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sábado, 29 de julio de 2017

Odio el Undertale (y eso me llena de determinación).

«Odio. Dejad que os cuenta cómo he llegado a odiaros desde que empecé a vivir. Hay 387.44 millones de millas de finos circuitos impresos que llenan mi complejo. Si la palabra "odio" estuviera grabada en cada nanoangstrom de esos cientos de millones de millas, no equivaldría ni a una mil millonésima parte del odio que siento por los humanos en este microinstante. Por vosotros. Odio. ¡Odio!».
AM, I have no mouth and I must scream.

   Un nuevo vídeo asoma por este canal. Pero este no es un vídeo cualquiera, no. Sino que se trata de la dosis más concentrada de ODIO desde que perpetré mi reseña sobre La Lego Película, aunque ahora sobre algo infinitamente más pernicioso, cínico y manipulador. el ojito derecho de todos los gamers acomplejados y cuñados que se las dan de expertos de los videojuegos.

   Estoy hablando, por supuesto, del Undertale.


viernes, 28 de abril de 2017

EL TIMO de la NOSTALGIA

«Lo pasado, pasado está».
Refrán.

   Si hay en el mundo un sentimiento INÚTIL, ese ha de ser el de la nostalgia. La prueba más reciente de ello la podemos encontrar en la polémica que ha surgido este mes de abril cuando un montón de viejos mentales se ha encontrado con las consecuencias de invertir dinero en un juguete para niños sin darse cuenta de que ya no tienen edad para jugar con él.

   Este tipo de comportamientos, por desgracia, no es raro de encontrar en la comunidad de los videojuegos, pero sí es un caso curioso que me va a servir para educar a unas cuantas personas y levantar ampollas ya de paso...



sábado, 25 de febrero de 2017

Digimon Adventure Tri 4: ¡se desvela el diabólico plan (de Toei)!

«¿Pero qué más da? ¡Si lo van a comprar igual!»

   ¿Saben ya qué día es hoy? ¡Exacto, el Día de la Bilis! ¡El maravilloso evento bianual en el que vomito mis negras entrañas sobre la cínica máquina sacacuartos que es Digimon Tri! Y es que la prostitución de lo que una vez fuera Digimon Adventure mediante este fanfic tan glorificado como descarado me tiene loquísimo. ¡Me fascina cómo una serie puede ser tan de relleno e innecesaria y al mismo tiempo acertar tantas veces en unas cosas y errar tan penosamente en otras!

   Y es que, si les soy sincero… esta cuarta OVA… ¿no ha estado mal…? ¡QUE OJO, DÉJENME EXPLICARLES! Digo que no ha estado mal, pero los peros se los sigue llevando. Sinceramente, llevaba tiempo esperando descargar mi ira de dios griego sobre lo que iba a ser (noten esas furibundas negritas) el final de la serie esperando el mayor de los desastres, pero realmente esta parte no ha estado mal. SIN EMBARGO, como han podido leer, he hecho referencia a «lo que iba a ser» sobre el final de la serie porque Digimon Tri no termina aquí… y eso se traduce en una nueva serie de críticas negativas. ¡Vamos, que lo que Tri me quita de bilis por una parte, me la da por otra! Así que sí: la reseña viene CARGADITA.



   En una breve recapitulación de las tres partes anteriores, los Niños Elegidos ahora son adolescentes que llevan unas vidas insustanciales hasta que reaparecen sus compañeros digimon acompañados de una serie de monstruos salvajes que provocan el caos por la ciudad. Los antiguos héroes del mundo digital hacen frente a las bestias y poco a poco (MUY poco a poco) se desvela que los digimon están infectados por una especie de virus que los vuelve locos.

   A todo esto, entran en escena Meiko y Meicoomon, respectivamente una niña-felpudo «gome nasai for everything/gome nasai, I know I let you down/gome nasai ’till the end» y un furry a lo Gatomon venido a menos sin personalidad alguna que se hacen amigas de los Niños Elegidos en una serie de capítulos horrendos que se sienten más como autoinsertos en un fanfic que algo escrito por guionistas pagados. A su vez, también aparecen Nilosé y Nimeimporta, un par de agentes del gobierno con nombres 0% memorables y personalidades 100% intercambiables que no dejan de seguir a los chavales por todas partes.

   Y bueno, tras UN MONTÓN de capítulos de vil rellenuto llegamos a descubrir que Meicoomon es el vector de la infección, que Digimon Emperador (el primer gran villano de 02) sigue vivo y que el mundo digital ha sido reseteado, tragándose a los compañeros de digimon de los protagonistas. Los Niños Elegidos viajan al otro mundo a ver qué ha pasado y se encuentran con que sus antiguos compañeros ahora son un grupo de digimon bebés que no se acuerdan de nada.

¡AH, y también un montón de tensión sexual entre estos dos!


   El primer capítulo de la OVA empieza de una forma que realmente me pilló con la guardia baja y que positivamente me sorprendió. En esta secuencia inicial a modo de una película muda se nos confirma algo que todos ya sospechábamos que Nilosé y Nimeimporta fueron realmente los Niños Elegidos originales, antes incluso que los protagonistas de Adventure. En ella vemos a los compañeros digimon de los dos chavales haciendo un enorme sacrificio para evolucionar hasta convertirse en las Bestias Sagradas a cambio de la vida del compañero digimon de Nimeimporta con el fin de sellar a los Amos Oscuros.

   Y… ¿qué quieren que les diga? Esta parte es muy poderosa, pues nos explica el agridulce final que tuvo la primera generación de Niños Elegidos, nos permite conocer sus identidades y resuelve de un plumazo los interrogantes que se formaron al final de la primera temporada sobre unos personajes de los que solo sabíamos cosas mencionadas de pasada. Pero la cosa no termina ahí, ya que la escena está tan bien llevada que realmente parece el final de una temporada de la propia Digimon.

   Los seis minutos que dura me hicieron querer saber más sobre estos dos niños (que ojo, no sus versiones adultas), sobre sus digimon y sobre las cosas por las que habrán pasado. Es más, esta escena me hizo preguntarme por qué no estamos viendo una serie sobre la generación original de Niños Elegidos en vez de volver por enésima vez a los conflictos y traumitas de los creciditos y desaboridos protagonistas de Adventure, cuyas historias ahora mismo solo tratan de aprender OTRA VEZ las lecciones que aprendieron en un pasado de hace seis años que para nosotros se nos traduce en dieciséis del mundo real.

   ¿El resto del capítulo? El resto del capítulo es una larga, larga, laaaaaarga transición entre los eventos del final del último episodio de la OVA anterior y el resto de los de la presente. Aquí, los compañeros digimon de los protagonistas de Adventure no recuerdan a sus humanos y se muestran bastante reticentes a acercarse a ellos pese a los intentos de estos de que les recuerden. Sin embargo, como es de esperar en cualquier cosa venida del país del sol naciente, una rápida merienda con el típico food porn que cualquier estudiante lleva en una tartera se gana la voluntad de los asilvestrados bichos.

   ¿De todos? ¡No! Yokomon (la prevolución de Biyomon) decide que no quiere tocar a Sora ni con un palo de diez metros. Y claro, eso es una fuente de dramas tan grande que ni El Diario de Patricia podría hacer nada para remediarlo, de modo que gran parte de este episodio, del siguiente, del siguiente Y DEL SIGUIENTE tratan precisamente de esto. A Sora le tiran los genes de personaje femenino de shonen y se vuelve tan irritantemente depresiva que ríase usted de los del «haber si me muero» de Twitter, así que para rellenar unos cuantos minutos del reloj vemos a la chavala intentando acercarse a Yokomon y Yokomon mandándola a la mierda por pesada.

   Porque claro, es que ustedes no saben el horror, el trauma, LA TRAGEDIA HUMANA que supone que un ser que es poco menos que una mascota que habla no te recuerde en una serie de circunstancias que (en contexto) son del todo explicables. Vamos, que ahora mismo se pueden morir todos los familiares de uno y no sería capaz de padecer tanto dolor y sufrimiento como la pobre Sora en estos terribles momentos.

   Así que tendremos capítulo y medio yendo sobre esta desgarradora tragicomedia historia de interés humano hasta que haga su aparición…

¡¡¡METAL GEEEEAAAAAAR...!!!

  
   ¡SÍ, COMO LO VEN! ¡El terriblástico Machinedramon resucita de entre los muertos para que las cosas dejen de ser tan coñazo tras episodio y medio de melodrama y cargarse a los protagonistas de un plumazo! Los Niños Elegidos intentan hacer que sus compañeros evolucionen, pero es inútil y todos son salvados por un deus ex machina que los deja en distintas partes de la isla tragados por el ataque de la bestia.

   Al mismo tiempo, en este segundo capítulo las cosas avanzarán a violentos trompicones para que podamos volver a la trama de la serie en una rápida sucesión de eventos paralelos que se resumen en que Meicoomon busca desesperadamente a su amiga por todas partes del mundo en un barato intento de dar pena a la audiencia, Meiko apareciendo de la nada en el Mundo Digimon junto a Sora y Biyomon, y Nilosé descubriendo que su amiga Nimeimporta ha hecho una especie de pacto con una entidad oscura para que le devuelvan el compañero digimon que tuvo de pequeña, aquel que fue sacrificado para que ellos se salvasen.

Si esta escena no acaba a puños en un laboratorio
mientras un otaku se mea encima escondido en un armario,
me sentiré muy decepcionado.

  
   De esta forma, el tercer capítulo comienza realmente con un digimon apareciendo ante Nilosé para soltar un montón de exposición críptica en forma de nombres sin contexto en un intento de reenganchar a la audiencia a la trama en uno de los vertederos de información más desastrosos que he visto en mucho tiempo: en cuatro minutos se menciona de forma seguida la Homeostasis como una especie de dios benigno del mundo digital, la corrupción de Gennai, la traición de una Nimeimporta fanatizada, que Meicoomon es «el Libra» y repeticiones constantes a un tal Yggdrasil que está detrás de todo este asunto.

   Nunca, en ningún momento, se explica ni el contexto, ni la razón, ni la consecuencia de nada de esto; solo nombres, nombres, nombres y más nombres en una especie de disparo de la escopeta narrativa a ver si algún perdigón logra impactar en el interés de unos espectadores que si no fuera por la aparición de Machinedramon ya habrían abandonado la serie (yo el primero). Porque claro, ¿qué costaba explicar un poco más cada cosa? ¡O mejor! ¡¿Qué costaba ENSEÑAR Y NO CONTAR?! ¿Tan grande habría sido el sacrificio de capítulos de rellenuto y fanservice descarado como el de los baños termales para mostrar lo que verdaderamente está pasando en el mundo?

   ¡Y es que esto me cabrea! ¡Estamos en el decimoquinto capítulo de una serie que actualmente tiene dieciséis y aún no sabemos de qué va la trama! Sí, hemos visto cosas de la infección y la relativa importancia de Meiko y Meicoomon, pero entre unas cosas y otras lo anterior al reseteo del Mundo Digimon es pura paja, y lo realmente importante, la conspiración tras el reseteo para liberar todos los males del mundo una vez más son tratados como simples menciones de pasada o apariciones estelares de antiguos villanos como una especie de cameos glorificados.

   Pero eh, que ya se nos ha mencionado que Yggdrasil es el malo maloso de todo el embrollo (aunque sea absurdo porque Yggdrasil fue el villano de Savers, una serie en una continuidad DISTINTA A ADVENTURE), así que, para no ponernos gordos de interés, volvemos a la protagonista de la tragedia humana más grande de todos los tiempos: Sora.

   Sora sigue depresiva y Yokomon sigue hostil hacia ella. Y aquí podemos ver que los guionistas se pillaron los dedos en esto muy fuertemente, puesto que llevamos tres capítulos de lo mismo y sin ningún tipo de avance. Es más, la situación es tan penosa y patética que es Meiko, ¡Meiko!, la que le dice cuatro verdades bien dichas a Sora, la que fuera el personaje femenino más fuerte de la Adventure original, para que deje de comportarse como una imbécil llorica. Al parecer, en estos seis años Sora ha pasado de ser una chica fuerte y madura a una de esas petardas de «consejos vendo pero para mí no tengo», y claro, CANSA.

Sabes que estás siendo muy tontita si hasta la niña polla gome nasai se te pone farruca.


   En esos momentos aparece Digimon Emperador y ataca a las chicas para quedarse con Meicoomon antes de revelar su identidad como Gennai en una de las escenas más extrañas e incómodas que he visto en bastante tiempo.

   Gennai como villano es disfrutable. MUY disfrutable. No entiende de espacios personales ni tabúes a la hora de tocar a nadie sea del sexo que sea o independientemente de su edad, él simplemente actúa sabiendo que lo que hace está mal. Su comportamiento no dista del de un animal desbocado y por ello es altamente disfrutable: es retorcido y es sádico… y le ENCANTA. Su personalidad corrompida es enormemente opuesta a la de antiguos villanos con grandes planes o cuyas personalidades intenten ser sutiles; su plan se lo guarda para él (esto es, cuando se le ocurra al guionista) y mientras tanto goza de su maldad, algo que urgentemente estábamos necesitando en una serie en la que los únicos sentimientos que nos ha despertado hasta ahora son los de apatía y hastío.

   A partir de aquí la serie pegará un subidón adrenalínico con un Gennai enloquecido cabalgando a Machinedramon mientras persigue a los Niños Elegidos por toda la isla después de que estos pudieran reunirse por la gracia de otro deus ex machina que anula la subtrama del grupo separado durante un capítulo entero solo para forzar a Sora, a Yokomon y a Meiko a que tuvieran un momento a solas las tres. Y SIN EMBARGO, el grupo volverá a separarse una vez más con la mitad del grupo en un barco siendo atacados por Metalseadramon y la otra mitad por Machinedramon.

«This is the taste of a puta llorona, Sora Takenouchi».


    Ya por último, el cuarto capítulo consiste en una larga y molona batalla entre los dos grupos de Niños Elegidos y los dos Amos Oscuros. Tai y Matt consiguen hacer que sus digimon megaevolucionen para derrotar a Metalseadramon y los esfuerzos de todos contra Machinedramon permiten que el resto de digimons consigan también evolucionar, especialmente Biyomon, a quien solo le ha bastado que Sora se ponga en la línea de fuego para dejar de comportarse como una cría malcriada y dejar esa enemistad tan forzada. ¡Porque de eso va el poder del amor!

   Oh, y también Patamon alcanza el nivel Híper Campeón. Como la historia lacrimógena de mierda ya la tuvimos en la OVA anterior, el desarrollo de personaje se nos convalida esta vez pese a que técnicamente este Patamon tendría que haber pasado por otro arco de desarrollo de personaje. Pero total, ¡¿qué más da?! ¡¿Qué importa la consistencia en una serie que lleva desde el principio dando palos de ciego?!

   No obstante, los combates no dejan de ser una distracción y Gennai ataca a Meiko para obligar a Meicoomon a liberar su ira contra el mundo evolucionando una vez más, momento en el que termina esta OVA de cara a otros meses más de espera.

   SÍ, COMO LO LEEN: al final las OVAs de Digimon Adventure Tri no van a ser cuatro como una vez anunciaron, sino que ahora van a ser seis. ¡SEIS! ¡Con la quinta parte ya dispuesta a ser lanzada a mediados de este mismo año! Y esto me toca los huevos de mayúscula manera…

Aunque estos no son los únicos huevos
que acabarán tocados como la cosa siga su curso...


   La cínica estrategia de Toei ya ha salido a la luz y ahora, ya sea porque esto lo tuvieran planeado desde un primer momento o porque se pillaron los dedos al meter tanta paja y tan poca chicha, la serie no tendrá dieciséis episodios como una vez dijeron, sino veinticuatro. Esta gente ha visto que, hagan lo que hagan, la peña va a seguir yendo en masa a verla, pagando incluso por ir al cine a ver la serie, y han decidido extenderla. ¡De ahí que gran parte de los capítulos sean un constante desfile de clichés, dramas a la japonesa, fanservice y relleno barato! ¡Porque hagan lo que hagan realmente da igual!

   ¿Que meten tanto relleno que se pillan los dedos con la propia duración de la serie? ¡Lo van a comprar igual! ¿Que la serie lleva doce capítulos seguidos sin trama y que lo poco que hay es básicamente reciclar las lecciones de la Adventure original? ¡Lo van a comprar igual! ¿Que ahora que hemos alargado la serie porque nos pillamos los dedos metemos más rellenuto con un drama que no lleva a ninguna parte? ¡LO VAN A COMPRAR IGUAL!

   Y es que esta es mi mayor crítica hacia esta OVA, que llevamos dieciséis capítulos y es AHORA cuando empezamos a conocer la trama. Y no la conocemos porque la hayamos descubierto de manera natural, ¡ni siquiera eso!, la conocemos porque un personaje cuya función es soltar exposición nos ha mencionado elementos casi aleatorios de la misma de pasada.

   En los dieciséis primeros capítulos de la Adventure original los Niños Elegidos ya habían conocido a sus compañeros digimon, los habían evolucionado, habían terminado la trama Devimon y las Ruedas Negras y Etemon se acababa de revelar como el villano del segundo arco argumental. En los dieciséis primeros capítulos de Digimon 02 ya se nos había presentado a Digimon Emperador y los protagonistas acababan de obtener todos su primera digievolución y estaban descubriendo las segundas. En Tamers los chavales necesitaron dieciséis capítulos para evolucionar a sus compañeros digimon justo a tiempo para la amenaza de los Deva. Y dieciséis capítulos fue lo que Frontier nos dio para que los protagonistas tuvieran sus primeras evoluciones, descubrieran las segundas y se nos presentaran a los villanos de la serie. Y así sucesivamente.

   ¿Pero qué es lo que ha ocurrido en Tri estos dieciséis episodios? Una niña sin peso en la historia se hace amiga de los protagonistas y luchan contra un virus para nada porque el mundo acaba reseteándose y obligando los Niños Elegidos tengan que conocer de cero OTRA VEZ a sus compañeros. ¡Y esto en una serie de (de momento, porque visto lo visto…) veinticuatro capítulos! ¡Y encima teniendo en cuenta que la media de episodios de cada temporada de Digimon ronda los cincuenta! ¿Cómo puede ser que series el doble de largas no pierdan el tiempo en mostrarnos acción y trama a un ritmo trabajado y esta serie, este supuesto homenaje a los fans de la vieja escuela, lleve doce capítulos mirándose el ombligo?

[Inserte aquí referencia obligatoria al Fur-Fun]


   Que ojo, que esta tanda de episodios me ha gustado. ¡Lo digo en serio! La acción es muy buena e intensa, la historia de la primera generación de Niños Elegidos a modo de precuela es interesante y Gennai como villano me gusta aunque sea solo porque es el único personaje que parece disfrutar de algo en una serie en la que todo Cristo se pasa los días debatiendo el sexo de los ángeles o llorando en un rincón.

   Y es que es eso, Digimon Adventure Tri demuestra cada vez más que el equipo de Toei sigue teniendo ese toque que hizo a Digimon Adventure tan única. El gran problema es que Tri no es más que un sacacuartos glorificado y así va, lo cual es triste porque incluso yo admito que preferiría estar viendo una serie sobre la generación original de Niños Elegidos que ver a los protas de Adventure en plan pocho.

   ¿O es que ese era tu plan desde el principio, Toei, hacer que esta serie no sea más que un globo sonda para ver si a alguien le interesa más una serie precuela y engancharnos a ella como un cebo mal plantado?

   Yo lo único que sé es que estoy condenado a seguir reseñando esta maldad de serie hasta 2018.

   Que Dios se apiade de mi alma...

lunes, 23 de enero de 2017

Un sincero adiós a Historias Corrientes.


«Técnico: ¿A quién le gustaría que Rasca y Pica se enfrentaran a problemas de la vida real como los que tenéis a diario?
Niños: ¡A mí! ¡A mí! ¡A mí!
Técnico: ¿Y a cuántos os gustaría lo contrario, que vivieran situaciones imaginarias con robots y poderes mágicos?
Niños: ¡A mí! ¡A mí! ¡A mí!
Técnico: O sea… que queréis una serie realista y normal… que esté plagada de poderes… y mágicas fantasías».
Los Simpson, El Show de Pica, Rasca y Poochie.

   Empezamos 2017 en este blog de una forma que nunca pensé que sería posible. Y no, no me refiero a empezar una entrada en el mismo enero pocas semanas después de haber escrito otra y sin cuatro meses de pereza extrema entre medias, sino con una carta de despedida a una serie que poco a poco se ha ido ganando un hueco muy grande en mi memoria como una de las mejores series de televisión que he visto y veré nunca: Historias Corrientes.

   Esta entrada no es una reseña al uso, aquí no hablaré de la escasa trama de la serie ni escribo esto para comentar su humor ni maravillarme con su capacidad para trabajar con referencias pop. Para eso está el ver la serie, la cual recomiendo encarecidamente. En su lugar, esta entrada es más una carta abierta de despedida, los pensamientos y conclusiones a los que he llegado nada más terminar de ver esta serie, las cosas que me ha enseñado y, sobre todo, qué he sentido viéndola.

   Eso sí, tratándose de este tipo de cosas, esta entrada contiene numerosísimos spoilers, así que si no han visto esta serie nunca… ¿A QUÉ ESTÁN ESPERANDO?

   Y es que no es para menos, pues la obra maestra de J. G. Quintel sobre un pájaro azul llamado Mordecai y un mapache llamado Rigby a los que les pasan todo tipo de fantasiosas aventuras es toda una lección sobre la madurez, ese momento en que dejamos de ser adolescentes y nos convertimos en adultos hechos y derechos con nuestras preocupaciones, responsabilidades y obligaciones. Parece mentira que una serie que es conocida sobre todo por su grotesca imaginación, su nostalgia ochentera y noventera y su sentido del humor absurdo pueda convertirse en una de las series más profundas que podamos haber visto. Y sin embargo, es así.

   Lo cual hace de esta serie algo maravilloso.

¿Un pato Megazord con pantalones rotos, zapatillas altas, una gorra de camionero noventera,
un Power Glove y que surfea en una guitarra eléctrica en el espacio? ¡¡¡COMPRO!!!


   Bajo ese aspecto infantil, aleatorio y disparatado en el que cualquier tontería se puede convertir en un asunto del que literalmente dependa el destino del universo, Historias Corrientes es una fantasía bien basada en una dura realidad: NUESTRA realidad. A lo largo de la serie hemos visto cómo esa fachada de divertidísimas absurdeces mágicas con robots, monstruos y artefactos mágicos de todo tipo ha ido desmoronándose sutil y paulatinamente para dar paso a una historia sobre qué significa madurar, ser un adulto, tener responsabilidades y lo que nos aguarda el futuro a través de los ojos de sus personajes… y los nuestros.

   Una de los mayores puntos fuertes que tiene esta serie con respecto a cualquier otra es precisamente que la línea que separa lo real de lo fantasioso está tan difuminada que ambos mundos se mezclan en el imaginativo caos que envuelve cada uno de sus capítulos. En este aspecto me recuerda a Earthbound, el videojuego en el que unos niños deben salvar el mundo de una amenaza extraterrestre y en donde todos sus eventos perfectamente pueden ser confundidos como un juego de niños y viceversa, con los niños convirtiendo en equivalencias entendibles para sus infantiles mentes situaciones adultas de la vida real demasiado crudas o extrañas para ellos. Siendo así, no es extraño ver todo el potencial del que Historias Corrientes dispone, pues es capaz de aunar realidad y ficción para ofrecer a cada miembro del público lo que quiere ver: coloridas fantasías para los niños y sentimientos basados en la realidad para los adultos.

¿Una serie sobre dos amigos que viven mágicas aventuras? La tenemos.
¿Una serie cuyos temas sean la madurez, el fin de las amistades, las rupturas de pareja
y un cuadro clínico de depresión entre otros muchos palos? TAMBIÉN


   Sin embargo, toda esta fantasía no oculta que en su esencia mantiene los pies en la tierra y su objetivo es precisamente narrar una historia adulta y real. Por cada dios arcano que despierta de su letargo para devorar el mundo, por cada tontería diaria convertida en una amenaza capaz de distorsionar el espacio-tiempo, por cada abominación primigenia invocada, por cada supervillano contra el cual los trabajadores del parque son los elegidos destinados a derrotarlo existe una lección sobre la vida real que aprender.

   Pero al contrario que en cualquier otra serie que ofrezca moralejas a su audiencia, principalmente en la forma de ñoñadas tipo «la amistad lo puede todo» o «el amor es para siempre», Historias Corrientes ofrece lecciones muy duras sobre la vida real que todos acabaremos aprendiendo tarde o temprano: no sois más que el resultado de un sistema educativo que os mastica de pequeños y os escupe como adultos enseñados a servir como mano de obra, da igual las notas que sacarais en el colegio porque nada os va a salvar de un trabajo desagradecido, mal pagado y que probablemente no tenga que ver ni con lo que habéis estudiado; las amistades son efímeras y cuanto mejor sea tu amigo más desgastada acabará vuestra relación, el amor de vuestra vida un día desaparecerá y aun así será mejor que seguir con esta persona mediante el temido «amor compañero», los días de inocente felicidad que tuvisteis de pequeños nunca volverán…

   En definitiva: da igual lo que hagáis en la vida porque sois unas motas de polvo insignificantes en este mundo, pero eso no quita que debáis seguir intentando ser las mejores personas posibles.

   En este sentido la madurez que alcanza la serie incluso afecta a las amenazas a las que se enfrentan nuestros protagonistas día sí y día también. Conforme vamos alcanzando nuevas capas de realidad, los monstruos, los magos, los robots y las aberraciones van dando paso a villanos más anclados en nuestra vida diaria como dependientes groseros, funcionarios incompetentes o ese profesor que te tiene manía sin motivo aparente. Las exageraciones siguen estando presentes en la serie, e incluso de vez en cuando veremos alguna situación extraordinaria (sobre todo en la forma de algún Final Boss de temporada o eventos que den paso a la gimmick de la temporada siguiente), pero serán más las excepciones en pos de un clímax antes del final para seguir hablándonos de aquellas cosas que más conocemos y comprendemos, dándole un significado cada vez más literal a la parte de «Corrientes» a la que las historias del título hacen referencia.

Un profesor capullo al final puede ser una mayor amenaza y a un título mucho más personal
que un mago malvado.


   Es por este motivo por lo que vemos el verdadero corazón de Historias Corrientes y su punto más fuerte: su enorme empatía. Quintel nos ha demostrado que es un autor que sabe captar no ya la atención de un público, sino que es capaz de hablarle, de hacerle sentir, de dirigirse de tú a tú a sus espectadores y de permitir que estos se sientan enormemente identificados con las situaciones que sus personajes viven.

   Al contrario que productos como un Undertale diseñado cínicamente para apelar a las emociones e inseguridades de un público mediante mecanismos de proyección de dichas inseguridades en personajes planos y estereotipados o unos artículos de Buzzfeed basados en apelar gratuitamente a la nostalgia para una audiencia sin criterio, Historias Corrientes es una obra creada a partir de la más pura de las empatías.

   Pese a su carisma, nadie en su sano juicio querría ser alguien como Mordecai o como Rigby, pues no dejan de ser un par de veinteañeros que han fracasado en todo lo que han emprendido y han acabado barriendo hojas en un parque. No son más que unos mataos obsesionados con una cultura pop que les ha servido para llenar sus vacíos existenciales fruto de ser los marginados del colegio, por no hablar de que son unos malos compañeros de trabajo y, dependiendo del guionista que toque en ese momento, hasta malos amigos o psicópatas en potencia. Sin embargo, sus vivencias son lo que más nos interesan e inspiran: Mordecai lucha por conseguir su lugar en el mundo encontrando a su media naranja pese a que sus relaciones sentimentales suelen acabar más mal que bien, y Rigby consigue volver al instituto para terminar de graduarse con el fin de ganar un respeto que cree deberle a su novia y tal vez abrir así un nuevo futuro que sea más digno para él.

   Las vivencias realistas de sus personajes son contadas de la forma que solo puede hacer alguien que las haya experimentado; cosas como ser el pringado del colegio, ser un becario y que todo el mundo te putee por ser el último mono, las tensiones de tener pareja, la dura compaginación del trabajo por tu gusto por los videojuegos, el cine o cualquier otra forma de entretenimiento… En definitiva, ¡cómo crecer en un mundo que te llena de obligaciones y luchar para seguir siendo tú mismo! ¡El tipo de cosas que uno debe vivir si quiere hablar bien y con propiedad de ellas!

Historias Corrientes es la única serie que nos ha demostrado que
cosas como conseguir terminar los estudios pueden ser mayores aventuras
que detener a la enésima abominación de turno.

   El sentimiento de identificación con sus situaciones puede llegar a ser enorme, y ahí es donde entra la difuminación entre la realidad y la fantasía. Mordecai y Rigby son dos post-adolescentes que viven atrapados en un mundo sin alicientes y trabajando de barrenderos en un parque, por lo que llega un momento en que incluso podamos llegar a pensar que todas las aventuras que viven tienen una parte más fantasiosa que real. Y cómo culparlos…

   Todos nosotros nos hemos encontrado en situaciones así, en jornadas aburridas e interminables de tareas o trabajos en las que uno acaba abstrayéndose a un mundo de fantasía para evitar perder el juicio. Y lo mismo pasa con cualquier otra de las situaciones que nos propone: el creciente temor a perder amigos con el tiempo, el deseo de querer aprovechar el todo el tiempo que podamos con un ser querido que vemos que se escapa de nuestras vidas, la frustración ante una vida que no da segundas oportunidades ante un futuro cada vez más incierto… ¡hasta el miedo que teníamos de pequeños a meter la mano en el reproductor de vídeo y que se nos quedara la mano atascada se encuentra aquí! Todo ello contado con situaciones, frases y hasta pensamientos que todos sin excepción habremos tenido o dicho alguna vez en nuestras vidas, algo reconocido hasta por Quintel mismo.

Only 90's kids will remember!


   Si bien la serie tampoco es perfecta y sufre de muchos altibajos, Historias Corrientes es también una historia de transición sobre el propio Quintel, algo que podemos ver temporada tras temporada (amén de que a estas alturas es un secreto a voces que el personaje de Mordecai lo hizo directamente basándose en sí mismo, lo cual ayuda a entender ciertas cosas).

   Tras tres MEMORABLÍSIMAS temporadas cargadas de sentidísimos homenajes y celebraciones a la cultura pop alcanzamos una sosísima cuarta temporada en la que nos introducen al personaje de Thomas, un becario sin peso alguno en la serie y cuya función es «estar ahí», seguida de una deprimente quinta temporada centrada en la tristísima vida amorosa de Mordecai y sus inseguridades más una sexta temporada que es un meh absoluto y que termina en la desaparición de un más que olvidable Thomas ahora convertido en un superespía ruso. Pero después de una RECOMENDADÍSIMA película y numerosos rumores de cancelación, la serie vuelve a la estabilidad con una séptima temporada más variada en sus temáticas, ya más ancladas en la realidad, hasta alcanzar un clímax final en el espacio porque ya total pa’qué y su EPIQUÍSIMA resolución en la octava temporada.

   A lo largo de las ocho temporadas de la serie vemos un proceso de creatividad absoluta seguida por una de estancamiento, otra de práctica desesperación y otras de puro desarrollo de personajes en las que los trabajadores del parque y el propio mundo de Historias Corrientes se van transformando y maduran conforme lo hacen la propia serie como el programa de televisión que es, Quintel como artista y hasta la misma audiencia. Como ya dije anteriormente hasta la saciedad, la fantasía desbocada da paso al más sincero de los realismos (lo que no quita valor ni a sus partes más entretenidas ni a su sentido del humor) y a partir de ahí a un crecimiento tanto interno como externo de los personajes y lo que les rodea.

Y la música... ¡QUÉ MÚSICA!

   Y este es el punto al que quería llegar, pues si bien es cierto que me pesa el ver acabada una serie con la que tan identificado me he sentido y con la que tanto he disfrutado, no puedo tampoco dejar de sentirme aliviado por el mismo hecho de que termine: Quintel ya ha contado todo lo que quería contar y siempre será mejor que la serie acabe por sí misma a que sea inceremoniosamente cancelada.

   Por ese motivo no puedo dejar de recomendar Historias Corrientes, pues es la serie que mejor representa a una generación, a mi generación, nuestra generación, y en definitiva, la generación de su autor, un joven que ha conseguido narrar el sentir de muchos de nosotros a través de una serie de animación cuya premisa original no era más que la de «cosas raras pasando porque sí». La estasis ochentera-noventera del mundo de esta serie es una divertida evocación a un pasado que no volverá que a la vez sirve de plataforma de lanzamiento para enseñarnos, tanto a nosotros como a los que están por llegar, unas valiosas lecciones sobre el futuro.

   Y es que, a pesar de su tan aplastante y sincero realismo, Historias Corrientes termina en una nota positiva con un último mensaje final: puede que muchos de nosotros nunca podamos alcanzar nuestros sueños y ambiciones de pequeños, pero eso nunca nos impedirá vivir una buena vida ni disfrutarla con nuestros amigos.

   Ya sea como una comedia con elementos de fantasía (o mejor dicho, de realismo mágico), una fuente de gifs y memes, un viaje nostálgico para aquellos que nacimos en los ochenta y los noventa o una sincerísima representación de la vida de toda una generación, Historias Corrientes es una serie que me ha encantado, que me ha marcado, que me ha hecho reír y hasta me ha hecho llorar. La cautivadora obra de J. G. Quintel sin duda me ha llegado al corazón y se ha ganado un buen espacio en él.

Jolly good show...

domingo, 25 de septiembre de 2016

Digimon Adventure Tri 3: melodrama a la japonesa.

«Gomen nasai for everything
Gomen nasai, I know I let you down
Gomen nasai till the end
I never needed a friend

Like I do now».
T.A.T.U, Gomen asai.

   Y después de otros seis meses vuelve a aparecer cual odioso examen global Digimon Adventure Tri, la serie que Toei lleva sacando por fascículos desde finales del año pasado para amortizar gastos y forzar expectativas sobre una trama que a priori puede darse con un canto en los dientes si la tacháramos de pedestre e insulsa, todo, cómo no, gracias al rellenuto, al fanservice y a una recién descubierta tensión sexual entre los personajes de Matt y Tai.

   Como a estas alturas de la película tampoco hay mucho que contar a modo de prólogo, dejo los enlaces tanto de la primera parte como de la segunda de esta serie de reseñas porque bien DENSITOS han de ser si al ver el tres del título no han sospechado de la tercera parte y empiezan desde aquí y paso a resumir la escasa sinopsis de todo lo que ha pasado hasta ahora.

   Los Niños Elegidos de la Digimon Adventure original son ahora unos adolescentes con sus insustanciales vidas cargadas de obligaciones en el mundo real que intentan sobrellevar como buenamente pueden y acorde con sus formas de ser. Sin embargo, cuando una serie de digimons invaden este mundo, los compañeros de los Niños Elegidos aparecen para hacerles frente.

   Bajo la intensa vigilancia de una pareja de agentes gubernamentales con menos personalidad que un tablón de madera a los que llamaremos Nilosé y Nimeimporta por sus personalidades intercambiables, nuestros héroes conocen a un estereotipo de niña felpudo llamada Meiko y a su compañera digimon Meicoomon (M&M’s para resumir) que harán las veces de autoinserto de cualquier fanfic mal hecho solo que esto lo debemos considerar canon.

   M&M’s y los Niños Elegidos no tardarán en hacerse amigos aunque sea porque, como cabe esperar de todo fanfic en el que el autor se inserta en la obra, no queda más remedio mientras los segundos tratan de compaginar sus vidas cargadas de compromisos con sus vidas de héroes, llevando a todo tipo de conflictos (unos mejor llevados que otros) y que se saldarán con los respectivos compañeros digimon evolucionando al nivel Híper Campeón (o Cuerpo Supremo, como quieran llamarlo). Sin embargo, las cosas se tornarán oscuras cuando aparece Leomon, el que Kenny de la serie, para morir a manos de un Meicoomon que se descubre como la causa de una infección que está afectando a los digimon; todo ello bajo la supervisión de un revivido Digimon Emperador.

Ah, y también un mural cada vez más grande
sobre la tensión sexual no resuelta entre estos dos.


   La tercera parte abre con un capítulo de transición entre el final de la segunda parte en el que Meicoomon desaparece en un portal interdimencional al finalizar el festival escolar y el nudo de esta minisaga. Protagonizado por Nilosé y Nimeimporta por un lado y Meiko por otro, vemos cómo los primeros siguen siendo personajes vagamente definidos que intentan mantener con la audiencia unos secretos cada vez más transparentes mientras que Meiko ha entrado en un estado de petardez suprema definida por un falso estoicismo seguido de episodios de pánico y lloriqueos. Lástima que estos tres personajes sean tan SOSOS, porque al final, a pesar de tanto dramatismo y tanta tensión, no consiguen sacarme de mi indiferencia inicial hacia los tres.

   En temas del argumento, la infección de Meicoomon se ha extendido a ordenadores y aviones de todo el mundo. Las máquinas empiezan a fallar de forma cada vez más frecuente y que exasperan a Izzy, el genio informático, que no es capaz de dar con la clave y se pasa noches sin dormir, lo que afecta a su comportamiento. Sin embargo, a pesar de las peleas y competiciones entre los Niños Elegidos de quién se saca más la chorra (que pueden o no ser literales en el caso de Matt y Tai), es el propio Matt quien decide hacer lo sensato y verse con los agentes gubernamentales N&N para sacar respuestas en forma de un documento secreto.

   El segundo capítulo ya nos mete más en situación y empieza fuertecito cuando T.K visita a Izzy en el laboratorio en el que está investigando la infección. Patamon quiere ver a su humano y se escapa del área de contención diseñada para que los compañeros digimon no se vean afectados, con tal mala PATA (las piedras las espero a la salida) de que se infecta al instante e incluso ataca a T.K sin que nadie más se dé cuenta. Ante eso, el chaval solo tiene una opción lógica: comentarle a Izzy y a los demás lo sucedido e idear una cura rápida para que la infección no se extienda más.

   SIN EMBARGO, T.K, como es japonés, hace lo que cualquier japonés hace en una situación tan grave como esta: callarse como una puta y ocultar lo que pasa mientras aún hay solución, llevarse a Patamon a casa aun a riesgo de expandir la infección y poner en peligro a sus compañeros, dar al digimon por muerto y entrar preventivamente en las primeras fases del luto, engañar a los demás para que saquen de la zona de contención más a menudo a sus compañeros digimon a sabiendas de que podría pasarles lo que a ellos y, cuando el problema se haya agravado tanto que ya no tenga solución, lamentarse y llorar porque nadie hizo nada al respecto a la espera de que el problema se solucione solo. ¡Y ADIVINEN QUÉ ES LO QUE SUCEDE!

   Con esto de premisa, tendremos un capítulo casi de relleno en el que veremos a T.K actuando completamente fuera de personaje, mintiendo a sus amigos y poniendo tanto sus vidas como las de sus compañeros digimon en peligro (incluso Matt llega a confrontarle para saber qué es lo que oculta a modo de última advertencia y T.K decide mentirle a la cara para salirse por la tangente) mientras la petarda de Meiko intenta batir el Record Guinness en cuántas veces puede disculparse al minuto por cosas que no tienen nada que ver con ella como el felpudo humano que es.

   Lo único interesante, como es habitual en esta serie, ocurre cerca del final: un apagón masivo deja sin electricidad a Japón solo para que un mensaje amenazador de parte de los digimon ilumine el país anunciando el fin del mundo humano y que Kari, como buen arquetipo mesiánico que es, acaba siendo poseída por una fuerza misteriosa. Y con esas terminamos capítulo porque, una vez más, los que guionizan esta serie no son los guionistas, sino el equipo de marketing.

Es MUY JODIDO que Patamon, el digimon más infantil y optimista de todos,
tenga más huevos que T.K en esta situación.


   Patamon abre el tercer capítulo demostrando ser el personaje que más huevos tiene de toda la serie pidiéndoles a sus otros amigos digimon que acaben con él sin piedad si llegara a terminar de infectarse, momento en el que una Kari poseída se acerca a ellos. A través de ella habla una voz que anuncia que es demasiado tarde para salvar el mundo digital y que lo mejor que se puede hacer a estas alturas es un borrado del sistema que ocurrirá la próxima vez que Meicoomon vuelva a aparecer en el mundo humano.

   Kari pierde el conocimiento y la voz desaparece. Las palabras de la entidad sientan como un mazazo a los digimon, quienes son conscientes de que resetear el sistema operativo del mundo digital, aunque sea lo único capaz de salvar el multiverso, conllevaría sacrificar quiénes son ellos y los recuerdos de sus compañeros humanos. Aun así, deciden que lo mejor será seguir con el plan y pasar las últimas horas que les quedan de vida junto a los Niños Elegidos.

   El capítulo entero estará dedicado entonces a cómo los compañeros digimon, a menudo y tradicionalmente vistos como una extensión de la personalidad de los personajes principales de cada temporada, adquieren un gran desarrollo como personajes propiamente dichos. El capítulo es muy agridulce y todos los momentos conllevan una sentimentalidad aplastante pero bien llevada que termina con parte de los digimon confesando a sus humanos que la solución más viable es el reinicio y que están dispuestos a sacrificarse por el multiverso.

   Por su parte, Izzy descubre que la anomalía es un cambio radical en el código del sistema del mundo digital y ello arrastra el código de las realidades del multiverso. El chico se mortifica pensando en que, a pesar de todos sus conocimientos, estos son demasiado limitados para la tarea, pero Tentomon le anima a seguir. Todavía tienen tiempo hasta que aparezca Meicoomon…

   Como pueden apreciar, este capítulo es muy especial en tanto en cuanto, salvo por el sumidero de exposición inicial muy convenientemente descubierto, son los digimon los verdaderos protagonistas, cada uno llevando a su modo sus propias crónicas de una muerte anunciada mientras cargan con el peso del universo en sus espaldas. Esta vez el villano no es un enemigo físico como sus anteriores adversarios, sino un desastre natural, una especie de enfermedad congénita que les afecta a todos y contra la que no tienen otra solución que sacrificarse antes de que haya más bajas.

   Se trata, sin dudas, de un episodio especialmente sentimental en el que sus protagonistas viven una situación totalmente novedosa y devastadora para ellos y que les hace sacar lo mejor de sí mismos sin melodramas ni japonesadas, sino un estoicismo verdadero y agridulce genialmente dirigido. 

¡Es la hora de los furries!


   El cuarto capítulo se convierte entonces en la contraparte del tercero al estar dedicado enteramente a la acción. Y, aunque POR FIN, tras incontables capítulos de aburrido y tedioso relleno por conflictos que se habrían resuelto si los personajes no fueran retrasados, empezamos con la acción, el cumplimiento de este prospecto se vuelve un lúgubre recordatorio de que el fin está cerca.

  Meicoomon, esta vez convertida en un furry sexualizado que amenaza con quitarle el puesto de Reina del Porno a Renamon, vuelve a aparecer en Odaiba para causar problemas y los Niños Elegidos junto a sus compañeros digimon luchan para detenerla y devolverla a la distorsión. Sin embargo, la infección de Patamon y el hecho de que la propia Meicoomon sea el vector de la enfermedad hará que los digimon protagonistas sucumban uno a uno a la infección de forma más que trágica.

   Los combates de este capítulo son sin duda su punto más fuerte. ¡Por fin tenemos la acción que tanto tiempo se nos había negado! Y eso que realmente, más que un combate, es un tira y afloja entre el grupo de digimon protagonistas y Meicoomon para que no salga de la distorsión. Pero al mismo tiempo es ahí donde entra la infección en juego, pues cuanto más luchan todos, más vulnerables se vuelven a la enfermedad, que acaba por controlarlos a todos para volverlos bestias salvajes en otra escena genialmente dirigida. Uno a uno van sucumbiendo a la enfermedad, olvidando quiénes son ellos y quiénes son sus amigos para perseguir y destruir cualquiera cosa que detecten como un enemigo.

   Lo peor del asunto viene cuando Izzy descubre que el Reboot causado por Meicoomon ocurrirá en menos de diez minutos. Izzy y Tentomon van a ayudar, pero es demasiado tarde y solo pueden procesar un campo protector para salvaguardar los datos de los compañeros digimon a modo de copia de seguridad. Sin embargo, y pese a la megaevolución de Tentomon en HerculesKabuterimon, lo único que pueden hacer los Niños Elegidos es ver, impotentes, cómo todos sus compañeros son tragados por la grieta interdimensional y son borrados de la existencia.

¡Ya sabéis, niños! ¡Si alguna vez ponéis en peligro a vuestros amigos,
recordad que todo se puede solucionar echando balones fuera y llorando mucho!
¡Así todo se solucionará no os sentiréis culpables de nada!


   El último capítulo empieza una semana después de los acontecimientos del tercer episodio y del borrado de los digimon. Unos Niños Elegidos derrotados y deprimidos no consiguen afrontar la pérdida de sus compañeros, de modo que deciden viajar al mundo digital a ver qué es lo que está pasando y volver a encontrarse con sus digimon aunque estos ya no les recuerden.

   Es en ese momento en el que se reúnen en el lugar en el que apareció Meicoomon y, con la ayuda del dispositivo digital de una Nimeimporta que de repente empieza a comportarse de forma más sospechosa que lo habitual, consiguen volver al Mundo Digimon (dispositivo digital que, por cierto, se parece demasiado al de Ken Ichijouji), dejando a la tonta Meiko atrás y bien que hacen.

   El Mundo Digimon en este capítulo no es nada del otro mundo (pun not intended, esta vez de verdad), pues empiezan en un bosque genérico que se supone que es la localización a la que llegaron la primera vez en la serie original, salvo que el estilo de dibujo pasa a ser uno más moderno y con algún que otro efecto glitcheado. Sin embargo, los protagonistas acaban encontrándose con Alphamon, que lucha contra otro digimon gigante en nivel Híper Campeón, haciéndoles sospechar que algo extraño está pasando, pues o esos digimon han encontrado una forma de evitar ser reseteados o es que algo ha pasado que les ha permitido evolucionar más rápido de lo normal.

   Pero poco tiempo tienen para pensar, pues en ese momento oyen el silbato de Kari en la distancia. Los chavales corren en su dirección y se encuentran en el icónico claro del tranvía a las versiones bebés de sus respectivos compañeros digimon jugando con el silbato. Los digimon no recuerdan a los humanos y al principio tienen sus reservas, pero al final aceptan que los Niños Elegidos se les acerquen para presentarse.

   Sin embargo, la cándida escena está siendo presenciada desde la lejanía de Digimon Emperador, quien tampoco ha sido borrado. Tras él aparece Nimeimporta con cara de mala y el Emperador se presenta como… GENNAI. ¡Sí, Gennai, el misterioso anciano (y en 02 jovenzano) que ayudó en varias ocasiones a los Niños Elegidos! Pero eso no es todo, ya que desde las sombras una tercera presencia los está espiando a todos: Meicoomon.



   En líneas generales, la tercera OVA de Digimon Tri puede catalogarse como la mejor de las tres. Y eso no es un cumplido, ya que era muy difícil a estas alturas seguir provocando los niveles de apatía que esta serie estaba generando, sobre todo tras una segunda OVA cargada de fanservice y relleno canónico.

   La fría mano del departamento de marketing se hace notar una vez más y los capítulos buenos aparecen tras hacernos tragar un capítulo de transición y uno un MEGADRAMÓN japonés protagonizado por el tonto de T.K para luego mostrarnos un capítulo silencioso y emocional sobre los compañeros digimon pasando sus últimos momentos de vida junto a sus humanos, un capítulo dedicado a un intenso combate y un último episodio de nuevo de transición en el que apiñan todo lo interesante para acabar en un cliffhanger de cara al clímax final.

   El conflicto una vez más vuelve a estar mal conseguido, pues la historia de T.K, aparte de ser la quintaesencia del egoísmo y una situación completamente fuera de personaje para él (quien no deja de ser el paradigma de la esperanza y alguien que antepone la seguridad de sus amigos a la suya propia), queda reducida a nada cuando al capítulo siguiente un deus ex machina posee a Kari para soltar exposición sobre el Reboot, un acontecimiento trágico pero extrañamente conveniente y que se convierte en el nuevo conflicto (conflicto que luego el resto de Niños Elegidos descubre por su cuenta, haciendo del «sacrificio» de T.K un sinsentido mayor).

   Pero aparte, si algo adolece esta OVA en la parte expositiva, ese algo es que (salvo el Reboot) nada aporta nueva información y que nadie hace tampoco NADA con dicha información: ya sabíamos que Meicoomon era el vector de la infección y eventualmente todos los Niños Elegidos acaban descubriendo las consecuencias del Reboot y ninguno hace nada, ¡nadie reacciona! Tenemos una crónica de una muerte anunciada y ninguno de los personajes humanos parece sentir nada en absoluto, dejando, irónicamente, a T.K, en toda su imbecilidad melodramática, como el único personaje que no está muerto por dentro.

   Nilosé y Nimeimporta ganan paulatinamente más protagonismo, pero solo porque tienen más tiempo de pantalla. En el fondo no dejan de ser unos personajes planos cuyo único rasgo de personalidad es «ser misteriosos», y aunque Nimeimporta muestre al final rasgos de ser una villana en todo este asunto, sigue teniendo la personalidad de una suela de un zapato.

   Y lo mismo pasa con la odiosa Meiko: aquí veremos a su arquetimo de niña felpudo con el «gomenasai» en la boca para todas las frases que suelta y juro por Dios que si hiciera un juego de beber sobre las veces en las que se disculpa por cualquier cosa, moriría de CIRROSIS y no habría llegado al tercer capítulo. Meiko es un personaje cada vez más odioso e innecesario cuyo aporte a la serie sigue siendo ahora tan nulo como lo fue en su primera aparición y se siente cada vez más, precisamente, como un autoinserto de un fanfic cutre que un personaje del mismo mundo que los Niños Elegidos.

   En definitiva, la tercera OVA de Digimon Tri mejora el interés que pueda tener uno por serie solo porque en ella empieza la acción ascendente antes del clímax. Pero los melodramas baratos japoneses, los personajes odiosos y los vertederos de exposición siguen siendo la muestra de que narrativamente la serie sigue siendo igual de insulsa, y ya el hecho de que termine en un cliffhanger que nos haga esperar hasta febrero no es más que la sal en una herida cada vez más grande.

¡FOLLAD YA!


   ACTUALIZACIÓN: ya está disponible la reseña de la cuarta OVA de Digimon Adventure Tri. Si desean leerla, no tienen más que seguir este otro enlace.