lunes, 10 de marzo de 2014

Twitch Plays: infinitos monos jugando a Pokémon.

«En vez de “época gloriosa” ha puesto “época ‘mayorzosa’”. ¡Estúpido primate!»
Montgomery Burns, Los Simpson.

   En fin, supongo que éste es el post obligatorio sobre la típica moda estúpida internetera de turno. Podría haberme tocado escribir sobre una chula o graciosa pero no, ha tenido que ser sobre uno de los mayores PETARDAZOS que hemos tenido que aguantar las personas  inteligentes y decentes desde CATÁSTROFES como el HORRENDO Ai Se Eu Te Pego, los IRRITANTES seriéfilos o el estúpido, estúpido, ESTÚPIDO Harlem Shake. Ya de perdidos al río, cuanto antes empiece, antes acabaré y antes se terminará este suplicio.

¿Al final le acabó pegando a alguien o fue a él a quien le partieron los morros?


   Twitch Plays Pokémon es un «experimento sociológico» (¡anda, mira, como Gran Hermano!) que consiste en que un montón de gente juega masivamente y al mismo tiempo la misma partida de Pokémon Rojo mediante votos. El… «experimento»... No, espera, vamos a llamar las cosas por su nombre: LA GILIPOLLEZ. LA GILIPOLLEZ no tiene un fin determinado más allá de una absurda democratización internetera de palo. Sí, ya saben, esa «democratización» entrecomillada que parte de que todo el mundo por tener acceso a internet tiene razón y que todas las opiniones son válidas por el mero hecho de ser opiniones. Sí, exacto, esa misma, la que es propia de la gente que cuando no tiene argumentos para nada se escuda en que es «su opinión» y que DEBES respetarla por errónea, falaz u ofensiva que sea.

   Y como no podía ser de otra forma, siendo internet, el cebo para semejantes garrulos atrajo a otra gente de igual ralea y similar nivel de idiotez por milímetro cuadrado corporal: los «poketardos» (entiéndanse como los «seriéfilos» de Pokémon, la gente que se cree especial por jugarlo) y los llamados «nostalgiafags» (esos personajillos que no ven más tipos de calidades más allá de si algo es de los 80 y los 90), dos castas deleznables que si se mezclaran en internet sería como juntar a los orcos y los Uruk-hai respectivamente.


«DALE A LAIC SI JUEGAS A POKÉMON CON 15 AÑOS»


   Si alguien de entre los que me lean es un ser pluricelular y tiene la capacidad mental de uno, se dará cuenta de que si cientos de miles de personas juegan mediante votos la misma partida, será todo la mar de caótico y avanzar se haría casi imposible. Pues bien, queridos lectores, ése es el secreto tras LA GILIPOLLEZ, en el caos, en que duró a lo sumo dieciséis días seguidos para terminar una simple partida al Pokémon Rojo. ¿La gracia detrás de esto? Ninguna, pero supongo que tiene que ver con eso, con que es una jugabilidad imposible y que se acabaron juntando los «expertos» en los pokemones, los que no tienen ni idea y los que se metieron por joder la partida, aunque para eso no hacía falta demasiado porque ya era una mierda para empezar.

   Como digo, LA GILIPOLLEZ duró dieciséis días y hubo gente que se la chupó entera. ¡El tiempo libre, señores! ¡Lo que hace uno cuando le sobra el dinero y no tiene un trabajo que atender! Bueno, el tiempo libre o…

EL AUTISMO.

   Pero lo mejor de todo no vino después de múltiples horas de ver a un personaje dar vueltas o actuar en contra de cualquier noción de avance, sino del final. Porque LA GILIPOLLEZ terminó con el protagonista derrotando al Alto Mando y a Blue, el personaje rival, lo que desencadenó en una avalancha de gente dándose palmaditas en la espalda y creyéndose lo más de lo más porque en una hora determinada poco menos que aleatoria el número de gente que votó las opciones correctas para elegir los ataques fue superior al de la gente que se equivocó. GUAU, ¡el Premio Nobel, amigos! Que le den a las investigaciones contra el cáncer o el SIDA, que el premio os lo vais a llevar vosotros por semejante «experimento sociológico».

   Sarcasmos aparte, mis más sinceras felicitaciones a los participantes y los creadores por redactar la mayor lista de ineptos jamás publicada en todo internet, de gente que como no tiene otro papel en la vida que estar haciendo el mongolo delante de una pantalla se dedica a participar y hacer avanzar (o retroceder) chorradas destinadas al fracaso per se. Pero lo mejor de todo es justo eso, el que habrá quien se crea especial por ello: por ser un garrulo que en vez de darle un palo al agua decidió que era mejor mirar a un personaje dando vueltas durante dieciséis días seguidos.

   ¿Pero sabéis qué? ¿Queréis que os diga una cosa que os dejará aturullados? ¿Sí? ¿En serio? ¿De verdad? Pues acercaos. Sí, sí, acercaos. ¿Estáis listos? Es lo siguiente: NO HABÉIS HECHO NADA ESPECIAL.

   ¿Queréis saber a qué se debe semejante victoria, el presunto triunfo de vuestro querido «experimento sociológico»? Pues a una cosita llamada Teorema de los Monos Infinitos, que promulga la idea de que si metes infinitos monos en una habitación para que escriban al azar, al final acabarán escribiendo cualquier libro, incluyendo obras de Shakespeare. Y esto es lo que ha pasado: cientos de miles de monos han votado qué teclas pulsar durante una partida de un juego determinado y al final han acabado pasándoselo de pura suerte y de puro azar.

Jejé, qué gracioso el monete. ¡Se cree alguien por jugar a los pokemones!

   Además, ¿qué esperáis? ES POKÉMON ROJO, un juego que todo Dios tiene o al que todo el mundo ha jugado. Es más, según el medio Badatvideogames.net en una entrevista con el supuesto padre del engendro, él mismo admitió que si eligió Pokémon Rojo fue tanto por el factor nostalgia como porque, y cito textualmente, «Pokémon Rojo depende muchísimo del sistema de combates por turnos y es muy indulgente». Sencillamente, le tengo que dar la razón ahí, pues es ese sistema de monos escribiendo, esa democratización absurda en la que opinión va antes que razón jamás podría funcionar en algo que requiriese el uso REAL de las neuronas.

   De hecho, no es nada nuevo, esto ya se hizo: en 1999, el ajedrecista ruso Garri Kaspárov retó al mundo a un torneo de ajedrez por internet en el que cada movimiento del bando mundial se decidía por votación. ¿Y saben ustedes qué? Que Kaspárov ganó. Ganó porque era un sistema que necesitaba una serie de pensamientos lógicos y una inteligencia determinada no sólo para jugar al ajedrez sino para estar a la altura del campeón, pero como hubo más errores que aciertos, incluso aquellos quienes jugaran bien tuvieron que ver cómo perdían al ser sus votos enterrados entre verdaderas cagadas.

Hipster Kaspárov ya retaba al mundo antes de que se hiciese popular.


   Pero claro, una cosa es el ajedrez y otra jugar a los pokemones, algo que no requiere pensamiento real ni complejidad mental alguna por muy democrática que sea la partida. ¿Todavía seguís creyéndoos especiales?

   Por desgracia, como el mundo está así de loco y hay tanto inútil suelto por el mundo, Twitch Plays Pokémon sigue siendo un fenómeno viral que ya tiene sus imitadores y que no tiene pinta de ir a detenerse en un futuro cercano. ¿Pero saben qué? Que no me importa. No me importa lo lista que se crea la gente por jugar a videojuegos, no me importa que los Twitch Plays se extiendan como los cánceres que son. No. No me importa. Ahora ya no. Porque mientras escribía estas líneas me he estado documentando y realmente me he dado cuenta de que no tiene sentido preocuparse por un grupete de monos votando cuántas vueltas debe dar un personaje durante cuántos días antes de seguir su viaje. ¿Porque qué son ellos comparados con la partida de Kaspárov contra el mundo? ¿Qué complejidad posee un caos forzado e informal como ese? Esto no es más que una moda absurda más de internet inflada por los factores «Pokémon» y «nostalgia» que desaparecerá tan rápido como vino.


   Sin más.

domingo, 2 de marzo de 2014

Ángeles, BIEN. Demonios, MAL. Ron Howard, FATAL. La crítica de Ángeles y Demonios.

«De J.K. Rowling, la autora de la saga literaria que permitió que las librerías Borders siguieran abiertas unos pocos años más, viene la adaptación cinematográfica para la gente que es demasiado vaga como para leer».
Honest Trailers: Harry Potter.


   Mira que yo cuando oigo hablar de que van a hacer una adaptación cinematográfica de un libro u otra cosa que me guste me lo suelo tomar entre la indiferencia y a bien. Yo no soy de los que se rasgan las vestimentas por ello ni me paseo por medio internet comentando lo «mierda que será», ni que el estudio de turno «se está ganando el odio de los fans antes de haber empezado a rodar». Ni siquiera auguro que «esta película será un fracaso». Por no hacer, no miro ni lo de los actores para tirarme de los pelos como si fuera una plañidera poniéndolos a parir sin ton ni son*TOS*BENAFFLECK*TOS*BATMAN. Perdón, tenía tos. Quería decir que como lo de Ben Affleck haciendo de Batman. 

Los que hacen este tipo de imágenes son los que luego, cuando la película de la que se quejan es un éxito, dicen que siempre la apoyaron desde el principio y que Ben Affleck siempre les inspiró confianza. Lo de siempre, vamos.


   Yo no hago eso. No siempre, al menos, ya que hay MIERDAS como La Legopelícula que huelen desde aquí, pues lo mío es esperar a que esa película acabe saliendo online en una buena calidad y luego hablar de ello con conocimiento de causa. ¿Por qué? Porque hablar mal de una película antes de que se estrene es tontería, como mucho una perogrullada, pero hablar mal de ella con conocimiento de causa es una crítica y lo que da fuerza a los argumentos de uno. ¡Es ciencia,señores!

   Y luego está Ángeles y Demonios, una película tan mala, tan ridícula y tan ESTÚPIDA que hacen que me replantee mi postura y sea el primero que amenace con rajarse las venas cada vez que oiga hablar de las palabras «adaptación cinematográfica».

   Basada (y por «basada» entiéndase que cogieron el concepto original e hicieron lo que le salió de la punta del cipote) en la novela homónima de Dan Brown, Ángeles y Demonios es una película que bien se puede resumir en una palabra: aburrida.

   Es aburrida porque es sosa y es sosa porque carece del ritmo frenético que Dan Brown le imprimió a su obra amén de tener unos personajes que parecen más sacados de un fanfic de cualquier libro basura de Laura Gallego en vez de los libros del escritor estadounidense. El núcleo del concepto, la idea básica de cada situación del original es en lo que se basaron para perpetrar semejante «adaptación» pero salvo los lugares a los que van y los nombres de los personajes, pocas películas basadas en un libro pueden estar más erradas. De nuevo, es otra de esas situaciones en las que parece que, o nadie del equipo se leyó la novela, o es que quienes hicieron la peliculita de marras carecen de todo tipo de comprensión lectora.

Tom Hanks buscando una forma de escapar de esta película.


   El argumento (ah, por cierto, spoilers, DUH) se resume en que el papa la ha diñado y los cuatro cardenales preferidos para que se sienten en el trono del carcamal han sido secuestrados dejando tras de sí una nota que culpa a los putos negros Iluminati diciendo que se los cargarán uno a uno. ¿Qué hace El Vaticano? Pues se bajan los pantalones ante el tío más perfecto, guapo, listo y maravilloso del mundo entero y parte del extranjero: Tom Hanks Robert Langdom. Oh, y creedme, las palabras se quedan cortas para describir lo GENIAL que es Robert Langdom aquí, pero ya hablaremos de eso más tarde.

   El caso es que Langdom, dechado de virtudes donde los haya, decide ayudar a los colegas católicos, apostólicos y romanos a pesar de que su última aventurilla en El Código Da Vinci le pusiera en el punto de mira de la Iglesia. Entonces es cuando alguien con más de una neurona funcional se pregunta «oye, y si es así, ¿por qué no contrata la Iglesia a algún otro experto en simbología histórica habiendo tantos en el mundo». «¡PERO IMBÉCIL!», exclamo yo golpeándole en los hocicos con el periódico de la mañana, «¿no ves que así no podemos apreciar la presencia, qué digo, tener EL HONOR de ver al mismísimo Robert Langdom haciendo cosas?».  Y la película transcurre así, amigos, con Robert Langdom yendo de acá para allá (siempre acompañado con el bombón de irritante acento cerrado y estereotípico de turno que está para únicamente llenar al cupo de mujeres por escenas de una película) por todo El Vaticano siendo perfecto pero al mismo tiempo llegando tarde a casi todos los asesinatos.

   Y bueno, el cardenal #1 palma, el cardenal #2 fenece, el cardenal #3 estira la pata y el cardenal #4 sobrevive… Algo es algo. ¿QUÉ? ¿ESO DESDE CUÁNDO? EN LOS LIBROS LOS CUATRO MUEREN. ¿POR QUÉ IBA A SOBREVIVIR ÉSTE? Pero los malvados Illuminati no descansan y por ello habían robado un contenedor de antimateria para destruir El Vaticano entero. 



   Con la prisa en los talones, Langdom descubre que el matacuras hábil asesino al que están persiguiendo se esconde en el Castel Sant’Angelo y deciden confrontarle… dejándole escapar. Pero no pasa nada porque el tío se mete en un coche bomba y muere. Hurra y eso. Supongo. No sé. Esperaba más.

   Gracias a las ágiles habilidades de deducción de San Langdom, se descubre dónde está la bomba, pero no hay tiempo de deshacerse de ella, así que el camarlengo (cuyo papel en lo que lleva de película es permanecer al fondo sin hacer nada mirando con ojitos de cordero degollado al resto de personajes) coge el dispositivo, se monta en un helicóptero, lo alza por los aires y deja que el aparato explote en el cielo mientras él cae heroicamente en un paracaídas salvando así a cientos de personas.




   Sin embargo, como todavía queda mucho metraje, es hora de hacer que ese token femenino que tenemos para que no nos denuncien por machistas se luzca por primera vez en la película y descubra gracias a una serie de casualidades que el camarlengo  es no sólo el asesino del papa sino el que en realidad estaba detrás de todo el tinglado.

Que el camarlengo QUÉ


   El fulano se suicida, eligen papa al cardenal que salvaron, se acaba la peli y yo me cabreo mucho.

   Aunque parezca que me he comido todo el nudo de la película, en realidad ocurre todo lo contrario: en el nudo no ocurre nada salvo Langdom siendo más listo que los demás trazando las rutas que seguir para fracasar miserablemente en salvarle la vida a los cardenales. La rica trama del libro original con su ágil estilo y sus personajes HUMANOS (o sea, todo lo que no sea «Langdom se luce y todos los demás quedan como unos inútiles») brillan por su ausencia, y no porque se trate de una adaptación pésima, sino que todo lo que hacía bueno al libro aquí se lo saltan a la torera.

   Y esto ya no tiene que ver con que sea una adaptación o no. En las adaptaciones hay que entender que se deben hacer cambio, ES NECESARIO, pero tienen que ser cambios que tengan sentido y que tengan que ver, valga la redundancia, con que se esté adaptando de un medio o un tiempo a otro. ¿Qué tiene que ver entonces con la adaptación que el cuarto cardenal no muera y sea elegido papa? ¿Qué tiene que ver con la adaptación que cambien las historias y las motivaciones de la mitad de los personajes? ¿Qué tiene que ver con la adaptación el convertir un libro que era la precuela de El Código da Vinci en una secuela provocando el mayor fallo de guión de la película cuando bien podrían haber dicho que es una precuela desde el primer momento?



   Oh, y los personajes. ¡Los personajes! Menuda tropa de paletos. Todos, eso sí, salvo Robert Langdom. A excepción de él, el camarlengo, y el asesino, ningún otro personaje es digno de mención, pues realmente nadie hace nada en toda la película salvo admirar las capacidades deductivas de su nuevo mesías.  Pero vamos a lo importante: Robert Langdom.

   Robert Langdom es el Gary Stu por excelencia. Si bien en los libros ya era un personaje pluscuamperfecto y redicho, no era un rasgo que acentuaran demasiado porque así Dan Brown dejaba espacio para el desarrollo de la trama y para la tensión. Sin embargo, en la película toda tensión desaparece porque ya se encarga la propia película en repetirnos por activa y por pasiva lo listo y capaz que es en absolutamente todo, convirtiendo incluso sus escasos defectos en fuentes para nuevas virtudes. ¿Que la película así se vuelve aburrida porque no hay cabida para el drama? Sí, bueno, pero Dios también es perfecto y nadie dice nada de Él. Y es que el Langdom de las película es así, un dios entre los mortales, capaz de todo y a la vez de nada porque si es tan listo, ¿cómo es que los cardenales están muertos? Pero que al final siempre gana y se queda con la chica.

No sólo derrotó a Voldemort a los diez años sino que además es un ninja super saiyan con poderes de shinigami... y está tan guapo cada vez que permanece en dos escalones diferentes. Ay... <3 


   El camarlengo Patrick es uno de los que más me irritan de toda esta farsa, pues la película pervierte todo aquello que fue el original. En el libro el camarlengo Patrick Mckenna es un hombre brillante, un villano del que nadie sospecharía y cuya inteligencia y capacidad de previsión le permitieron escalar puestos meteóricamente en el escalafón eclesiástico hasta convertirse no sólo en el hombre de confianza del papa sino de convertirse él mismo en el sumo pontífice de no haber sido por ese experto en símbolos entrometido... mientras que en la peli no es más que un triste fanatiquillo religioso al que se le irrita el culo cuando alguien le menciona la palabra «ciencia» y al que todo el proceso de convertirse en papa le salió bien de rebote. Con dos cojones, Ron Howard, CON DOS COJONES. Es que llego a tener delante al pollo éste y me pongo como cuando tengo delante a un rutilófilo.

Cómo que «qué pasa, rutilófilos». ¡Cómo que «qué pasa, rutilófilos»!


   Y por último… el asesino. AY MAMÁ, EL ASESINO. ¡Pero qué destrozo el asesino! Si yo fuera como el vendedor de repollos de Avatar: la leyenda de Aang, en vez de decir «mis repollos» clamaría «mis asesinos». MENUDO DESPERDICIO. El asesino original era un hombre oscuro y rodeado de misterio, un personaje al que querías ver todo lo que pudieses para intentar conocerlo en la medida que fuera posible dentro de lo poco que lo fueran a mostrar. Era audaz, era fuerte y era imparable. Poco menos que una fuerza de la naturaleza. ¿Así que cuál es la mejor forma de adaptar semejante personaje para la película? Convirtiéndolo en un matón descerebrado, al típico malo de película de acción que se caracteriza por tener unos reflejos y una puntería sin igual pero que les falla todo lo demás. ¿Saben de los memes esos que consisten en combinar a tres personajes por parejas y luego hacer una segunda combinación con los resultados de la primera? Pues el asesino de la película es el resultado de lo que pasaría si mezcláramos al Agente 47, a Solid Snake y al tío chusco de las gafas que te pide destruir la ciudad de Megatón al principio del Fallout 3. Fatal todo, eh. FATAL.

Éste es el material del que están hechos los fanfics.



   En definitiva, Ángeles y Demonios no es ya una pésima «adaptación» del libro en el que presuntamente está basado sino que como película en sí es pésima por ser tediosa, es tediosa por ser aburrida y es aburrida por ser repetitiva. Tenían una película de intriga y suspense que prácticamente se escribía sola y la han convertido en un ajetreado tour turístico por media Roma con caritas de circunstancias y volantazos de por medio. De verdad, Ron Howard, vaya truñaco que has hecho, macho. VAYA TRUÑACO.

Eh, ¿y qué quieres? Ir a ver al fantastipótamo no es barato.


   *Muchas gracias a Un tipo con Boina por dejarme usar sus gifs de "TENSIÓN" y "ALEGRÍA".

domingo, 23 de febrero de 2014

«Al César lo que es del César»: una defensa vehemente a La que se avecina.

«Para ser un cretino diseñado para hacer estupideces, esta trampa ha sido buena».
GLaDOS, Portal 2.


   Muy pocas cosas pueden ser más bipolares e hipócritas que las críticas injustificadas a determinados productos. Más aún si se las compara con un producto idéntico pero diciendo que éste es mejor «porque vino antes». Y muy pocos ejemplos pueden ser más claros de esto que digo que las odiosas comparaciones entre Aquí no hay quien viva y La que se avecina.

   A estas alturas de la vida, es inútil explicar qué es ANHQV o de qué iba. Su éxito se basaba en una inteligente mezcla de humor costumbrista con muchos toques de humor negro o verde (según el caso) y la chabacanería que podría esperarse de un barrio de mala muerte como aquél en el que se situaba el mítico edificio de Desengaño 21. Sus numerosas coletillas, su comicidad y sus carismáticos personajes lograron que la ficción durase seis largas temporadas (desde septiembre del 2003 hasta abril del 2006) con noventa capítulos en su haber hasta que el vetusto bloque de viviendas, junto con la serie, claudicó definitivamente. Y aunque sí es cierto que el programa sí denotaba un olor cada vez más rancio con los años, muchos se llevaron las manos a la cabeza tras el anuncio de la muerte de la misma.

Que Aquí no hay quien viva QUÉ.


   Sin embargo, apenas un año más tarde, Telecinco recogió el testigo y produjo una serie del mismo calibre contratando a casi todos los mismos actores para que volvieran a interpretar una serie del mismo calibre. No obstante, el resultado, lejos de agradar a las masas, las confundió y las enfureció, alegando que la nueva producción, La que se Avecina, no es más que un vulgar plagio y que por tanto nada, ABSOLUTAMENTE NADA, de ella merecía ser salvado.

   Eso ya de por sí es una soplapollez como una casa que manifiesta además un cinismo y una ignorancia importantes. ¿Que ANHQV y LQSA son unas series que se parecen sospechosamente? ¡Hemos descubierto América, amigos! ¡Como que la segunda serie ha sido creada por los mismos autores que la primera a partir, expresamente, del mismo patrón! ¿No me creen? Miren por sí mismo, MASTUERZOS:

Cualquier parecido con la realidad es un hecho que bien nos interesa ocultar.


   O sea, como el perro del Hortelano: lloramos porque una serie que nos gusta se acaba e intentamos tirar abajo otra serie que viene a ser lo mismo apelando a palabras tan golosas de decir como «plagio» porque, irónicamente, no nos gusta el cambio, no nos gustan las nuevas ideas. Pero eh, ¿a que nadie se ha parado a documentarse un poquito? Porque si lo hubiera hecho, se daría cuenta de que la mismísima ANHQV, perfecta, intocable e incriticable, recibió en su día una denuncia por plagio. ¡Vaya, qué casualidad!

   «Si no tenemos a Juan Cuesta en el nuevo edificio, que José Luis Gil se aleje del plató O LE QUEMAMOS EL COCHE», oigo amenazar desde sus interiores a uno de los retractores del presunto plagio. «Pero si José Luis Gil sigue haciendo de un pringao sin presencia del que abusa todo el mundo. ¿Qué más da el nombre?», argumento yo, a lo que mi interlocutor empieza a ensoñar escenas de violencia extrema conmigo y yo me alejo cautelosamente.

¡Qué es esto! ¿Una película de tiros y explosiones cuyos protagonistas son actores que salen en películas de acción? ¡Plagio! ¡PLA-GIO!


   Pero independientemente de una falaz acusación de plagio que ya digo yo que no es plagio EN ABSOLUTO (principalmente porque para que haya plagio se debe hacer una copia tal cual de la obra original no sólo ya en la trama sino en todos los elementos que componen el programa, así que naranjas), sino que es más bien un sucesor espiritual de la obra de Antena 3, ¿qué otras voces críticas existen en contra de LQSA, preferiblemente proferidas por los antiguos defensores de ANHQV? ¿Tal vez haya quien diga que LQSA no tiene nada de calidad si la comparamos con ANHQV? Pues sí, gente, al igual que las meigas, haberlas, haylas, y son las que me parecen más hilarantes.

   ¿Es LQSA una serie tan mala, tan pésima, tan HORRENDA que se deba juzgar por el mismísimo Tribunal de Estrasburgo como si fuera un crimen contra la Humanidad? ¿Más encima si tiene la OSADÍA de querer compararse con ANHQV? Pues ya lo digo yo: la respuesta es un rotundo «no». ¿Por qué? Pues porque las dos series son bastante malas ya para empezar.

   Sí: tanto la una como la otra son series igual de malas. A mí, al igual que a otra muchísima gente, me gustan, me río con sus situaciones y me siguen haciendo gracia a día de hoy, pero eso no quita que ambas sean series de mala calidad. Son zafias, son chabacanas, sus tramas empiezan siendo algo frescas para acabar convirtiéndose en poco menos que en la pochez humorística… ¿Que a alguien le gusta? Pues como a mí. Pero nadie en su sano juicio podrá decir que una es «mejor» que la otra cuando lo único en lo que acaban cambiando al final son los nombres y algunos elementos sueltos. Menos todavía si el argumento diferenciador es que una «llegó antes que la otra».

   Sin embargo, si tengo que romper una lanza a favor, que sea por LQSA por su infravaloración a la hora de decidir tomar un nuevo rumbo a la hora de contar una comedia con vecinos psicópatas de protagonistas (y con esto no me refiero sólo con que las adaptaran a la nueva situación político-social que vivía España en 2007). No seré yo quien niegue que la serie de Telecinco empezó como un intento descarado de imitar lo que Antena 3 terminó, agotó y rebañó el año anterior. Ni siquiera negaré que los arquetipos nuevos que introdujeron eran desagradables como mínimo: esos Recio que se pasaron toda la primera temporada amenazando con denunciar a todo aquel que les llevara la contraria o ese Leo tan redicho y relamido que me daban ganas de estampanarlo contra la pared de una buena patada en la boca. ¿Pero qué ocurrió después?

¿Malena Alterio haciendo de mujer de vida desastrosa y peor carácter?
¡COMPRO!


   Pues ocurrió el cambio, LA ADAPTACIÓN. Los Recio dejaron de ser tan tocapelotas para que el humor se centrara en que nos riéramos de lo rancios que eran y de cómo se hundía ese matrimonio basado en la doble moral, Leonardo acabó siendo un personaje más secundario para convertirse al final en alguien a quien todo el mundo evita como la peste, quitaron personajes, metieron otros nuevos como esa ENORME Estela Reynols de las temporadas 3 y 4… Todo eso de una temporada a la siguiente, lo cual expresa por parte de la dirección una intención de hacer las cosas bien, de caerle en gracia a un público hostil utilizando un formato más que exprimido mientras intentaba buscar su propia dirección. Y puedo decir que es algo que, funcionara o no, es algo que no se debe desdeñar, pues recordemos que el plantel de ANHQV apenas varió hasta las últimas temporadas y todo para al final acabar reciclando las mismas tramas de los primeros episodios pero con caras nuevas.

   No obstante, como soy una persona capaz de reconocer tanto las virtudes como los defectos, también tengo que decir que era de esperar que la calidad no tardara en no ya descender sino caer en picado más allá del pozo de la mediocridad. Al igual que su antecesor espiritual, LQSA acabó optando por reciclar tramas o recurrir a situaciones manidísimas como los líos de faldas, las infidelidades o GAÑANADAS como personajes cuya meta en todo un capítulo era mojar esa misma noche. Además, la situación empeoró TODAVÍA MÁS cuando decidieron contratar a Fernando Tejero, uno de los peores temores de todo aquel que siguiera fielmente la serie debido al encasillamiento de este actor.

Cuenta la leyenda que si Fernando Tejero no hace de garrulo,
implosionará el universo.


   Yo no temo en confesar que, aunque la serie vaya actualmente por su séptima temporada, dejé de verla a partir del final de la sexta hasta que apareció Tejero como Fermín, un pobretón vendedor de espetos que tuvo un lío con una ya trilladísima Estela que había vuelto a Mirador de Montepinar because potato y a la que intenta conquistar de nuevo (¡¿?!). «Lo siento, pero hasta aquí he llegado», ésas fueron mis palabras cuando supe que se convertiría en un personaje fijo.

   También he oído que uno de los últimos capítulos de esta, aparentemente, penosa séptima temporada contuvo un mensaje político muy demagogo sobre la tauromaquia, polémica que los PESADOS del «plagio» han utilizado como munición para atacar LQSA y motivo por el cual escribo estas líneas. Porque claro, ANHQV NUNCA, JAMÁS DE LOS JAMASES, ha introducido mensajes políticos y demagogos. ¿Verdad? Siempre hemos tenido capítulos centrados en el HUMOR, como aquella subtrama en la que Mauri y Fernando adoptan a un chaval problemático a quien acaban enderezando y hasta queriendo justo a tiempo para que se lo lleven los servicios sociales «porque los gays no tienen derecho para adoptar»... ESPERA.

rt si yorastes :__(


   Resumiendo: lo que quiero expresar con esta entrada es que si a uno no le gusta una serie o lo que sea, bien en su derecho que está de criticarla y de destrozarla verbalmente todo lo que quiera y más, e ídem con quienes la defiendan, pero que al menos utilice los argumentos correctos, no falacias de doble filo que se pueden aplicar tanto contra lo que se ataca como contra lo que se defiende. Yo por mi parte me las seguiré tomando como lo que han quedado reducidas en la actualidad, un relleno a estas alturas rancio que emiten dos cadenas rivales para arañar audiencia en horas de sobremesa, pero aun así insisto: «al César lo que es del César».

Dixit.

sábado, 22 de febrero de 2014

¡Tengo logo, chavales!

   Desde aquí quisiera darle las gracias a mi amigo @YoSoyLaParca por el banner tan chulo que me ha hecho para el blog.

Marcándome un Nolan.


   Las letras corren a cargo de mi cuenta, así que ya veré si las cambio en el futuro o no, pero de momento, el banner se queda.

   Gracias otra vez :___)

jueves, 20 de febrero de 2014

Ser seriéfilo... y otras formas de dar vergüenza ajena.

«Sólo sé que no sé nada».
(Atribuido a Sócrates).

   Si hay una cosa que detesto profundamente, es la soberbia. Y por «soberbia» inclúyase también todo aquello que esté relacionado con el concepto: la petulancia, la prepotencia, la pomposidad… Y si ya eso es una de las pocas cosas me sacan verdaderamente de quicio, el sector ocupado por la gente pretenciosa es el que más me afecta.

   Sí, ya saben, esa gente que no tiene nada de lo que presumir en la vida y sin embargo intenta aparentar todo lo contrario; esa gente que oculta su falta de dones con el defecto de alardear de lo contrario como sea en una farsa de proporciones épicas. «Dime de qué presumes y te diré de qué careces», reza cierto dicho, y es que verdaderamente no hay pocos ejemplos mayores de patetismo que los que la gente pretenciosa y sus intentos de impresionar a los que consideran el vulgo con sus efímeras muestras de [escoger objeto/hecho/habilidad con el que se desea restregar en la cara a todo el mundo].

   Y es a raíz de esto por lo que denuncio un sector de auténtica gentuza que ha ido saliendo como por debajo de las piedras con el boom de series «buenas» (o sea, de moda Y NADA MÁS) de los últimos años. Me estoy refiriendo, como no podría ser de otra forma, de los autodenominados «seriéfilos». *Suenan truenos*.

Y a partir de aquí, cuesta abajo.


   Los «seriéfilos», para quien tenga la suerte de no conocerlos (ay, bendita, ¡BENDITA ignorancia! Pero qué suerte tenéis, jodíos), son un grupito que se caracteriza de ver series de televisión… y alardear de ello. Ya está. No hay más. Es simplemente eso, que ven series de televisión y eso, de un modo u otro, les hace ser mejores seres humanos que usted, que yo, que la vecina del quinto y que Laura Gallego (aunque para eso último no se necesita hacer nada). Los «seriéfilos» son poco menos que la digievolución bastarda del cani de la clase en época de quitarse los oros y enfundarse una réflex tras hacer un cursillo de fotografía artística de CCC de cara a convertirse en un hipster al llegar a los veinte tacos (VERÍDICO) fusionado con el amigo/cuñao/esquizofrénico de turno que no para de darte la tabarra para que veas la última serie de moda porque a él/ella/ello le gusta y entonces POR COJONES también te tiene que gustar a ti. Por ende, uno cabe esperar unas dosis de incultura, chulería, presuntuosidad y PESADEZ tan peligrosas que ríase usted de los niveles de radiación de Fukushima. No, no. Ría. ¡RÍA!

Que te rías, hijo de puta.

   Los «seriéfilos» se autodefinen como una versión moderna de los cinéfilos porque pueden ver series de televisión y apreciarlas al igual que un cinéfilo puede apreciar una película bien viejuna. A esto yo lo llamo una gilipollez como la copa de un pino, pues realmente no se puede comparar la cinefilia con toda la cultura que conlleva (ojo, la cinefilia DE VERDAD, que ser cinéfilo conlleva unos niveles de cultura y entendimiento artísticos determinados, que no es ver películas en blanco y negro y ya por eso eres especial. Eso último es ser un poser, o lo que es lo mismo, un imbécil redomado). La «seriefilia» no es más que una cinefilia de mercadillo, una pomposa forma de o bien dejarse llevar por la completa envidia de las aptitudes que requiere ser un cinéfilo auténtico respondiendo por ensalzar culturalmente a una actividad tan común y simple como ver una serie de televisión o bien ser víctima de un nivel de ignorancia galopante.

   Desde un punto de vista personal por pura experiencia (ya que yo he conocido auténticos cinéfilos y uno de mis mejores amigos lo es), un cinéfilo auténtico podrá pasarse horas y horas hablando de sus películas favoritas tocando absolutamente todos los campos que componen el metraje (o si no todos, al menos aquellos que más domina de una forma ARGUMENTADA), mientras que un simple «seriéfilo» el único argumento que te podrá dar será lo mucho que le mola determinada serie repitiéndolo ad náuseam tantas veces como crea necesarias para que profeses su fe por dicha producción. Y peor aún si a uno le toca aguantar a un «seriéfilo» que guste de adornar su discurso con una innecesaria batería de cultismos o un registro artificialmente cargante porque se crea que cuanto más pomposo sea, más razón va a tener. 

es ke maxo no beas como mola el enano ese porque la lia parda xdd
en serio mirate juego de trons ke te ba a molar xd

   El cine, señoras y señores, de siempre ha tenido una gran pretensión artística que hoy en día sigue presente en muchísimas producciones, mientras que las series de televisión salvo en contadísimas excepciones son un producto de entretenimiento. Y ya puede venir el cultureta de palo de turno por aquí a decir cuán equivocado estoy «porque en Breaking Bad y Lost todo tiene simbolismo» porque me va a dar igual. No basta con ver una película de Bergman o de Lynch mirándola sin más para entenderla, sino que se deben apreciar una serie de cosas: planos, diálogos, situaciones, simbolismos AUTÉNTICOS (no fantochadas como la mosca, el osito rosa con media cara quemada o el color de los gayumbos de Walter Jr. Flynn)…

¡Está desayunando! ¡EL SIMBOLISMO!

   ¿Qué tenemos en una serie de televisión? ¿Qué es lo que ven culturalmente los «seriéfilos» en semejantes producciones como How I met your mother Cómo conocí a vuestra madre, Game of Thrones Juego de Tronos o Esa de los zombis que no va sobre zombis sino de las relaciones entre los personajes (a.k.a ya no se me ocurre otra forma de defender su descenso en picado hacia la mediocridad) The Walking Dead como para calificarlas de auténticas maravillas de la pequeña pantalla más allá de que presuntamente molen o porque «si lo ve mucha gente, por algo será»? ¿Qué matices artísticos puede ofrecer una cámara fija en el set del estudio de una serie como Friends que esté programada sólo para grabar en un plano general?




   Que yo sepa, para ser cinéfilo hay que saber apreciar ángulos, piezas de diálogo y demás, no ponerse a ver imágenes en movimiento reflejadas en una pared, al igual que un bibliófilo tendrá algo más por lo que pasar la vista que unas formaciones de tinta en un papel, o un crítico de arte a unas manchas de colores sobre un trozo de tela, etc. Siendo así, ¿qué se necesita para ser un «seriéfilo»? Porque lo único que han demostrado es que sólo se necesita ver series y que te gusten. «¡Pero espera!», se preguntará algún avispado lector. «¿Eso no es lo que hace todo el mundo que ve series de televisión que le gustan?».

Silencio incómodo...


   Y aquí, amigos, llegamos al quid de la cuestión: un ejemplo de cuán incompetente y patética puede llegar a ser mucha gente con tal de aparentar algo que no es, por impresionar a alguien o por formar parte de algún colectivo que excluya al resto. Hemos llegado a unas tasas de tontuna tan altas que hasta ver series de televisión como un televidente normal y corriente es poco menos que practicar un alto arte al que ninguna otra alma que no sea otro «seriéfilo» podrá llegar a entender. Y todo por culpa de esa otra estúpida moda de que para cada cosa que hagas y te guste tienes que estar dentro de un grupo que te identifique y te diferencie del resto. ¿Que has subido un vídeo a un canal de Youtube? Entonces eres «youtuber». ¿Que juegas a videojuegos? Pues ya eres un «gamer» de la hostia. ¿Qué te la pelas como un mono pensando en tu hermana? ¡El mejor «masturbationer» que habrá jamás! Y ASÍ.


   Vamos a ver, señoras y señores, que porque uno a lo mejor no vaya a tener un acervo o unas habilidades lo suficientemente grandes como para acabar especializándose en una categoría artística o intelectual determinada, no es motivo ni de orgullo ni de vergüenza. ¡A ver cuándo se nos mete eso en la cabeza!


   Obviamente, gracias a internet la información y la cultura están ampliamente democratizadas. Cualquier persona puede con un mínimo de esfuerzo documentarse en las cosas que más le interesen pertenezcan o no a la cultura más elevada del saber humano; la ignorancia ya no es excusa, pero lo que sí hay que tener es iniciativa. Lo que no se puede hacer es optar por la ruta más sencilla, que es la de pretender presumir de algo que no conlleva mérito alguno por ver si así alguien le tiene envidia a uno. Eso tiene un nombre y no es ser un «seriéfilo», es «ponerse en evidencia».


   Y antes de terminar, no, esta entrada no critica en absoluto ni se mete con la gente que vea series de televisión/suba vídeos a Youtube/juegue a videojuegos/se la pele pensando en su hermana sin pretensión alguna ni habla de los fans de las series ni ninguna chorrada parecida. La entrada, repito, habla de la gente que se cree especial por ver series de televisión. Y aun así verás cómo viene alguien a decir que qué derecho tengo yo a meterme con la gente antes mencionada. ¡VERÁS!

pero aveis visto ya al enano? ke crak xd
en serio miraos juego de tronos qel enano es la ostia xddd