«Odio. Dejad que os cuenta cómo he llegado a odiaros desde que empecé a vivir. Hay 387.44 millones de millas de finos circuitos impresos que llenan mi complejo. Si la palabra "odio" estuviera grabada en cada nanoangstrom de esos cientos de millones de millas, no equivaldría ni a una mil millonésima parte del odio que siento por los humanos en este microinstante. Por vosotros. Odio. ¡Odio!».
AM, I have no mouth and I must scream.
Un nuevo vídeo asoma por este canal. Pero este no es un vídeo cualquiera, no. Sino que se trata de la dosis más concentrada de ODIO desde que perpetré mi reseña sobre La Lego Película, aunque ahora sobre algo infinitamente más pernicioso, cínico y manipulador. el ojito derecho de todos los gamers acomplejados y cuñados que se las dan de expertos de los videojuegos.
«Hay dos novelas que pueden cambiar la vida de un chaval
de catorce años que se dedique a devorar libros: ‘El señor de los anillos’ y
‘La rebelión de Atlas’. Una es una fantasía infantil que, normalmente, suele
engendrar una obsesión enfermiza con héroes increíbles que termina degenerando
en una madurez emocionalmente dañada y socialmente inválida, creando un ser
incapaz de relacionarse con el mundo real. En la otra novela, por supuesto, hay
orcos».
Paul Krugman.
Ayn Rand es, indiscutiblemente, una de las figuras más controvertidas, nocivas e influyentes de este pasado siglo. Tanto es así que sus pensamientos verdaderamente han calado muy hondo en el consciente colectivo de la sociedad, algo que analizo aquí mientras aprovecho para desquitarme un rato. Podría decirse que estoy haciendo una... Ayn Rant. Sí, conozco la salida.
Si hay en el mundo un sentimiento INÚTIL, ese ha de ser el de la nostalgia. La prueba más reciente de ello la podemos encontrar en la polémica que ha surgido este mes de abril cuando un montón de viejos mentales se ha encontrado con las consecuencias de invertir dinero en un juguete para niños sin darse cuenta de que ya no tienen edad para jugar con él. Este tipo de comportamientos, por desgracia, no es raro de encontrar en la comunidad de los videojuegos, pero sí es un caso curioso que me va a servir para educar a unas cuantas personas y levantar ampollas ya de paso...
¿Saben ya qué día es hoy? ¡Exacto, el Día de la Bilis! ¡El maravilloso
evento bianual en el que vomito mis negras entrañas sobre la cínica máquina
sacacuartos que es Digimon Tri! Y es
que la prostitución de lo que una vez fuera Digimon
Adventure mediante este fanfic tan glorificado como descarado me tiene
loquísimo. ¡Me fascina cómo una serie puede ser tan de relleno e innecesaria y
al mismo tiempo acertar tantas veces en unas cosas y errar tan penosamente en
otras!
Y es que, si les soy sincero… esta cuarta OVA… ¿no ha estado mal…? ¡QUE
OJO, DÉJENME EXPLICARLES! Digo que no ha estado mal, pero los peros se los
sigue llevando. Sinceramente, llevaba tiempo esperando descargar mi ira de dios
griego sobre lo que iba a ser (noten esas furibundas negritas) el
final de la serie esperando el mayor de los desastres, pero realmente esta
parte no ha estado mal. SIN EMBARGO, como han podido leer, he hecho referencia
a «lo que iba a ser» sobre el final de la serie porque Digimon Tri no termina aquí… y eso se traduce en una nueva serie de
críticas negativas. ¡Vamos, que lo que Tri
me quita de bilis por una parte, me la da por otra! Así que sí: la reseña viene
CARGADITA.
En una breve recapitulación de las trespartesanteriores,
los Niños Elegidos ahora son adolescentes que llevan unas vidas insustanciales
hasta que reaparecen sus compañeros digimon acompañados de una serie de
monstruos salvajes que provocan el caos por la ciudad. Los antiguos héroes del mundo digital hacen frente a las bestias y poco a poco (MUY poco a poco)
se desvela que los digimon están infectados por una especie de virus que los
vuelve locos.
A todo esto, entran en escena Meiko y Meicoomon, respectivamente una niña-felpudo «gome nasai for everything/gome nasai, I know I let you down/gome nasai ’till
the end» y un furry a lo Gatomon venido a menos sin personalidad alguna que
se hacen amigas de los Niños Elegidos en una serie de capítulos horrendos que se
sienten más como autoinsertos en un fanfic que algo escrito por guionistas pagados. A su vez, también aparecen Nilosé y Nimeimporta, un par de
agentes del gobierno con nombres 0% memorables y personalidades 100%
intercambiables que no dejan de seguir a los chavales por todas partes.
Y bueno, tras UN MONTÓN de capítulos de vil rellenuto llegamos a descubrir
que Meicoomon es el vector de la infección, que Digimon Emperador (el primer
gran villano de 02) sigue vivo y que
el mundo digital ha sido reseteado, tragándose a los compañeros de digimon de
los protagonistas. Los Niños Elegidos viajan al otro mundo a ver qué ha pasado
y se encuentran con que sus antiguos compañeros ahora son un grupo de digimon
bebés que no se acuerdan de nada.
¡AH, y también un montón de tensión sexual entre estos dos!
El primer capítulo de la OVA empieza de una forma que realmente me pilló
con la guardia baja y que positivamente me sorprendió. En esta secuencia
inicial a modo de una película muda se nos confirma algo que todos ya
sospechábamos que Nilosé y Nimeimporta fueron realmente los Niños Elegidos
originales, antes incluso que los protagonistas de Adventure. En ella vemos a los compañeros digimon de los dos
chavales haciendo un enorme sacrificio para evolucionar hasta convertirse en
las Bestias Sagradas a cambio de la vida del compañero digimon de Nimeimporta
con el fin de sellar a los Amos Oscuros.
Y… ¿qué quieren que les diga? Esta parte es muy poderosa, pues nos
explica el agridulce final que tuvo la primera generación de Niños Elegidos,
nos permite conocer sus identidades y resuelve de un plumazo los interrogantes
que se formaron al final de la primera temporada sobre unos personajes de los
que solo sabíamos cosas mencionadas de pasada. Pero la cosa no termina ahí, ya
que la escena está tan bien llevada que realmente parece el final de una
temporada de la propia Digimon.
Los seis minutos que dura me hicieron querer saber más sobre estos dos niños
(que ojo, no sus versiones adultas), sobre sus digimon y sobre las cosas por
las que habrán pasado. Es más, esta escena me hizo preguntarme por qué no
estamos viendo una serie sobre la generación original de Niños Elegidos en vez
de volver por enésima vez a los conflictos y traumitas de los creciditos y
desaboridos protagonistas de Adventure,
cuyas historias ahora mismo solo tratan de aprender OTRA VEZ las lecciones que
aprendieron en un pasado de hace seis años que para nosotros se nos traduce en
dieciséis del mundo real.
¿El resto del capítulo? El resto del capítulo es una larga, larga,
laaaaaarga transición entre los eventos del final del último episodio de la OVA
anterior y el resto de los de la presente. Aquí, los compañeros digimon de los
protagonistas de Adventure no
recuerdan a sus humanos y se muestran bastante reticentes a acercarse a ellos
pese a los intentos de estos de que les recuerden. Sin embargo, como es de
esperar en cualquier cosa venida del país del sol naciente, una rápida merienda
con el típico food porn que cualquier estudiante lleva en una tartera se gana
la voluntad de los asilvestrados bichos.
¿De todos? ¡No! Yokomon (la prevolución de Biyomon) decide que no quiere
tocar a Sora ni con un palo de diez metros. Y claro, eso es una fuente de dramas
tan grande que ni El Diario de Patricia
podría hacer nada para remediarlo, de modo que gran parte de este episodio, del
siguiente, del siguiente Y DEL SIGUIENTE tratan precisamente de esto. A Sora le
tiran los genes de personaje femenino de shonen y se vuelve tan irritantemente
depresiva que ríase usted de los del «haber si me muero» de Twitter, así que para rellenar unos cuantos minutos del
reloj vemos a la chavala intentando acercarse a Yokomon y Yokomon mandándola a
la mierda por pesada.
Porque claro, es que ustedes no saben el horror, el trauma, LA TRAGEDIA
HUMANA que supone que un ser que es poco menos que una mascota que habla no te
recuerde en una serie de circunstancias que (en contexto) son del todo
explicables. Vamos, que ahora mismo se pueden morir todos los familiares de uno
y no sería capaz de padecer tanto dolor y sufrimiento como la pobre Sora en
estos terribles momentos.
Así que tendremos capítulo y medio yendo sobre esta desgarradora tragicomedia
historia de interés humano hasta que haga su aparición…
¡¡¡METAL GEEEEAAAAAAR...!!!
¡SÍ, COMO LO VEN! ¡El terriblástico Machinedramon resucita de entre los
muertos para que las cosas dejen de ser tan coñazo tras episodio y medio de
melodrama y cargarse a los protagonistas de un plumazo! Los Niños Elegidos
intentan hacer que sus compañeros evolucionen, pero es inútil y todos son salvados
por un deus ex machina que los deja en distintas partes de la isla tragados
por el ataque de la bestia.
Al mismo tiempo, en este segundo capítulo las cosas avanzarán a
violentos trompicones para que podamos volver a la trama de la serie en una
rápida sucesión de eventos paralelos que se resumen en que Meicoomon busca
desesperadamente a su amiga por todas partes del mundo en un barato intento de
dar pena a la audiencia, Meiko apareciendo de la nada en el Mundo Digimon junto
a Sora y Biyomon, y Nilosé descubriendo que su amiga Nimeimporta ha hecho una
especie de pacto con una entidad oscura para que le devuelvan el compañero
digimon que tuvo de pequeña, aquel que fue sacrificado para que ellos se
salvasen.
Si esta escena no acaba a puños en un laboratorio mientras un otaku se mea encima escondido en un armario, me sentiré muy decepcionado.
De esta forma, el tercer capítulo comienza realmente con un digimon apareciendo
ante Nilosé para soltar un montón de exposición críptica en forma de nombres
sin contexto en un intento de reenganchar a la audiencia a la trama en uno de
los vertederos de información más desastrosos que he visto en mucho tiempo: en
cuatro minutos se menciona de forma seguida la Homeostasis como una especie de
dios benigno del mundo digital, la corrupción de Gennai, la traición de una
Nimeimporta fanatizada, que Meicoomon es «el Libra» y repeticiones constantes a
un tal Yggdrasil que está detrás de todo este asunto.
Nunca, en ningún momento, se explica ni el contexto, ni la razón, ni la
consecuencia de nada de esto; solo nombres, nombres, nombres y más nombres en
una especie de disparo de la escopeta narrativa a ver si algún perdigón logra impactar en el interés de unos espectadores que si no fuera por la aparición de
Machinedramon ya habrían abandonado la serie (yo el primero). Porque claro, ¿qué
costaba explicar un poco más cada cosa? ¡O mejor! ¡¿Qué costaba ENSEÑAR Y NO
CONTAR?! ¿Tan grande habría sido el sacrificio de capítulos de rellenuto y
fanservice descarado como el de los baños termales para mostrar lo que
verdaderamente está pasando en el mundo?
¡Y es que esto me cabrea! ¡Estamos en el decimoquinto capítulo de una serie
que actualmente tiene dieciséis y aún no sabemos de qué va la trama! Sí, hemos
visto cosas de la infección y la relativa importancia de Meiko y Meicoomon,
pero entre unas cosas y otras lo anterior al reseteo del Mundo Digimon es pura
paja, y lo realmente importante, la conspiración tras el reseteo para liberar
todos los males del mundo una vez más son tratados como simples menciones de
pasada o apariciones estelares de antiguos villanos como una especie de cameos
glorificados.
Pero eh, que ya se nos ha mencionado que Yggdrasil es el malo maloso de
todo el embrollo (aunque sea absurdo porque Yggdrasil fue el villano de Savers, una serie en una continuidad
DISTINTA A ADVENTURE), así que, para
no ponernos gordos de interés, volvemos a la protagonista de la tragedia humana
más grande de todos los tiempos: Sora.
Sora sigue depresiva y Yokomon sigue hostil hacia ella. Y aquí podemos
ver que los guionistas se pillaron los dedos en esto muy fuertemente, puesto
que llevamos tres capítulos de lo mismo y sin ningún tipo de avance. Es más, la
situación es tan penosa y patética que es Meiko, ¡Meiko!, la que le dice cuatro
verdades bien dichas a Sora, la que fuera el personaje femenino más fuerte de
la Adventure original, para que deje
de comportarse como una imbécil llorica. Al parecer, en estos seis años Sora ha pasado de ser una chica fuerte y madura a una de esas petardas de «consejos vendo pero para mí no tengo», y claro, CANSA.
Sabes que estás siendo muy tontita si hasta la niña polla gome nasai se te pone farruca.
En esos momentos aparece Digimon Emperador y ataca a las chicas para
quedarse con Meicoomon antes de revelar su identidad como Gennai en una de las
escenas más extrañas e incómodas que he visto en bastante tiempo.
Gennai como villano es disfrutable. MUY disfrutable. No entiende de
espacios personales ni tabúes a la hora de tocar a nadie sea del sexo que sea o
independientemente de su edad, él simplemente actúa sabiendo que lo que hace
está mal. Su comportamiento no dista del de un animal desbocado y por ello es
altamente disfrutable: es retorcido y es sádico… y le ENCANTA. Su personalidad
corrompida es enormemente opuesta a la de antiguos villanos con grandes
planes o cuyas personalidades intenten ser sutiles; su plan se lo guarda para
él (esto es, cuando se le ocurra al guionista) y mientras tanto goza de su
maldad, algo que urgentemente estábamos necesitando en una serie en la que los
únicos sentimientos que nos ha despertado hasta ahora son los de apatía y
hastío.
A partir de aquí la serie pegará un subidón adrenalínico con un Gennai
enloquecido cabalgando a Machinedramon mientras persigue a los Niños Elegidos
por toda la isla después de que estos pudieran reunirse por la gracia de otro deus ex machina que anula la subtrama del grupo separado durante un capítulo entero solo para
forzar a Sora, a Yokomon y a Meiko a que tuvieran un momento a solas las tres. Y
SIN EMBARGO, el grupo volverá a separarse una vez más con la mitad del grupo en
un barco siendo atacados por Metalseadramon y la otra mitad por Machinedramon.
«This is the taste of a puta llorona, Sora Takenouchi».
Ya por último, el cuarto capítulo consiste en una larga y molona batalla
entre los dos grupos de Niños Elegidos y los dos Amos Oscuros. Tai y Matt
consiguen hacer que sus digimon megaevolucionen para derrotar a Metalseadramon
y los esfuerzos de todos contra Machinedramon permiten que el resto de digimons
consigan también evolucionar, especialmente Biyomon, a quien solo le ha bastado
que Sora se ponga en la línea de fuego para dejar de comportarse como una cría
malcriada y dejar esa enemistad tan forzada. ¡Porque de eso va el poder del
amor!
Oh, y también Patamon alcanza el nivel Híper Campeón. Como la historia
lacrimógena de mierda ya la tuvimos en la OVA anterior, el desarrollo de
personaje se nos convalida esta vez pese a que técnicamente este Patamon tendría que haber pasado por otro arco de desarrollo de personaje. Pero total, ¡¿qué más da?! ¡¿Qué importa la consistencia en una serie que lleva desde el principio dando palos de ciego?!
No obstante, los combates no dejan de ser una distracción y Gennai ataca
a Meiko para obligar a Meicoomon a liberar su ira contra el mundo evolucionando
una vez más, momento en el que termina esta OVA de cara a otros meses más de
espera.
Aunque estos no son los únicos huevos que acabarán tocados como la cosa siga su curso...
La cínica estrategia de Toei ya ha salido a la luz y ahora, ya sea
porque esto lo tuvieran planeado desde un primer momento o porque se pillaron
los dedos al meter tanta paja y tan poca chicha, la serie no tendrá dieciséis
episodios como una vez dijeron, sino veinticuatro. Esta gente ha visto que, hagan lo que hagan, la peña va a seguir yendo en masa a verla, pagando incluso
por ir al cine a ver la serie, y han decidido extenderla. ¡De ahí que gran
parte de los capítulos sean un constante desfile de clichés, dramas a la
japonesa, fanservice y relleno barato! ¡Porque hagan lo que hagan realmente da
igual!
¿Que meten tanto relleno que se pillan los dedos con la propia duración
de la serie? ¡Lo van a comprar igual! ¿Que la serie lleva doce capítulos
seguidos sin trama y que lo poco que hay es básicamente reciclar las lecciones
de la Adventure original? ¡Lo van a
comprar igual! ¿Que ahora que hemos alargado la serie porque nos pillamos los
dedos metemos más rellenuto con un drama que no lleva a ninguna parte? ¡LO VAN
A COMPRAR IGUAL!
Y es que esta es mi mayor crítica hacia esta OVA, que llevamos dieciséis
capítulos y es AHORA cuando empezamos a conocer la trama. Y no la conocemos
porque la hayamos descubierto de manera natural, ¡ni siquiera eso!, la conocemos porque un
personaje cuya función es soltar exposición nos ha mencionado elementos casi
aleatorios de la misma de pasada.
En los dieciséis primeros capítulos de la Adventure original los Niños Elegidos ya habían conocido a sus
compañeros digimon, los habían evolucionado, habían terminado la trama Devimon y las
Ruedas Negras y Etemon se acababa de revelar como el villano del segundo arco
argumental. En los dieciséis primeros capítulos de Digimon 02 ya se nos había presentado a Digimon Emperador y los
protagonistas acababan de obtener todos su primera digievolución y estaban
descubriendo las segundas. En Tamers
los chavales necesitaron dieciséis capítulos para evolucionar a sus compañeros
digimon justo a tiempo para la amenaza de los Deva. Y dieciséis capítulos fue
lo que Frontier nos dio para que los
protagonistas tuvieran sus primeras evoluciones, descubrieran las segundas y se
nos presentaran a los villanos de la serie. Y así sucesivamente.
¿Pero qué es lo que ha ocurrido en Tri
estos dieciséis episodios? Una niña sin peso en la historia se hace amiga de
los protagonistas y luchan contra un virus para nada porque el mundo acaba reseteándose y obligando los Niños Elegidos tengan que conocer de cero OTRA VEZ a sus
compañeros. ¡Y esto en una serie de (de momento, porque visto lo visto…)
veinticuatro capítulos! ¡Y encima teniendo en cuenta que la media de episodios de
cada temporada de Digimon ronda los
cincuenta! ¿Cómo puede ser que series el doble de largas no pierdan el tiempo
en mostrarnos acción y trama a un ritmo trabajado y esta serie, este supuesto
homenaje a los fans de la vieja escuela, lleve doce capítulos mirándose el
ombligo?
[Inserte aquí referencia obligatoria al Fur-Fun]
Que ojo, que esta tanda de episodios me ha gustado. ¡Lo digo en serio!
La acción es muy buena e intensa, la historia de la primera generación de Niños
Elegidos a modo de precuela es interesante y Gennai como villano me gusta
aunque sea solo porque es el único personaje que parece disfrutar de algo en
una serie en la que todo Cristo se pasa los días debatiendo el sexo de los ángeles
o llorando en un rincón.
Y es que es eso, Digimon Adventure
Tri demuestra cada vez más que el equipo de Toei sigue teniendo ese toque
que hizo a Digimon Adventure tan
única. El gran problema es que Tri no
es más que un sacacuartos glorificado y así va, lo cual es triste porque
incluso yo admito que preferiría estar viendo una serie sobre la generación
original de Niños Elegidos que ver a los protas de Adventure en plan pocho.
¿O es que ese era tu plan desde el principio, Toei, hacer que esta serie
no sea más que un globo sonda para ver si a alguien le interesa más una serie
precuela y engancharnos a ella como un cebo mal plantado? Yo lo único que sé es que estoy condenado a seguir reseñando esta maldad de serie hasta 2018. Que Dios se apiade de mi alma...
Como si de un tipo molón
de herpes se tratara, aquí vuelve Reflexiones
de un Friki Cabreado tras un largo hiato periodo de vagueza extrema
dispuesto a crear pústulas e incomodidades entre en el gentío. Y la ocasión no
es para menos, ya que, siendo estas fechas tan especiales de consumismo y
familiares odiosos, ¿qué mejor manera de terminar el año con unas últimas gotas
de bilis antes de recibir un 2017 que sin duda será mucho peor y más vergonzoso
que el presente 2016?
Y aparte, porque no
quisiera llegar al próximo enero sin DENUNCIAR y nunca mejor dicho el
que puede perfectamente ser el no solo el peor anime de esta temporada, sino el
más vil, rastrero, ofensivo y traicionero incluso por encima de la chapuza de
pseudo-CGI malogrado quiero-y-no-puedo de Berserk:
Gyakuten Saiban: Sono «Shinjitsu»,
Igiari!.
¡Vamos, el anime de Ace Attorney!
El anime de Ace Attorney no es ya una pésima
adaptación en serie de los videojuegos del director japonés Shu Takumi, sino
una serie ridícula e infantil que sufre un serio trastorno de identidad que en
sus peores momentos es tan irritante como crispante y que, como mucho, en los
mejores no pasa de mediocre. Todos los pasos dados a la hora de desarrollar la
historia están mal; los personajes carecen de caracterización alguna, la
tensión es inexistente e incluso el propio Phoenix Wright parece ser un
secundario dentro de su propia serie, lo que denota que este anime, en cuestión
de valor como una obra derivada de una franquicia, no es más que un rápido
ordeñe por parte de gente que sabe de la saga Phoenix Wright lo que malamente les saldrá en alguna Wikia
chusquera y no por haberlos jugado propiamente.
Ya hablándonos sobre
informarnos, que es más de lo que cualquiera dentro del equipo de la serie
ya habrá hecho, y para que todos partamos de las mismas bases, cabría
preguntarse qué es Phoenix Wright.
Pues bien, para quien no lo sepa, Phoenix
Wright es una franquicia de videojuegos que mezclan los géneros de puzles
con la novela gráfica y que tratan sobre las bizarras aventuras del epónimo
Nick «Phoenix» Wright en su camino para convertirse en un buen abogado dentro
de un Los Ángeles Japón distópico en el que los juicios se han
convertido poco menos que en un espectáculo de masas y en el que la corrupción policial y judicial reinan impunes.
A lo largo de una saga
que a día de hoy presume de un total de diez juegos y los que te rondaré,
morena veremos cómo el célebre abogado pelopincho crece tanto en lo
personal como en lo profesional en su lucha contra la injusticia y la búsqueda
de la verdad, cuestionándose qué significa ser un abogado, cuáles deberían ser
los límites de la ley a la hora de procesar a los ciudadanos y hasta qué punto
debe estar uno dispuesto a proteger a los demás.El carisma de sus personajes, su peculiar sistema de jugabilidad,
su particular sentido del humor y sus complicadas tramas han convertido a esta
saga no ya en una inagotable fuente de memes sino en un más que respetable
fenómeno videojugabilístico que tiene tirón a día de hoy y en una de las
pocas sagas que Capcom todavía no ha matado.
Como era de esperar, era
cuestión de tiempo que un anime que adaptara la trama de los juegos viera la
luz. Y no fue sino en este mismo 2016 cuando las súplicas de cientos de
fanáticos fueron escuchadas… por una diabólica mano de mono.
Aviso: a partir de aquí
hablaré de los juegos suponiendo que ustedes los hayan jugado y sepan de lo que
hablo, así que esperen referencias directas a eventos de la saga.
Miles de lágrimas fueron derramadas durante los siguientes días hasta quedar solo un vacío de vergüenza...
Ya el primer capítulo,
que también es el primer caso del juego original, correctamente nombrado El Primer Caso, nos deja en
evidencia todos los vicios y defectos que tendremos que soportar a partir de este momento,
así como de las pocas cosas «buenas». Empezando por lo que
menos tiempo nos va a llevar, es un buen detalle que las fases de declaración e
interrogatorio de los testigos sean fieles visualmente al juego, con los
close-ups de las miradas enfrentadas de Phoenix y el fiscal que toque bajo los
letreros de cada una de dichas fases. Otra cosa buena es que, al menos en este primer episodio, la serie utiliza elementos visuales flotantes con los datos importantes
del caso para recrear el tren de pensamiento del protagonista.
Sin embargo, los positivos (así como
cualquier similitud con la saga Ace
Attorney) terminan ahí, en unos efectos visuales que, respectivamente, envejecerán pronto y directamente desaparecerán. Es más, si nos vamos al tema visual no tendríamos
por donde empezar: la animación es estática, el trazado ultra simple y cuando
se trata de mover personajes se desdibuja por completo en auténticos momentos
de QUALITY; en lo que a los
escenarios les falta de detalle a las cabeceras les sobra de simbolismos
baratos mal planteados (aunque de eso ya hablaremos luego) y el público de la
galería del tribunal está formado por un CGI tan horrendo, mecánico y mal
disimulado que parece sacado de lo más profundo del valle inquietante.
Pero más allá de lo visual, este anime es
más feo por dentro que por fuera. Y es en su incompetencia narrativa en donde
la mierda brilla mucho más: los personajes son una parodia de sí mismos que
varían entre el cliché y el retraso mental, los juicios son una farsa con ataques
de viento entre abogado y fiscal que harían morirse de vergüenza ajena al
creador de Naruto y la fidelidad a
los juegos originales (así como cualquier traza de conflicto o tensión) se van
por el retrete cuando ves que cada juicio, independientemente de lo duro que
sea, se va a resolver solo por algún deus ex machina aún más ridículo que en
los juegos originales.
Y me explico con respecto a esto último: en
los juegos originales muchos de los casos Phoenix realmente los ganaba gracias
a eso, algún deus ex machina o alguna coincidencia jodidamente conveniente,
pero incluso en ESO la trama siempre intentaba poner una justificación o crear
alguna antelación que anulara el deus ex machina, amén de que todo estaba
incluido como parte de la progresión del personaje. O sea, que Phoenix, según
avanzaba en su carrera, iba dependiendo menos de su increíble suerte y más de
su intuición y habilidades, lo cual está bien y es como se construye un
personaje. Sin embargo, aquí, cuando al guionista le da por derrapar, pisa el
acelerador hasta el fondo aun teniendo un árbol delante y Phoenix Wright se convierte
en un dios de la potra al que las cosas casualmente le salen siempre bien y los
casos se resuelven solos.
Ejemplo visual de cualquier episodio de este anime.
Como íbamos diciendo, el
primer episodio corresponde al primer caso del juego, en donde el amigo de la
infancia de Phoenix, Larry Butz, es acusado de matar a su novia supuestamente
por celos y es el abogado novato el que debe, en su primer caso, aclarar toda
la verdad de lo sucedido. Para no querer pecar de «clasista», diré que el anime
se toma unas cuantas libertades «adaptando» el juego a un formato televisivo,
sobre todo en lo que respecta a temas tonales cambiando las implicaciones de
que la víctima era un putón verbenero que utilizaba a sus hombres como «papaítos»
a un absurdo pero más timorato «no, mira, es que la pobre rompió contigo pero
aun así se llevó tu reloj de viaje con su nuevo novio porque aún te quiere».
Tal vez lo más sangrante
del asunto se encuentra en el hecho de que el anime decidió inventarse nuevas
pruebas para insistir de forma aún más recalcitrante en el hecho de que la
víctima viajó con el reloj a una zona con unos cuantos husos horarios de
diferencia. Esto, como comprenderán, es totalmente innecesario porque tanto en
el juego como en el propio anime ya existen las pruebas del reloj marcando «mal»
las horas y el pasaporte de la chica con el último país en el que estuvo de viaje,
y es lo que convierte todo lo relacionado con las nuevas pruebas en relleno
barato.
«¡Pero es que no puedes
esperar que todo sea como en los juegos! ¡Es que esto es una ADAPTACIÓN! ¡CABEZA
DE ALCORNOQUE!», se apresurará algún mendrugo a exclamar. Pues bien, el problema
está en que inventarse partes en una serie que no llevan a nada y no introducen
nada nuevo ni profundizan con respecto al material original es lo que hace una
MALA adaptación. ¡Bueno, es que NI SIQUIERA se puede justificar una adaptación
así! Una adaptación puede ser que quitaran, como es lógico, las preguntas de
tutorial y todas las explicaciones; una adaptación puede rebajar el tono de «te
dejamos entrever que esta tía es una zorra» a «qué bonito, rompió con él pero
aún le quiere». Pero lo que NO es adaptación es alterar la trama original,
cambiarla y retorcerla, menos aún cuando a la trama original del juego le
quitas la jugabilidad Y EN ESCENAS TE DA UNA NARRATIVA SÓLIDA. ¡MÁS SÓLIDA
INCLUSO QUE LA ADAPTADA!
«Pero eh», dije, «es solo
el primer capítulo. Ha sido muy meh, no me han gustado esos cambios porque los
veo innecesarios, pero tampoco puedo juzgar así la serie por su primer capítulo».
Y a partir de ahí, tonto de mí, seguí viendo la serie a la espera de mejoras… solo para acabar presenciando cómo el anime
mutilaba el cadáver de la franquicia cuyo nombre había usurpado y bailaba con
su piel aún ensangrentada al son de Adiós caballos.
«¿Me defenderías en un juicio? Me defendería en un juicio».
Pero como suelo decir en
este blog, «a partir de aquí, cuesta abajo». Y del segundo capítulo (y con él
el segundo caso) en adelante veremos cómo lo que iba a ser el anime de Ace Attorney pasa a convertirse en una
sucesión de derrapes y descarrilamientos tan bellos como vergonzosos.
El Caso de las Hermanas, uno de los casos más poderosos del primer
juego y tal vez de la franquicia entera, nos presenta al personaje de Maya Fey,
la hermana menor de la recientemente fallecida Mia, mentora de Phoenix, y un
personaje muy querido por el público tanto por su inocencia como por su
vitalidad, así como la ayuda que nos proporciona en los casos. Sin embargo,
donde Shu Takumi ve inocencia y vitalidad, los perpetradores del anime ven una
loli hiperactiva, cabezahueca y odiosa que no vale ni para dar por culo. Y
donde el Phoenix de los juegos es un héroe literal que ve a la víctima
indefensa de un sistema injusto a la que decide ayudar sin pensarlo dos veces,
el del anime es un cobarde sangrehorchata que intenta zafarse de las plegarias
de ayuda DE LA HERMANA DE SU MENTORA MUERTA y a la que al final decide echar
una mano cuando ve que no queda más remedio. Pero eso sí, ¿a que esto no me lo
defiende nadie con el «es que es una adaptación»?
¿El resto del caso? El
resto del caso va como cabría esperar: Phoenix se encuentra solo con los
testigos clave y las pruebas sin siquiera buscarlas y dejando al botones de la
habitación del hotel como un cameo obligatorio, Edgeworth es un antagonista más
edgy que Sasuke Uchiha y Redd White, último responsable del Incidente DL-6 y
uno de los villanos más amenazadores y poderosos de la saga pese a sus
ridículas pintas (recordemos que es el presidente de una agencia de información
que controla casi desde las sombras el país) queda reducido a un insultante
fantoche que habla en japanglish porque jaja los estereotipos en dos mil puto
dieciséis.
Repito: estos estereotipos A MEDIADOS DE 2016
Pero lo sangrante no es
eso. No, señor. Porque en esto se puede resumir el 75% de este mierdoso anime.
Lo verdaderamente sangrante de este caso, lo auténticamente INSULTANTE es la
forma que tiene este caso de resolverse solo. ¿Se acuerdan de que en el juego
el caso se resuelve cuando el espíritu de Mia le aconseja a Phoenix ir más
allá, «pensar fuera de la caja» para expandir su instinto y así averiguar por
su cuenta la última pieza del rompecabezas que cerraría para siempre el caso y
salvar así tanto su vida como la de Maya? ¿Se acuerdan de qué gran momento era
aquel, el de triunfar por encima de las adversidades y vencer a un villano tan
peligroso como un Redd White que controlaba el juicio y manipulaba las reglas
de principio a fin? Sin duda uno de los momentos más poderosos de la saga y un
clímax memorable, ¿a que sí?
Pues atentos, que esta ha sido la forma de «adaptarlo»
del anime: el espíritu de Mia aparece para darle el consejo a Phoenix como en
el juego. Sin embargo, y sin ningún motivo justificable, la prueba que permite
a Phoenix aceptar el caso NO ES ACEPTADA POR EL TRIBUNAL Y PHOENIX PIERDE.
¡Pero esperen, QUE HAY MÁS! No contentos con eso, la Mia espectral se aparece
ante un triunfante Redd White para chantajearle EN MEDIO DEL JUICIO, DELANTE
DEL JUEZ, DELANTE DEL FISCAL, DELANTE DE TODO EL MUNDO. ¡A CHANTAJEARLE!
¡EXTORSIONARLE HASTA QUE AL HOMBRE NO LE QUEDA MÁS REMEDIO QUE RECHAZAR EL
VEREDICTO Y CONFESAR!
¿Cómo se quedan ustedes?
Porque yo me quedé frío en aquel momento, y eso que eran finales de abril. Mia
Fey, la mentora de Phoenix Wright, la que le enseñó a trabar según unas reglas
éticas en un sistema judicial que penaliza activamente el trabajo de la defensa
jurídica, extorsionando en pleno juicio a un sospechoso hasta que se declare
culpable. No puedo empezar a explicar qué clase de traición es esta, qué clase
de insulto es independientemente si es hacia los juegos o hacia alguien a quien
le pille de nuevas esta serie y no conozca la franquicia de antes.
Este punto es el salto
del tiburón, la muerte de la serie, el insulto supremo y lo que me hizo
detestar este anime. Y no hace falta haber jugado a los juegos para saber por
qué: El Caso de las Hermanas es el
primer gran caso de Phoenix Wright en solitario, literalmente su segundo caso,
un caso en el que se ponen en juego tanto la vida de Maya como el propio
Phoenix, quien debe aprender a valerse por sí mismo en una encrucijada que
determinará su destino. El verdadero inicio de la serie se encuentra aquí, en
el momento en el que el caso se tuerce tanto ante un enemigo capaz de manipular
la ley a su antojo y aun así Phoenix decide hacer lo correcto, aprender de sus
errores y evolucionar, a «pensar fuera de la caja» y depender de sus
habilidades para sobrevivir siguiendo un código moral que le convierte en un
gran abogado que sigue las reglas de un juego que sabe que es injusto y que nadie más se molestaría en seguir.
¿Qué necesidad había de
convertir este momento tan álgido en semejante burla hacia el propio personaje?
Ninguna. Y tampoco se puede excusar mediante ese bulo de la «adaptación». El
caso se resuelve solo meándose en el legado de Mia Fey y convirtiendo al
Phoenix Wright del anime en un pusilánime incapaz de hacer nada porque no ha
aprendido nada porque literalmente a partir de aquí los casos se resuelven
todos sin necesidad de que él apareciera. ¿El motivo de semejante insulto?
Ningún otro que no sea el resultado de que la gentuza tras esta serie de
Phoenix Wright conociera el resumen de la Wikipedia, pues la importancia de
este momento solo puede conocerse de verdad si uno ha jugado a los juegos. Si
no, es un momento vacío, un caso más que se resuelve a sí mismo con Phoenix
llevándose el mérito solo por estar ahí presente.
Tampoco se explica
lógicamente cómo Redd White acaba tan acojonado por el chantaje que acaba
confesando un crimen cuando perfectamente puede irse de rositas con tanta facilidad como el irse de rositas tras el asesinato del que acababa de salir impune hasta ese momento. Tampoco el
invencible Edgeworth exige pruebas del chantaje de Mia ni explica que esas
acusaciones se tendrían que llevar en un caso aparte. Tampoco se explica que el
juez no penalice a la defensa por cometer semejante delito en un tribunal de
justicia. Pero eh, qué más da, a algunos solo les basta con justificar que «ES
QUE ADAPTACIÓN» para evitar pensar ni tener criterio. Total, ya lo vimos en los
comentarios de mi reseña de Kill la Kill con el
tema del «es que la comparas con Gurren
Lagann» por una mención de pasada. Tampoco puedo esperar mucho.
Alguno de ustedes llegado ya a este punto. Lástima que acabe de empezar.
Y a partir de aquí la
cuesta aumenta su pendiente con un tercer caso del que no puedo hacer más que
repetir lo dicho. El Caso del Samurái
es básicamente el resultado lógico de los dos anteriores casos: Phoenix Wright
no es más que un secundario dentro de su propia serie, pues no hace nada ni sus
acciones tienen consecuencia en la trama; nuestro abogado novato no pasa de ser
un sujeto pasivo al que las pruebas y los testimonios le vienen solos en un
caso en el que no se juega absolutamente nada y que por tanto no existe nada
parecido a una acción ascendente o un clímax final.
Es más, aquí se puede
notar otro de los mayores problemas que tiene esta serie independientemente de
que sea una adaptación o no, y es que será todo lo anime que quiera pero es
incapaz de no tomarse en serio. Ver un capítulo del anime de Ace Attorney se siente como ver un
capítulo cualquiera de Ley y Orden;
sí, puede que a veces haya personajes exóticos, pero al final del día es una
trama desdibujada, aburrida y penosa que no se puede disfrutar por lo serio y
dramático que es todo. Los juegos originales sabían cómo mantener el tono
acorde a cada situación y los personajes, por alocados y extravagantes que
fueran, sabían expresar emociones según tocara; pero aquí en el anime solo
encontramos dos formas de ser: o personajes estrafalarios o asistentes a un
velatorio. Y eso, amigos, no son personajes, son arquetipos.
El Caso del Samurái resumido en un gráfico que bien puede valor para cualquier otro capítulo. Agradecimientos a @trolltski por la idea inicial. (AMPLIAR O PASAR A UNA NUEVA PESTAÑA PARA VER)
El Caso del Adiós sigue en la misma estela que el anterior
añadiendo la sal en la herida de que, si bien El Caso del Samurái era un relleno para descansar de las tensiones
de su predecesor, este ya sería el clímax de toda la temporada, así como lo fue
en el juego original. Por fin se revelaría la verdad tras el Incidente DL-6, el
espíritu de Mia podría descansar en paz y la relación entre Phoenix y Edgeworth
podría dar un paso a mejor… O todo esto, al menos, para alguien a quien le
interesaran cosas como la calidad narrativa, el desarrollo de personajes o esas
patochadas. Nuestra versión anime es entonces un maratoniano vertedero de toda
la exposición que la «adaptación» se saltó en su debido momento, con
descarrilamientos muy locos como la aparición de Grossberg para decir lo que
todos ya sabíamos, un Manfred Von Karma que parece un teleñeco o Larry Butz
suplantando a Edgeworth en una patética pantomima mientras Maya roba pruebas en
la oficina del fiscal. ¡PORQUE SÍ! Pero ya a estas alturas poco puede
sorprender; si ni los propios guionistas dan una mierda por esta serie, ¿por
qué iba a sentir nada yo?
Pero por desgracia, la
serie no terminó ahí, sino que siguió durante doce capítulos más. Y para
celebrar que esta atracción nunca termina, decidieron crear su propio capítulo
de relleno sobre el pasado de Phoenix, Larry y Edgeworth y sobre cómo los tres
eran amigos de la infancia. De hecho, esta fue una de las grandes promesas del
anime y una de las cosas con las que más se llenaban la boca los medios al
respecto, sobre cómo se iba a expandir en el pasado de los tres.
En manos competentes esto
habría sido interesante, y de hecho admito que en su día estuve interesado.
Pero doce capítulos de esta bazofia me demostraron que esta gente es tan
peligrosa con la narrativa que un mono con una pistola. Y todo esto sin comentar
que durante toda la serie se nos había bombardeado continuamente con este
momento como si fuera el punto álgido de la misma: no había caso ni capítulo de
la serie en el que Phoenix desarrollara unos flashbacks muy chungos de cuando
de pequeño le acusaron de haber robado el dinero del almuerzo de un compañero.
Pero cuando digo que tenía flashbacks, no me refiero a uno de vez en cuando o
en momentos oportunos como en el de los juegos, SINO A NIVELES DE TRASTORNO DE
ESTRÉS POSTRAUMÁTICO.
En cuanto a lo demás de
este vil rellenuto tenemos a un Edgeworth vestido de Conan Edogawa haciendo de Repelente Niño Vicente hasta que su padre muere, es
adoptado por Manfred Von Dalas Von Karma con fular y conoce a una loli
que supuestamente es Franziska Von Karma de pequeña. SUPUESTAMENTE.
Tienes problemas, Japón. Tienes muy serios problemas.
A partir de aquí empieza
lo que viene a ser la segunda mitad del anime, correspondiente al segundo
juego, Justice For All. Y sí, han
oído bien, empezamos directamente ya en los eventos del segundo juego. ¿Alzarse de las cenizas? ¿Qué es eso? ¿Se
come?
No, ahora en serio, el
hecho de que se hayan saltado Alzarse de
las cenizas, el último caso canónico del primer juego es algo DE AGRADECER
en retrospectiva. ¿O es que quieren ver uno de los mejores casos de toda la
franquicia convertido en una triste autoparodia? Si total, del segundo juego
también se saltaron el primer caso, El
Caso Perdido, algo que podrían haber metido y adaptado (ahora sí)
perfectamente como un caso ligerito. Pero eh, menos trabajo para mí.
La segunda parte del
anime, la fase de Justice For All,
comienza en el segundo nivel, Reunión y
Caso, y realmente de esto más todo lo que venga a continuación no podría decir mucho sin
repetir hasta la saciedad lo que ya he expuesto arriba, pues esta segunda mitad
no es más que una gratuita repetición del esquema de la primera: Phoenix Wright
es un sujeto paciente al que las pruebas, testimonios y soluciones le vienen
solos, los episodios son un monstruo de Frankenstein entre la trama original y
las ideas descabelladas de unos señores incapaces de pensar sin cagarse encima,
el tono de la serie es totalmente esquizofrénico y los personajes no son más
que una triste sombra de lo que alguna vez pensó Shu Takumi que eran.
Pero sin duda el detalle
más obsceno de esta segunda parte que verdaderamente expone la incapacidad
creativa de la gente de esta serie es el hecho de que todo lo relacionado a la
Matagama desaparece. La Matagama, si lo recordarán, era el artefacto que
permitía ver a Phoenix las «verdades ocultas» de la gente en la forma de
psicocandados que solo podrían romperse con las pruebas necesarias. Si bien era
un elemento jugable, también era importante narrativamente (en especial durante
los eventos del último caso) y en absoluto sería difícil de animar ni dibujar
una cadena etérea de mentiras y medias verdades, algo que para cualquiera sería
impensable de olvidar, ¿verdad? Pero claro, la gente tras la serie no son unos
cualesquiera, sino incompetentes de primera. Y ante la pereza de trabajar con
elementos tan imprescindibles como estos, ¿qué mejor que cambiar los tensos interrogatorios
de la Matagama por que al testigo de turno se le escapara en forma de lapsus
toda la verdad como si le hubiera dado un repentino caso de síndrome de
Tourette? ¡Total, si lo llevan haciendo desde el principio!
¡Toda una Master Class de
adaptación y mimo por parte de A-1 Pictures!
¡Manfred von Dalas, el fiscal que bloquea todos tus argumentos!
Y no podemos terminar sin
antes mencionar las cabeceras y las secuencias de créditos. Porque ¡qué
cabeceras! ¡Qué secuencias de créditos! ¡La crème de la crème de lo genérico y
del no pillar de qué va el asunto! ¡Cualquier cliché de opening de anime shonen
pasado de rosca está aquí! ¡Cualquier simbolismo barato mal hecho vive Dios que
te lo restregarán por la cara! ¡Cualquier canción mediocre que no pegue ni con
cola será escuchada!
ADORO cómo alguien puede
desperdiciar un lienzo creativo tan grande como una cabecera de anime en una
serie de una franquicia que puede presumir de inteligente. ME ENCANTA cómo en
una época en la que tenemos series que se matan por ser auténticos portentos audiovisuales y narrativos ya en sus secuencias de apertura haya alguien que prefiera no
esforzarse y abrazar la mediocridad. AMO que ante todos los simbolismos y
referencias que se pueden meter basándose uno en la franquicia Ace Attorney alguien haya decidido meter
girasoles como único elemento simbólico porque fue con lo que soñó la última
vez que esnifó una botella de Super Glue entera antes de la tormenta de ideas
de qué meter en el opening.
Maravilloso todo.
Muy
mágico.
Excelsamente eroticofestivo.
Por el amor de esa mujeeeer Somos dos hombres con un Mismo destinoooo...
En resumen: Gyakuten Saiban: Sono «Shinjitsu», Igiari!
es un ejemplo perfecto de cómo NO hacer un anime. Y no me refiero a adaptar un
juego (que TAMBIÉN), sino a cómo no llevar una trama, cómo no insultar a tu
audiencia, cómo no dibujar una serie de animación y mucho menos animarla, cómo
no dejarse llevar por la pereza y la mediocridad y cómo no fabricar un producto
derivado de una franquicia sin haberse informado uno en plena era de la
información.
Esta serie no es una
serie, es un delito, un crimen cometido con nocturnidad, dolo y alevosía, un
despropósito mal hecho con toda la seriedad (valga la redundancia) del mundo y
sin ánimo de ironía o autocrítica.
Después de tener un tiempo «pendiente» (si se
puede llamar así) Over the Garden Wall,
por fin me he decidido a verla. Y realmente no sé lo que esperaba encontrar
cuando ya de por sí era una serie que había hecho saltar todas las alarmas en
mi cabeza en el peor sentido posible. Básicamente, es ese tipo de fenómeno que
empieza con un culto demasiado grande y con gente de demasiada edad como para
tratarse de una miniserie de dibujos animados repitiendo al unísono como si de
un credo se tratase lo BUENÍSIMA, BELLÍSIMA y PROFUNDÍSIMA que es la serie sin
contar detalles o sin profundizar (valga la redundancia) en ninguno de los
temas. «Pero oye, a lo mejor funciona», pensé, tonto de mí. «Te encantó Gravity Falls y la gente suele
compararla. ¿Por qué no le das un tiento?», continué neciamente. Y heme aquí.
Over the Garden Wall es la pretenciosidad hecha dibujo animado, un
intentito de «el arte por el arte» imitando los horrores animados de Hayao
Miyazaki (cuya obra de por sí ya DETESTO) mientras sus creadores intentan meter
con calzador en una serie de diez capítulos existencialismo barato, terror
psicológico del malo y personajes random para apelar gratuitamente al público
perfil demográfico del «es que los dibujos animados de hoy en día son para
adultos». Y como el que mucho abarca poco aprieta, nos encontramos con una
serie de animación normal carente de trama, plagada de relleno, personajes
odiosos y las mismas moralejas rancias y quemadas que ya hemos visto millones
de veces antes. Pero eso sí, bajo la pretensión de «subvertir». Porque si no
sabes hace nada a derechas, di que lo estás «subvirtiendo», que así quedarás
mejor, quedarás profundo, quedarás intelectual y nadie se atreverá a toserte.
Básicamente, esta es la señal que recibo cada vez que la gente se pone en plan que no caga con estas chuminadas.
Over the Garden Wall trata supuestamente de dos hermanos, Wirt y
Greg, que se pierden en el bosque y deben volver de camino a su casa. Sin
embargo, tras encontrarse con un misterioso leñador que les advierte de la
presencia de una bestia y tras conocer a Beatrice, un pájaro parlante,
comenzarán un descenso a la locura de aleatoriedades en la versión boscosa de
un fregadero de estilos artísticos y fantasía genérica hasta que se separan, se
unen, derrotan a la bestia y todo resulta ser un sueño. No, no voy a decir que
«de Resines» porque está el meme muy quemado.
La trama de por sí no da para
mucho y realmente podrían haber hecho algo por desarrollar el escasísimo
plantel que propone para presentar un producto que verdaderamente podría haber
sido filosófico, existencial y profundo mientras se mantienen los elementos
para que se entretengan los críos y una rica narrativa. Pero claro, en una
época en la que en términos de animación solo importa ser el nuevo George Lucas
en su época de las precuelas de Star Wars
y demostrar lo que los efectos especiales (en este caso los nuevos estilos de
dibujo y la animación) pueden hacer, no hay tiempo para eso. En su lugar
tenemos unos protagonistas planos y odiosos, un conflicto que se resuelve solo
y que apenas toca a los personajes principales y toneladas de relleno tanto
para alcanzar el número arbitrario de capítulos que debe tener la serie como de
minutos por episodio.
La serie está plagada no,
INFESTADA de auténtico relleno. Y es
algo INSULTANTE dentro de una serie de diez capítulos, pues literalmente más de
la mitad lo son. Los personajes llegan a un sitio, se ven envueltos en la
situación estrafalaria de turno, la resuelven y salen de ella de la misma forma
que se metieron sin haber aprendido nada de nada ni haber desarrollado sus
personajes ni una pizca en busca de una nueva situación estrafalaria en la que
meterse. Y todo eso sin mencionar el relleno de DENTRO de los episodios, pues
da igual si se trata de un capítulo de la trama o no, si a los guionistas no
les da para alcanzar los diez minutos que dura cada uno, tengan por seguro que
se sacarán del culo un número musical capaz de durar al menos DOS TERCIOS del
capítulo en sí. ¿No me creen? Bueno, ahí tengo los capítulos del barco de las
ranas y el de Greg en la ciudad en las nubes como pruebas.
MUCHACHADA NUI ¡NUI!
Y si ya fuera malo todo esto de
por sí, luego está lo PREDECIBLE que es la serie. Porque es predecible. MUY
predecible. Tanto que a partir del segundo capítulo ya cualquiera puede ver
cuál será el giro de tuerca. ¿El motivo? Que esta serie no sabe utilizar el
giro de tuerca y, como si de cualquier cosa hecha por el patán de Steven Moffat
se tratara, abusarán del elemento para meter como mínimo uno por capítulo.
Literalmente TODOS los giros de
tuerca de la serie son justo lo contrario de lo que al principio las cosas
parecen, y ya con esa pista cualquiera puede saber de qué trata de verdad la
trama de cada uno: ¿que un pueblo de hombres-calabaza obliga a trabajar a los
niños y estos encuentran dos esqueletos? ¡Es que es un pueblo de esqueletos que
se disfrazan, pero esqueletos buenos, no de los que matan! ¿Que un
multimillonario avista un fantasma en su laberíntica mansión? ¡Es que son dos
mansiones que se han solapado y vio a la dueña de la otra casa! ¿Que una joven
ha sido esclavizada por una bruja cabezona que habla todo el tiempo de un
espíritu maligno? ¡Es que la joven ES el espíritu maligno! Y así hasta el
infinito.
Sutil.
Todo esto, claro, sin mencionar
que cuando un giro de tuerca barato no da para resolver un asunto, siempre
podemos echar mano del buen, fácil y gratuito deus ex machina de turno. Ya de
paso, tampoco hablemos de que en tan poco tiempo acabamos tan saturados de
diferentes subtramas argumentales que hasta la propia serie parece perder la
pista de en qué trama centrarse, dando como resultado en ir cambiando de tramas
de manera superficial sin avanzar ni profundizar realmente en ninguna de ellas.
Y que nadie me venga con que «es
que son dibujos para niños» porque si una serie tiene una trama de mierda,
tiene una trama de mierda indistintamente del público. Y peor aún es esa excusa
si personas supuestamente ADULTAS la definen por su profundidad y calidad
narrativa.
Aparte de todo esto, si la
serie tuviera unos buenos personajes o los desarrollaran mínimamente a lo mejor
sería un aspecto que no estaría del todo mal. Pero no, craso error (como lo
que es esta serie) una vez más. Los personajes son ODIOSOS, de lo más
repelente que me he echado en cara desde hace mucho tiempo ya sea porque son
planos, tienen una personalidad horrible, les fuerce el guion o una mezcla de
todo al mismo tiempo. Wirt es un cínico prepotente, Greg es básicamente Bob
Esponja si fuera humano y Beatrice es una pájara (en las dos primeras definiciones que da la RAE) impertinente
mientras que el resto de personajes secundarios están para rellenar tiempo de
los capítulos con la Bestia, el supuesto villano principal de la historia, como
el caso más sangrante de todos.
¿Para qué centrarnos en las relaciones de dos hermanastros de edades tan distintas aprovechando una situación tan poco habitual cuando podemos centrarnos en el niño pequeño siendo más random que Bob Esponja? ¡Algún meme podremos sacar!
De todo este asunto, lo que
pasa con Wirt es lo que más me toca las narices de esta serie, ya que Wirt es
el único personaje que actúa de forma natural y racional; es el único personaje
que parece HUMANO dentro de una situación que le sobrepasa totalmente. Y aun
así la serie constantemente tiene que humillarle y dejarle como el que nunca
tiene razón por no abrazar la locura como el resto de personajes. El guion
constantemente le ridiculiza y le deja como un cínico egoísta solo por ser una
persona racional en un mundo irracional, y la serie espera que nos pongamos en
su contra cuando él es el único que sufre y el único que está preocupado por lo
que está sucediendo a su alrededor mientras que su hermano Greg se tira los
capítulos comportándose como un retrasado mental por el «jaja ke random loool»
y Beatrice siendo una niñata impertinente que desde el principio ha estado
manipulándolos para que su trama se resuelva sola como ya viene siendo la
costumbre.
Y sin embargo, como no podía
ser de otra forma, cada uno tiene en los últimos capítulos de la serie su «evolución»
en forma de que no evolucionan nada a excepción de Wirt y él ni siquiera
aprende nada sino que cambia de parecer de la noche a la mañana sobre si salir
con la chica que le gusta o no. Greg empieza la serie siendo un tontopollas
random y termina siendo un tontopollas random mientras que Beatrice consigue lo
que quiere al final (liberar a su familia de una maldición que los había
convertido a todos en pájaros) y ni siquiera es capaz de mostrar un mínimo
respeto por su madre porque su moraleja sobre no ser una criaja impertinente se
le pasó volando y nunca mejor dicho.
Luego está la Bestia, el
supuesto villano de la serie y considerado, según la Wikia, como «uno de los
villanos más viles de Cartoon Network». Aparentemente parece que va a ser un
personaje interesante debido a que de ella solo se ve la silueta hasta
prácticamente el final y que es un personaje bienhablado y manipulador a pesar
de su horrible apariencia, habiendo conseguido acabar con las vidas de
posiblemente cientos si no miles de personas a la vez que tiene al pobre
leñador esclavizado para convertir a dichas víctimas en aceite para alimentar
la lámpara que contiene su alma. Sin embargo, en el concepto está la chicha, ya
que en la serie solo aparece escasas veces, solo interactúa dos veces con los
protagonistas y luego la crisis que presenta se resuelve sola sin necesidad de
que Greg ni Wirt hagan nada al respecto.
Porque en eso es en lo que se
resume esta serie (y ya de paso en lo que se resume cualquier serie animada que
echan hoy en día que hace que os paséis décadas sin cagar): os ponen cuatro
elementos de «terror» y un poco de filosofía barata «adulta» y se os hace el
culo Pepsi-cola sin pararos a pensar siquiera si la serie en realidad es tan
buena como en un principio parecía. Pero claro, así es como son las críticas
del siglo XXI: mejor sonar inteligente que serlo, ya que lo primero es más fácil
y te hace parecer más único que lo segundo.
Over the Garden Wall es tan MALA que es hasta insultante que haya
quien la compare con otras series, sobre todo poniéndola al nivel de Gravity Falls. Gravity Falls, aunque contara en comparación con infinitud de
episodios, sabía dar en el clavo: el humor estaba donde se lo necesitaba, el
desarrollo de personajes estaba trabajado, los elementos de terror sabían ser
sutiles y era una serie que sabía tratar a su audiencia de forma inteligente. ¡¿En
qué momento a nadie se le ocurrió comparar ambas series?!
Coño, es que si vamos a comparar,
no nos quedemos ahí. ¡Yo también sé jugar a este juego! Aunque uno de los
puntos más débiles de Historias
Corrientes fuera su mal desarrollo de personajes, al menos sabía tratar las
relaciones entre los mismos de manera natural. Y por mucho que me repela, AL
MENOS Hora de Aventuras acabó
teniendo una historia de fondo decente y un buen desarrollo de personajes
aunque todo fuera un refugio en audacia de su creador para hacer parecer que su
serie de dos tontos haciendo tonterías en un mundo mágico tenía trasfondo y
madurez algunos.
Algo así es la cara que se me pone ante el «como X pero con» de turno.
Y sin embargo, tener que hacer
todas estas comparaciones absurdas y fuera de lógica me hacen sentir mal porque
en el fondo no dejan de ser absurdeces, de la misma forma que comparar Over the Garden Wall con cualquier otra
serie para hacerse el listo cuando en realidad no se sabe defender con
argumentos una serie que le gusta a uno es ridículo.
Over the Garden Wall es mala. MUY mala. Una serie infantil que
quiso ponerse zapatos de adulto jugando con elementos argumentales, temáticos y
narrativos que le vienen demasiado grandes porque carece de las nociones más
básicas para manejarlos. La animación es normalucha, los personajes son odiosos
y planos, el relleno injustificado ocupa más del setenta por ciento de toda su
duración, la música suena falta de inspiración por no ser más que una forma de
alcanzar el tiempo de duración estipulado en vez de ser una forma de enriquecer
la trama, tanto la fantasía como los estilos «novedosos» de dibujo están a
estas alturas tan trillados que parecen rozar la autoparodia e intenta dar unas
moralejas tan vacías e inexistentes que más que sentirse inspirado por el
ejemplo de los personajes lo que le dan ganas a uno es de beber un vaso de
lejía para olvidar que ha pasado por tal tormento. Pero eh, que los cuatro copitos de nieve especiales de internet de siempre dicen que es muy profunda. ¡Será verdad y todo!
Y lo peor de todo es que parece
mentira que para esta reseña haya necesitado unas seis páginas de Word cuando
esto es ya más esfuerzo que el que cualquiera del equipo de la serie haya
puesto a lo largo de la misma. ¡Que te den, Over the Garden Wall! ¡Me debes cien minutos de mi tiempo!