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lunes, 17 de abril de 2017

JoJo's Bizarre Adventure: The 7th Stand User. Una JoJoya desconocida.

«And now these gathering stardusts
Summoned in the awakening of a century old catastrophe
And all these brave men musft face now
A race beyond the sands of time with this journey».
Letra de Stand Proud.

   JoJo's Bizarre Adventure bien puede ser una de las obras de culto más influyentes en la cultura oriental del mundo y no sin un buen motivo. Su fabulosidad, ingenio y extravagancia han cautivado a millones de personas que hoy en día la siguen disfrutando gracias a su adaptación en anime y a la magia de internet.

   Por ese motivo, no me extraña que uno de los fangames más trabajados y uno de los juegos indie más AMBICIOSOS que he visto nunca sea uno basado en la propia JoJo's: The 7th Stand User.




   Si el vídeo les ha convencido o si están interesados en el juego, aquí tienen el enlace para descargarlo.

martes, 21 de marzo de 2017

Lisa The Reviewful: un análisis de la Trilogía Lisa.

«Llevo muerto treinta y cinco años. Hoy es el día que vivo».
Brad Armstrong.

   Como hacía mucho, mucho, MUCHO que servidor no se humillaba públicamente jugando a ser youtuber, aquí les traigo un análisis sobre una de las experiencias ludonarrativas las sagas de videojuegos más desgarradores e impactantes que he visto en mucho tiempo: la trilogía Lisa, compuesta por Lisa The First, Lisa The Painful RPG y Lisa The Joyful.



domingo, 5 de febrero de 2017

BoJack Horseman: retrato de un juguete roto.

«Back in the 90's 
I was in a very famous TV show
I'm BoJack the Horse!
BoJack the Horse!
Don't act as you don't know».
Canción de créditos de la serie.

   BoJack Horseman es uno de los mejores descubrimientos que he podido hacer en lo que a series de animación se refiere. Y lo digo así. Tal cual. Desde la primera línea. Y es que series como esta, como Historias Corrientes, como Archer o como Rick & Morty me hacen ver que vivimos en una época dorada de las series de animación, ya sean para niños o para adultos.

   Si bien es cierto que llevaba largo tiempo ignorando cualquier cosa que tuviera que ver con la serie por el efecto rechazo que me generaba el que la gente no parara de darme por culo el coñazo con el temita de «tío, tienes que ver esta serie», «tío, es que es muy buena esta serie», «tío, es que es muy profunda esta serie» y «tío, a ver si te mata un asesino en serie» y que acabé chupándomela justo a finales de este enero porque esencialmente no tenía otra cosa que hacer, sí es verdad que al final acabé descubriendo, como ya he dicho, una de las mejores series que he visto en mucho tiempo. Tres días me duró la serie entera. TRES DÍAS. Uno por temporada. Y no me arrepiento de esta decisión porque han sido tres días muy bien invertidos, como ahora verán a continuación.

   Y como siempre hago con una serie que me gusta y recomiendo, aviso de spoilers bastante tochos porque hay gente a la que al parecer le crece un ano en la frente si se les revela algo de la trama de un producto de entretenimiento.

Spoiler de esta reseña: la serie MAGUSTAO


   La serie trata sobre la decadente vida de un caballo que en un tiempo fue el protagonista de serie familiar ñoña de los años noventa tipo Cosas de Casa, Padres Forzosos o La hora de Bill Cosby, y que desde entonces no levanta cabeza. Llevando una vida completamente autodestructiva, se pasa los días emborrachándose, drogándose o simplemente autocompadeciendose mientras vive de las rentas que le proporciona su fama acompañado por Todd, un nini veinteañero que vive acoplado en su casa, y Princess Carolyn, su agente, con la que mantiene una de las relaciones más tóxicas y destructivas jamás vistas en televisión.

   Sin embargo, las cosas cambian cuando, tras meterse en un berenjenal por prometer a una editorial que escribiría una autobiografía pero al final no cumplirlo, le encasquetan a Diane Nguren Apellidoimpronunciable, una negra literaria que se convierte en su biógrafa y de la que se enamora, algo que ni siquiera funciona porque ella está casada con el señor Peanutbutter, un labrador retriever actor y protagonista de su propia sitcom familiar que es un claro plagio de la serie de BoJack. A través de los capítulos de la primera temporada, en donde sucede la trama de la autobiografía, conoceremos mucho mejor al televisivo equino, sus circunstancias y todo lo que le sucedió para acabar convirtiéndose en el borracho depresivo que es hoy en día.

   Finalmente, ya en la segunda temporada, el libro consigue publicarse y BoJack pega el pelotazo, siendo contratado para protagonizar la película Secretariat, basada en su héroe de la infancia y uno de los motivos por los que él de pequeño siempre quiso ser una estrella. Sin embargo, pronto descubrirá que el mundo de la gran pantalla no es tan glamuroso como se las prometía y que hay sueños que es mejor que no se cumplan, lo que le lleva a una nueva espiral de infelicidad.

   Y con esto, la tercera temporada será la gota que colme el vaso de BoJack: la película logra terminarse independientemente de su participación y el caballo acaba convirtiéndose de nuevo en una superestrella. Pero cuanto más asciende en la fama, más vacío se siente, llegando a plantearse incluso si esto era lo que él quería desde un principio. Todo el mundo se aprovecha de él, y los pocos amigos que aún le quedan han ido creciendo tanto, tanto en lo personal como en lo profesional, mientras él se seguía hundiendo en su propia miseria que él mismo los rechaza. Al final, BoJack desaparece, rehuyendo de la fama en casi un intento de suicidio que deja las cosas abiertas para el inicio de una cuarta temporada.

Y esta viene a ser la moraleja final de esta serie.


   La clave para entender el drama de BoJack Horseman, como han podido comprobar, es que BoJack es un peón. Un simple y vulgar peón en los juegos de terceros. El personaje ha llevado toda su vida siendo avasallado o manipulado por los demás, haciendo las cosas que otros querían mientras le engañaban (y se autoengañaba) haciéndole creer que esto es lo que de verdad quiere hacer. Y él se lo creyó del todo hasta encontrarse a años luz del punto de no retorno.

   La vida opulenta que muestra BoJack externamente es un contraste con lo vacío que realmente se siente, y cuanto más avanza en su carrera como actor, más empeora como persona, sobre todo cuando es capaz de ver los tejemanejes y las corruptelas que se llevan a cabo tras las bambalinas, algo particularmente notable en la segunda y tercera temporadas: la película sobre el legendario caballo de carreras Secretariat es una auténtica mierda que se salta o manipula convenientemente escándalos de la vida del personaje para satisfacer a grupos demográficos, el metraje se termina con un clon en CGI del propio BoJack tras haberse largado mientras él se lleva el mérito de un trabajo que no ha hecho, los galardones que obtiene por Secretariat son mayormente comprados o resultado de una concienzuda campaña publicitaria y toda la gente que llega a su vida tras convertirse en un famoso actor cinematográfico se acercan a él por la fama.

   BoJack no hace nada ni tiene derecho ni a decidir ni a opinar. Él está ahí para poner la cara y a celebrar méritos completamente vacíos en un intento de autoengañarse. Pero incluso él mismo sabe que todo esto es efímero y que acabará chocándose tarde o temprano contra el muro de ladrillos que es la realidad, momentos de lucidez que le llevan a replantearse su vida y escapar de vez en cuando para perseguir oportunidades ya pasadas, como antiguos amores que le permitan empezar de cero o hacer las paces con un amigo al que traicionó. Y sin embargo, ni con esas tiene derecho a ser feliz: esas puertas hace mucho que se cerraron, le guste o no, y cada dosis de realidad es un clavo más en su ataúd al verse cada vez más atrapado por su falsaria vida de farandulero.

Y es que, al final, todos los deseos de BoJack se hacen realidad.
TO-DOS


   El hundimiento vital de BoJack entra en un contraste con las vidas de aquellos que le rodean, gente que ha ido encontrando mejores oportunidades laborales y mejoras personales que les permiten evolucionar como personajes: Diane se convierte en una escritora de éxito, Todd tiene varias aventuras empresariales que le permiten valerse por sí mismo, Princess Carolyn funda su propia empresa de talentos y el señor Peanutbutter acaba convertido primero en presentador televisivo y después en candidato a Gobernador de California. Todo esto ellos lo han conseguido gracias a sus esfuerzos, sacrificios y duro trabajo en contraposición a un BoJack que se limita a vivir de las rentas.

   Las tóxicas relaciones que mantiene BoJack con los poquísimos amigos que posee le dan un toque extra al personaje. Una de sus principales características es que, a raíz de los abusos que recibía de sus amargados padres, es una persona enormemente dependiente con un miedo al rechazo y un miedo al fracaso acojonantes:
  
   BoJack acogió a Todd simplemente para tener a alguien que dependa de él, y cada oportunidad que el chaval tenía de mejorar su vida, él la saboteó para preservar el statu quo. Princess Carolyn trata a BoJack como un peón y como una muleta emocional en una peligrosísima relación de codependencia. Su relación con Diane se basa en que ella es quien más le comprende y es alguien de confianza para él, pero al mismo tiempo por eso mismo se permite el lujo de abusar de ella creyendo que estará «siempre» por y para él. Y así sucesivamente.

   El miedo a fracaso de nuestro protagonista le obliga a no tener pasión por nada, como mucho a tener una chispa de ella que rápidamente se apaga a la primera decepción, motivo por el cual deja de esforzarse, ya que cuanto menos se esfuerce, menos posibilidades habrá de sentir el fracaso. Sin embargo, esto mismo se convierte en una profecía autocumplida que le lleva a enterrarse cada vez más profundo en su propia mierda.

Cuanto más alto llegues, más grande (y solitaria) será la caída.


   Pero si hay algo por lo que BoJack Horseman destaca es, sobre todo, por ser un fiel reflejo de la industria de Hollywood en general. La vida de la farándula es una espiral sin fin de hipocresía, falsedad y superficialidad, y así lo hace constatar esta serie.

   A lo largo de ella veremos numerosos ejemplos de escándalos absurdos, corrupción y manipulación que nos demuestran cómo de laxa es la moral hollywoodiense en todos los aspectos. Pero si bien el principal ejemplo de esto es el propio BoJack, no podemos olvidarnos del personaje de Sarah Lynn, una parodia de todo en lo que se convierte una niña actriz al cabo de los años dentro de un mundo cuya industria se traga a jóvenes promesas para escupirlas años más tarde como auténticos despojos humanos que serán sustituidos por la nueva estrella infantil/juvenil del momento. Sarah Lynn, si bien no es alguien entrañable o que sea fácil de coger cariño, es un personaje trágico, una niña actriz convertida en el sueño pajillero de los adolescentes que crecieron con ella y al final una drogadicta que tira su vida por la borda mientras le come la fama la siguiente adolescente molona de turno. Un auténtico juguete roto.

   Durante el transcurso de sus tres temporadas y contando, BoJack Horseman nos hablará de cómo cualquier matao es capaz de luchar con aletas uñas y dientes por conseguir sus quince minutos de fama por medio de un escándalo alimentado por la rastrera prensa amarilla, de cómo el dinero es capaz de comprar el silencio y la impunidad de gente horrible, de cómo hay individuos capaces de capitalizar tragedias humanitarias en pos de reconocimiento (¿les suena de algo?), de cómo el sueño americano y el ideal liberal de triunfo («trabaja duro y conseguirás todo lo que te propongas») es una patraña, o de cómo realmente todos aquellos por debajo de directores y productores son peones prescindibles en el eterno juego de ganar pasta gansa.

   El ahogamiento es un elemento recurrente que veremos de una forma cada vez más constante, un símbolo de la situación en la que tanto BoJack como otros se encuentran. Los personajes de esta serie están ahogados, asfixiados, hundiéndose en sus propias miserias sin poder salir a flote ni tener a nadie que les eche una mano; son gente que saben que sus vidas están mal y tienen intención de cambiar, pero sus vicios e inseguridades son más fuertes que ellos y siempre acaban saboteando sus esfuerzos para volver al mismo punto de partida del que tanto querían escapar.

Y estos tres son solo los ejemplos iniciales.

  
   Aparte, en lo que respecta al departamento de humor, BoJack Horseman, a pesar de ser un drama de los que hacen época, contiene una serie de chistes que, aunque no den para auténticas carcajadas, sí son necesarios de señalar. Al tratarse de un mundo en el que humanos y animales antropomorfos conviven como iguales, la serie contiene un montón de referencias y parodias a cada cual más inteligente, a menudo con juegos de palabras o pullas visuales. Aunque parezca mentira mencionarlo, realmente es curioso ver el ingenio con el que los guionistas de la serie han pensado en cada detalle y cómo se devanan los sesos para pensar en pullas cada vez más ingeniosas.

   Y es que esa es una palabra con la que se puede describir BoJack Horseman: «ingeniosa». Al igual que ocurrió con Historias Corrientes, de la que hice ya una entrada, el hecho de que sea animada no la hace infantil ni mucho menos, y una vez que pasas por alto el hecho de que la mitad de los personajes sean animales antropomorfos, te encuentras con una serie muy reflexiva y existencial sobre personajes muy humanos cayendo en picado en un mundo dominado por la doble moral, la hipocresía, el egoísmo y el interés.

   Que ojo, la serie no está falta de carencias. Un defecto bastante notable bien puede ser el hecho de que haya capítulos de auténtico relleno en los que no se avance la trama ni el desarrollo de nada con tal de tener el número de episodios estipulados contractualmente por temporada, y sobre todo que haya capítulos en los que las miserias del propio BoJack parece que nos las estén restregando por la cara en pos de la pena fácil. Sin embargo, no son más que pequeñas quejas para una serie que tiene mucho que ofrecer y que he devorado en tres días de lo que me ha gustado.

   En conclusión: MAGUSTAO y encarecidamente la recomiendo si quieren disfrutar de un buen drama adulto y existencial.

¡Y cuidado con las pullas visuales, que si parpadean se las pierden!

lunes, 23 de enero de 2017

Un sincero adiós a Historias Corrientes.


«Técnico: ¿A quién le gustaría que Rasca y Pica se enfrentaran a problemas de la vida real como los que tenéis a diario?
Niños: ¡A mí! ¡A mí! ¡A mí!
Técnico: ¿Y a cuántos os gustaría lo contrario, que vivieran situaciones imaginarias con robots y poderes mágicos?
Niños: ¡A mí! ¡A mí! ¡A mí!
Técnico: O sea… que queréis una serie realista y normal… que esté plagada de poderes… y mágicas fantasías».
Los Simpson, El Show de Pica, Rasca y Poochie.

   Empezamos 2017 en este blog de una forma que nunca pensé que sería posible. Y no, no me refiero a empezar una entrada en el mismo enero pocas semanas después de haber escrito otra y sin cuatro meses de pereza extrema entre medias, sino con una carta de despedida a una serie que poco a poco se ha ido ganando un hueco muy grande en mi memoria como una de las mejores series de televisión que he visto y veré nunca: Historias Corrientes.

   Esta entrada no es una reseña al uso, aquí no hablaré de la escasa trama de la serie ni escribo esto para comentar su humor ni maravillarme con su capacidad para trabajar con referencias pop. Para eso está el ver la serie, la cual recomiendo encarecidamente. En su lugar, esta entrada es más una carta abierta de despedida, los pensamientos y conclusiones a los que he llegado nada más terminar de ver esta serie, las cosas que me ha enseñado y, sobre todo, qué he sentido viéndola.

   Eso sí, tratándose de este tipo de cosas, esta entrada contiene numerosísimos spoilers, así que si no han visto esta serie nunca… ¿A QUÉ ESTÁN ESPERANDO?

   Y es que no es para menos, pues la obra maestra de J. G. Quintel sobre un pájaro azul llamado Mordecai y un mapache llamado Rigby a los que les pasan todo tipo de fantasiosas aventuras es toda una lección sobre la madurez, ese momento en que dejamos de ser adolescentes y nos convertimos en adultos hechos y derechos con nuestras preocupaciones, responsabilidades y obligaciones. Parece mentira que una serie que es conocida sobre todo por su grotesca imaginación, su nostalgia ochentera y noventera y su sentido del humor absurdo pueda convertirse en una de las series más profundas que podamos haber visto. Y sin embargo, es así.

   Lo cual hace de esta serie algo maravilloso.

¿Un pato Megazord con pantalones rotos, zapatillas altas, una gorra de camionero noventera,
un Power Glove y que surfea en una guitarra eléctrica en el espacio? ¡¡¡COMPRO!!!


   Bajo ese aspecto infantil, aleatorio y disparatado en el que cualquier tontería se puede convertir en un asunto del que literalmente dependa el destino del universo, Historias Corrientes es una fantasía bien basada en una dura realidad: NUESTRA realidad. A lo largo de la serie hemos visto cómo esa fachada de divertidísimas absurdeces mágicas con robots, monstruos y artefactos mágicos de todo tipo ha ido desmoronándose sutil y paulatinamente para dar paso a una historia sobre qué significa madurar, ser un adulto, tener responsabilidades y lo que nos aguarda el futuro a través de los ojos de sus personajes… y los nuestros.

   Una de los mayores puntos fuertes que tiene esta serie con respecto a cualquier otra es precisamente que la línea que separa lo real de lo fantasioso está tan difuminada que ambos mundos se mezclan en el imaginativo caos que envuelve cada uno de sus capítulos. En este aspecto me recuerda a Earthbound, el videojuego en el que unos niños deben salvar el mundo de una amenaza extraterrestre y en donde todos sus eventos perfectamente pueden ser confundidos como un juego de niños y viceversa, con los niños convirtiendo en equivalencias entendibles para sus infantiles mentes situaciones adultas de la vida real demasiado crudas o extrañas para ellos. Siendo así, no es extraño ver todo el potencial del que Historias Corrientes dispone, pues es capaz de aunar realidad y ficción para ofrecer a cada miembro del público lo que quiere ver: coloridas fantasías para los niños y sentimientos basados en la realidad para los adultos.

¿Una serie sobre dos amigos que viven mágicas aventuras? La tenemos.
¿Una serie cuyos temas sean la madurez, el fin de las amistades, las rupturas de pareja
y un cuadro clínico de depresión entre otros muchos palos? TAMBIÉN


   Sin embargo, toda esta fantasía no oculta que en su esencia mantiene los pies en la tierra y su objetivo es precisamente narrar una historia adulta y real. Por cada dios arcano que despierta de su letargo para devorar el mundo, por cada tontería diaria convertida en una amenaza capaz de distorsionar el espacio-tiempo, por cada abominación primigenia invocada, por cada supervillano contra el cual los trabajadores del parque son los elegidos destinados a derrotarlo existe una lección sobre la vida real que aprender.

   Pero al contrario que en cualquier otra serie que ofrezca moralejas a su audiencia, principalmente en la forma de ñoñadas tipo «la amistad lo puede todo» o «el amor es para siempre», Historias Corrientes ofrece lecciones muy duras sobre la vida real que todos acabaremos aprendiendo tarde o temprano: no sois más que el resultado de un sistema educativo que os mastica de pequeños y os escupe como adultos enseñados a servir como mano de obra, da igual las notas que sacarais en el colegio porque nada os va a salvar de un trabajo desagradecido, mal pagado y que probablemente no tenga que ver ni con lo que habéis estudiado; las amistades son efímeras y cuanto mejor sea tu amigo más desgastada acabará vuestra relación, el amor de vuestra vida un día desaparecerá y aun así será mejor que seguir con esta persona mediante el temido «amor compañero», los días de inocente felicidad que tuvisteis de pequeños nunca volverán…

   En definitiva: da igual lo que hagáis en la vida porque sois unas motas de polvo insignificantes en este mundo, pero eso no quita que debáis seguir intentando ser las mejores personas posibles.

   En este sentido la madurez que alcanza la serie incluso afecta a las amenazas a las que se enfrentan nuestros protagonistas día sí y día también. Conforme vamos alcanzando nuevas capas de realidad, los monstruos, los magos, los robots y las aberraciones van dando paso a villanos más anclados en nuestra vida diaria como dependientes groseros, funcionarios incompetentes o ese profesor que te tiene manía sin motivo aparente. Las exageraciones siguen estando presentes en la serie, e incluso de vez en cuando veremos alguna situación extraordinaria (sobre todo en la forma de algún Final Boss de temporada o eventos que den paso a la gimmick de la temporada siguiente), pero serán más las excepciones en pos de un clímax antes del final para seguir hablándonos de aquellas cosas que más conocemos y comprendemos, dándole un significado cada vez más literal a la parte de «Corrientes» a la que las historias del título hacen referencia.

Un profesor capullo al final puede ser una mayor amenaza y a un título mucho más personal
que un mago malvado.


   Es por este motivo por lo que vemos el verdadero corazón de Historias Corrientes y su punto más fuerte: su enorme empatía. Quintel nos ha demostrado que es un autor que sabe captar no ya la atención de un público, sino que es capaz de hablarle, de hacerle sentir, de dirigirse de tú a tú a sus espectadores y de permitir que estos se sientan enormemente identificados con las situaciones que sus personajes viven.

   Al contrario que productos como un Undertale diseñado cínicamente para apelar a las emociones e inseguridades de un público mediante mecanismos de proyección de dichas inseguridades en personajes planos y estereotipados o unos artículos de Buzzfeed basados en apelar gratuitamente a la nostalgia para una audiencia sin criterio, Historias Corrientes es una obra creada a partir de la más pura de las empatías.

   Pese a su carisma, nadie en su sano juicio querría ser alguien como Mordecai o como Rigby, pues no dejan de ser un par de veinteañeros que han fracasado en todo lo que han emprendido y han acabado barriendo hojas en un parque. No son más que unos mataos obsesionados con una cultura pop que les ha servido para llenar sus vacíos existenciales fruto de ser los marginados del colegio, por no hablar de que son unos malos compañeros de trabajo y, dependiendo del guionista que toque en ese momento, hasta malos amigos o psicópatas en potencia. Sin embargo, sus vivencias son lo que más nos interesan e inspiran: Mordecai lucha por conseguir su lugar en el mundo encontrando a su media naranja pese a que sus relaciones sentimentales suelen acabar más mal que bien, y Rigby consigue volver al instituto para terminar de graduarse con el fin de ganar un respeto que cree deberle a su novia y tal vez abrir así un nuevo futuro que sea más digno para él.

   Las vivencias realistas de sus personajes son contadas de la forma que solo puede hacer alguien que las haya experimentado; cosas como ser el pringado del colegio, ser un becario y que todo el mundo te putee por ser el último mono, las tensiones de tener pareja, la dura compaginación del trabajo por tu gusto por los videojuegos, el cine o cualquier otra forma de entretenimiento… En definitiva, ¡cómo crecer en un mundo que te llena de obligaciones y luchar para seguir siendo tú mismo! ¡El tipo de cosas que uno debe vivir si quiere hablar bien y con propiedad de ellas!

Historias Corrientes es la única serie que nos ha demostrado que
cosas como conseguir terminar los estudios pueden ser mayores aventuras
que detener a la enésima abominación de turno.

   El sentimiento de identificación con sus situaciones puede llegar a ser enorme, y ahí es donde entra la difuminación entre la realidad y la fantasía. Mordecai y Rigby son dos post-adolescentes que viven atrapados en un mundo sin alicientes y trabajando de barrenderos en un parque, por lo que llega un momento en que incluso podamos llegar a pensar que todas las aventuras que viven tienen una parte más fantasiosa que real. Y cómo culparlos…

   Todos nosotros nos hemos encontrado en situaciones así, en jornadas aburridas e interminables de tareas o trabajos en las que uno acaba abstrayéndose a un mundo de fantasía para evitar perder el juicio. Y lo mismo pasa con cualquier otra de las situaciones que nos propone: el creciente temor a perder amigos con el tiempo, el deseo de querer aprovechar el todo el tiempo que podamos con un ser querido que vemos que se escapa de nuestras vidas, la frustración ante una vida que no da segundas oportunidades ante un futuro cada vez más incierto… ¡hasta el miedo que teníamos de pequeños a meter la mano en el reproductor de vídeo y que se nos quedara la mano atascada se encuentra aquí! Todo ello contado con situaciones, frases y hasta pensamientos que todos sin excepción habremos tenido o dicho alguna vez en nuestras vidas, algo reconocido hasta por Quintel mismo.

Only 90's kids will remember!


   Si bien la serie tampoco es perfecta y sufre de muchos altibajos, Historias Corrientes es también una historia de transición sobre el propio Quintel, algo que podemos ver temporada tras temporada (amén de que a estas alturas es un secreto a voces que el personaje de Mordecai lo hizo directamente basándose en sí mismo, lo cual ayuda a entender ciertas cosas).

   Tras tres MEMORABLÍSIMAS temporadas cargadas de sentidísimos homenajes y celebraciones a la cultura pop alcanzamos una sosísima cuarta temporada en la que nos introducen al personaje de Thomas, un becario sin peso alguno en la serie y cuya función es «estar ahí», seguida de una deprimente quinta temporada centrada en la tristísima vida amorosa de Mordecai y sus inseguridades más una sexta temporada que es un meh absoluto y que termina en la desaparición de un más que olvidable Thomas ahora convertido en un superespía ruso. Pero después de una RECOMENDADÍSIMA película y numerosos rumores de cancelación, la serie vuelve a la estabilidad con una séptima temporada más variada en sus temáticas, ya más ancladas en la realidad, hasta alcanzar un clímax final en el espacio porque ya total pa’qué y su EPIQUÍSIMA resolución en la octava temporada.

   A lo largo de las ocho temporadas de la serie vemos un proceso de creatividad absoluta seguida por una de estancamiento, otra de práctica desesperación y otras de puro desarrollo de personajes en las que los trabajadores del parque y el propio mundo de Historias Corrientes se van transformando y maduran conforme lo hacen la propia serie como el programa de televisión que es, Quintel como artista y hasta la misma audiencia. Como ya dije anteriormente hasta la saciedad, la fantasía desbocada da paso al más sincero de los realismos (lo que no quita valor ni a sus partes más entretenidas ni a su sentido del humor) y a partir de ahí a un crecimiento tanto interno como externo de los personajes y lo que les rodea.

Y la música... ¡QUÉ MÚSICA!

   Y este es el punto al que quería llegar, pues si bien es cierto que me pesa el ver acabada una serie con la que tan identificado me he sentido y con la que tanto he disfrutado, no puedo tampoco dejar de sentirme aliviado por el mismo hecho de que termine: Quintel ya ha contado todo lo que quería contar y siempre será mejor que la serie acabe por sí misma a que sea inceremoniosamente cancelada.

   Por ese motivo no puedo dejar de recomendar Historias Corrientes, pues es la serie que mejor representa a una generación, a mi generación, nuestra generación, y en definitiva, la generación de su autor, un joven que ha conseguido narrar el sentir de muchos de nosotros a través de una serie de animación cuya premisa original no era más que la de «cosas raras pasando porque sí». La estasis ochentera-noventera del mundo de esta serie es una divertida evocación a un pasado que no volverá que a la vez sirve de plataforma de lanzamiento para enseñarnos, tanto a nosotros como a los que están por llegar, unas valiosas lecciones sobre el futuro.

   Y es que, a pesar de su tan aplastante y sincero realismo, Historias Corrientes termina en una nota positiva con un último mensaje final: puede que muchos de nosotros nunca podamos alcanzar nuestros sueños y ambiciones de pequeños, pero eso nunca nos impedirá vivir una buena vida ni disfrutarla con nuestros amigos.

   Ya sea como una comedia con elementos de fantasía (o mejor dicho, de realismo mágico), una fuente de gifs y memes, un viaje nostálgico para aquellos que nacimos en los ochenta y los noventa o una sincerísima representación de la vida de toda una generación, Historias Corrientes es una serie que me ha encantado, que me ha marcado, que me ha hecho reír y hasta me ha hecho llorar. La cautivadora obra de J. G. Quintel sin duda me ha llegado al corazón y se ha ganado un buen espacio en él.

Jolly good show...

sábado, 21 de noviembre de 2015

Digimon Adventure Tri: ¿pequeño gran homenaje o fría estrategia de marketing?

«Si este vibrador estaba hackeado a la red bluetooth de estos otros dos vibradores... ¡significa que se han montado un trío digital!».
Avery Ryan, CSI Cyber.

   La «espera», si se la puede llamar así, ha concluido por fin: tras dieciséis años de ausencia, la clásica Digimon Adventure que marcó muchísimas infancias (entre las que incluyo la mía) ha resurgido en forma de chapa una miniserie que cuenta las vivencias de los Niños Elegidos originales seis años después de los acontecimientos de Digimon 02, su segunda temporada.

   Y la verdad es que, aunque yo me considere un fanático de Digimon (véanse: Adventure, 02 y Frontier. SÍ, SOY DE ESOS), realmente no dejo de preguntarme a mí mismo qué oculta este regreso tan inesperado y si alguien esperaba de verdad que Adventure, de todas las series y spin-offs que ha tenido la franquicia, sea la que tuviera que hacer acto de presencia más allá de por ser la original y la que todos recordamos. ¿Por qué? Por la sencilla razón de que Adventure y Digimon 02 acabaron con dos finales más que cerradísimos, los cuales auguraban una edad dorada tanto para el Mundo Digital como para el Mundo Real durante muchos, muchos años.

   Por ese motivo me pregunto de nuevo qué es lo que más queda por contar en una historia en la que ya no queda nada por rebañar. Pero eso se me pasa cuando al minuto siguiente se me ocurre la respuesta: ¿valor narrativo? Cero. ¿Valor económico? Infinito.

   ¡Exacto, amigos! Aunque parezca mentira, y si a alguien del público se lo parece, que se lo haga mirar, los señores de Toei han decidido rescatar Digimon Adventure no como una carta de amor a sus fans sino más bien como una nueva forma de cosechar pastuqui por medio de la nostalgia. Porque es la nostalgia lo que mueve realmente la cultura popular hoy en día: por eso basurones como el Undertale y otros juegos indie «retro» o «nostálgicos» tienen una acogida tan enorme entre el público, por eso el Vaporwave es una tendencia musical tan en alza más allá de la mera curiosidad. Y por eso Digimon Adventure ha sido sacada del ataúd en el que tan cómodamente descansaba cual Sir Daniel Fortesque para narrar una nueva aventura.

¿Hurra?


   Y en serio, ¿quién puede culparlos? Realmente no es más que un negocio. Y viendo en lo que ha quedado la franquicia de Digimon tampoco es para menos: tras la inolvidable Adventure le siguió la mejorable 02, seguida de una subversiva pero ñoñísima Tamers, una desaborida y perezosa Frontier, una sosísima y poco original Savers y la insultante X-Wars; fuera de Japón nadie ha oído hablar de los mangas y es de todos sabido que Digimon tiene una tradición de videojuegos tan MALOS que por muy buena que sea la acogida que están teniendo los últimos juegos de la saga ese sambenito ya no se lo quita nadie.

   Es más, a pesar de todo yo ME ALEGRO. Adventure fue LA serie de mi infancia; no solo me divirtió, sino que su historia fue (y es) una inspiración creativa para mí, y sus personajes a día de hoy siguen teniendo un hueco en mi pequeño, podrido y ennegrecido corazón. Realmente me marcó, fue una de esas historias que a uno se le quedan grabadas para siempre junto a otras igual de igual calibre y definen creativamente a un individuo, y ante la idea de ver una secuela de ello no me puedo disgustar aunque vea el objetivo que hay detrás de todo el movimiento.

   Lo que sí puedo hacer es extrañarme porque nadie con dos dedos de frente va a esperar una secuela de Adventure, al igual que nadie espera una segunda parte de Ciudadano Kane: porque está todo el pescado vendido, no hay nada más que rascar. No hay nada más allá del título de «FIN» (a ver, en Adventure 02, pero SE ME ENTIENDE, y eso sin contar que la propia 02 era un ordeñe de la primera temporada a modo de secuela gratuita). Aparte de que, lógicamente, no deja de ser un movimiento muy arriesgado con muchísimas formas de dañar el material original.

*EJEM*


   Y ahora que he visto las cuatro OVAs de las que se compone Digimon Tri no puedo sino rascarme la cabeza con una mezcla entre confusión y rabia. De la OVA en sí ya hablaré en su momento, pero lo que más me molesta es el hecho de que termine tan abruptamente mientras distintas fuentes, a cada cual de veracidad más sospechosa, discuten no ya de la necesaria existencia de sucesivas secuelas a Tri sino CUÁNDO se emitirán, suponiendo que la espera para ver la segunda parte de lo que no es más que un prólogo de ochenta minutos variará entre cinco meses y doce. ¡SÍ, ENTRE ABRIL Y DICIEMBRE DEL 2016!

   Entonces, como pueden comprobar, si la trama de esta saga de relleno (llamémosla por su nombre) no ha sido lo que ha fastidiado el triunfal regreso de Digimon tras años de olvido y malas críticas, ha sido una práctica tan sombría y carente de opacidad por parte de Toei, algo que parece decir «emitiremos la segunda parte de la serie si nos dais la suficiente audiencia» mientras sujeta los planos del proyecto por el cuello y les apunta a la sien con una pistola.

   Sinceramente, es la primera vez que oigo hablar que para una serie de televisión para la que han tenido DIECISÉIS años de planificar su regreso vayan a emitirla a cachos de cuatro capítulos POR AÑO. O sea, para el gordo de Canción de Hielo y Fuego puedo entender la espera porque ese señor puede morirse hoy mismo y enterrarse no con tierra sino con fajos de dinero y porque al menos sus libros sobrepasan las ochocientas páginas. ¿Pero una serie basada en unos dibujos nostálgicos?

   ¿Qué clase de sadismo suicida hace falta para emprender semejante acción? Y digo «sadismo» porque SÉ que hay quien estará contando ya los días para abril/diciembre del año que viene mientras a estas alturas se habrá terminado de comer las uñas de desesperación. Y digo «suicida» porque para otros cuatro capítulos de veinte minutos nadie que sea medio normal mantendrá el interés en esperar todo ese tiempo; si acaso se enterarán por redes sociales y mirarán la serie casi como una curiosidad en vez de como el regreso tan esperado de Digimon.

«¿Que la siguiente tanda la echan CUÁNDO?».


   Sin embargo, sospecho sé que ustedes no han venido aquí a leer cómo desentraño los mecanismos de una retorcida estrategia de marketing, sino de qué va este pequeño gran homenaje y ya de paso cagarse en mis muertos y hasta en mis vivos si llegara a decir algo deshonroso contra semejante vaca sagrada, así que no me voy a hacer de rogar. Eso sí, como viene siendo lógico, la reseña contiene spoilers de absolutamente toda la trama de lo visto hasta ahora, así que quedan avisados. Asimismo, imagino que todos ustedes tendrán la edad suficiente para saber de qué hablo sin necesidad de remontarme a narrar los eventos de la serie original o quién es quién.

   El primer episodio empieza de forma ominosa con la supuesta destrucción de los Niños Elegidos de 02 ante un sombrío enemigo para pasar a mostrarnos las vidas de nuestros héroes, los protagonistas de Adventure. Han pasado seis años desde su última gran aventura y la serie nos muestra de forma melancólica a unos ex-Niños Elegidos viviendo unas vidas anodinas mientras las obligaciones del Mundo Real absorben su tiempo y les separa poco a poco.

   De forma tan agridulce nos alegramos y al mismo tiempo nos entristecemos al ver qué ha sido de unos héroes a los que aparentemente nadie recuerda a pesar de haber salvado el mundo en varias ocasiones. Básicamente, el mundo se ha movido, ha avanzado, y ellos quedaron reducidos al olvido para tener una vida normal que no les satisface en absoluto: el efusivo Tai no encuentra alicientes en su vida, el taciturno Matt tiene problemas con la identidad de su grupo de música, el responsable Joe vive absorto con sus estudios, el animado Izzy lleva una vida llena de compromisos…

   El golpe es directo y efectivo. De hecho, ESTA es la trama del primer capítulo de esta OVA, de reintroducir a los personajes en un contexto tan familiar para nosotros pero al mismo tiempo tan irónicamente extraño para ellos a través de nuestros ojos. Apenas vemos un solo digimon en este capítulo porque el centro de ello no es la crisis, sino crear un vínculo entre los personajes y la audiencia, ya que no solo «duele» ver a un personaje querido sufrir, sino que existen situaciones que a muchos les sonarán, como el ir creciendo y verse obligado a abandonar gradualmente a sus amistades de toda la vida por falta de tiempo y los quehaceres.

Puntos extra para la efectivísima forma en la que está dirigida la cabecera del primer episodio intercalando los sentimientos del personaje con la misma letra de la canción.


   Este capítulo no va sobre los digimon ni sobre la crisis del mundo, va sobre los personajes, sus problemas y sus relaciones. Básicamente, han crecido de la misma forma que lo hemos hecho nosotros. El sentimiento nostálgico está bien utilizado en pos de una identificación real con unos personajes no ya definidos por sus aventuras pasadas sino redefinidos en la actualidad. Y aunque siga siendo uso de la nostalgia, es un BUEN uso de la nostalgia.

   Es más, si hay un punto fuerte que se puede destacar de Tri, es justo que, aunque sea una forma de ordeñar beneficios y audiencias, al menos es un intento bien trabajado y sentido. Aquí verdaderamente se nota un esfuerzo a la hora de narrar una historia y los sentimientos de sus personajes que no se veía desde la Adventure original. No han tirado de recursos perezosos ni de insultar la inteligencia de sus espectadores como hicieron con un X-Wars que si se descuidan bien podría pasar por un spin-off de Bakugan o las series secuela de Beyblade. En su lugar optaron por hacer un capítulo bien narrado e invertir en los sentimientos, que no en el sentimentalismo.

   Sin embargo, esa paz se rompe ante la breve invasión de un Kuwagamon y un par de digimon misteriosos que permanecerán entre las sombras lo que dure esta OVA. La aparición de los monstruos a través de portales está generando una serie de distorsiones en los aparatos eléctricos y hasta apagones en varias zonas de la ciudad, lo que llama la atención de una misteriosa organización que parece estar estudiando el comportamiento de los digimon, prediciendo que no pasará mucho tiempo antes de que ataquen.

   En el segundo episodio me gustaría decir que las cosas mejoran, pero es que es a partir de aquí cuando se tuercen y empiezan a ir cuesta abajo y sin frenos… Principalmente, la predicción de los agentes de la organización se hace realidad y el Kuwagamon consigue hacerse tangible para atacar a Tai destrozando todo un barrio a su paso. El chaval logra invocar a su compañero Agumon y hacerle evolucionar a Greymon, pero una serie de portales se abren y ambos digimon desaparecen para reaparecer en un aeropuerto y continuar allí su combate.

Si esto ocurriese en España ya lo estarían llamando Aeropuerto Madrid-Barajas Adolfo Suárez Greymon-Kuwagamon.


   De repente los agentes de la organización encuentran a los Niños Elegidos y a sus digimon para llevarles a luchar al aeropuerto. Pero lo que prometía ser un combate épico rápidamente se convierte en una larguísima escena de combate cargada de relleno para extenderla lo máximo posible y así terminar rápidamente el episodio… junto con otros fallos.

   En primer lugar, cabe destacar que el antagonista (posteriormente «antagonistas») a los que se enfrentan los Niños Elegidos SON KUWAGAMONS, básicamente el primer enemigo al que se enfrentaron los protagonistas y sus digimons en el primer episodio de Adventure y al que juntos derrotaron en la forma bebé de estos. Tras ello, los Niños y sus digimon acabaron derrotando a villanos de la talla de Devimon, Myotismon, los Amos Oscuros o Apocalymon, verdaderas y literales fuerzas del mal sin contar con sus esporádicas contribuciones a 02, las películas o ese vergonzosísimo crossover con X-Wars en el que derrotan versiones de otros villanos de la serie de un solo golpe. Entonces, ¿por qué sus formas evolucionadas y combinadas apenas pueden hacer frente al mismo bicho acompañado de otros dos iguales?

   Simplemente el combate termina cuando los Kuwagamon poco menos que se cansan y el líder del grupo, que ya tenía ganado el combate CONTRA LOS DESTRUCTORES DE MYOTISMON, LOS VENCEDORES CONTRA LOS AMOS OSCUROS, LOS SUPERVIVIENTES DE LA LUCHA CONTRA APOCALYMON, directamente es absorbido por un deus ex machina con forma de mano gigante que se lo lleva de nuevo al Mundo Digital con la expectación de que vaya a sufrir una muerte muy dolorosa con un añadido efecto Worf.

   Pero no ya solo el combate es un sinsentido largo y pesado de ver, sino que a esto debemos mencionar el regreso de las secuencias de digievolución… Y seamos francos: las secuencias de digievolución molan pero a pocos, y a pesar de ello no dejan de ser un recurso para rellenar tiempo de pantalla con efectos visuales y nada más. Y ojo, que con esto me refiero a TODAS las secuencias de evolución de la franquicia.

   Aquí vemos evolucionar al menos a seis de los digimon principales de forma individualizada, pero aunque sea «necesario» para demostrar precisamente la forma que han tenido de actualizar la serie (es innegable que esta secuencia con un CGI videojueguil que no causa ceguera por vergüenza ajena y con los efectos visuales del huevo hecho de hexágonos de datos es infinitamente mejor que la secuencia original del modelo de dibujos dando vueltas dentro de un pilar de luz), al final acaba convirtiéndose en una cansina fuente de fanservice que descaradamente se come varios minutos del reloj para acabar apresurando el final del combate (y por ende del capítulo) de forma tan anticlimática.

¡HAZTE CON TODOS!
(Angewomon CGI a 60fps DLC coming soon).


   El tercer capítulo se centra en el resultado del combate del aeropuerto como una fuente de conflictos para los protagonistas. Escudados por los agentes de la organización, los Niños Elegidos y sus digimon salen del aeropuerto de vuelta a sus casas para encontrarse que los canales de noticias de todo Japón no solo se han hecho eco de la invasión sino que tratan a los digimon como monstruos peligrosos, recordando a la población, además, que esta no es la primera invasión sufrida desde el Mundo Digital.

   Y qué quieren que les diga, ese último detalle me ha gustado mucho precisamente por lo consecuente que es con respecto a su historia y porque retconea uno de los principales fallos argumentales de 02, que era justo el que NADIE se acordara de la invasión de los digimon de Myotismon y que el cielo de todo el mundo literalmente SE ABRIERA mostrando el mundo de procedencia de dichas criaturas TRES AÑOS DESPUÉS DE QUE SUCEDIERA.

   De hecho, si hay una cosa que espero con sumo interés de Tri es precisamente una serie de retconeos que arreglen el queso de gruyer que fue 02, en especial aquel epílogo tan cancerígeno que parecía más el final de un fanfic calenturiento que obra de un guionista pagado. No, en serio. ¿El personaje femenino que aprende a ser independiente haciéndose ama de casa para esperar a su maridito con la cena hecha? ¿El chico con aspiraciones deportivas convirtiéndose en diplomático? ¡¿El aspirante a músico haciéndose ASTRONAUTA?! ¿Y qué ha sido de aquella MIRÍADA de nuevos Niños Elegidos que hicieron que el título perdiera por completo su valor porque ahora TODOS los niños del planeta podían tener un compañero digimon como quien tiene un perro de mascota?

My Immortal y El Ojo de Argón no son tan malos si los comparamos con ESTO


   Todo eso, menos mal, ha «desaparecido» de momento o se ha olvidado de una forma muy conveniente, algo con lo que estoy muy de acuerdo y que ni quiero ni espero volver a ver, sobre todo porque si ese epílogo de dentro de diecitantos años es real, de poco sirve escribir una intercuela como Tri si ya sabemos cuál va a ser el futuro de todos sus personajes. Y no me refiero a que estarán bien, sino que todas las tensiones generadas por sus relaciones interpersonales pierden peso y efecto si ya sabemos de antemano el resultado. ¡El viaje no importa tanto si podemos teletransportarnos sin problema del punto A al punto B! ¡Menos aún si ya estamos en el punto B y empezamos a recordar cómo llegamos hasta ahí!

   El caso es que los digimon de los Niños Elegidos son tratados como amenazas, provocando disforia malestar entre los chicos, como es de esperar. Por otra parte, uno de los agentes de la organización que resulta que se estaba haciendo pasar por un profesor de Tai aparece para exponer que los digimon que atraviesan los portales entre los mundos son «digimon infectados» y que por tanto se vuelven malos y mucho más fuertes. 

   Aquí es cuando empiezo a dudar. ¿Infectados por qué? No se sabe. ¿Se vuelven malos y mucho más fuertes? Pues hombre, podría ser verdad… si no fuera porque de momento de enemigos solo hemos visto a un digimon que se supone que es un animal salvaje al que tradicionalmente se le considera un antagonista de los Niños Elegidos. Es que hasta lo de la fuerza pierde credibilidad cuando uno se da cuenta de que los digimon de los protagonistas no han luchado una sola vez EN SEIS AÑOS. Tal vez habría estado bien meter algún digimon que ejemplifique mejor eso que uno que esté para rememorar una de las escenas más famosas de la serie por puro fanservice. ¡Vamos, digo yo!

   Con esta información los Niños planean su próximo movimiento… y aquí la pendiente cuesta abajo se vuelve mucho más empinada cuando Tai empieza a dudar sobre sus acciones para proseguir defendiendo el Mundo Real debido a que ha crecido, madurado, y es consciente de la destrucción provocada por los combates entre los digimon, algo que Matt no está dispuesto a permitir… ¡peleándose con él, defendiendo a los digimon a ultranza y mandando el grupo a la mierda!

   ¡NO BROMEO! En apenas cinco minutos pasamos por todo un carrusel de emociones apiñadas y sin explorar que terminan en una escisión del grupo basada en dos ideas tan opuestas como extremistas. Por un lado Tai se niega a combatir para no causar más daños colaterales y por el otro Matt decide que lo mejor es atacar con todo lo que tienen porque, como sus propios digimon son amigos suyos, son libres de toda responsabilidad y que el terror de la gente es infundado. NINGUNO de los dos tiene razón y sin embargo la serie quiere hacernos creer que ambos al mismo tiempo la tienen. Y esta situación está tan fuera de personaje, en especial para Matt, que no me puedo creer que no hayan despedido a nadie por esto.

   En primer lugar, el hecho de que Tai piense en las consecuencias y los daños colaterales es un añadido que a mí me gusta mucho y quisiera que se hubiese explorado mejor. El chaval ha madurado, tiene dieciséis años y no sabe qué hacer con su vida; ya no es el prototípico héroe shonen hiperactivo y cabezahueca de diez años. Ha cambiado y es consciente de sus alrededores. Tenemos escenas que nos muestran qué es lo que se le pasa por la cabeza, pero en ningún momento tienen una recolección lógica de pensamientos, sino que directamente pasa del «me preocupa X» a la inacción total por depresión, acusándose A SÍ MISMO Y A SUS COMPAÑEROS de causar la destrucción.

«¡Oh, qué escena más bonita...! Lástima que, como somos japoneses, confundimos el desarrollo de personajes con momentos de introspección y autoduda».


   Y no sé si verdaderamente esto es una cosa japonesa o simplemente mal guionismo o mala dirección porque con Matt tres cuartos de lo mismo. Matt está TAN ofendido por ver cómo las televisiones hablan de la destrucción de los digimon que se pone violento a la más mínima de cambio alegando por la fuerza que sus compañeros digimon son inocentes. 

   ¿Pero sabes qué, Matt? ¿Ese pánico de las masas hacia los digimon? ¡Está del todo justificado! Primero porque NADIE sabe ni tiene la obligación de saber si hay bandos entre los monstruos que en el transcurso de día y medio han destrozado un barrio y un aeropuerto, y segundo porque NO ES LA PRIMERA VEZ QUE PASA. El combate entre Greymon y Parrotmon, la invasión de Myotismon, el cielo rasgado por obra de los Amos Oscuros, la oscuridad de Apocalymon, la invasión de digimon salvajes por parte de Arukenimon y Mummymon, el secuestro masivo de niños por parte de Tommy Wiseau Oikawa por orden de MaloMyotismon, la invasión de Demon y sus lacayos, los combates contra Blackwargreymon… ¡¡¡DIABOROMON HACKEANDO MISILES NUCLEARES PARA ATENTAR CONTRA JAPÓN!!! Creo que si alguien tiene que tener miedo de lo que está pasando al ver monstruos aparecer para destruirlo todo es la propia gente.

   Y no solo eso, sino que ambos bandos están equivocados cuando uno ve que las tensiones podrían no haber tenido lugar si estos dos cabezas de chorlito hubieran pensado un poco: Tai no tiene por qué convertirse en un cobarde si le hubiera echado un poco de pragmatismo y decir «peor será si no detenemos a los invasores que han venido aquí a causar estragos», y Matt tendría que haber recapacitado y darse cuenta de que el miedo de la gente está probado. Esta tensión es innecesaria y no es más que un vil relleno que atenta contra ambos personajes.

   Porque puedo entender que Tai «pierda» valor, el cual era su emblema en Adventure, pero en realidad podría haberlo cambiado por «saber cuándo y cómo actuar». Puro pragmatismo porque las emociones no son absolutas. Y en esencia eso es lo que Tri quiere demostrar, pero les ha salido el tiro por la culata y más en el caso de Matt, el cual es inexcusable porque toda su evolución como personaje en Adventure fue dejar de ser tan huraño e independiente para aprender a confiar en la gente y tolerarla (de ahí precisamente la analogía visual con un lobo solitario, Garurumon y sus evoluciones, más su contraste simbológico con el propio Tai al ser este representado con colores cálidos y Matt con azules fríos por medio del clásico Oni Rojo-Oni Azul). Entonces, ¿de qué sirve todo eso de la Amistad como símbolo si a la primera discusión siendo adultos casi llegan a las manos y Matt manda a la mierda al grupo? ¡Exacto, Hitler para nada!

Una vida sin amigos: el antes y el después.


   Oh, pero las cosas no hacen sino ir MÁS cuesta abajo en el cuarto y último episodio de esta tanda… Aquí Izzy, en colaboración con la organización misteriosa, configura un vínculo a modo de portal con el mundo digital para que los digimon puedan viajar libremente entre las dimensiones… Y PROGRAMA UNAS GAFAS DE REALIDAD AUMENTADA CAPACES DE VER DISTORSIONES ESPACIOTEMPORALES PARA TAI EN UNA NOCHE. ¡Porque sí! ¡Porque el tiburón ya lo hemos saltado tantas veces que es como un trampolín para nosotros! Ah, y por fanservice gratuito, por supuesto, porque qué sería de Tai sin sus características gafas. Y todo esperando Toei que no nos demos cuenta de que si esta vez las gafas tienen una utilidad como la de detectar portales, Izzy debería haber creado copias para todos en vez de para un único miembro del grupo…


Y con esto los trolls y los cuñaos del Twitter ya no tienen pantalla tras la que escudarse. 
¡Gracias, Izzy!


   De todas formas, poco pasa en este episodio. Los primeros diez minutos (vamos, casi la mitad del capítulo) vienen a ser una mezcla de paseos intercalados con una escena muy tensa entre Tai y Matt haciendo las paces en lugares que invitan al acurrucamiento (¡SÍ, COMO LO LEEN!) y el resto del tiempo lo dedican a la aparición de Alphamon, el oponente misterioso que derrotó a los protagonistas de 02 de los cuales probablemente todo el mundo se ha olvidado y casi hasta el punto de que me los imagino desangrándose hasta la muerte en medio del desierto y jefe final de esta OVA.

   Y déjenme decirles: el combate contra Alphamon es patético. Simple y llanamente patético. Alphamon no es que sea poderoso (que de por sí lo es al tratarse de uno de los digimon más poderoso de la franquicia), sino que los digimon de los Niños Elegidos no pasan del nivel campeón (o «cuerpo maduro», para los nostálgicos) y, giro loquísimo de los acontecimientos, por tanto no tienen nada que hacer contra la bestia, obligando a Agumon y Gabumon fusionarse en Omnimon, aquel ser divino que hizo su debut en la primera película y que es una de las mayores promesas de los tráilers de Tri, para hacer frente a Alphamon y… no hacer nada con ello. 

   Como lo leen.

   Básicamente, las dudas de Tai impiden que Omnimon ataque a su oponente, dándole el tiempo suficiente como para abrir un portal y largarse. Y si ustedes se sienten de alguna forma extrañados por estas líneas o defraudados al haber visto el capítulo en su momento acordándose de las promesas en los anuncios de un combate épico entre el Alfa y el Omega digitales, déjenme decirles que yo no. ¿Por qué? Porque en ese momento de clímax vi el contador de tiempo del vídeo y vi que al episodio le faltaban cinco minutos para terminar, por lo que era IMPOSIBLE que sucediera tal combate y al mismo tiempo dieran las explicaciones a tantísimos cabos sueltos.

   Y por supuesto, no las dan. Omnimon se va, el grupo se reúne y descubren que una chica con la que no han parado de encontrarse que es el prototipo de niña tímida japonesa al más puro estilo fanfic es también una Niña Elegida. FIN.

Mi reacción.


   Ya está. Esa ha sido la primera OVA de Digimon Tri: un prólogo de ochenta minutos cuya continuación no veremos hasta el año que viene y tal vez ni con esas si Toei no obtiene la audiencia que requiere para continuar con la serie.

   ¿Mi opinión al respecto? Ha sido decepcionante PERO. Y me explico: si es verdad que al final existirán nuevos episodios de Tri que contribuyan a la historia, realmente no puedo hablar tal cual sobre si me ha parecido bien o mal la serie entera porque la estaría juzgando prácticamente por su piloto. El día en que descubra más información sobre fechas de estreno posteriores iré actualizando y corrigiendo esta entrada porque soy el primero que quiere saber qué pasa con esos tiempos de espera tan arbitrarios como marcianos de un año por cada OVA, pero yo ya adelanto que si ese va a ser su plan, mi interés en Digimon Tri acaba de morir en este mismo instante. Si no, cuando termine la serie dentro de un plazo aceptable, haré más reseñas o directamente una que encapsule el resto de la serie.

   No obstante, este bloque en sí y obviando la trama inconclusa y el final abrupto me ha parecido algo decepcionante. Empieza muy bien, su primer capítulo es un sentido homenaje a los nostálgicos de Adventure y la modernización de la animación y los efectos visuales del CGI no solo son resultones sino que molan muchísimo, pero rápidamente cae en el fanservice, el relleno canónico (las IN-TER-MI-NA-BLES secuencias), las tensiones innecesarias y los combates es que son sosísimos.

   ¿Me ha gustado? Meh, más o menos. Tira a que sí, pero tampoco esperaba nada y creo que eso me ha ayudado a no llevarme un chasco mayor. Mi recomendación para Tri es que si quieren verla, véanla, pero sin hype ni ilusión de ningún tipo porque a fin y al cabo esto no es más que un prólogo de ochenta minutos.

Después de lo ocurrido con el final de La Leyenda de Korra, no me extrañaría que Toei fuese a sacar aquí su propia versión.


   ACTUALIZACIÓN: publicada ya la segunda parte de estas reseñas sobre Digimon Adventure Tri. Si quieren ir allí, no tienen más que pinchar este enlace.

   ACTUALIZACIÓN 2: publicada ya la tercera parte de estas reseñas sobre Digimon Adventure Tri. Si quieren ir allí, no tienen más que pinchar este otro enlace.

   ACTUALIZACIÓN 3: publicada ya la cuarta parte de estas reseñas sobre Digimon Adventure Tri. Si quieren ir allí, no tienen más que pinchar este otro enlace.