«And now these gathering stardusts Summoned in the awakening of a century old catastrophe And all these brave men musft face now A race beyond the sands of time with this journey».
Letra de Stand Proud.
JoJo's Bizarre Adventure bien puede ser una de las obras de culto más influyentes en la cultura oriental del mundo y no sin un buen motivo. Su fabulosidad, ingenio y extravagancia han cautivado a millones de personas que hoy en día la siguen disfrutando gracias a su adaptación en anime y a la magia de internet. Por ese motivo, no me extraña que uno de los fangames más trabajados y uno de los juegos indie más AMBICIOSOS que he visto nunca sea uno basado en la propia JoJo's: The 7th Stand User.
«Llevo muerto treinta y cinco años. Hoy es el día que vivo».
Brad Armstrong.
Como hacía mucho, mucho, MUCHO que servidor no se humillaba públicamente jugando a ser youtuber, aquí les traigo un análisis sobre una de las experiencias ludonarrativas las sagas de videojuegos más desgarradores e impactantes que he visto en mucho tiempo: la trilogía Lisa, compuesta por Lisa The First, Lisa The Painful RPG y Lisa The Joyful.
BoJack Horseman es uno de los mejores descubrimientos que he podido
hacer en lo que a series de animación se refiere. Y lo digo así. Tal cual. Desde la primera línea. Y es que series como esta, como Historias Corrientes, como Archer o como Rick & Morty me hacen ver que vivimos en una época dorada de
las series de animación, ya sean para niños o para adultos.
Si bien es cierto que llevaba
largo tiempo ignorando cualquier cosa que tuviera que ver con la serie por el
efecto rechazo que me generaba el que la gente no parara de darme por culo
el coñazo con el temita de «tío, tienes que ver esta serie», «tío, es que es muy buena esta serie», «tío,
es que es muy profunda esta serie» y «tío, a ver si te mata un asesino en
serie» y que acabé chupándomela justo a finales de este enero porque
esencialmente no tenía otra cosa que hacer, sí es verdad que al final acabé
descubriendo, como ya he dicho, una de las mejores series que he visto en mucho
tiempo. Tres días me duró la serie entera. TRES DÍAS. Uno por temporada. Y no
me arrepiento de esta decisión porque han sido tres días muy bien invertidos,
como ahora verán a continuación.
Y como siempre hago
con una serie que me gusta y recomiendo, aviso
de spoilers bastante tochos porque hay gente a la que al parecer le crece
un ano en la frente si se les revela algo de la trama de un producto de
entretenimiento.
Spoiler de esta reseña: la serie MAGUSTAO
La serie trata sobre
la decadente vida de un caballo que en un tiempo fue el protagonista de serie
familiar ñoña de los años noventa tipo Cosas
de Casa, Padres Forzosos o La hora de Bill Cosby, y que desde
entonces no levanta cabeza. Llevando una vida completamente autodestructiva, se
pasa los días emborrachándose, drogándose o simplemente autocompadeciendose
mientras vive de las rentas que le proporciona su fama acompañado por Todd, un
nini veinteañero que vive acoplado en su casa, y Princess Carolyn, su agente,
con la que mantiene una de las relaciones más tóxicas y destructivas jamás
vistas en televisión.
Sin embargo, las
cosas cambian cuando, tras meterse en un berenjenal por prometer a una
editorial que escribiría una autobiografía pero al final no cumplirlo, le
encasquetan a Diane Nguren Apellidoimpronunciable, una negra literaria
que se convierte en su biógrafa y de la que se enamora, algo que ni siquiera
funciona porque ella está casada con el señor Peanutbutter, un labrador
retriever actor y protagonista de su propia sitcom familiar que es un claro
plagio de la serie de BoJack. A través de los capítulos de la primera
temporada, en donde sucede la trama de la autobiografía, conoceremos mucho
mejor al televisivo equino, sus circunstancias y todo lo que le sucedió para acabar
convirtiéndose en el borracho depresivo que es hoy en día.
Finalmente, ya en la
segunda temporada, el libro consigue publicarse y BoJack pega el pelotazo,
siendo contratado para protagonizar la película Secretariat, basada en su héroe de la infancia y uno de los motivos
por los que él de pequeño siempre quiso ser una estrella. Sin embargo, pronto
descubrirá que el mundo de la gran pantalla no es tan glamuroso como se las
prometía y que hay sueños que es mejor que no se cumplan, lo que
le lleva a una nueva espiral de infelicidad.
Y con esto, la
tercera temporada será la gota que colme el vaso de BoJack: la película logra
terminarse independientemente de su participación y el caballo acaba convirtiéndose
de nuevo en una superestrella. Pero cuanto más asciende en la fama, más vacío
se siente, llegando a plantearse incluso si esto era lo que él quería desde un
principio. Todo el mundo se aprovecha de él, y los pocos amigos que aún le
quedan han ido creciendo tanto, tanto en lo personal como en lo profesional, mientras él se
seguía hundiendo en su propia miseria que él mismo los rechaza. Al final,
BoJack desaparece, rehuyendo de la fama en casi un intento de suicidio que deja
las cosas abiertas para el inicio de una cuarta temporada.
Y esta viene a ser la moraleja final de esta serie.
La clave para
entender el drama de BoJack Horseman,
como han podido comprobar, es que BoJack es un peón. Un simple y vulgar peón en
los juegos de terceros. El personaje ha llevado toda su vida siendo avasallado
o manipulado por los demás, haciendo las cosas que otros querían mientras le
engañaban (y se autoengañaba) haciéndole creer que esto es lo que de verdad
quiere hacer. Y él se lo creyó del todo hasta encontrarse a años luz del punto
de no retorno.
La vida opulenta que
muestra BoJack externamente es un contraste con lo vacío que realmente se
siente, y cuanto más avanza en su carrera como actor, más empeora como persona,
sobre todo cuando es capaz de ver los tejemanejes y las corruptelas que se
llevan a cabo tras las bambalinas, algo particularmente notable en la segunda y
tercera temporadas: la película sobre el legendario caballo de carreras
Secretariat es una auténtica mierda que se salta o manipula convenientemente
escándalos de la vida del personaje para satisfacer a grupos demográficos, el
metraje se termina con un clon en CGI del propio BoJack tras haberse largado
mientras él se lleva el mérito de un trabajo que no ha hecho, los galardones
que obtiene por Secretariat son
mayormente comprados o resultado de una concienzuda campaña publicitaria y toda
la gente que llega a su vida tras convertirse en un famoso actor cinematográfico
se acercan a él por la fama.
BoJack no hace nada
ni tiene derecho ni a decidir ni a opinar. Él está ahí para poner la cara y a
celebrar méritos completamente vacíos en un intento de autoengañarse. Pero
incluso él mismo sabe que todo esto es efímero y que acabará chocándose tarde o temprano contra
el muro de ladrillos que es la realidad, momentos de lucidez
que le llevan a replantearse su vida y escapar de vez en cuando para perseguir
oportunidades ya pasadas, como antiguos amores que le permitan empezar de cero
o hacer las paces con un amigo al que traicionó. Y sin embargo, ni con esas
tiene derecho a ser feliz: esas puertas hace mucho que se cerraron, le guste o
no, y cada dosis de realidad es un clavo más en su ataúd al verse cada vez más
atrapado por su falsaria vida de farandulero.
Y es que, al final, todos los deseos de BoJack se hacen realidad. TO-DOS
El hundimiento vital
de BoJack entra en un contraste con las vidas de aquellos que le rodean, gente
que ha ido encontrando mejores oportunidades laborales y mejoras personales que
les permiten evolucionar como personajes: Diane se convierte en una escritora
de éxito, Todd tiene varias aventuras empresariales que le permiten valerse por
sí mismo, Princess Carolyn funda su propia empresa de talentos y el señor
Peanutbutter acaba convertido primero en presentador televisivo y después en
candidato a Gobernador de California. Todo esto ellos lo han conseguido gracias
a sus esfuerzos, sacrificios y duro trabajo en contraposición a un BoJack que
se limita a vivir de las rentas.
Las tóxicas
relaciones que mantiene BoJack con los poquísimos amigos que posee le dan un
toque extra al personaje. Una de sus principales características es que, a raíz
de los abusos que recibía de sus amargados padres, es una persona enormemente
dependiente con un miedo al rechazo y un miedo al fracaso acojonantes:
BoJack acogió a Todd
simplemente para tener a alguien que dependa de él, y cada oportunidad que el
chaval tenía de mejorar su vida, él la saboteó para preservar el statu
quo. Princess Carolyn trata a BoJack como un peón y como una muleta emocional
en una peligrosísima relación de codependencia. Su relación con Diane se basa
en que ella es quien más le comprende y es alguien de confianza para él, pero
al mismo tiempo por eso mismo se permite el lujo de abusar de ella
creyendo que estará «siempre» por y para él. Y así sucesivamente.
El miedo a fracaso
de nuestro protagonista le obliga a no tener pasión por nada, como mucho a
tener una chispa de ella que rápidamente se apaga a la primera decepción,
motivo por el cual deja de esforzarse, ya que cuanto menos se esfuerce, menos
posibilidades habrá de sentir el fracaso. Sin embargo, esto mismo se convierte
en una profecía autocumplida que le lleva a enterrarse cada vez más profundo en
su propia mierda.
Cuanto más alto llegues, más grande (y solitaria) será la caída.
Pero si hay algo por
lo que BoJack Horseman destaca es,
sobre todo, por ser un fiel reflejo de la industria de Hollywood en
general. La vida de la farándula es una espiral sin fin de hipocresía, falsedad
y superficialidad, y así lo hace constatar esta serie.
A lo largo de ella veremos numerosos ejemplos de escándalos absurdos, corrupción y
manipulación que nos demuestran cómo de laxa es la moral hollywoodiense en
todos los aspectos. Pero si bien el principal ejemplo de esto es el propio
BoJack, no podemos olvidarnos del personaje de Sarah Lynn, una parodia de todo
en lo que se convierte una niña actriz al cabo de los años dentro de un mundo
cuya industria se traga a jóvenes promesas para escupirlas años más tarde como
auténticos despojos humanos que serán sustituidos por la nueva estrella
infantil/juvenil del momento. Sarah Lynn, si bien no es alguien entrañable o
que sea fácil de coger cariño, es un personaje trágico, una niña actriz
convertida en el sueño pajillero de los adolescentes que crecieron con ella y
al final una drogadicta que tira su vida por la borda mientras le come la fama
la siguiente adolescente molona de turno. Un auténtico juguete roto.
Durante el
transcurso de sus tres temporadas y contando, BoJack Horseman nos hablará de cómo cualquier matao es capaz de
luchar con aletas uñas y dientes por conseguir sus quince minutos de
fama por medio de un escándalo alimentado por la rastrera prensa amarilla, de
cómo el dinero es capaz de comprar el silencio y la impunidad de gente horrible,
de cómo hay individuos capaces de capitalizar tragedias humanitarias en pos de
reconocimiento (¿les suena de algo?), de cómo el sueño americano y el ideal liberal de
triunfo («trabaja duro y conseguirás todo lo que te propongas») es una patraña,
o de cómo realmente todos aquellos por debajo de directores y productores son
peones prescindibles en el eterno juego de ganar pasta gansa.
El ahogamiento es un
elemento recurrente que veremos de una forma cada vez más constante, un símbolo
de la situación en la que tanto BoJack como otros se encuentran. Los
personajes de esta serie están ahogados, asfixiados, hundiéndose en sus
propias miserias sin poder salir a flote ni tener a nadie que les eche una
mano; son gente que saben que sus vidas están mal y tienen intención de
cambiar, pero sus vicios e inseguridades son más fuertes que ellos y siempre
acaban saboteando sus esfuerzos para volver al mismo punto de partida del que
tanto querían escapar.
Y estos tres son solo los ejemplos iniciales.
Aparte, en lo que
respecta al departamento de humor, BoJack
Horseman, a pesar de ser un drama de los que hacen época, contiene una
serie de chistes que, aunque no den para auténticas carcajadas, sí son
necesarios de señalar. Al tratarse de un mundo en el que humanos y animales
antropomorfos conviven como iguales, la serie contiene un montón de referencias
y parodias a cada cual más inteligente, a menudo con juegos de palabras o
pullas visuales. Aunque parezca mentira mencionarlo, realmente es curioso ver
el ingenio con el que los guionistas de la serie han pensado en cada detalle y
cómo se devanan los sesos para pensar en pullas cada vez más ingeniosas.
Y es que esa es una
palabra con la que se puede describir BoJack
Horseman: «ingeniosa».
Al igual que ocurrió con Historias
Corrientes, de la que hice ya una entrada, el hecho de que sea animada no la
hace infantil ni mucho menos, y una vez que pasas por alto el hecho de que la
mitad de los personajes sean animales antropomorfos, te encuentras con una
serie muy reflexiva y existencial sobre personajes muy humanos cayendo en picado en un mundo
dominado por la doble moral, la hipocresía, el egoísmo y el interés.
Que ojo, la serie no
está falta de carencias. Un defecto bastante notable bien puede ser el hecho de
que haya capítulos de auténtico relleno en los que no se avance la trama ni el
desarrollo de nada con tal de tener el número de episodios estipulados contractualmente
por temporada, y sobre todo que haya capítulos en los que las miserias del
propio BoJack parece que nos las estén restregando por la cara en pos de la
pena fácil. Sin embargo, no son más que pequeñas quejas para una serie que
tiene mucho que ofrecer y que he devorado en tres días de lo que me ha gustado. En conclusión: MAGUSTAO y encarecidamente la recomiendo si quieren disfrutar de un buen drama adulto y existencial.
¡Y cuidado con las pullas visuales, que si parpadean se las pierden!
«Técnico: ¿A quién le gustaría que Rasca y
Pica se enfrentaran a problemas de la vida real como los que tenéis a diario?
Niños: ¡A mí! ¡A mí! ¡A mí!
Técnico: ¿Y a cuántos os gustaría lo
contrario, que vivieran situaciones imaginarias con robots y poderes mágicos?
Niños: ¡A mí! ¡A mí! ¡A mí!
Técnico: O sea… que queréis una serie
realista y normal… que esté plagada de poderes… y mágicas fantasías».
Los Simpson, El Show de Pica, Rasca y
Poochie.
Empezamos 2017 en este
blog de una forma que nunca pensé que sería posible. Y no, no me refiero a
empezar una entrada en el mismo enero pocas semanas después de haber escrito otra y sin cuatro meses de pereza extrema entre medias, sino con una
carta de despedida a una serie que poco a poco se ha ido ganando un hueco muy
grande en mi memoria como una de las mejores series de televisión que he visto y
veré nunca: Historias Corrientes.
Esta entrada no es una
reseña al uso, aquí no hablaré de la escasa trama de la serie ni escribo
esto para comentar su humor ni maravillarme con su capacidad para trabajar con
referencias pop. Para eso está el ver la serie, la cual recomiendo
encarecidamente. En su lugar, esta entrada es más una carta abierta de
despedida, los pensamientos y conclusiones a los que he llegado nada más
terminar de ver esta serie, las cosas que me ha enseñado y, sobre todo, qué he sentido viéndola.
Eso sí, tratándose de
este tipo de cosas, esta entrada
contiene numerosísimos spoilers, así que si no han visto esta serie nunca…
¿A QUÉ ESTÁN ESPERANDO?
Y es que no es para
menos, pues la obra maestra de J. G. Quintel sobre un pájaro azul llamado
Mordecai y un mapache llamado Rigby a los que les pasan todo tipo de
fantasiosas aventuras es toda una lección sobre la madurez, ese momento en que
dejamos de ser adolescentes y nos convertimos en adultos hechos y derechos con
nuestras preocupaciones, responsabilidades y obligaciones. Parece mentira que
una serie que es conocida sobre todo por su grotesca imaginación, su nostalgia
ochentera y noventera y su sentido del humor absurdo pueda convertirse en una
de las series más profundas que podamos haber visto. Y sin embargo, es así.
Lo cual hace de esta
serie algo maravilloso.
¿Un pato Megazord con pantalones rotos, zapatillas altas, una gorra de camionero noventera, un Power Glove y que surfea en una guitarra eléctrica en el espacio? ¡¡¡COMPRO!!!
Bajo ese aspecto
infantil, aleatorio y disparatado en el que cualquier tontería se puede convertir en un asunto del que literalmente dependa el destino del universo, Historias Corrientes es una fantasía
bien basada en una dura realidad: NUESTRA realidad. A lo largo de la serie
hemos visto cómo esa fachada de divertidísimas absurdeces mágicas con robots,
monstruos y artefactos mágicos de todo tipo ha ido desmoronándose sutil y
paulatinamente para dar paso a una historia sobre qué significa madurar, ser un
adulto, tener responsabilidades y lo que nos aguarda el futuro a través de los
ojos de sus personajes… y los nuestros.
Una de los mayores puntos
fuertes que tiene esta serie con respecto a cualquier otra es precisamente que
la línea que separa lo real de lo fantasioso está tan difuminada que ambos
mundos se mezclan en el imaginativo caos que envuelve cada uno de sus
capítulos. En este aspecto me recuerda a Earthbound,
el videojuego en el que unos niños deben salvar el mundo de una amenaza
extraterrestre y en donde todos sus eventos perfectamente pueden ser
confundidos como un juego de niños y viceversa, con los niños convirtiendo en
equivalencias entendibles para sus infantiles mentes situaciones adultas de la
vida real demasiado crudas o extrañas para ellos. Siendo así, no es extraño ver
todo el potencial del que Historias
Corrientes dispone, pues es capaz de aunar realidad y ficción para ofrecer
a cada miembro del público lo que quiere ver: coloridas fantasías para los niños
y sentimientos basados en la realidad para los adultos.
¿Una serie sobre dos amigos que viven mágicas aventuras? La tenemos. ¿Una serie cuyos temas sean la madurez, el fin de las amistades, las rupturas de pareja y un cuadro clínico de depresión entre otros muchos palos? TAMBIÉN
Sin embargo, toda esta
fantasía no oculta que en su esencia mantiene los pies en la tierra y su
objetivo es precisamente narrar una historia adulta y real. Por cada dios
arcano que despierta de su letargo para devorar el mundo, por cada tontería
diaria convertida en una amenaza capaz de distorsionar el espacio-tiempo, por
cada abominación primigenia invocada, por cada supervillano contra el cual los
trabajadores del parque son los elegidos destinados a derrotarlo existe una
lección sobre la vida real que aprender.
Pero al contrario que en
cualquier otra serie que ofrezca moralejas a su audiencia, principalmente en la
forma de ñoñadas tipo «la amistad lo puede
todo» o «el amor es para siempre»,Historias Corrientes
ofrece lecciones muy duras sobre la vida real que todos acabaremos aprendiendo
tarde o temprano: no sois más que el resultado de un sistema educativo que os
mastica de pequeños y os escupe como adultos enseñados a servir como mano de
obra, da igual las notas que sacarais en el colegio porque nada os va a salvar
de un trabajo desagradecido, mal pagado y que probablemente no tenga que ver ni
con lo que habéis estudiado; las amistades son efímeras y cuanto mejor sea tu
amigo más desgastada acabará vuestra relación, el amor de vuestra vida un día
desaparecerá y aun así será mejor que seguir con esta persona mediante el
temido «amor
compañero»,
los días de inocente felicidad que tuvisteis de pequeños nunca volverán…
En definitiva: da igual
lo que hagáis en la vida porque sois unas motas de polvo insignificantes en
este mundo, pero eso no quita que debáis seguir intentando ser las mejores
personas posibles.
En este sentido la
madurez que alcanza la serie incluso afecta a las amenazas a las que se
enfrentan nuestros protagonistas día sí y día también. Conforme vamos
alcanzando nuevas capas de realidad, los monstruos, los magos, los robots y las
aberraciones van dando paso a villanos más anclados en nuestra vida diaria como
dependientes groseros, funcionarios incompetentes o ese profesor que te tiene
manía sin motivo aparente. Las exageraciones siguen estando presentes en la
serie, e incluso de vez en cuando veremos alguna situación extraordinaria
(sobre todo en la forma de algún Final Boss de temporada o eventos que den paso
a la gimmick de la temporada siguiente), pero serán más las excepciones en pos
de un clímax antes del final para seguir hablándonos de aquellas cosas que más
conocemos y comprendemos, dándole un significado cada vez más literal a la
parte de «Corrientes» a la que las historias del título hacen
referencia.
Un profesor capullo al final puede ser una mayor amenaza y a un título mucho más personal que un mago malvado.
Es por este motivo por lo
que vemos el verdadero corazón de Historias
Corrientes y su punto más fuerte: su enorme empatía. Quintel nos ha
demostrado que es un autor que sabe captar no ya la atención de un público,
sino que es capaz de hablarle, de hacerle sentir, de dirigirse de tú a tú a sus
espectadores y de permitir que estos se sientan enormemente identificados con
las situaciones que sus personajes viven.
Al contrario que
productos como un Undertale diseñado
cínicamente para apelar a las emociones e inseguridades de un público mediante mecanismos
de proyección de dichas inseguridades en personajes planos y estereotipados o
unos artículos de Buzzfeed basados en
apelar gratuitamente a la nostalgia para una audiencia sin criterio, Historias Corrientes es una obra creada
a partir de la más pura de las empatías.
Pese a su carisma, nadie
en su sano juicio querría ser alguien como Mordecai o como Rigby, pues no dejan
de ser un par de veinteañeros que han fracasado en todo lo que han emprendido y
han acabado barriendo hojas en un parque. No son más que unos mataos
obsesionados con una cultura pop que les ha servido para llenar sus vacíos
existenciales fruto de ser los marginados del colegio, por no hablar de que son
unos malos compañeros de trabajo y, dependiendo del guionista que toque en ese
momento, hasta malos amigos o psicópatas en potencia. Sin embargo, sus
vivencias son lo que más nos interesan e inspiran: Mordecai lucha por conseguir
su lugar en el mundo encontrando a su media naranja pese a que sus relaciones
sentimentales suelen acabar más mal que bien, y Rigby consigue volver al instituto
para terminar de graduarse con el fin de ganar un respeto que cree deberle
a su novia y tal vez abrir así un nuevo futuro que sea más digno para él.
Las vivencias realistas
de sus personajes son contadas de la forma que solo puede hacer alguien que las
haya experimentado; cosas como ser el pringado del colegio, ser un becario y
que todo el mundo te putee por ser el último mono, las tensiones de tener
pareja, la dura compaginación del trabajo por tu gusto por los videojuegos, el cine o cualquier otra forma de entretenimiento… En definitiva, ¡cómo crecer en un mundo que te llena de obligaciones
y luchar para seguir siendo tú mismo! ¡El tipo de cosas que uno debe vivir si quiere
hablar bien y con propiedad de ellas!
Historias Corrientes es la única serie que nos ha demostrado que cosas como conseguir terminar los estudios pueden ser mayores aventuras que detener a la enésima abominación de turno.
El sentimiento de
identificación con sus situaciones puede llegar a ser enorme, y ahí es donde
entra la difuminación entre la realidad y la fantasía. Mordecai y Rigby son dos
post-adolescentes que viven atrapados en un mundo sin alicientes y trabajando de
barrenderos en un parque, por lo que llega un momento en que incluso podamos
llegar a pensar que todas las aventuras que viven tienen una parte más
fantasiosa que real. Y cómo culparlos…
Todos nosotros nos hemos
encontrado en situaciones así, en jornadas aburridas e interminables de tareas
o trabajos en las que uno acaba abstrayéndose a un mundo de fantasía para
evitar perder el juicio. Y lo mismo pasa con cualquier otra de las situaciones
que nos propone: el creciente temor a perder amigos con el tiempo, el deseo de
querer aprovechar el todo el tiempo que podamos con un ser querido que vemos
que se escapa de nuestras vidas, la frustración ante una vida que no da
segundas oportunidades ante un futuro cada vez más incierto… ¡hasta el miedo
que teníamos de pequeños a meter la mano en el reproductor de vídeo y que se
nos quedara la mano atascada se encuentra aquí! Todo ello contado con
situaciones, frases y hasta pensamientos que todos sin excepción habremos
tenido o dicho alguna vez en nuestras vidas, algo reconocido hasta por Quintel mismo.
Only 90's kids will remember!
Si bien la serie tampoco
es perfecta y sufre de muchos altibajos,
Historias Corrientes es también una historia de transición sobre el propio
Quintel, algo que podemos ver temporada tras temporada (amén de que a estas
alturas es un secreto a voces que el personaje de Mordecai lo hizo directamente
basándose en sí mismo, lo cual ayuda a entender ciertas cosas).
Tras tres MEMORABLÍSIMAS
temporadas cargadas de sentidísimos homenajes y celebraciones a la cultura pop alcanzamos
una sosísima cuarta temporada en la que nos introducen al personaje de Thomas,
un becario sin peso alguno en la serie y cuya función es «estar ahí»,
seguida de una deprimente quinta temporada centrada en la tristísima vida
amorosa de Mordecai y sus inseguridades más una sexta temporada que es un meh
absoluto y que termina en la desaparición de un más que olvidable Thomas ahora
convertido en un superespía ruso. Pero después de una RECOMENDADÍSIMA película
y numerosos rumores de cancelación, la serie vuelve a la estabilidad con una
séptima temporada más variada en sus temáticas, ya más ancladas en la realidad,
hasta alcanzar un clímax final en el espacioporque ya total pa’qué y
su EPIQUÍSIMA resolución en la octava temporada.
A lo largo de las ocho
temporadas de la serie vemos un proceso de creatividad absoluta seguida por una
de estancamiento, otra de práctica desesperación y otras de puro desarrollo de
personajes en las que los trabajadores del parque y el propio mundo de Historias Corrientes se van transformando
y maduran conforme lo hacen la propia serie como el programa de televisión que
es, Quintel como artista y hasta la misma audiencia. Como ya dije anteriormente
hasta la saciedad, la fantasía desbocada da paso al más sincero de los
realismos (lo que no quita valor ni a sus partes más entretenidas ni a su
sentido del humor) y a partir de ahí a un crecimiento tanto interno como
externo de los personajes y lo que les rodea.
Y este es el punto al que
quería llegar, pues si bien es cierto que me pesa el ver acabada una serie con
la que tan identificado me he sentido y con la que tanto he disfrutado, no
puedo tampoco dejar de sentirme aliviado por el mismo hecho de que termine:
Quintel ya ha contado todo lo que quería contar y siempre será mejor que la
serie acabe por sí misma a que sea inceremoniosamente cancelada.
Por ese motivo no puedo
dejar de recomendar Historias Corrientes,
pues es la serie que mejor representa a una generación, a mi generación, nuestra generación, y en definitiva, la generación de su autor, un joven que ha
conseguido narrar el sentir de muchos de nosotros a través de una serie de animación
cuya premisa original no era más que la de «cosas raras
pasando porque sí». La
estasis ochentera-noventera del mundo de esta serie es una divertida evocación
a un pasado que no volverá que a la vez sirve de plataforma de lanzamiento para
enseñarnos, tanto a nosotros como a los que están por llegar, unas valiosas lecciones sobre el futuro.
Y es que, a pesar de su tan aplastante y sincero realismo, Historias
Corrientes termina en una nota positiva con un último mensaje final: puede
que muchos de nosotros nunca podamos alcanzar nuestros sueños y ambiciones de
pequeños, pero eso nunca nos impedirá vivir una buena vida ni disfrutarla con
nuestros amigos.
Ya sea como una comedia
con elementos de fantasía (o mejor dicho, de realismo mágico),
una fuente de gifs y memes, un viaje nostálgico para aquellos que nacimos en
los ochenta y los noventa o una sincerísima representación de la vida de toda
una generación, Historias Corrientes es
una serie que me ha encantado, que me ha marcado, que me ha hecho reír y hasta me
ha hecho llorar. La cautivadora obra de J. G. Quintel sin duda me ha llegado al
corazón y se ha ganado un buen espacio en él.
«Si este vibrador estaba hackeado a la red bluetooth de estos otros dos vibradores... ¡significa que se han montado un trío digital!».
Avery Ryan, CSI Cyber.
La «espera», si se la puede llamar así, ha concluido por fin: tras dieciséis años de ausencia, la clásica
Digimon Adventure que marcó
muchísimas infancias (entre las que incluyo la mía) ha resurgido en forma de chapa
una miniserie que cuenta las vivencias de los Niños Elegidos originales seis
años después de los acontecimientos de Digimon
02, su segunda temporada.
Y la verdad es que, aunque yo me considere
un fanático de Digimon (véanse: Adventure, 02 y Frontier. SÍ, SOY
DE ESOS), realmente no dejo de preguntarme a mí mismo qué oculta este
regreso tan inesperado y si alguien esperaba de verdad que Adventure, de todas las series y spin-offs que ha tenido la
franquicia, sea la que tuviera que hacer acto de presencia más allá de por ser
la original y la que todos recordamos. ¿Por qué? Por la sencilla razón de que Adventure y Digimon 02 acabaron con dos finales más que cerradísimos, los
cuales auguraban una edad dorada tanto para el Mundo Digital como para el Mundo
Real durante muchos, muchos años.
Por ese motivo me pregunto de nuevo qué es
lo que más queda por contar en una historia en la que ya no queda nada por
rebañar. Pero eso se me pasa cuando al minuto siguiente se me ocurre la
respuesta: ¿valor narrativo? Cero. ¿Valor económico? Infinito.
¡Exacto, amigos! Aunque parezca mentira, y
si a alguien del público se lo parece, que se lo haga mirar, los señores de
Toei han decidido rescatar Digimon
Adventure no como una carta de amor a sus fans sino más bien como una nueva
forma de cosechar pastuqui por medio de la nostalgia. Porque es la nostalgia lo
que mueve realmente la cultura popular hoy en día: por eso basurones como el Undertale y otros juegos indie «retro» o «nostálgicos» tienen una acogida tan
enorme entre el público, por eso el Vaporwave es una tendencia
musical tan en alza más allá de la mera curiosidad. Y por eso Digimon Adventure ha sido sacada del ataúd
en el que tan cómodamente descansaba cual Sir Daniel Fortesque para narrar una
nueva aventura.
¿Hurra?
Y en serio, ¿quién puede culparlos?
Realmente no es más que un negocio. Y viendo en lo que ha quedado la franquicia
de Digimon tampoco es para menos:
tras la inolvidable Adventure le
siguió la mejorable 02, seguida de
una subversiva pero ñoñísima Tamers,
una desaborida y perezosa Frontier,
una sosísima y poco original Savers y
la insultante X-Wars; fuera de Japón
nadie ha oído hablar de los mangas y es de todos sabido que Digimon tiene una tradición de
videojuegos tan MALOS que por muy buena que sea la acogida que están teniendo
los últimos juegos de la saga ese sambenito ya no se lo quita nadie.
Es más, a pesar de todo yo ME ALEGRO. Adventure fue LA serie de mi infancia;
no solo me divirtió, sino que su historia fue (y es) una inspiración creativa para
mí, y sus personajes a día de hoy siguen teniendo un hueco en mi pequeño,
podrido y ennegrecido corazón. Realmente me marcó, fue una de esas historias
que a uno se le quedan grabadas para siempre junto a otras igual de igual
calibre y definen creativamente a un individuo, y ante la idea de ver una
secuela de ello no me puedo disgustar aunque vea el objetivo que hay detrás de
todo el movimiento.
Lo que sí puedo hacer es extrañarme porque
nadie con dos dedos de frente va a esperar una secuela de Adventure, al igual que nadie espera una segunda parte de Ciudadano Kane: porque está todo el
pescado vendido, no hay nada más que rascar. No hay nada más allá del título de
«FIN» (a ver, en Adventure02, pero SE ME ENTIENDE, y eso sin
contar que la propia 02 era un ordeñe
de la primera temporada a modo de secuela gratuita). Aparte de que,
lógicamente, no deja de ser un movimiento muy arriesgado con muchísimas formas
de dañar el material original.
*EJEM*
Y ahora que he visto las cuatro OVAs de las
que se compone Digimon Tri no puedo
sino rascarme la cabeza con una mezcla entre confusión y rabia. De la OVA en sí
ya hablaré en su momento, pero lo que más me molesta es el hecho de que termine
tan abruptamente mientras distintas fuentes, a cada cual de veracidadmássospechosa,
discuten no ya de la necesaria existencia de sucesivas secuelas a Tri sino CUÁNDO se emitirán, suponiendo
que la espera para ver la segunda parte de lo que no es más que un prólogo de ochenta
minutos variará entre cinco meses y doce. ¡SÍ, ENTRE ABRIL Y DICIEMBRE DEL
2016!
Entonces, como pueden comprobar, si la trama
de esta saga de relleno (llamémosla por su nombre) no ha sido lo que ha
fastidiado el triunfal regreso de Digimon
tras años de olvido y malas críticas, ha sido una práctica tan sombría y
carente de opacidad por parte de Toei, algo que parece decir «emitiremos la
segunda parte de la serie si nos dais la suficiente audiencia» mientras sujeta
los planos del proyecto por el cuello y les apunta a la sien con una pistola.
Sinceramente, es la primera vez que oigo
hablar que para una serie de televisión para la que han tenido DIECISÉIS años
de planificar su regreso vayan a emitirla a cachos de cuatro capítulos POR AÑO.
O sea, para el gordo de Canción de Hielo
y Fuego puedo entender la espera porque ese señor puede morirse hoy mismo y
enterrarse no con tierra sino con fajos de dinero y porque al menos sus libros
sobrepasan las ochocientas páginas. ¿Pero una serie basada en unos dibujos
nostálgicos?
¿Qué clase de sadismo suicida hace falta
para emprender semejante acción? Y digo «sadismo» porque SÉ que hay quien
estará contando ya los días para abril/diciembre del año que viene mientras a
estas alturas se habrá terminado de comer las uñas de desesperación. Y digo «suicida»
porque para otros cuatro capítulos de veinte minutos nadie que sea medio normal
mantendrá el interés en esperar todo ese tiempo; si acaso se enterarán por
redes sociales y mirarán la serie casi como una curiosidad en vez de como el
regreso tan esperado de Digimon.
«¿Que la siguiente tanda la echan CUÁNDO?».
Sin embargo, sospecho sé que ustedes
no han venido aquí a leer cómo desentraño los mecanismos de una retorcida estrategia
de marketing, sino de qué va este pequeño gran homenaje y ya de paso cagarse en
mis muertos y hasta en mis vivos si llegara a decir algo deshonroso
contra semejante vaca sagrada, así que no me voy a hacer de rogar. Eso sí, como
viene siendo lógico, la reseña contiene spoilers de absolutamente toda la trama
de lo visto hasta ahora, así que quedan avisados. Asimismo, imagino que todos
ustedes tendrán la edad suficiente para saber de qué hablo sin necesidad de
remontarme a narrar los eventos de la serie original o quién es quién.
El primer episodio empieza de forma ominosa
con la supuesta destrucción de los Niños Elegidos de 02 ante un sombrío enemigo para pasar a mostrarnos las vidas de
nuestros héroes, los protagonistas de Adventure.
Han pasado seis años desde su última gran aventura y la serie nos muestra de
forma melancólica a unos ex-Niños Elegidos viviendo unas vidas anodinas mientras
las obligaciones del Mundo Real absorben su tiempo y les separa poco a poco.
De forma tan agridulce nos alegramos y al
mismo tiempo nos entristecemos al ver qué ha sido de unos héroes a los que
aparentemente nadie recuerda a pesar de haber salvado el mundo en varias
ocasiones. Básicamente, el mundo se ha movido, ha avanzado, y ellos quedaron
reducidos al olvido para tener una vida normal que no les satisface en
absoluto: el efusivo Tai no encuentra alicientes en su vida, el taciturno Matt
tiene problemas con la identidad de su grupo de música, el responsable Joe vive
absorto con sus estudios, el animado Izzy lleva una vida llena de compromisos…
El golpe es directo y efectivo. De hecho,
ESTA es la trama del primer capítulo de esta OVA, de reintroducir a los
personajes en un contexto tan familiar para nosotros pero al mismo tiempo tan irónicamente
extraño para ellos a través de nuestros ojos. Apenas vemos un solo digimon en
este capítulo porque el centro de ello no es la crisis, sino crear un vínculo entre
los personajes y la audiencia, ya que no solo «duele» ver a un personaje
querido sufrir, sino que existen situaciones que a muchos les sonarán, como el
ir creciendo y verse obligado a abandonar gradualmente a sus amistades de toda
la vida por falta de tiempo y los quehaceres.
Puntos extra para la efectivísima forma en la que está dirigida la cabecera del primer episodio intercalando los sentimientos del personaje con la misma letra de la canción.
Este capítulo no va sobre los digimon ni
sobre la crisis del mundo, va sobre los personajes, sus problemas y sus
relaciones. Básicamente, han crecido de la misma forma que lo hemos hecho
nosotros. El sentimiento nostálgico está bien utilizado en pos de una
identificación real con unos personajes no ya definidos por sus aventuras
pasadas sino redefinidos en la actualidad. Y aunque siga siendo uso de la
nostalgia, es un BUEN uso de la nostalgia.
Es más, si hay un punto fuerte que se puede
destacar de Tri, es justo que, aunque
sea una forma de ordeñar beneficios y audiencias, al menos es un intento bien
trabajado y sentido. Aquí verdaderamente se nota un esfuerzo a la hora de
narrar una historia y los sentimientos de sus personajes que no se veía desde
la Adventure original. No han tirado
de recursos perezosos ni de insultar la inteligencia de sus espectadores como
hicieron con un X-Wars que si se
descuidan bien podría pasar por un spin-off de Bakugan o las series secuela de Beyblade.
En su lugar optaron por hacer un capítulo bien narrado e invertir en los
sentimientos, que no en el sentimentalismo.
Sin embargo, esa paz se rompe ante la breve
invasión de un Kuwagamon
y un par de digimon misteriosos que permanecerán entre las sombras lo que dure
esta OVA. La aparición de los monstruos a través de portales está generando una
serie de distorsiones en los aparatos eléctricos y hasta apagones en varias
zonas de la ciudad, lo que llama la atención de una misteriosa organización que
parece estar estudiando el comportamiento de los digimon, prediciendo que no
pasará mucho tiempo antes de que ataquen.
En el segundo episodio me gustaría decir que
las cosas mejoran, pero es que es a partir de aquí cuando se tuercen y empiezan
a ir cuesta abajo y sin frenos… Principalmente, la predicción de los agentes de
la organización se hace realidad y el Kuwagamon consigue hacerse tangible para
atacar a Tai destrozando todo un barrio a su paso. El chaval logra invocar a su
compañero Agumon y hacerle evolucionar a Greymon, pero una serie de portales se
abren y ambos digimon desaparecen para reaparecer en un aeropuerto y continuar
allí su combate.
Si esto ocurriese en España ya lo estarían llamando Aeropuerto Madrid-Barajas Adolfo Suárez Greymon-Kuwagamon.
De repente los agentes de la organización
encuentran a los Niños Elegidos y a sus digimon para llevarles a luchar al
aeropuerto. Pero lo que prometía ser un combate épico rápidamente se convierte
en una larguísima escena de combate cargada de relleno para extenderla lo
máximo posible y así terminar rápidamente el episodio… junto con otros fallos.
En primer lugar, cabe destacar que el
antagonista (posteriormente «antagonistas»)
a los que se enfrentan los Niños Elegidos SON KUWAGAMONS, básicamente el primer
enemigo al que se enfrentaron los protagonistas y sus digimons en el primer
episodio de Adventure y al que juntos
derrotaron en la forma bebé de estos. Tras ello, los Niños y sus digimon
acabaron derrotando a villanos de la talla de Devimon, Myotismon, los Amos
Oscuros o Apocalymon, verdaderas y literales fuerzas del mal sin contar con sus
esporádicas contribuciones a 02, las
películas o ese vergonzosísimo crossover con X-Wars en el que derrotan versiones de otros villanos de la serie
de un solo golpe. Entonces, ¿por qué sus formas evolucionadas y combinadas
apenas pueden hacer frente al mismo bicho acompañado de otros dos iguales?
Simplemente el combate termina cuando los
Kuwagamon poco menos que se cansan y el líder del grupo, que ya tenía ganado el
combate CONTRA LOS DESTRUCTORES DE MYOTISMON, LOS VENCEDORES CONTRA LOS AMOS OSCUROS, LOS SUPERVIVIENTES DE LA LUCHA CONTRA APOCALYMON,
directamente es absorbido por un deus ex machina con forma de mano gigante que
se lo lleva de nuevo al Mundo Digital con la expectación de que vaya a sufrir
una muerte muy dolorosa con un añadido efecto Worf.
Pero no ya solo el combate es un sinsentido
largo y pesado de ver, sino que a esto debemos mencionar el regreso de las
secuencias de digievolución… Y seamos francos: las secuencias de digievolución
molan pero a pocos, y a pesar de ello no dejan de ser un recurso para rellenar
tiempo de pantalla con efectos visuales y nada más. Y ojo, que con esto me refiero a TODAS las secuencias de evolución de la franquicia.
Aquí vemos evolucionar al menos a seis de
los digimon principales de forma individualizada, pero aunque sea «necesario»
para demostrar precisamente la forma que han tenido de actualizar la serie (es
innegable que esta secuencia con un CGI videojueguil que no causa ceguera por
vergüenza ajena y con los efectos visuales del huevo hecho de hexágonos de
datos es infinitamente mejor que la secuencia original del modelo de dibujos
dando vueltas dentro de un pilar de luz), al final acaba convirtiéndose en
una cansina fuente de fanservice que descaradamente se come varios minutos del
reloj para acabar apresurando el final del combate (y por ende del capítulo) de
forma tan anticlimática.
¡HAZTE CON TODOS! (Angewomon CGI a 60fps DLC coming soon).
El tercer capítulo se centra en el resultado
del combate del aeropuerto como una fuente de conflictos para los protagonistas.
Escudados por los agentes de la organización, los Niños Elegidos y sus digimon
salen del aeropuerto de vuelta a sus casas para encontrarse que los canales de
noticias de todo Japón no solo se han hecho eco de la invasión sino que tratan
a los digimon como monstruos peligrosos, recordando a la población, además, que
esta no es la primera invasión sufrida desde el Mundo Digital.
Y qué quieren que les diga, ese último detalle
me ha gustado mucho precisamente por lo consecuente que es con respecto a su
historia y porque retconea uno de los principales fallos argumentales de 02, que era justo el que NADIE se
acordara de la invasión de los digimon de Myotismon y que el cielo de todo el
mundo literalmente SE ABRIERA mostrando el mundo de procedencia de dichas
criaturas TRES AÑOS DESPUÉS DE QUE SUCEDIERA.
De hecho, si hay una cosa que espero con
sumo interés de Tri es precisamente
una serie de retconeos que arreglen el queso de gruyer que fue 02, en especial aquel epílogo tan
cancerígeno que parecía más el final de un fanfic calenturiento que obra de un
guionista pagado. No, en serio. ¿El personaje femenino que aprende a ser
independiente haciéndose ama de casa para esperar a su maridito con la cena
hecha? ¿El chico con aspiraciones deportivas convirtiéndose en diplomático?
¡¿El aspirante a músico haciéndose ASTRONAUTA?! ¿Y qué ha sido de aquella
MIRÍADA de nuevos Niños Elegidos que hicieron que el título perdiera por
completo su valor porque ahora TODOS los niños del planeta podían tener un
compañero digimon como quien tiene un perro de mascota?
My Immortal y El Ojo de Argón no son tan malos si los comparamos con ESTO
Todo eso, menos mal, ha «desaparecido» de momento o se ha olvidado de una
forma muy conveniente, algo con lo que estoy muy de acuerdo y que ni quiero ni
espero volver a ver, sobre todo porque si ese epílogo de dentro de diecitantos
años es real, de poco sirve escribir una intercuela como Tri si ya sabemos cuál va a ser el futuro de todos sus personajes.
Y no me refiero a que estarán bien, sino que todas las tensiones generadas por
sus relaciones interpersonales pierden peso y efecto si ya sabemos de antemano
el resultado. ¡El viaje no importa tanto si podemos teletransportarnos sin problema
del punto A al punto B! ¡Menos aún si ya estamos en el punto B y empezamos a
recordar cómo llegamos hasta ahí!
El caso es que los digimon de los Niños
Elegidos son tratados como amenazas, provocando disforia malestar entre los
chicos, como es de esperar. Por otra parte, uno de los agentes de la
organización que resulta que se estaba haciendo pasar por un profesor de Tai
aparece para exponer que los digimon que atraviesan
los portales entre los mundos son «digimon
infectados» y que por tanto se vuelven malos y mucho más fuertes. Aquí es cuando empiezo a dudar. ¿Infectados
por qué? No se sabe. ¿Se vuelven malos y mucho más fuertes? Pues hombre, podría ser
verdad… si no fuera porque de momento de enemigos solo hemos visto a un digimon
que se supone que es un animal salvaje al que tradicionalmente se le considera
un antagonista de los Niños Elegidos. Es que hasta lo de la fuerza pierde
credibilidad cuando uno se da cuenta de que los digimon de los protagonistas no
han luchado una sola vez EN SEIS AÑOS. Tal vez habría estado bien meter algún
digimon que ejemplifique mejor eso que uno que esté para rememorar una de las
escenas más famosas de la serie por puro fanservice. ¡Vamos, digo yo!
Con esta información los Niños planean su
próximo movimiento… y aquí la pendiente cuesta abajo se vuelve mucho más
empinada cuando Tai empieza a dudar sobre sus acciones para proseguir
defendiendo el Mundo Real debido a que ha crecido, madurado, y es consciente de
la destrucción provocada por los combates entre los digimon, algo que Matt no
está dispuesto a permitir… ¡peleándose con él, defendiendo a los digimon a
ultranza y mandando el grupo a la mierda!
¡NO BROMEO! En apenas cinco minutos pasamos
por todo un carrusel de emociones apiñadas y sin explorar que terminan en una
escisión del grupo basada en dos ideas tan opuestas como extremistas. Por un
lado Tai se niega a combatir para no causar más daños colaterales y por el otro
Matt decide que lo mejor es atacar con todo lo que tienen porque, como sus
propios digimon son amigos suyos, son libres de toda responsabilidad y que el
terror de la gente es infundado. NINGUNO de los dos tiene razón y sin embargo
la serie quiere hacernos creer que ambos al mismo tiempo la tienen. Y esta
situación está tan fuera de personaje, en especial para Matt, que no me puedo
creer que no hayan despedido a nadie por esto.
En primer lugar, el hecho de que Tai piense
en las consecuencias y los daños colaterales es un añadido que a mí me gusta
mucho y quisiera que se hubiese explorado mejor. El chaval ha madurado, tiene
dieciséis años y no sabe qué hacer con su vida; ya no es el prototípico héroe
shonen hiperactivo y cabezahueca de diez años. Ha cambiado y es consciente de
sus alrededores. Tenemos escenas que nos muestran qué es lo que se le pasa por
la cabeza, pero en ningún momento tienen una recolección lógica de pensamientos,
sino que directamente pasa del «me preocupa X» a la inacción total por
depresión, acusándose A SÍ MISMO Y A SUS COMPAÑEROS de causar la destrucción.
«¡Oh, qué escena más bonita...! Lástima que, como somos japoneses, confundimos el desarrollo de personajes con momentos de introspección y autoduda».
Y no sé si verdaderamente esto es una cosa
japonesa o simplemente mal guionismo o mala dirección porque con Matt tres
cuartos de lo mismo. Matt está TAN ofendido por ver cómo las televisiones
hablan de la destrucción de los digimon que se pone violento a la más mínima de
cambio alegando por la fuerza que sus compañeros digimon son inocentes. ¿Pero
sabes qué, Matt? ¿Ese pánico de las masas hacia los digimon? ¡Está del todo
justificado! Primero porque NADIE sabe ni tiene la obligación de saber si
hay bandos entre los monstruos que en el transcurso de día y medio han
destrozado un barrio y un aeropuerto, y segundo porque NO ES LA PRIMERA VEZ QUE
PASA. El combate entre Greymon y Parrotmon, la invasión de Myotismon, el cielo
rasgado por obra de los Amos Oscuros, la oscuridad de Apocalymon, la invasión de digimon salvajes por parte
de Arukenimon y Mummymon, el secuestro masivo de niños por parte de Tommy
Wiseau Oikawa por orden de MaloMyotismon, la invasión de Demon y sus
lacayos, los combates contra Blackwargreymon… ¡¡¡DIABOROMON HACKEANDO MISILES
NUCLEARES PARA ATENTAR CONTRA JAPÓN!!! Creo que si alguien tiene que tener
miedo de lo que está pasando al ver monstruos aparecer para destruirlo todo es
la propia gente.
Y no solo eso, sino que ambos bandos están
equivocados cuando uno ve que las tensiones podrían no haber tenido lugar si
estos dos cabezas de chorlito hubieran pensado un poco: Tai no tiene por qué
convertirse en un cobarde si le hubiera echado un poco de pragmatismo y decir «peor
será si no detenemos a los invasores que han venido aquí a causar estragos», y
Matt tendría que haber recapacitado y darse cuenta de que el miedo de la gente
está probado. Esta tensión es innecesaria y no es más que un vil relleno que
atenta contra ambos personajes.
Porque puedo entender que Tai «pierda»
valor, el cual era su emblema en Adventure,
pero en realidad podría haberlo cambiado por «saber cuándo y cómo actuar». Puro
pragmatismo porque las emociones no son absolutas. Y en esencia eso es lo que Tri quiere demostrar, pero les ha salido
el tiro por la culata y más en el caso de Matt, el cual es inexcusable porque
toda su evolución como personaje en Adventure
fue dejar de ser tan huraño e independiente para aprender a confiar en la gente
y tolerarla (de ahí precisamente la analogía visual con un lobo solitario,
Garurumon y sus evoluciones, más su contraste simbológico con el propio Tai al
ser este representado con colores cálidos y Matt con azules fríos por medio del
clásico Oni Rojo-Oni Azul). Entonces, ¿de qué sirve todo eso de la Amistad como símbolo si a
la primera discusión siendo adultos casi llegan a las manos y Matt manda a la
mierda al grupo? ¡Exacto, Hitler para nada!
Una vida sin amigos: el antes y el después.
Oh, pero las cosas no hacen sino ir MÁS
cuesta abajo en el cuarto y último episodio de esta tanda… Aquí Izzy, en
colaboración con la organización misteriosa, configura un vínculo a modo de
portal con el mundo digital para que los digimon puedan viajar libremente entre
las dimensiones… Y PROGRAMA UNAS GAFAS DE REALIDAD AUMENTADA CAPACES DE VER
DISTORSIONES ESPACIOTEMPORALES PARA TAI EN UNA NOCHE. ¡Porque sí! ¡Porque el
tiburón ya lo hemos saltado tantas veces que es como un trampolín para nosotros!
Ah, y por fanservice gratuito, por supuesto, porque qué sería de Tai sin sus
características gafas. Y todo esperando Toei que no nos demos cuenta de que si
esta vez las gafas tienen una utilidad como la de detectar portales, Izzy
debería haber creado copias para todos en vez de para un único miembro del
grupo…
Y con esto los trolls y los cuñaos del Twitter ya no tienen pantalla tras la que escudarse.
¡Gracias, Izzy!
De todas formas, poco pasa en este episodio.
Los primeros diez minutos (vamos, casi la mitad del capítulo) vienen a ser una
mezcla de paseos intercalados con una escena muy tensa entre Tai y Matt
haciendo las paces en lugares que invitan al acurrucamiento (¡SÍ, COMO LO
LEEN!) y el resto del tiempo lo dedican a la aparición de Alphamon, el oponente
misterioso que derrotó a los protagonistas de 02 de los cuales probablemente
todo el mundo se ha olvidado y casi hasta el punto de que me los imagino desangrándose hasta la muerte en medio del desierto y jefe final de esta OVA.
Y déjenme decirles: el combate contra
Alphamon es patético. Simple y llanamente patético. Alphamon no es que sea
poderoso (que de por sí lo es al tratarse de uno de los digimon más poderoso de
la franquicia), sino que los digimon de los Niños Elegidos no pasan del nivel
campeón (o «cuerpo maduro», para los nostálgicos) y, giro loquísimo de los
acontecimientos, por tanto no tienen nada que hacer contra la bestia, obligando
a Agumon y Gabumon fusionarse en Omnimon, aquel ser divino que hizo su debut en
la primera película y que es una de las mayores promesas de los tráilers de
Tri, para hacer frente a Alphamon y… no hacer nada con ello. Como lo leen.
Básicamente, las dudas de Tai impiden que
Omnimon ataque a su oponente, dándole el tiempo suficiente como para abrir un
portal y largarse. Y si ustedes se sienten de alguna forma extrañados por estas
líneas o defraudados al haber visto el capítulo en su momento acordándose de
las promesas en los anuncios de un combate épico entre el Alfa y el Omega digitales,
déjenme decirles que yo no. ¿Por qué? Porque en ese momento de clímax vi el
contador de tiempo del vídeo y vi que al episodio le faltaban cinco minutos para
terminar, por lo que era IMPOSIBLE que sucediera tal combate y al mismo tiempo dieran
las explicaciones a tantísimos cabos sueltos.
Y por supuesto, no las dan. Omnimon se va,
el grupo se reúne y descubren que una chica con la que no han parado de
encontrarse que es el prototipo de niña tímida japonesa al más puro estilo fanfic es
también una Niña Elegida. FIN.
Mi reacción.
Ya está. Esa ha sido la primera OVA de Digimon Tri: un prólogo de ochenta
minutos cuya continuación no veremos hasta el año que viene y tal vez ni con
esas si Toei no obtiene la audiencia que requiere para continuar con la serie.
¿Mi opinión al respecto? Ha sido
decepcionante PERO. Y me explico: si es verdad que al final existirán nuevos
episodios de Tri que contribuyan a la
historia, realmente no puedo hablar tal cual sobre si me ha parecido bien o mal
la serie entera porque la estaría juzgando prácticamente por su piloto. El día
en que descubra más información sobre fechas de estreno posteriores iré
actualizando y corrigiendo esta entrada porque soy el primero que quiere saber
qué pasa con esos tiempos de espera tan arbitrarios como marcianos de un año
por cada OVA, pero yo ya adelanto que si ese va a ser su plan, mi interés en Digimon Tri acaba de morir en este mismo
instante. Si no, cuando termine la serie dentro de un plazo aceptable, haré más
reseñas o directamente una que encapsule el resto de la serie.
No obstante, este bloque en sí y obviando la
trama inconclusa y el final abrupto me ha parecido algo decepcionante. Empieza
muy bien, su primer capítulo es un sentido homenaje a los nostálgicos de Adventure y la modernización de la
animación y los efectos visuales del CGI no solo son resultones sino que molan
muchísimo, pero rápidamente cae en el fanservice, el relleno canónico (las
IN-TER-MI-NA-BLES secuencias), las tensiones innecesarias y los combates es que
son sosísimos.
¿Me ha gustado? Meh, más o menos. Tira a que
sí, pero tampoco esperaba nada y creo que eso me ha ayudado a no llevarme un
chasco mayor. Mi recomendación para Tri es que si quieren verla, véanla, pero
sin hype ni ilusión de ningún tipo porque a fin y al cabo esto no es más que un
prólogo de ochenta minutos.
Después de lo ocurrido con el final de La Leyenda de Korra, no me extrañaría que Toei fuese a sacar aquí su propia versión.
ACTUALIZACIÓN: publicada ya la segunda parte de estas reseñas sobre Digimon Adventure Tri. Si quieren ir allí, no tienen más que pinchar este enlace. ACTUALIZACIÓN 2: publicada ya la tercera parte de estas reseñas sobre Digimon Adventure Tri. Si quieren ir allí, no tienen más que pinchar este otro enlace. ACTUALIZACIÓN 3: publicada ya la cuarta parte de estas reseñas sobre Digimon Adventure Tri. Si quieren ir allí, no tienen más que pinchar este otro enlace.