzar los diez minutos que dura cada uno, tengan por seguro que se sacarán del culo un número musical capaz de durar al menos DOS TERCIOS del capítulo en sí. ¿No me creen? Bueno, ahí tengo los capítulos del barco de las ranas y el de Greg en la ciudad en las nubes como pruebas.

MUCHACHADA NUI
¡NUI!

   Y si ya fuera malo todo esto de por sí, luego está lo PREDECIBLE que es la serie. Porque es predecible. MUY predecible. Tanto que a partir del segundo capítulo ya cualquiera puede ver cuál será el giro de tuerca. ¿El motivo? Que esta serie no sabe utilizar el giro de tuerca y, como si de cualquier cosa hecha por el patán de Steven Moffat se tratara, abusarán del elemento para meter como mínimo uno por capítulo.

   Literalmente TODOS los giros de tuerca de la serie son justo lo contrario de lo que al principio las cosas parecen, y ya con esa pista cualquiera puede saber de qué trata de verdad la trama de cada uno: ¿que un pueblo de hombres-calabaza obliga a trabajar a los niños y estos encuentran dos esqueletos? ¡Es que es un pueblo de esqueletos que se disfrazan, pero esqueletos buenos, no de los que matan! ¿Que un multimillonario avista un fantasma en su laberíntica mansión? ¡Es que son dos mansiones que se han solapado y vio a la dueña de la otra casa! ¿Que una joven ha sido esclavizada por una bruja cabezona que habla todo el tiempo de un espíritu maligno? ¡Es que la joven ES el espíritu maligno! Y así hasta el infinito.

Sutil.

   Todo esto, claro, sin mencionar que cuando un giro de tuerca barato no da para resolver un asunto, siempre podemos echar mano del buen, fácil y gratuito deus ex machina de turno. Ya de paso, tampoco hablemos de que en tan poco tiempo acabamos tan saturados de diferentes subtramas argumentales que hasta la propia serie parece perder la pista de en qué trama centrarse, dando como resultado en ir cambiando de tramas de manera superficial sin avanzar ni profundizar realmente en ninguna de ellas.

   Y que nadie me venga con que «es que son dibujos para niños» porque si una serie tiene una trama de mierda, tiene una trama de mierda indistintamente del público. Y peor aún es esa excusa si personas supuestamente ADULTAS la definen por su profundidad y calidad narrativa.

   Aparte de todo esto, si la serie tuviera unos buenos personajes o los desarrollaran mínimamente a lo mejor sería un aspecto que no estaría del todo mal. Pero no, craso error (como lo que es esta serie) una vez más. Los personajes son ODIOSOS, de lo más repelente que me he echado en cara desde hace mucho tiempo ya sea porque son planos, tienen una personalidad horrible, les fuerce el guion o una mezcla de todo al mismo tiempo. Wirt es un cínico prepotente, Greg es básicamente Bob Esponja si fuera humano y Beatrice es una pájara (en las dos primeras definiciones que da la RAE) impertinente mientras que el resto de personajes secundarios están para rellenar tiempo de los capítulos con la Bestia, el supuesto villano principal de la historia, como el caso más sangrante de todos.

¿Para qué centrarnos en las relaciones de dos hermanastros de edades tan distintas aprovechando una situación tan poco habitual cuando podemos centrarnos en el niño pequeño siendo más random que Bob Esponja? ¡Algún meme podremos sacar!

   De todo este asunto, lo que pasa con Wirt es lo que más me toca las narices de esta serie, ya que Wirt es el único personaje que actúa de forma natural y racional; es el único personaje que parece HUMANO dentro de una situación que le sobrepasa totalmente. Y aun así la serie constantemente tiene que humillarle y dejarle como el que nunca tiene razón por no abrazar la locura como el resto de personajes. El guion constantemente le ridiculiza y le deja como un cínico egoísta solo por ser una persona racional en un mundo irracional, y la serie espera que nos pongamos en su contra cuando él es el único que sufre y el único que está preocupado por lo que está sucediendo a su alrededor mientras que su hermano Greg se tira los capítulos comportándose como un retrasado mental por el «jaja ke random loool» y Beatrice siendo una niñata impertinente que desde el principio ha estado manipulándolos para que su trama se resuelva sola como ya viene siendo la costumbre.

   Y sin embargo, como no podía ser de otra forma, cada uno tiene en los últimos capítulos de la serie su «evolución» en forma de que no evolucionan nada a excepción de Wirt y él ni siquiera aprende nada sino que cambia de parecer de la noche a la mañana sobre si salir con la chica que le gusta o no. Greg empieza la serie siendo un tontopollas random y termina siendo un tontopollas random mientras que Beatrice consigue lo que quiere al final (liberar a su familia de una maldición que los había convertido a todos en pájaros) y ni siquiera es capaz de mostrar un mínimo respeto por su madre porque su moraleja sobre no ser una criaja impertinente se le pasó volando y nunca mejor dicho.

   Luego está la Bestia, el supuesto villano de la serie y considerado, según la Wikia, como «uno de los villanos más viles de Cartoon Network». Aparentemente parece que va a ser un personaje interesante debido a que de ella solo se ve la silueta hasta prácticamente el final y que es un personaje bienhablado y manipulador a pesar de su horrible apariencia, habiendo conseguido acabar con las vidas de posiblemente cientos si no miles de personas a la vez que tiene al pobre leñador esclavizado para convertir a dichas víctimas en aceite para alimentar la lámpara que contiene su alma. Sin embargo, en el concepto está la chicha, ya que en la serie solo aparece escasas veces, solo interactúa dos veces con los protagonistas y luego la crisis que presenta se resuelve sola sin necesidad de que Greg ni Wirt hagan nada al respecto. 

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   Porque en eso es en lo que se resume esta serie (y ya de paso en lo que se resume cualquier serie animada que echan hoy en día que hace que os paséis décadas sin cagar): os ponen cuatro elementos de «terror» y un poco de filosofía barata «adulta» y se os hace el culo Pepsi-cola sin pararos a pensar siquiera si la serie en realidad es tan buena como en un principio parecía. Pero claro, así es como son las críticas del siglo XXI: mejor sonar inteligente que serlo, ya que lo primero es más fácil y te hace parecer más único que lo segundo.

   Over the Garden Wall es tan MALA que es hasta insultante que haya quien la compare con otras series, sobre todo poniéndola al nivel de Gravity Falls. Gravity Falls, aunque contara en comparación con infinitud de episodios, sabía dar en el clavo: el humor estaba donde se lo necesitaba, el desarrollo de personajes estaba trabajado, los elementos de terror sabían ser sutiles y era una serie que sabía tratar a su audiencia de forma inteligente. ¡¿En qué momento a nadie se le ocurrió comparar ambas series?!

   Coño, es que si vamos a comparar, no nos quedemos ahí. ¡Yo también sé jugar a este juego! Aunque uno de los puntos más débiles de Historias Corrientes fuera su mal desarrollo de personajes, al menos sabía tratar las relaciones entre los mismos de manera natural. Y por mucho que me repela, AL MENOS Hora de Aventuras acabó teniendo una historia de fondo decente y un buen desarrollo de personajes aunque todo fuera un refugio en audacia de su creador para hacer parecer que su serie de dos tontos haciendo tonterías en un mundo mágico tenía trasfondo y madurez algunos.

Algo así es la cara que se me pone ante el «como X pero con» de turno.

   Y sin embargo, tener que hacer todas estas comparaciones absurdas y fuera de lógica me hacen sentir mal porque en el fondo no dejan de ser absurdeces, de la misma forma que comparar Over the Garden Wall con cualquier otra serie para hacerse el listo cuando en realidad no se sabe defender con argumentos una serie que le gusta a uno es ridículo.

   Over the Garden Wall es mala. MUY mala. Una serie infantil que quiso ponerse zapatos de adulto jugando con elementos argumentales, temáticos y narrativos que le vienen demasiado grandes porque carece de las nociones más básicas para manejarlos. La animación es normalucha, los personajes son odiosos y planos, el relleno injustificado ocupa más del setenta por ciento de toda su duración, la música suena falta de inspiración por no ser más que una forma de alcanzar el tiempo de duración estipulado en vez de ser una forma de enriquecer la trama, tanto la fantasía como los estilos «novedosos» de dibujo están a estas alturas tan trillados que parecen rozar la autoparodia e intenta dar unas moralejas tan vacías e inexistentes que más que sentirse inspirado por el ejemplo de los personajes lo que le dan ganas a uno es de beber un vaso de lejía para olvidar que ha pasado por tal tormento.

   Pero eh, que los cuatro copitos de nieve especiales de internet de siempre dicen que es muy profunda. ¡Será verdad y todo!

   Y lo peor de todo es que parece mentira que para esta reseña haya necesitado unas seis páginas de Word cuando esto es ya más esfuerzo que el que cualquiera del equipo de la serie haya puesto a lo largo de la misma. ¡Que te den, Over the Garden Wall! ¡Me debes cien minutos de mi tiempo!