sábado, 10 de octubre de 2015

«Mi nombre es Bond, James Bond»: repaso a toda una filmografía (PRIMERA PARTE).

«¿Saben lo que me gusta de ustedes los ingleses? Octopussy. Debo de haber visto esa película… dos veces».
Homer Simpson, Los Simpson.


   ¡Eso es, gentuza, sigo vivo! Sigo vivo, sano, salvo y con una entrada más en este blog que tengo abandonado por proyectos personales en los que llevo unos cuantos años trabajando y que por fin he terminado. Y como dicho proyecto ya está terminado, he decidido volver a escribir aquí mientras preparo el siguiente. Pero no teman, pues esta vez vengo con un tocho bien generoso para compensar mi ausencia todos estos meses. Tanto es así, que he decidido dividirlo en dos partes para que sea más accesible y rellene el contador de entradas.

   Y como ustedes, queridos lectores, intuyo que son inteligentes (a no ser que hayan venido aquí por ver si pueden apretar los puñitos de indignación ante mis opiniones), podrán imaginar de qué voy a hablar esta vez. Y si no, el amigo Nolan os lo explica, sobre todo a los de los puñitos, que necesitan ayuda extra para comprender la palabra escrita:

«La entrada del blog va sobre las películas de James Bond. ¿Y por qué se puede saber? Porque lo pone en el título, que va sobre las películas de James Bond. Y de ahí se sabe que la entrada trata sobre las películas de James Bond, porque lo pone en el título. Y James Bond es…»


   Gracias, Nolan. Toma el bocata de choped que te prometí, ya puedes largarte. En cuanto a los demás, como habrán podido imaginar, voy a hablar de las películas de James Bond. ¿Literalmente todas las de James Bond? No, hombre, no, las de Eon Films, se sobreentiende. Vamos, las canónicas de toda la vida.

   «¡Entonces eres un poser de mierda porque la primera película de James Bond es Casino Royale de 1954 pero te vas directamente a las de Eon por ser las famosas! ¡Youtuber! ¡Vendido!», me dirán los puristas (en realidad no porque esta entrada no la va a leer ni Dios) pero qué quieren que les diga, soy el mismo desgraciado que osa hablar mal de Kill la Kill y la mierda esa de La Lego Película. Y porque todavía le queda mucho a la bazofia de Dragon Ball Super para que se acabe, pero yo ya digo que reseña caerá. ¡Al blog se viene a lo que se viene!

   ¿Pero quién es James Bond aparte de uno de los mayores símbolos de la cultura pop? Probablemente un donnadie. Originario de las novelas del escritor, periodista, comandante de la Armada Inglesa, Caballero de la Reina y buen tipo en general Ian Fleming, este espía inglés no tardó en dar el salto a la gran pantalla y en convertirse en uno de los símbolos de Inglaterra, siendo interpretado por varios actores y teniendo un legado que crece incluso a día de hoy, con sus fluctuaciones en estilo, su evolución en el tiempo, sus bombásticas cabeceras, los villanos que parecen sacados de un dibujo animado, el machismo recalcitrante, las coletillas célebres… ¿Y qué mejor para hablar de ello que haciendo una mini reseña de cada una de sus películas principales?

Pues eso.

El tipo de la portada se parece a mí cuando era pequeño. Esa es toda la información que necesito saber.


   La carrera cinematográfica de James Bond se inicia en 1962 de la mano del perfectérrimo ser de luz que es Sean Connery con James Bond contra el Doctor No. Y déjenme decirles que SE NOTA que es la primera etapa de toda la serie: sin cabeceras bombásticas ni inventos, esta película nos presenta al Bond más carismático desde su primerísima escena, en la que dice la famosa «me llamo Bond, James Bond», pero al mismo tiempo carece de una trama definida, con un metraje que nos recuerda más a una película de detectives más que el gigante cultural que es hoy en día.

   El Bond de Connery empieza como un hombrecillo espabilado que desconfía hasta de su propia sombra, un tipo duro y galán (en términos de la época, claro, es decir, un machista recalcitrante). Pero como digo, hasta la mitad de la película la trama tal cual no empieza y tenemos a un Bond yendo de escena en escena como un pollo descabezado sobreviviendo a atentados contra su vida hasta que se enfrenta al epónimo Doctor No, el primer supervillano de la saga… y un señor del que si el Doctor Maligno de la saga Austin Powers está basado en Blofeld, el propio Doctor No recuerda más al propio Doctor Maligno que el propio Blofeld en chuminadas como dar alojamiento y cena a tu enemigo, intentar asesinarlo de una forma lenta y exótica y amenazando al mundo con hacer estallar un pepino nuclear nucelar. Pero bueno, es algo básico para ser los comienzos de la saga.

   Desde Rusia con Amor, sin embargo, decide entrar ya de lleno en el género de los espías. Comienzan a aparecer los primeros inventos y toda la película es una trama sobre tres agencias de inteligencia y el grupo terrorista SPECTRA pugnando por conseguir un desencriptador de códigos. Paisajes que serán tan constantes en la saga Bond como Estambul son los grandes protagonistas, aunque esta vez como un sentido más «de guía de viajes» que de otra cosa, destacando, por ejemplo el último tercio de la película, que se desarrolla en el famosísimo Orient Express.

   Desde Rusia con Amor es una película muy especial para la era de Connery porque significa la búsqueda identitaria de una saga que busca crecer. Sí, es raro ver a un Bond infinitamente más confiado y vulnerable que aquel duro detective hecho de pura determinación en la película anterior, pero al mismo tiempo lo compensa expandiendo su universo enormemente, empezando, cómo no, por la primera aparición de SPECTRA y su líder Ernst Stavro Blofeld en una de sus, por desgracia, apariciones más estelares. ¿Que por qué digo «por desgracia»? Sigan leyendo.

   La búsqueda por la identidad de la saga terminará con Goldfinger, una de sus mejores películas incluso a día de hoy. La franquicia de James Bond encontrará la comodidad en una mezcla entre el género del espionaje y el surrealismo de luchar contra supervillanos. Irónicamente, así es como empezará la costumbre formulaica de la serie, que poco variará en su esquema narrativo (con excepciones, sí, PERO).

   Por desgracia, Goldfinger nos presenta a uno de los pocos (si no, casi el único) supervillanos verdaderamente inteligentes y competentes de la saga, Auric GoldfingNO, NOLAN, ESTATE QUIETO.

   Auric Goldfinger es EL villano Bond por excelencia, y el primero, tal vez el único, que logra derrotarle completamente. James Bond en esta película es un pelele que no logra hacer nada y solo consigue salvar el día porque consigue seducir a la secuaz femenina de este para que se apiade de él. Pero no solamente es eso, sino que la famosa escena del láser en la entrepierna se resuelve porque el propio Goldfinger es lo suficientemente resabiado como para darse cuenta de que le conviene más tener a Bond capturado con el fin de que el MI6 no mande a un espía mucho más capaz a que arruine sus planes desde donde menos se lo espere. Bond vuelve a visitar la mansión de un supervillano, sí, pero esta vez como prisionero, no como invitado. ¿Me oyes, Doctor No? ¡Así SÍ es como se hace!

«Mujeres, ¿eh? Si es que…».


   Por desgracia, Goldfinger, a pesar de lo absurdo que es en concepto como personaje, era demasiado realista e inteligente dentro de los estándares del mundo real y a partir de ahí la gran mayoría de los supervillanos acabaron teniendo el intelecto criminal de un niño de tres años. Y no hay mayor ejemplo para ello que su siguiente película…

   Operación Trueno es, a falta de un término mejor, anodina. Es TAN anodina, TAN vacua, que realmente no puedo decir nada de ella. Es una de esas películas tan poco memorables que la ves y cuando terminas ya te has olvidado de que lo has hecho. Básicamente, va de que otro de los sicarios de Blofeld roba un arma nuclear para amenazar al mundo… pero esta vez en Florida. Oh, y Bond se entera de casualidad porque RESULTA que estaba JUSTO en el lugar adecuado en el momento apropiado para toparse con el inicio de la conspiración mientras estaba de vacaciones.
 
   Y ya. Es que no puedo decir más. Bond hace lo mismo que en Doctor No pero en otro sitio y de una forma tan insustancial que literalmente no puedo seguir hablando de ella. ¿Y el villano, Emilio Largo, el señor del parche? Pues uno con un parche al que le gustan el submarinismo y los tiburones. Para de contar. Siguiente película.

   Tras el BODRIO de Operación Trueno llega Solo se vive dos veces, tal vez una de las películas más recordadas de la franquicia y un nuevo antes y después para Bond. Basada en el libro homónimo pero cambiando la continuidad, James Bond viaja a Japón tras la desaparición de un transbordador espacial estadounidense. Obviamente, y en plena Guerra Fría, el bloque americano culpa a los rusos y esto genera unas tensiones que podrían desembocar en la Tercera Guerra Mundial.

   Como ven, el tema de salvar el mundo entra en la ecuación de Bond y con un riesgo tan notable como verdadero en la época. La SPECTRA de Blofeld se revela a su vez como un verdadero conglomerado de supervillanos con recursos prácticamente ilimitados cuyos planes siguen la Teoría del Tercer Pez, el miedo a que, en caso de haber una guerra real entre la Unión Soviética y Estados Unidos, aparezca de la nada un tercer bloque que remate al debilitado ganador y domine el mundo. Y repito: aprovechen, que a partir de aquí SPECTRA irá cuesta abajo y sin frenos.

   Pero no todo es villanía pura, sino que el universo se expande con nuevas centrales de inteligencia y aliados con los que por desgracia no se hará nada; algunos de los inventos más queridos y recordados, así como el primer cara a cara de Bond y Blofeld.

   Por desgracia, la película también abusa de mucho relleno: en pleno boom de la cultura oriental, Solo se vive dos veces se toma su tiempo para disfrutarla olvidándose de que se trata de una película de James Bond, no un documental sobre la vida tradicional japonesa. Bond mismamente se casa porque sí y se convierte en un ninja. DATTEBAYO!!! ¡VAYA QUE SÍ! ¿De qué le sirve todo esto? Para la trama y la continuidad de la serie no, desde luego. ¿Pero y de lo que va a fardar qué?

La cara de Bond no solo es un poema haiku, sino que resume también la reacción de la audiencia.


   Con estas llegamos a Al Servicio Secreto de Su Majestad, la única película de George Lazenby y el primer gran cambio de actores para el papel de James Bond. Y debo romper una lanza a favor de la que tal vez sea la película de James Bond más denostada por cambiar la fórmula por completo. ¿Saben por qué? Porque al menos intentó innovar y darle tridimensionalidad a un personaje de cartón piedra. No me entiendan mal, el Bond de Connery es soberbiamente extraordinario, pero ha envejecido increíblemente mal y se ha quedado demasiado estancado para una cultura en plena ebullición ya a finales de los 60 y principios de los 70.

   ¿Cuál es el crimen que cometió este Bond para ser tan odiado? Casarse. Pero esta vez de verdad. A ver, canónicamente y siguiendo la serie literaria original, esta sería su primera boda con la de la japonesa sin nombre ni personalidad siendo la segunda, pero en el universo cinematográfico le dieron la vuelta, uno de los motivos por los que el plan no funcionó. La idea era crear un Bond más humano y realista centrándose en una historia de amor que empieza con un matrimonio por conveniencia y que acaba en un sentimiento real.

   Es más, la trama Bond del supervillano de turno haciendo cosas malas está metida con calzador y es un auténtico descarrilamiento, porque teniendo el espía que casarse con la hija de un mafioso a cambio de información sobre SPECTRA y Blofeld, podríamos esperar un villano relacionado con el mundillo de la mafia; tal vez un líder rival, una guerra entre mafias… Una historia acorde con el argumento principal. Pero no, es Blofeld otra vez, esta vez exigiendo inmunidad diplomática. Porque sí. Porque se aburre el hombre.

   El plan de marras consiste en inventarse un árbol genealógico que le enlaza con algún miembro lejano de una familia real europea para conseguir los privilegios de la inmunidad y salir a la calle sin que le detengan. Sí, como lo leen. ¿La amenaza terrorista en caso de que las Naciones Unidas no acepten? Liberar un virus que acabará con todas las cosechas del mundo. ¿Y dónde está ubicado tan terrible virus? En los cuerpos de un puñado de supermodelos que estaban allí de vacaciones. SÍ, COMO LO LEEN. Oh, y aunque el proceso sea una farsa todo tiene que ser hecho de forma oficial por medio de un genealogista real. Y no puede ser por uno que haya comprado Blofeld por motivos.

   No creo que me haga falta explicar los motivos por los que este plan sea el más jodidamente LUNÁTICO de todos los llevados a cabo por un villano de James Bond, y eso incluye los planes de Hugo Drax de resetear la humanidad desde el espacio y el de Stromberg de sumergir la Tierra e irse a vivir a una Atlántida creada por él mismo. ¡UNA JODIDA ATLÁNTIDA! Pero incluso aunque no lo necesite, me cabrea tanto que me veo obligado a soltar mil maldiciones mientras señalo por qué es el puto PEOR PLAN DE LA HISTORIA DE LA FICCIÓN.

   Porque claro, ¿por qué molestarse uno en ocultar cápsulas del virus en campos de cultivo? ¿Por qué no tener una flota de aviones que rocíen los campos? ¿Por qué no lanzar directamente una bomba vírica? No sé… CUALQUIER COSA MENOS INOCULÁRSELO A DOCE MODELOS. O sea, ¿cuál es el plan a partir de aquí? ¿Que pase el virus de persona a persona hasta que finalmente, EVENTUALMENTE, alcance los campos de cultivo DE TODO EL PLANETA? Porque claro, todos sabemos que las esferas en las que se codean las supermodelos son las mismas en las que puede entrar un pobre labriego. ¿Y qué es eso de tener que hacer un proceso oficial para confirmar una genealogía falsa a cambio de inmunidad? ¡Tienes un virus que destruye las cosechas de todo el planeta! ¡¡¡Amenaza a la ONU con ello y ya verás cómo acceden!!! O ya sé, ¡compra la voluntad de un genealogista en vez de contratar tú a uno de forma casi aleatoria y sin saber nada de tu plan? ¿Sabes por qué? Porque uno: si encuentra contradicciones no te va a regalar una inmunidad. Y dos: PORQUE PODRÍA SER UN PUTO ESPÍA CON LA MISIÓN DE MATARTE COMO HA ACABADO SIENDO.



   Y sin embargo, SIN EMBARGO, el motivo por el que el público odia esta película es por el romance en pos de un protagonista que evolucione como todos los buenos personajes en ficción. ¿Qué es lo que le pasa a la gente? ¿Desde cuándo un romance que solo va a ocupar una única película de seis que hay con esta es peor que una subtrama sobre un Blofeld que ha llegado a la autoparodia de sí mismo con un plan tan vergonzoso e insultante que no lo querrían ni en una serie de dibujos animados de tercera? Sinceramente, y aunque ninguno de los responsables pueda leerme aunque me dirija a ellos, sois LO PEOR. Y CON RAZÓN nos castigó a todos la vida con el Bond de Roger Moore.

   Felicidades: encasillar a un personaje hasta el punto de la parodia solo porque no os gusta que evolucione es lo que habéis conseguido. Solo nos ha costado la muerte de una chica Bond que podría haber dado mucho de sí para hacer inútil toda esta trama desde el principio y la aparición del peor James Bond de todos los tiempos con Roger Moore.


  
   ¿Pero qué es lo que ha pasado exactamente con Blofeld para que se convierta en uno de los villanos más patéticos de toda la ficción? Pues bien, esa respuesta la tiene Diamantes para la Eternidad. Oh, Dios, por dónde empezar…

   Qué tal diciendo que Diamantes es la continuación de la pendiente resbaladiza que seguirá SPECTRA hasta convertirse en una parodia de sí misma y una de las mayores vergüenzas de la saga Bond. ¿Por qué? Porque debido a problemas legales con el creador del personaje de Blofeld, su contraparte en las películas irá teniendo un peso cada vez menor y sus planes se volverán tan ridículos para eliminar precisamente la leyenda que sus apariciones anteriores habían traído consigo. SPECTRA ya no existe tal cual, y el gran plan de no-Blofeld consiste esta vez en robar la identidad de un magnate de Las Vegas para traficar diamantes con los que crear un satélite que lanza rayos «lá-ser» llamado The Allan Parsons Project.

   ¿Tiene algún sentido? No.

   ¿Es algo que cualquier otro de sus lacayos podría haber hecho sin necesidad de mojarse él? Por supuesto.

   Diamantes nos trajo la última aparición de Sean Connery en un patético intento de atraer a las audiencias que tan angustiadas estaban con un James Bond que se casaba recuperando al Bond carismático y machista. Para acentuarlo, también nos presenta a Tiffany Case, quien tal vez sea una de las chicas Bond más INÚTILES de todos los tiempos, probablemente la que más. ¿El resultado? Lo que viene a ser la demostración del rápido estancamiento de la saga con el tiempo. ¿Y qué es lo que se hace para continuar con una franquicia que está envejeciendo mal? ¡Cambiar de personaje! ¡Otra vez!

   De esta forma tan accidentada llegamos a la etapa de Roger Moore, el peor de todos los James Bond y uno de los más conocidos. Esta vez la franquicia, siendo consciente de lo ridículas que son sus ideas, decide aprovechar dicha característica para escribir las historias más marcianas y absurdas que jamás hayan estado asociadas con el héroe británico. Y eso ya es decir.

   La etapa de la desdicha arranca con Vive y deja morir en pleno 1973 y lo único que tiene de rescatable es el TEMAZO Live and let die de Paul McCartney.

   Siendo un pobre intento de ordeñar la moda setentera del cine de explotación, Vive se sumerge en el género de la blaxploitation para ponernos a James Bond contra toda la raza negra (¡COMO LO LEEN!), representada por un culto vudú que vende droga, controlan tanto el Bronx como Nueva Orleans, sacrifican vírgenes y, si me apuran, aporrean gatitos. Desvergonzada, patética y esquizofrénica, intenta mezclar elementos mágicos con humor con una tensión forzada cada vez que alguien de raza negra hace algo en un intento por provocar el asco para al final no saber qué hacer con nada.

thank mr.skeltal


   Posterior a esta, aparece El Hombre de la Pistola de Oro, una de las pocas películas del Bond de Moore que se salva de la pira en parte por la magnífica actuación de Christopher Lee en el papel de Francisco Scaramanga, un interesantísimo rival para Bond (y uno de mis villanos Bond favoritos, todo hay que decirlo) con sus mismas habilidades, un contrapunto que nos lleva a pensar que esto es en lo que se habría convertido Bond si hubiese decidido ser un villano.

   El Hombre, sin embargo, adolece de los típicos problemas de la etapa de Moore empezando por que Scaramanga tiene un papel tangencial como villano en todo esto y porque la película abusa de intentos de demostrarle a todo el mundo lo autoconsciente que es, buscando todo tipo de excusas para ponerse en ridículo. Y te miro a ti, escena de la persecución por Tailandia. No te creas que porque hiciste gracia en Vive y deja morir vas a volver a lograrlo reciclando exactamente lo mismo en una localización distinta.

   Y de uno de los puntos álgidos del Bond de Moore pasamos al fondo del barril con La Espía que me amó, otra película tan horriblemente anodina de la que solo pueden recordarse dos cosas: ser la primera aparición de Tiburón, el poderoso e invencible matón de la mandíbula de acero, y el plan del villano de turno, Stromberg, de inundar la Tierra e irse a vivir a su Atlántida privada. ¿Por qué? Yo qué sé, porque es malo, porque le acusaron de tocarle el culo a una niñera cuando en realidad iba a despegarle un caramelo… Si la película no se molesta en buscarle un motivo, no voy a explicarlo yo.

[Introducir aquí chiste facilongo]


   Después llega Moonraker, tal vez la película de Bond más infame y más desvergonzada al intentar ordeñar la moda que originó el estreno de La Guerra de las Galaxias dos años atrás, allá por 1977. Simplemente, recicla la trama de La Espía que me amó, con el obeso multimillonario Hugo Drax que, a pesar de tener un poder económico como para diseñar un programa espacial privado funcional y comprar la Torre Eiffel, decide gastarlo todo en intentar erradicar a la humanidad de la faz de la Tierra con un supervirus para repoblarla desde una colonia espacial sin darse cuenta de que la escasez de seres humanos en la colonia podría llevar a la endogamia y viciar genéticamente la descendencia de los supervivientes antes de tocar suelo otra vez. Aunque claro, para llevar a cabo un plan como este no descarto tampoco que uno de los requisitos mínimos sea que tus padres sean hermanos y tus abuelos primos.

   Por suerte, después de tan vertiginoso descenso, la montaña rusa vuelve a subir con Solo para sus ojos, una de mis películas Bond favoritas que vuelve a los orígenes más puros del género de espías. Aquí no hay supervillanos ni conspiraciones locas, sino que se trata de agencias de inteligencia contra agencias de inteligencia. ¡Y funciona!

   Solo para sus ojos es un excelente descanso después de tanto villano bombástico y tanta rimbombancia con demostrar lo autoconscientes que son las películas de Moore: se toma en serio sin pasarse, es realista, genuinamente entretenida, y dedicar gran parte de su acción a un solo sitio (Grecia) ayuda a la propia trama a centrarse en lugar de querer viajar por todo el mundo por el mero hecho de que puede. Asimismo, esta fue la película que acabó definitivamente con la saga de Blofeld al darle Bond matarile por fin de una forma tan necesaria como poco ceremoniosa; en pocas palabras, una eutanasia.

   No obstante, el ascenso no dura mucho y volvemos a caer hasta la más absoluta mediocridad con Octopussy, de nuevo, otra película de la que realmente no hay nada que sacar más allá de que si esta fuera española al personaje de Octopussy le habrían caído collejas por todas partes por llamarse «Pulpiña» o peor aún «Octocoñito».

   Por último, y terminando casi en un acto de misericordia la pesadillesca era de Moore, tenemos Panorama para matar, otra película de relleno en la que el mejor agente secreto de toda Inglaterra es enviado para investigar si un ricacho está dopando a sus caballos y se topa sin querer con un complot de dicho villano para provocar un terremoto en Silicon Valley el Valle de la Silicona. Ah, y resulta que el malo es una especie de superhombre nazi creado genéticamente à la Liquid Snake con el mismo tono de rubio y al que le acompaña en todo momento una negra guardaespaldas halterofílica. Total, para lo que me queda en este convento...

Silicon Valley en toda su gloria según el traductor de Panorama para Matar.


   Y hasta aquí puedo escribir. Bueno, en realidad no porque la entrada ya está escrita del todo, lo que pasa es que soy un vago. Pero no olviden volver la semana que viene para la continuación de esta entrada retomando este repaso por la franquicia cinemática Bond desde el guapísimo Timothy Dalton hasta el controvertido Daniel Craig.


   The Friki Cabreado will return in «Mi nombre es Bond, James Bond»: repaso a toda una filmografía (SEGUNDA PARTE).



   A quién pretendo engañar, si no va a venir nadie...

lunes, 25 de mayo de 2015

El Día del #OrgulloFriki… y otras formas de dar vergüenza ajena.

«Los "frikis" dominaremos el mundo».
Delirios de Germán Martínez, el señor al que se le ocurrió esto.


   «Si hay una cosa que detesto profundamente, es la soberbia. Y por “soberbia” inclúyase también todo aquello que esté relacionado con el concepto: la petulancia, la prepotencia, la pomposidad… Y si ya eso es una de las pocas cosas me sacan verdaderamente de quicio, el sector ocupado por la gente pretenciosa es el que más me afecta.

   Sí, ya saben, esa gente que no tiene nada de lo que presumir en la vida y sin embargo intenta aparentar todo lo contrario; esa gente que oculta su falta de dones con el defecto de alardear de lo contrario como sea en una farsa de proporciones épicas. […] verdaderamente no hay pocos ejemplos mayores de patetismo que los que la gente pretenciosa y sus intentos de impresionar a los que consideran el vulgo con sus efímeras muestras de [escoger objeto/hecho/habilidad con el que se desea restregar en la cara a todo el mundo]».
 
   ¿Se acuerdan de estos párrafos? Deberían. Al menos los cuatro gatos que hayan seguido este insigne barco del odiatodismo desde el principio porque si no, son unos posers, ya que con estas mismas líneas empezaba la primera entrada de mi blog, Ser seriéfilo… y otras formas de dar vergüenza ajena, hará más de un año. Y para sorpresa de nadie, mi opinión al respecto no ha cambiado ni un ápice: sigo detestando a los «seriéfilos» de la misma forma que detesto a los youtubers, a los fans de Scott Pilgrim, a las mojabragas seguidoras de Laura Gallego, todo lo relacionado con Kill la Kill o a todo aquel que COMO MÍNIMO haya pensado alguna vez que La Lego Película es pasable. COMO MÍNIMO. Sin embargo, the ride never ends, como diría el buen meme, y hoy siento vergüenza ajena a algo que ha pasado en el día de hoy: el Día del Orgullo Friki…



   ¡OH DIOS, EL PUÑETERO DÍA DEL ORGULLO FRIKI!

   Y bueno, no es que vergüenza ajena por algo que ha pasado «hoy», sino que verdaderamente la siento todos los años que sucede esto, lo que ocurre es que este año las cuotas de cromosomas sobrantes han alcanzado la masa crítica. Y cuando una cosa cabrea al señor que escribe estas líneas… es el momento de CONTRATACAR.

   ¿Pero en qué consiste el Día del Orgullo Friki? Pues básicamente en sentirse «orgulloso» y proclamar a los cuatro vientos (mejor dicho, a las cuatro redes sociales) que uno es «mazo friki xdxdxD». O lo que es lo mismo, y escrito de una forma que evite que a ustedes les sangren los ojos, «¡miradme, soy fan de Big Bang Theory! ¡Ains, qué friki soy!», «una vez vi La Guerra de las Galaxias Star Wars, ¡amadme por ello!», «¡sé quién es el señor Spock y eso me hace más especial que nadie!» o «yo es que tengo todos los libros de Canción de Hielo y Fuego Song of Ice and Fire, ¿puedo molar ya?». ¡Exacto, el día de ESA gente!

   Básicamente, hoy es el día de los frikis de postín, de los especialitos, de los «seriéfilos» y de los que se creen alguien por haber jugado a algún juego de la Playstation 1 hace ya años. Porque claro, ver la tele o jugar a la consola no son cosas que haga todo el mundo, sino que hacen falta unos talentos muy especiales que verdaderamente son motivo de un orgullo literal y por ende necesitan un día para reivindicarlo. Claro, que parte de esta gente normalmente no se calla ni debajo del agua al respecto el resto del año pero eh, HOY es cuando son especiales por ello. ¡España va bien! ¡Fulanito es El Especial™ porque sabe reconocer el saludo vulcaniano en una foto! Porque claro, ni que fuera un símbolo conocidísimo en la cultura pop y que se lleve referenciando desde mediados del siglo XX hasta el día de hoy, ¡es porque él es muy friki y por ello merece alabanza!

   Hoy es el Día de las Etiquetas también. No, no las de la ropa, sino que me refiero a lo que ya argumenté en Ser Seriéfilo…: 


«Un ejemplo de cuán incompetente y patética puede llegar a ser mucha gente con tal de aparentar algo que no es, por impresionar a alguien o por formar parte de algún colectivo que excluya al resto».

  Un día de orgullos inmerecidos y estúpidos por nada en particular pero que tenemos que tragarnos igualmente desde que es Trending Topic y porque algunos de ustedes tendrán la desgracia de acabar aguantando a alguno de estos elementos en sus tablones hasta que se acabe la jornada y entonces ya vuelvan a ser (probablemente) «normales». ¡Total, si esto es como La Purga, un día al año no hace daño! ¡Seamos subnormales! ¡Comportémonos como críos! ¡Quién quiere personalidad cuando es jornada de puertas abiertas en el colectivo X! ¡Está de moda ser X, y cuando deje de serlo, entonces nos volveremos todos del colectivo Y, o si no del Z!

   Y esto es justo lo que no aguanto: esa falta de criterio, esa falta de personalidad, esa necesidad de reivindicar y presumir por algo que no ser es o por lo que no se necesitan en primer lugar motivos para sentirse orgulloso uno. Y a eso me refiero con lo de «frikis de postín».

   Pero la pregunta es la siguiente: ¿acaso existen hoy en día los frikis de no-postín, los frikis «naturales»? ¡Pues claro que no, tontopollas! Hoy en día, por mucho que a tantos les pese, el frikismo es, en su mayor parte, una reliquia del pasado, o como mucho, según la RAE en su tercera acepción, una «persona que practica desmesurada y obsesivamente una afición», así que como no sean ustedes, por ejemplo, unos otakitos que tienen la pared empapelada de fotos de mangas y animes, cenan frente a un monitor con la foto de una waifu y duerman con una almohada sexual, siento decirles que ustedes no son frikis, ya me quieran tirar a la cara sus kunais de plástico o sus Calls of Duty Spyros de PS1 recién desempolvados para la ocasión o no.

   Por mucho que les duela, ustedes, caballeros y señoritas, no son frikis; solo son gente con aficiones.

Viva imagen del éxito. ¡Qué envidia...!


   «Friki» ha sido desde siempre un coloquialismo que ha tirado a lo despectivo, y de hecho viene del inglés «freak», que viene a significar «raro» o «monstruito», no es una cosa de la que uno se deba sentir orgulloso. ¿Quieren saber quiénes son los frikis de verdad con toda la propiedad de la palabra? ¿Por qué no damos un paseo por la calle de los recuerdos de la mano de nombres como Carmen de Mairena, Paco Porras, La Bruja Lola o Raúl DG, gente con la que nadie querría tener trato ni que la relacionasen con ella? ¿Que el término se acabó extendiendo a la gente que tenía unos intereses diferentes a los de la mayoría de la gente? Pues también es verdad, pero más verdad es que eso fue ANTES. AN-TES. EN EL PASADO.

Al parecer, hoy también es el Día del Resentido...



   ¿Porque quién no ha visto una serie de moda hoy en día? ¿Quién no tiene videojuegos en su casa o no conoce algún icono famoso del manganime aunque sea de vista? El frikismo como se vivía en el pasado con la exclusión de la gente con gustos centrados en los dibujos o los videojuegos ya no existe como tal porque TODOS hemos acabado siendo fans de algo; los gustos minoritarios son ahora los mayoritarios, y si no, están equilibrados con el resto de intereses populares. Vivir hoy en día obsesionados con ese pasado no es ya solo una ranciedad, sino que demuestra de qué va cada uno, más concretamente quién es «friki» por alardear de ello.

   Pero claro, eso no interesa, ¿verdad? Eso no interesa porque lo que interesa es que aún siga existiendo esa diferenciación, esa obsesión por distinguirse uno del resto de seres humanos. Y si encima uno puede entonar el «ay de mí» y otros victimismos, mejor que mejor, ¿a que sí? ¡Porque qué malos esos canis que se reían de nosotros en el instituto! Porque no es que hayan pasado más de diez años desde entonces… ¡Qué injusto que ahora quieran formar parte de una subcultura que antes despreciaban! ¡Qué terrible es que hoy en día haya tanta gente que quiera tener unas aficiones parecidas a las tuyas! ¡Nosotros éramos los diferentes! ¡Nosotros éramos los ESPECIALES! ¡Y ahora resulta que ya no somos nada…!

   Claro, porque al parecer las subculturas no son un grupo de personas con un conjunto distintivo de comportamientos diferentes a la cultura predominante, sino que son una élite que debe vivir apartada del resto del mundo mediante trajes protectores que les aíslen de todo lo que no sea de su ambiente no vaya a ser que se les llene esto de chusma, ¿verdad?

«Uf, cómo se nos está llenando esto de posers. ¡Cada año peor! Vamos, Maritrini, declaramos nuestro frikismo y nos vamos antes de que nos toque algún plebeyo». 


   ¿Y saben? Dejen que les confiese algo que seguro les va a sorprender: por este tipo de cosas DETESTO el término «friki».

   Sí, ya sé que es raro viniendo de alguien cuyo blog se llama Reflexiones de un Friki Cabreado, pero aquí está el quid de la cuestión: ¿ese «friki» que ven ustedes ahí arriba? Es una simplificación, una licencia llamémosla «artística». Mi blog tiene semejante palabro para simplificar la temática de la que aquí me gusta hablar, que viene a ser todo lo relacionado con películas, series, manganime o videojuegos, cosas simplistamente llamadas «frikis». ¿Soy friki por ello o me considero como tal? Pues no, EN ABSOLUTO.

   Entonces, ¿por qué me hago llamar «Friki Cabreado» por estos lares (y sin tener nada que ver con el tontaco ese del Twitter)? Pues porque aparte de que resume la temática de mi blog, yo me considero una persona pragmática. Y como soy una persona pragmática, sé distinguir entre mis gustos y mis beneficios, y me beneficia en ese sentido un término que, aunque no me gusta, es el apropiado. Igualmente, en mi Twitter puedo hacer chistacos de mierda con referencias a Kill la Kill y no por ello voy a sentirme mal ni soy un hipócrita.

   Sin embargo, odio el término «friki», y lo odio por lo arriba expuesto, por lo que se ha convertido, en un pretencioso sinónimo para que los mongolitos celebren algo ridículo y nos lo tengan que restregar a los demás por la cara. Y odio la palabra «friki» al igual que odio la palabra «seriéfilo», al igual que odio la «gamer», al igual que odio la palabra «youtuber», al igual que odio y odiaré todo tipo de etiquetas de mierdas creadas por los cuatro fracasados de turno para intentar distinguirse de los demás en algo para lo que no se requiere esfuerzo alguno porque en sus vidas diarias son incapaces de destacar en nada.

   Y ojo, yo soy una persona que lleva jugando a videojuegos desde los cuatro años, llevo viendo animes desde que tengo memoria y en total habré visto unos cuantos miles sin exagerar, me gustan muchas series, me gusta el cine, me gustan los comics, me gustan las chorradas de internet… Por gustarme, me gustan hasta los putos memes. ¿Alguna vez he presumido de ello? No, pues no hay nada de lo que presumir, ya que me siento lo suficientemente satisfecho conmigo mismo y con mis gustos como para no sentir la necesidad de ir clamándolo a los cuatro vientos.

   ¿Me llamaron de todo en el colegio por no gustarme el fútbol y sí los pokémon, la Game Boy o los digimon? Por supuesto. Pero he aquí la diferencia: yo he madurado, esos traumas jamás he dejado que me afectasen, y soy una persona completamente normal. Yo me preocupo de mí mismo, y como dice la canción, «lo que piensen los demás está de más» (al menos hasta que me toquen los cojones).

   Odio el Día del #OrgulloFriki; menos mal que es una vez al año.


Y aun así ya son demasiadas veces.

sábado, 28 de marzo de 2015

CSI Cyber: la ciberpochez invade nuestras pantallas.


«Well, here’s a poke at you
You’re gonna choke on it too
You’re gonna lose that smile
Because all the while.

I can see for miles and miles
I can see for miles and miles
I can see for miles and miles and miles and miles and miles
Oh yeah».
Los Who, I can see for miles.


   Una semana más llega Reflexiones de un Plagio del Boinas, el único blog al que le han llamado de todo porque se parece a otro con mucha más fama que este solo por un par de similitudes gráficas. ¡Un blog que hace temblar a putifans, a pseudo-famosos de internet y a los más valientes anónimos POR IGUAL! ¡Y eso que solo una entrada de todas las que tengo ha superado las mil visitas!

  La historia tras este artículo es un pelín graciosa pues es la tercera edición que hago sobre el papel, algo que nunca había pasado en la historia de este humilde insigne blog. Al principio la iba a escribir sobre Birdman, una película que vi recientemente y que me pareció un jodido MEH en toda regla, y cuando algo me parece un «meh», tengo poca motivación para escribir sobre ello. Después ocurrió el incidente tuitero al que llamaré cariñosamente sin meterme en detalles #BóinezGate y me dieron ganas de hacer una entrada bien jocosa al respecto.

   Pero luego me di cuenta que el tema era tan MEH como la susodicha Birdman. Porque total, ¿qué diferencia iba a haber de hablar de una película sobre un tipo prepotente que quiere ser famoso actuando en un medio moribundo y hablar de un tipo prepotente que quiere ser famoso escribiendo en un medio moribundo? Así que cancelé la entrada a la espera de algo que me motivara de verdad y puedo decir que ha merecido la pena. MUCHO, además. De hecho, ¡ni siquiera voy a necesitar alejarme de lo que viene a ser LA POCHEZ o la gentuza en internet! Solo hay que cambiar las etiquetas «cinematográfica» y «personal» por «televisiva».

   Estoy hablando, por supuesto, de los seriéfilos la última incorporación de la franquicia CSI: CSI Cyber.


Mientras tanto, en algún lugar de Twitter...


   Aunque parezca mentira, sí, a alguien se le ocurrió que sería buena idea empezar en 2015 una nueva serie de CSI ahora que la franquicia está más de capa caída que nunca. Porque con CSI Las Vegas habiendo descarrilado por completo, CSI Miami siendo cancelada en su décima temporada y con prácticamente nadie interesándose por CSI Nueva York, ¿por qué no hacer otra más? Y así nació CSI Cyber.

   Oh, pero esta no es su típica serie de CSI, ya que, LITERALMENTE, de CSI solo tiene el nombre (SÍ, COMO LO LEEN), pues lo primero que hace es librarse del elemento de la localización. A ver, sí, hay ciudades que se llaman Cyber, pero SEMENTIENDE. En su lugar, el epíteto viene a explicar su elemento de investigación: los internetes.

Las consecuencias no volverán a ser las mismas.


   SÍ, LOS INTERNETES. ¡Porque todos sabemos lo BIEN que se llevan las cadenas de televisión con internet y los videojuegos, y la enorme comprensión que estas muestran con sus competidores! Y al igual que con mi reseña sobre aquel infame episodio de Ley y Orden sobre los videojuegos, CSI Cyber adolece de los mismos problemas que su predecesora espiritual: una ignorancia galopante y ganas de ser incendiaria para asustar a unos cuantos viejos. Sus tres primeros episodios (cuatro si nos ponemos exquisitos contamos su piloto en forma de crossover con CSI Las Vegas) son su declaración de intenciones, ¡y vaya declaración de intenciones!

   Bajo el lema «podría pasarte a ti», ¡no, Christopher Nolan, no necesitamos que nos digas lo que significa!, la serie nos presenta a un equipo de expertos en análisis de conducta del FBI que tienen base en Quantico y que viajan por todo Estados Unidos resolviendo crímenes cuando la policía local no da abasto. No, no me he equivocado ni me he confundido de serie, sino que ESA es la premisa. Y sí, soy consciente de que estoy hablando de algo que va a notar mucha gente: que se trata de una serie de CSI que no tienen a un solo miembro del CSI. ¡Ah, y no sé qué de delitos informáticos y no de asesinatos, antes de que se me olvide!

Foto del equipo de CSI Cyber.


   Este grupo de criminalistas agentes del FBI está dirigido por la doctora Avery Ryan, interpretada por Patricia Arquette. En efecto, Patricia Arquette, una de las actrices más sosas e inexpresivas de la historia, va a protagonizar una serie en la que investiga casos de gente muerta.

   Pero ella no está sola en su cruzada contra la ciberdelincuencia, pues le acompañan personajes tan variopintos como Elijah Mundo, un ex militar fanático de los juegos bélicos y con una hija tan cuqui que a lo mejor le trae a cuenta iniciar un contador regresivo con el título «Tragedia familiar en…»; Raven Ramírez, una hacker y experta en redes sociales con el plus de «ser muy friki xd» o Brody Nelson, un genio veinteañero pero que no por ello deja de ser un inocentón con problemas para hacer amigos por su gran intelecto. Tampoco me olvido de gente como el inspector Peter MacNicol o Daniel Krumitz, de profesión ser AMOR, de los que hablaré a continuación.

¿Un chaval de menos de veinticinco años que trabaja para el FBI porque su intelecto es superior al de cualquier ser humano habido y por haber pero que aun así tiene problemas para encajar entre sus compañeros y cuyo actor de doblaje en castellano es Ricardo Escobar? Nunca había visto eso antes.


   Si hay un personaje que me haya MOLAO, es el propio Krumitz. Al parecer, la CBS se ha gastado los cuartos de verdad en esto y han contratado A UN BARBACUELLO AUTÉNTICO. La lástima es que no tiene fedora pero joder, que no es un gordo al que le hayan pegado unos pelos bajo la barbilla, sino que es uno de verdad de la buena. ¿Su papel en la serie? ¡Pues cuál va a ser, almas de cántaro! Pasarse el día pegado a la pantalla del ordenador, comiendo y hablando en jerga tecnológica. Ah, y también es algo infantil tirando a niño-hombre con una relación de amistad/futuro yaoi cuando se enteren las locas del coño de Tumblr y Deviantart con el colega Brody.

¿Un barbacuello que se pasa el día frente al ordenador y comiendo? ¡ESTA SERIE ME ESTÁ HABLANDO! 


   Y bueno, luego está el inspector Peter MacNicol, un detective de la vieja escuela que no sabe nada de ordenadores y que no pinta nada ahí está más perdido que Kiko Rivera en la universidad. ¿Cuál es su papel, entonces, en una serie tan ultratecnológica como esta?

  Bien, ¿recuerdan que en mi reseña del infame capítulo de Ley y Orden sobre los videojuegos a todo dios le faltaba tiempo para horrorizarse por todo tipo de cosas, ser condescendiente y/o soltar alguna frase lapidaria? Pues esa es la función de MacNicol, la de ser un vejete abrumado no ya solo por las nuevas tecnologías sino por lo increíblemente violento, inútil y maligno que es internet.

   Para que lo entiendan mejor, si Krumitz está diseñado para apelar a la visión que tienen los ejecutivos de la cadena de sus audiencias de veintipico años que usamos internet y que aún no nos hemos se han convertido en ciberterroristas, MacNicol está diseñado para apelar a su verdadera audiencia: toda una legión de gente de mediana edad tirando a la vejez a los que les asusta la evolución tecnológica y que solo saben de internet o de los videojuegos cuando algún tarado mata a sus padres con una katana.

   Como comentaba antes, los tres primeros episodios de la serie son una declaración de intenciones y MacNicol su portavoz, lanzando a diestro y siniestro perlas de sabiduría como «hoy en día la gente de internet está dispuesta a hacer lo que sea para intentar impresionar a gente que no conoce de nada» en referencia a UN ÚNICO ciberterrorista del que ya hablaré luego o «[las compañías de coches compartidos] han hecho socialmente aceptable el subirse al coche de un extraño» para referirse a un secuestro utilizando este método, en lo cual no deja de tener razón (en parte) PERO todos sabemos que esto tiene intenciones más incendiarias, sensacionalistas y adoctrinadoras que de otra cosa.

¿Sabían ustedes que los monitores de bebés EN REALIDAD SIRVEN PARA SECUESTRARLOS? 


   Por supuesto, personajes así deben tener episodios a su altura. ¿Y qué es lo que hace un buen episodio en una serie policiaca? Sus villanos, sus asesinos, SUS NÉMESISES. Y no se preocupen al respecto porque CSI Cyber tiene los mejores cibercriminales que una mente esquizofrénica paranoide como la de Anthony Zuiker puede ofrecerles.

   Empezamos nuestra desventura con un primer capítulo que trata sobre una red de tráfico de bebés por internet. Los primeros cinco minutos nos presentan a nuestros protagonistas y antes de que lleguemos a los diez ya nos meten como testigo a un niño rata estudiando para ser alguien en la vida jugando a un mal plagio del Call of Duty, tal vez en anticipación de algo que nos tengan preparado en un futuro que espero que llegue pronto.

   El caso es que los padres del bebé desaparecido instalaron un monitor para vigilarlo por la noche y, sorpresa, sorpresa, ESTABA TROLLEADO HACKEADO mediante las más avanzadas técnicas magitecnológicas de introducirse en un circuito cerrado de vigilancia para transmitir imágenes online pero sin ser capaces de borrar rastros IP ni voces de los compradores de la subasta discutiendo a grito pelao al otro lado de la línea. TOCOTÓ ¡Con dos cojones!

   No obstante, esto no es problema para el equipo de investigadores, quienes cuentan con la mejor tecnología que la marca Acme ex Machina les puede ofrecer: programas que señalan los datos buenos de un ordenador en verde y los malos en rojo, aplicaciones móviles a las que si les envías las fotos de una huella dactilar te envía al instante un mensaje diciéndote a quién pertenecen, traductores automáticos de voz capaces de traducir al instante Y A LA PERFECCIÓN conversaciones multitudinarias entre gente de distintos idiomas independientemente de la calidad de la voz o el ruido de fondo (¡que te jodan, Skype!), autopsias holográficas y pantallas. Muchas, muchas, PERO QUE MUCHAS pantallas.

Podrán llamarme muchas cosas, pero mentiroso nunca.


   ¿Todo para qué? Para destapar una conspiración de gente de internet que contrata paletos que secuestran bebés y luego matarlos con francotiradores motoristas sin huellas dactilares. Porque claro, los multimillonarios compradores de infantes online tenían que utilizar algún método maligno para demostrar lo mala que es la gente que se conecta a la red, por lo que la adopción quedaba descartada.

Lo que les decía.


   Pero tras un final de capítulo de estreno jodidamente anticlimático, empezamos con el capítulo más hilarante de esta trilogía del error y mi favorito: el de un tío que comete actos terroristas para grabarlos y subirlos a un foro de porno gore en la Deep Web para machacársela a gusto. ¿Por qué? PORQUE SÍ, porque este es un país libre y en algún lugar de la Constitución seguro que pone que puedes hackear una montaña rusa o el sistema de metro de una ciudad con el móvil del tío de Watch_Dogs para poder pajearte como a ti te gusta.

   A todo esto, con una aplicación que, según Barbacuello, y cito textualmente (y si no me creen, pueden consultar el vídeo del bocata de arriba), «puede conseguirse en cualquier parte de internet por cincuenta pavos y que hasta un niño de nueve años sería capaz de configurar». ¡Una aplicación que te permite controlar tanto una montaña rusa como las puertas de un ascensor, el sistema de seguridad de un coche O TODA LA RED DE METRO DE UNA CIUDAD!

  Bueno, para eso y para tener al chocho MacNicol diciendo poco menos que la gente que usamos internet estamos dispuestos a matar con tal de llamar la atención. ¡Algunos llegando a casos extremos haciéndose youtubers o tuitstarts! Porque MacNicol es como ese abuelete racista que todos tenemos que dice que se liaba a escopetazos con todos los inmigrantes (o en el caso de mi abuelo, con todo cristiano y afiliado al PP, pero vamos, que se me entiende).

   Por último, el tercer capítulo de este triple delirio trata sobre un tipo que hackea aplicaciones de empresas de vehículos compartidos y matar a sus pasajeros porque no tiene nada mejor que hacer con su vida. Y esto es un tema serio no porque este tipo de empresas esté en una tremenda expansión en Estados Unidos, sino que, si esto llega a hacerse en España, tendríamos al infame Asesino del BlaBlaCar. Y claro, poco iba a ser el acojone que semejante individuo nos fuera a provocar.

   Pero como ven, si hay una cosa que caracteriza a CSI Cyber es que esta vez ninguno de sus criminales necesita un motivo justificado, como mucho una excusa freudiana como el tipo del tercer capítulo, y ni eso es justificación de nada, lo cual deja a nuestros villanos a la misma altura que los secuestradores del episodio de Ley y Orden sobre los jueguines. Esto ya hace que la serie sea débil en sus tramas y sus delincuentes, puesto que un asesinato ya no es que sea interesante per se, sino que en la mayoría de los casos existe un móvil que lleva la trama y genera tensión, sobre todo si hablamos de una serie en la que hay más flashazos y montajes que chicha. Un buen motivo hace un buen villano, y eso hace que la audiencia quiera detestarlo o adorarlo; pero si no hay motivos, se pierde la capacidad de la audiencia para empatizar con la otra parte o siquiera su interés.

   Aunque claro, estamos hablando de una serie nueva de CSI... en 2015.

¿Una chica increíblemente profesional en su respectivo campo pero que a su vez se caracteriza por ser muy friki y mega otaku, puntos extra si tiene un apellido extranjero? Nunca había visto eso antes.


   En líneas generales, la serie es un despropósito. Licencias tecnológicas aparte, algo común en la franquicia CSI (cosas como análisis de ADN que duran minutos y no días, análisis de huellas que ídem o forenses que realizan interrogatorios), CSI Cyber es mala, increíblemente mala.

   Es una tormenta de clichés e inspiraciones basadas fusiladas de otras muchas series más conocidas y efectivas en lo suyo, con unos actores que no son convincentes porque SE LES VE que hasta ellos saben que están haciendo más el ridículo que otra cosa. Y por su parte, los personajes no tienen más rasgos que el sujetar los aparatos milagrosos que resuelven los casos por ellos, mientras que las tensiones son increíblemente forzadas si no delirantes.

   Patricia Arquette, tan ganadora de premios ella, parece que se haya tragado una estaca. Y salvo Barbacuello, quien se le ve que disfruta con esto (sarcasmos aparte, es que se le nota. Algo bueno porque si vas a hacer el paripé, al menos pásatelo bien), todos los actores están repitiendo los papeles y las personalidades que los directivos les ordenaron que copiasen. Sin más.

   Todo ello, por supuesto, sin perder oportunidad para mencionar el objetivo de esta serie: extender la paranoia, el miedo y la inseguridad a toda la gente que no entienda de tecnología. Y de hecho, estoy seguro de que más de uno habrá ido a descambiar sus monitores de bebés recién comprados o habrá decidido ir en coche propio o en taxi (porque aquí los taxistas son una fuerza de la naturaleza en eso del hackeo) en vez de compartirlo desde que viera semejante propaganda antitecnológica.

   Sin embargo, a pesar de todo, la tengo que recomendar. ¡No, en serio, tienen que ver esta mierda para creerla! Ninguna entrada de un blog, ningún artículo de un medio especializado, ningún lo que sea les podrá expresar las cantidades de pochez y vergüenza ajena que esta serie da. ¡Y esto solo a los tres episodios! Si siguen así, este puede ser el Plan 9 del espacio exterior de la televisión: así de mala e HILARANTEMENTE mala es.

   Claro, como ya he dicho antes, estos han sido los tres primeros capítulos sin contar con el piloto en forma de crossover, pero si siguen así, las risas (y sobre todo las teorías conspirativas y la paranoia) están aseguradas por un buen tiempo. Claro que también pueden ser conscientes de sí mismos y acabar desarrollando una serie más «seria» y «adulta», pero con las actuales pretensiones que tiene, mi dinero está en que no. Y si sí, al menos tendremos un sanísimo entretenimiento con la cantidad de risas por aquello del humor involuntario que uno se puede llevar hasta que cambien las cosas. Tanto es así que los ciberatentados que tenía previstos los voy a posponer cada vez que me toque ver un nuevo episodio. 

   Solo el tiempo lo dirá. Pero si me disculpan (y si no, TAMBIÉN), me voy, que a la hora que he terminado de escribir esta entrada han sacado el cuarto episodio, el cual puede definirse, según la doctora Avery, con la frase «alguien ha conseguido provocar incendios desde internet». Y no, no se está refiriendo a flamear en un foro.

El señor Dross teniendo un orgasmo al leer esta entrada.